LA RAZÓN POR LA QUE VUELVO A TI ❪ Haobin ❫

Summary

"Yo solo... quería tener sexo", dijo lo primero que se le vino a la mente. La forma abrupta en que lo dijo fue capaz de sacarle un poco de emoción a Hanbin. Parecía desconcertado, pero al menos era una reacción. Incluso el propio Hao no pudo creer la porquería que acababa de soltar. Haobin +18 Contenido explícito. Apego evitativo/Apego ansioso. ¿Por qué volvería a tus brazos una y otra vez? Vamos a averiguarlo.

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Todo empezó con un mensaje de texto.

Enviado de un número que Sung Hanbin reconocía vagamente.

Su memoria no era buena, pero no era la primera vez que algo así le sucedía.

Era básicamente una rutina en su vida que Zhang Hao le enviara un jodido mensaje de texto... cada vez que algo salía mal en sus nuevas relaciones.

Ya habían pasado dos años desde que ellos rompieron, y de alguna manera, en el lapso de dos años Zhang Hao había logrado que cinco muchachos diferentes lo engañaran. Y cada una de esas veces volvió para lamentarse en el hombro de Hanbin.

Excepto que esta vez era diferente.

Hanbin sintió que algo extraño pasaba a través del mensaje de texto, ya que no era el habitual "¿Podemos hablar?" que enviaba Hao después de que algo malo sucediera con alguno de sus nuevos novios.

Hanbin miró fijamente el mensaje de texto que había recibido hacía cinco minutos y este decía:

"¿Puedo ir a tu casa?"

No estaba tan entusiasmado por ver un mensaje del chico pelirrojo después de tres meses como normalmente lo estaría. Incluso cuando había una diferencia clara entre "¿podemos hablar?" y "¿puedo ir a tu casa?", pero al final, el resultado siempre era el mismo: Hao hablando de su fracaso sentimental mientras Hanbin pretendía que no le dolía escucharlo.

Porque sí dolía.

Pues jamás perdió la esperanza.

Desde que ellos habían roto, Hanbin estuvo esperando pacientemente una oportunidad. Esperando un solo momento de debilidad en el que Zhang Hao finalmente deje su terquedad... Esperando que pudiera aceptarlo de nuevo y volver a ser una pareja.

Y algo en ese mensaje… algo en su tono… le hizo preguntarse si esta vez podría ser su oportunidad.

Miró la burbuja de escritura parpadeando en la pantalla por un momento.

Esperó.

Desapareció.

Volvió.

Desapareció otra vez.

Típico de Hao, lo conocía lo suficiente para saber que no diría mas de lo necesario. Así que procedió a teclear su respuesta.

"Zhang Hao, podemos hablar por mensaje. ¿Puedes decirme qué pasó?"

Las burbujas aparecieron en su pantalla una vez más. Esperó ansiosamente antes de recibir una respuesta rápida del otro chico.

Y entonces…

"¿Puedo ir a tu casa?"

Otra vez.

Inmediatamente, comenzó a analizar en exceso los mensajes. Empezó a pensar y fue capaz de encontrar una razón muy viable de por qué Hao insistía tanto en verlo en persona.

Al decir "¿puedo ir a tu casa?", de alguna manera, Hao automáticamente estaba asumiendo que Hanbin no tenía nada mejor que hacer. El mayor asumía de forma egoísta que Hanbin siempre dejaría lo que sea que estuviera haciendo solo para verlo.

Y lo peor, es que era cierto.

Pero aún así, Hanbin sintió que tenía el control para decir sí o no.

Diez minutos después de que Hanbin respondiera al mensaje de texto de Hao con un simple:

"Está bien, puedes venir a casa."

Hao apareció en la puerta de su apartamento, completamente vestido con ropa gris deportiva.

Era una vista a la que Hanbin estaba acostumbrado en los días pasados cuando Zhang Hao se sentía particularmente deprimido. Por este hecho, Hanbin supo que algo debió salido muy mal esta noche.

—¿Puedo pasar? —comenzó Hao.

El chico mayor de cabello rojizo no pudo mirar a Hanbin a los ojos. Su mente estaba demasiado nublada y perturbada de ruido que no podía deshacerse de aquello.

El menor soltó una risa seca.

—¡Hola, tanto tiempo de no vernos! Estoy bien, gracias por preguntar, eres muy amable... —respondió Hanbin y a Hao hizo una mueca ante la ironía de sus palabras —Puedes pasar, siéntete como en casa.

Esa tarea no se le haría nada difícil, puesto habían vivido juntos en ese mismo apartamento hace apenas dos años.

Zhang Hao pasó junto a él, quitándose los zapatos apenas cruzó la puerta y para cuando Hanbin cerró, Hao ya estaba en el sofá, hundido en un cojín con la cabeza enterrada en una almohada.

