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Regresar a mi

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Summary

Para el mundo, Ophelia Blackwell lo tenía todo—belleza, éxito, admiración. Detrás de las puertas cerradas, vivía en silencio, controlada por una familia que la usó y por un esposo que poco a poco la destruyó. Una noche, su vida termina en un acto de violencia que no debía sobrevivir. Cuando despierta, Ophelia está diez años en el pasado, con los recuerdos intactos y una verdad imposible de ignorar: sabe exactamente quién la va a traicionar y hasta dónde llegará el abuso si vuelve a callar. Esta vez tiene algo peligroso: el tiempo. Tiempo para cambiar su destino. Tiempo para exponer las mentiras. Tiempo para elegirse a sí misma. Regresar a mí es una novela oscura y adictiva sobre traición, supervivencia y el poder de volver al pasado decidida a no ser víctima nunca más.

Status
Complete
Chapters
39
Rating
5.0 6 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Había dado todo por mi familia, había renunciado a sueños y a dignidad en nombre de un amor que nunca se me devolvió. En medio de ese caos en el que aprendí a sostener a todos, me olvidé por completo de mí. Vivía por y para los demás, como una sombra que se desdibuja para que otros brillen, y lo más doloroso era que ni siquiera lo reconocían. La complacencia era casi mi segundo nombre; siempre dispuesta a ceder, a regalar, a dar, aunque lo recibido nunca alcanzara lo mínimo que cualquier ser humano espera: respeto.

Mi vida estaba tejida de arrepentimientos: si tan solo hubiera dicho que no cuando mi voluntad se quebraba, si hubiera elegido por mí misma, si hubiera estudiado lo que realmente deseaba, si me hubiera abrazado con la dignidad suficiente para no dejar que me despojaran de ella. Algo, no todo quizá, pero algo habría sido distinto.

El suspiro que me regresó a la realidad no fue mío. Estaba en la cubierta de un yate, rodeada de luces frías y murmullos vacíos, mientras el mar se extendía indiferente a nuestro alrededor. Mi esposo estaba junto a mí, con una copa de champán en una mano y un puro en la otra. El resto de mi familia se mezclaba en algún rincón de la fiesta.

—Estoy aburrido. Esta fiesta es aburrida —dijo, como si su tedio fuera también mi responsabilidad—. Le falta ambiente, actitud.

Odiaba que fumara, odiaba que bebiera; el humo se pegaba a mi vestido como una mano ajena y el alcohol le encendía los ojos con una luz hueca que anunciaba el arrebato. Pero más allá de esos hábitos triviales, lo odiaba a él. Todo en Charles —la risa que cortaba el aire, el perfume mezclado con tabaco, la forma en que ocupaba el espacio como si el mundo estuviera a su servicio— me provocaba rechazo, y aun así seguía atada a esa farsa que llamábamos matrimonio, un anillo frío que pesaba más en la garganta que en el dedo.

Un matrimonio forzado me había llevado hasta Charles; no fue amor ni destino, sino la consecuencia directa de la avaricia y la torpeza de mi padre, Ryan. Él había perdido todo en una inversión absurda, de esas que cualquiera con un mínimo de sensatez habría identificado como engaño, pero se lanzó, ciego de ambición, a lo que nos presentaron como “una estructura muy elaborada” que resultó en un esquema Ponzi. La realidad era más simple y cruel: promesas de rendimientos de doble dígito en menos de veinticuatro meses, una carnada demasiado brillante para quien jamás supo contener su codicia.

—Ophelia, cariño, necesito que firmes estos documentos para autorizarme el uso de los fondos que dejó tu madre en tu fideicomiso. Es una inversión excelente —me dijo una tarde, apenas cumplidos mis dieciocho, cuando por fin tenía acceso legal a mi herencia; el comedor olía a café recalentado y a tinta de impresora, y las hojas, todavía tibias, resbalaban bajo mi mano—. Haré que tu dinero crezca a raudales —añadió con esa voz de hombre que nunca supo ser padre.

Iluso él, creyendo que multiplicar una fortuna era cuestión de firmas y espejismos; ilusa yo, por pensar que, por una vez, miraría por mi bienestar y no por el suyo. El monto mínimo para entrar en aquella “bienaventurada inversión” superaba lo que él poseía, así que tomó lo mío para completar la suma y, una vez dentro, quiso ir por todas. Jugó con mis recursos como siempre había jugado con mi vida. Lo perdió todo.

