Prólogo
La luna llena iluminaba las calles empedradas de Duskvails, proyectando sombras misteriosas sobre los edificios antiguos.
Me desperté con un punzante dolor de cabeza y un sabor a sangre en la boca. Lo que significaba que, claramente, no había sido una noche tranquila.
Pero había algo más.
Me sentía diferente.
Más fuerte.
Más vivo que nunca.
Y bueno... lo único que quería en ese momento era morder a alguien.
—Espera… ¿Qué? —Arrugué la boca ante ese deseo repentino.
—¿Por qué mi sed es tan fuerte…?
Me quedé pensando un segundo.
—¡Ja! No puede ser cierto.
—¿Un vampiro?
—¿En serio? —Protesté, negando con la cabeza
—¿No podría ser algo más original? ¿Un demonio? ¿Un alienígena, tal vez? Qué cliché de los clichés... —Me reí de mi propia desgracia.
—Pero bueno… veamos qué tal es esto de ser vampiro —Me encogí de hombros.
Y fue entonces cuando descubrí...
Que ser un vampiro fue lo mejor que me pudo haber pasado.
Ah...
¿Que si soy Eliot o Evander?
No te lo diré...
Creo que ya lo sabes ;)
~𝐶𝑜𝑛 𝑐𝑎𝑟𝑖𝑛̃𝑜 𝑦 𝑐𝑎𝑜𝑠, 𝑉𝑒𝑖𝑙𝑟𝑜𝑠𝑒.