Hanbin lo miro con ternura y se rió. Aún recordaba fragmentos de su convivencia cuando Hao le decía "Lo que más amo de ti es este sofá".

Se acercó y se sentó lentamente junto a Hao, con cuidado de no sacudirlo demasiado de su actual posición fetal.

El silencio era de colores borrosos.

Todo lo que se escuchaba era la suave respiración entre los dos, hasta que la respiración de Zhang Hao lentamente se convirtió en pequeños sollozos y gimoteos.

Hanbin miró hacia el techo, mordiéndose la lengua para no decir nada estúpido.

Pero mierda…

Odiaba tanto verlo así.

Pero una cosa que indudablemente odiaba mucho más era el hecho de que Hao se negaba a aceptarlo de vuelta, sin importar cuánto Hanbin estuviera allí para consolarlo.

Pensar en aquello impidió que Hanbin derramara una sola puta lágrima por Hao, pero las lágrimas seguían allí... simplemente atrapadas en sus ojos. No las dejaría salir. No podía romperse, no esta vez.

—¿Qué pasó? —preguntó Hanbin.

Para reconfortarlo colocó una mano en la parte posterior de la cabeza de Hao, que estaba cubierta por la capucha de aquella sudadera gris... Maldita sea... Hanbin no quería sacar el tema, pero sabía que esa sudadera pertenecía al chico con el que Hao (presumiblemente) acababa de romper.

—Él —el mayor giró su rostro hacia él.

Tenía lágrimas brotando de sus ojos rojos y un suave puchero en su labio inferior. —Me engaño.

Apenas pudo resistirse a lo lindo que se ve Hao cuando se queja.

Tenía tantas ganas de tomarlo en sus brazos y acariciar su espalda, diciéndole que estaría bien, que aquel chico era un imbécil, que se merecía algo mejor...

Como siempre solían hacer.

De hecho, que Hanbin no lo abrazara inmediatamente fue una completa sorpresa para ambos.

—Lo siento —fue lo único que salió de sus labios.

Las lágrimas de Hao dejaron de fluir, en cambio, miró a Hanbin con una obvia expresión confusa.

—¿Lo siento?...

¿Eso es todo?

Hao esperaba escuchar mucho más que eso ¡especialmente después de no recibir un abrazo de Hanbin! Primero ningún abrazo, ¿y ahora esto?

¿Por qué Hanbin estaba actuando tan extraño? Se le hizo un nudo en el estómago. Un nudo doloroso que solo él coreano sabía cómo hacer desaparecer, un hecho que Hao simplemente no podía admitir.

—Lo siento, Hao... Ahora dime, ¿por qué viniste aquí para contarme esto?

La segunda respuesta de Hanbin sorprendió a Hao aún más. Sus ojos se abrieron un poco ante la pregunta y tragó saliva con fuerza, sin saber cómo responder.

En realidad, solo quería consuelo.

O eso era lo que creía que quería, por lo menos.

Los que conocían a Zhang Hao, sabían que normalmente era bastante bueno consiguiendo lo que quería, de ahí que fuera capaz de salir con cinco chicos diferentes en el lapso de dos años.

El problema era cuando alguien descifraba las tácticas de Hao, porque era fácil usarlas en su contra... de ahí que lo engañaran cinco veces en el lapso de dos años.

Lo importante aquí es que algo en su Sung Hanbin había cambiado, y por primera vez sintió que finalmente ya no podía ver a través de él.

Hizo que Hao se sintiera un poco ansioso y curioso por saber qué era diferente esta vez.

¿Hanbin finalmente lo había superado?¿había pasado la página? ¿había encontrado alguien mejor?

—Bueno, yo...

—No importa, no respondas.

El comportamiento rudo de Sung Hanbin era algo que Zhang Hao nunca había visto antes.

Cuando estaban juntos, e incluso las veces que hablaron después de su ruptura, su chico coreano siempre fue el ángel más dulce. Le daba la bienvenida a Hao con los brazos abiertos y no se atrevía a hacer una sola cosa que pudiera herir sus sentimientos.

Jamás se hubiera atrevido a herirlo con sus palabras.

Le dolió ver a Hanbin así.

Hanbin continuó:

—En cambio, dime ¿Por qué en los últimos dos años después de que cada relación tuya terminé, tu primer pensamiento siempre es venir a verme? —su voz era fría, inquisidora.

Hao no sabía qué decir... pero sabía lo que Hanbin quería escuchar.

Lo sabía perfectamente y esa respuesta estuvo atorada en su garganta tantos años, pero el mayor no iba a bajar la guardia tan fácilmente.

—Porque eres la única persona con la que puedo hablar...

