Chapter 0
Soy Pavel, un beta... desafortunadamente. No me culpen por ello, por favor. Ser un beta en este mundo no es simplemente nacer con una clasificación diferente: es, sin exagerar, lo más miserable, lo más injusto, lo más humillante que puede ocurrirle a cualquier ser humano. Nacer como beta es como ser marcado por el destino con una condena silenciosa, como si desde el primer aliento ya estuvieras excluido de todo lo bueno que puede ofrecer la vida. Manifiesto mi condición como beta, y eso significa que estoy destinado a vivir en la sombra de los demás, trabajando sin parar, día tras día, hasta que la muerte me alcance sin gloria ni recompensa. Y no solo es el trabajo... es la soledad, el rechazo, el dolor silencioso de saber que jamás formarás parte de una verdadera familia ni tendrás el derecho de soñar con una pareja.
En este mundo, ser pareja de un beta es una ofensa para la sociedad. Es mal visto, duramente juzgado, criticado sin compasión. Que un Alfa o un Omega elija a un beta es impensable. Inaceptable. Aquellos que siquiera lo consideran, se enfrentan a la desaprobación brutal de todos, incluso de sus propios seres queridos. Por eso, ningún Alfa se ha atrevido jamás a cruzar esa línea invisible, y dudo mucho que algún día lo hagan. Para ellos, los Omegas son los más deseables: delicados, hermosos, capaces de dar cría y perpetuar el linaje. Y los Omegas, por su parte, se sienten atraídos por las feromonas fuertes, dominantes y protectoras de los Alfas, un tipo de esencia que, por más que lo intente, jamás podré oler ni comprender. Es como si viviéramos en realidades diferentes, y la mía fuera la más gris de todas.
Siempre se ha dicho —y repetido hasta el cansancio— que un beta no puede quedar embarazado. Pero nadie lo ha confirmado realmente. Nunca se han molestado en intentar comprobarlo con seriedad. Para el mundo, eso simplemente es imposible. Punto. Se ha establecido como una verdad incuestionable que un beta jamás podrá recibir el nudo de un Alfa, ni mucho menos ser marcado. Las historias cuentan que si eso llegara a ocurrir, algo terrible pasaría. ¿El qué exactamente? Nadie lo sabe. Solo suposiciones, mitos, advertencias sin base científica (Sin embargo, mejor hubiera hecho caso desde el principio si hubiera sabido que todo terminaría tan mal). De la misma forma, se afirma que un beta tampoco puede embarazar a un Omega, ni anudarlo, ni marcarlo. Se dice que permitir que un beta intente siquiera una marca con un Omega, o que reciba una de un Alfa, sería como abrir las puertas a una tragedia asegurada. Que ambos —el Alfa y el Omega— sufrirían daños irreparables. ¡Sí! Un completo y total desastre. Una maldición viviente para nosotros los betas, marginados incluso en lo biológico.
Los padres, en su desesperación silenciosa, ruegan a los dioses que sus hijos no nazcan betas. Es entendible. Si yo estuviera en su lugar, también rogaría lo mismo. Nadie quiere que su hijo tenga que enfrentar algo tan doloroso desde que nace. En esta sociedad, los padres de un beta están obligados a cuidarlos solo hasta los 18 años. Es una norma cruel, una sentencia fría y sin alma. Una vez llegada esa edad, tienen que cortar todo vínculo, olvidarse de ese hijo o hija, borrarlo de sus vidas como si nunca hubiese existido. Es el precio de ser un beta. A partir de ese momento, el joven queda solo frente al mundo, sin guía ni apoyo. Se espera que trabaje y estudie al mismo tiempo, que sobreviva como pueda. Muchos abandonan sus estudios porque no logran sostener ambos compromisos; otros, como yo, lo intentan con todas sus fuerzas, aunque se sientan al borde del colapso. Aunque les duela el cuerpo, el alma y el corazón.
Yo cumplí los 18 años hace ya 9 largos meses. Desde ese día, mis padres me abandonaron sin una sola mirada atrás. Me dejaron solo, se fueron junto a mis dos hermanos menores: uno es Omega y el otro es Alfa. A ellos sí los cuidarán, sí los amarán, sí los protegerán... pero a mí, me desecharon como si fuera un objeto roto. Desde entonces, mi vida se ha vuelto una lucha constante. Trabajo y estudio sin descanso, apenas duermo, todo para conservar la beca universitaria que con tanto esfuerzo conseguí. Hay días en los que no puedo evitar llorar, días en los que me siento completamente derrotado, invisible ante una vida injusta que no da tregua. Siento que me consume lentamente, que me arrastra hacia el abismo. Sin embargo, en esos momentos oscuros, recuerdo algo muy simple: si no lucho, si no resisto, si no me mantengo en pie... moriré, o peor aún, me convertiré en una sombra que nunca existió para nadie.









se puede llorar con pavel??😭😭
ah por cierto gracias❤️ nunca me dejas sin una historia nueva..😂😂
This seems so interesting. 🤍