Era hija de un primer matrimonio que la familia entera se encargó de borrar como si nunca hubiera existido. Mi madre, Camille, murió en un accidente automovilístico cuando yo apenas tenía un año, un hecho envuelto en un silencio tan sospechoso como doloroso. La investigación fue rápida, torpe, sellada bajo el rótulo de “un destino desafortunado”, y el silencio posterior resultó aún más elocuente que las conclusiones. Nadie se atrevía a nombrarla. Mencionarla era recordar que Sandra, la segunda esposa de mi padre, no había sido la primera reina en ese reino de apariencias, y ese recordatorio bastaba para que su memoria quedara proscrita. Como si el simple hecho de evocarla pudiera resquebrajar el trono que Sandra había construido sobre sus ruinas, me alejaron deliberadamente de mi familia materna y me obligaron a aceptar a la nueva corte como si fuera la única posible.

El sello de mi madre, presente en cada rincón de la casa, desapareció con la misma frialdad con la que se borra una palabra del papel. Sus muebles, los colores que había elegido, la calidez de su estilo… todo fue reemplazado pieza por pieza, hasta que ya no quedara huella alguna de ella. Y cuando las deudas y los caprichos de mi padre apretaron, me obligaron a vender incluso la casa victoriana que me pertenecía por herencia. Era hermosa, llena de historia, con paredes que aún susurraban su nombre, pero su valor se disolvió en la urgencia de liquidez. Compramos otra, más pequeña, aunque no lo suficiente como para renunciar a las apariencias: lo esencial era sostener la ilusión de que nada había cambiado en nuestro estilo de vida.

Y para mantener esa ilusión se sacrificó lo que era mío. Mi educación, mi futuro, mis sueños. En lugar de ir a la universidad, fui enviada al mundo del modelaje.

—Debes hacerlo tú, Ophelia. Tu hermana aún no tiene edad para pertenecer a ese mundo, y tú eres mucho más madura, sabrás manejarlo —dictaminó Sandra, con esa seguridad venenosa que jamás dejaba espacio a réplica.

Mi padre, hambriento de ingresos inmediatos, no necesitó más razones. El dinero destinado a mi carrera se desvió sin remordimiento a los estudios de Jasmine, mi hermana menor por apenas dos años. Quizá no era la edad lo que inclinaba la balanza, sino la diferencia de carácter: Jasmine siempre supo explotarse a sí misma, y las cirugías que fue acumulando con los años pulieron un físico cada vez más rentable para las miradas. Pero incluso con esa apariencia moldeada, su rostro carecía de la fuerza que el lente buscaba.

Yo, en cambio, fui convertida en sostén. Mi padre se autonombró mi manager, convencido de que nadie mejor que él sabría decidir por mí. Nadie cuestionó el sueldo que se asignó ni el porcentaje de mis ganancias que se adjudicaba con descaro. Nadie preguntó por las campañas que aceptaba en mi nombre. Siempre era la misma frase, repetida hasta el cansancio como si fuera un conjuro: “Es por el bien de la familia, y lo sabes, querida”. Así devoró mis ingresos con la voracidad de un parásito al que no le importa destruir el cuerpo que lo alimenta.

Pero ni siquiera esa devoción ciega bastaba. Los excesos de mi padre, las exigencias de Sandra, los caprichos de Jasmine eran imposibles de sostener. Cinco años después del fraude, la solución apareció en la figura de Charles: un hombre mucho mayor que yo, millonario, con un interés tan evidente como conveniente. Mi padre no dudó en aceptar lo que él, con desfachatez, llamó “propuesta de matrimonio”, convencido de que la manutención perpetua que Charles le prometía era un precio justo por mi vida.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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author

Por alguna razón estaba leyendo tu historia en Inglés, jajaja, espero seguir leyendola, te comparto mi perfil para que le des oportunidad a alguna de mis historias, espero ansioso tu reseña.
https://www.inkitt.com/deslazcl

5 months
1
author

Una trama atrapante... Me encantó!

5 months
author

Muy buen comienzo, te atrapa desde el capítulo uno 😍. Seguiré leyendo...

4 months

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