—¿Y qué pasa con Ricky? ¿No puedes hablar con él? ¿O qué también te dejó por un nuevo mejor amigo? —el sarcasmo en la voz de Hanbin era claro.

Hanbin estaba harto y Hao estaba asustado.

—Está bien, está bien. —Hao hizo una pausa y respiró profundamente, secándose las lágrimas de la cara con las mangas de la sudadera antes de continuar—. Yo... yo quería verte, Hanbin.

—¿Pero por qué? —la respuesta de Hanbin fue inmediata.

A Hao nunca le gustó que lo bombardearan con preguntas, Hanbin lo sabía muy bien. Era exactamente por ese motivo que ahora lo estaba interrogando.

Antes de que diera su respuesta, pensó en todos los escenarios en busca de una excusa razonable para justificar volver a buscar a Hanbin esta vez.

Hanbin nunca antes le preguntó por qué volvía a él.

Nunca le importó el motivo, y normalmente estaba feliz de volver a hablar con Hao, sin importar las circunstancias. Si Hao estuviera comprometido a punto de casarse con otra persona, Hanbin probablemente todavía habría estado feliz de verlo.

Pero ahora.

Este Hanbin era diferente. Este Hanbin parecía no querer tener nada que ver con Hao.

El vacío en su estómago siguió creciendo con cada segundo que pasaba sentado allí en el sofá tratando de encontrar una respuesta. Así que soltó lo primero que se le vino a la mente.

—Yo solo... quería tener sexo.

La forma abrupta en que lo dijo fue capaz de sacarle un poco de emoción a Hanbin. Parecía desconcertado, pero al menos era una reacción.

Incluso el propio Hao no pudo creer la porquería que acababa de soltar.

Sabía que Sung Hanbin no era el tipo de persona que quisiera tener sexo con alguien que no fuera su pareja, lo dejó muy en claro antes de que se convirtieran en novios.

—Me parece inusual que justamente me busques a mí... pero no me sorprende para nada el hecho de que justamente tú estés buscando sexo casual.

¡No era cierto!

Bueno.

Zhang Hao era un provocador compulsivo... pero jamás concretó nada. Era virgen.

La única razón por la que Hao insistía a veces en tener sexo con Hanbin antes de que fueran novios, era porque ya se sentía profundamente conectado con él, ya que habían sido amigos durante algunos años antes de que sus sentimientos románticos mutuos comenzaran a surgir.

—Bueno, es que... mi novio me engañó y...

—¿Quieres vengarte de él? —interrumpió Hanbin, estando bastante seguro de que esa debía haber sido la única razón por la que Hao quería tener sexo con él.

A Hao no le gustó la respuesta de Hanbin, pero al menos su tonta excusa había sido tomada como creíble.

—No quiero vengarme —Hao se aclaró la garganta—. Sucede que mientras salíamos... nunca tuvimos sexo.

Tenía la sensación de que decirle esto provocaría una reacción, y así fue. Las cejas del menor se alzaron y su boca se abrió ligeramente.

Para Sung Hanbin, elegir no tener sexo con Hao era como agitar un enorme trozo de carne fresca en la cara de un oso y que el oso se pusiera de pie en dos patas, dijera "No, gracias" y se alejara volando. Inexplicable.

¡No había forma de que un humano en la tierra pudiera haber rechazado a alguien como Zhang Hao!

¿Pensar que Hao fue engañado por un hombre que ni siquiera tuvo sexo con él? Pum, eso era un nivel completamente diferente de locura colectiva.

Aunque la verdadera razón por la que Hao fue a ver a Hanbin no era para tener sexo con él, no mintió cuando dijo que toda su última relación fue total y dolorosamente asexual.

No fue exactamente porque su ex novio no quisiera tener sexo con él, en realidad fue porque... Hao no quería.

La primera vez que lo intentaron, la sesión terminó después de tan solo siete incómodos minutos en los que el chico claramente no sabía lo que estaba haciendo y Hao no se sintió conectado, mucho menos excitado. Le hizo sentir mal, física y mentalmente; y le hizo pensar que tal vez no era el momento adecuado ni la persona adecuada.

Todavía le gustaba aquel último chico por su personalidad carismática, y era muy guapo, pero por más que le costara admitirlo extrañaba como Hanbin lo calentaba sexualmente, incluso cuando solo eran caricias.

Con Hanbin experimento mucho más que con sus últimas cinco relaciones.

Sin importar en qué relación estuviera, extrañaba y comparaba a todos con Hanbin...

—Entonces, estuviste privado del contacto físico y ahora quieres que yo lo arregle —porque según las respuestas de Hao: sí este podría ser el único caso de su regreso. El mayor apartó la mirada y asintió con la cabeza. Hanbin suspiró frustrado. —Son cosas como esta las que realmente me hacen preguntarme por qué rompimos en primer lugar...

Hao se quedó en silencio, todavía sin mirar a Hanbin. Aunque no viera su expresión, sabía que era de decepción. Eso hizo que Hao se sintiera aún más dolido por dentro.

—Sabes bien por qué rompimos.

—Tú lo sabes... Y aún así, vuelves sin fallar.

Escuchar a Hanbin decir eso fue como si le hubieran dado una gran dosis de realidad en la cara. Pensar en ello lo hizo sentir tan avergonzado. Hanbin definitivamente lo había descubierto hace mucho, pero Hao aún se negaba a ceder.

—Fuiste tan posesivo e intenso conmigo durante toda la relación... no confiabas en mí. Era como si pensaras que todos los chicos con los que hablaba querían acostarse conmigo... y bien por ti, Hanbin, al menos ahora sabes que eso no es verdad

Al hacer la descarga, el estrés de Hao finalmente comenzaba a desaparecer, pero inmediatamente volvió a caer sobre él con la repuesta del otro.

—Escucha, si estás aquí para discutir, entonces puedes irte.

—No vine para discutir.

—Me dejaste en claro para que viniste y lo siento mucho pero escogiste al tipo equivocado... —estaba claro que Hanbin no podría estar con alguien sin sentimientos de por medio — Por favor, te ruego que cierres la puerta cuando te vayas.

Hao sintió una opresión en el pecho al pensar que si escapaba ahora, quizá esa puerta no volvería a abrirse.

Hanbin no dijo nada más. Se levantó y caminó hacia la isla de la cocina detrás de la sala de estar y comenzó a lavar algunos platos de ese día.

Hao conocía su rutina nocturna y sabía que limpiar era una tarea que Hanbin solía hacer todas las noches antes de acostarse.

Naturalmente se acercó rápidamente y se paró detrás de él, tirando suavemente del dobladillo de su camiseta blanca.

Hanbin suspiró, cerrando los ojos mientras apretaba los puños con fuerza. Había tratado de mantenerse firme… en serio quería acabar con ese lazo extraño que los unía, ese enredo que nunca debió dejar crecer.... pero ese simple gesto de tirar de su camiseta, tan suave, tan familiar, tan Hao, lo hizo temblar por dentro.

Al carajo.

No. No podía más.

No podía negarle la atención que tanto necesitaba. Era inútil intentar ganar en el mismo terreno de Hao.

Cerró el fregadero, se secó las manos con una toalla y finalmente se dio la vuelta para enfrentar a Hao.

Lo primero que se encontró fueron los ojos color marrón de Hao, mirándolo como un cachorro herido. Era una linda expresión que no había visto en mucho tiempo y su corazón saltó involuntariamente.

Zhang Hao conocía sus debilidades demasiado bien, casi como si nunca se hubieran separado en todo este tiempo.

—No quiero discutir, cariño... Solo quiero una última cosa de ti, una última noche juntos y te prometo que te dejaré en paz... Lo juro, me iré de tu vida.

Para el pelinegro escuchar la forma en que el antiguo apodo salió de los labios de Hao con tanta naturalidad se sintió como un cuchillo afilado deslizándose por su espalda. Pero dolió aún más escuchar que Hao hablaba en serio acerca de no regresar.

Hao también sintió dolor al jurar no volver. Se sintió estúpido. No queria que esto sucediera, y de hecho no tenía la intención de ir allí a pedir sexo en primer lugar...

De golpe todas sus preocupaciones acerca de la infidelidad de su ex novio o de haber vuelto a ese departamento desaparecieron... tan pronto como Hanbin lo colocó en la encimera de la cocina y comenzó a besar su cuello.

—Ah... —gimió suavemente, mientras las manos de Hanbin se deslizaron por debajo de la sudadera. Sus dedos fríos se hundieron lentamente en la piel de la cintura de Hao, notando que no tenía ninguna camiseta debajo.

Hao extendió una mano hacia la cabeza del Hanbin y tiró de su cabello, mientras el menor continuaba dejando moretones rosados debajo de su barbilla.

No era dulce, ni delicado.

De repente, Hanbin lo levantó por la cintura y comenzó a llevarlo al dormitorio, el cual alguna vez perteneció a ambos.

Había pasado mucho tiempo desde que Hao puso un pie dentro, y no pudo evitar preguntarse si algo había cambiado.

Cuando entraron a la habitación, los brazos de Hao rodearon perezosamente el cuello de Hanbin y, para su sorpresa, notó que nada había cambiado.

Todo seguía en su lugar, exactamente como se veía cuando se fue.

La única diferencia era que la ropa de Hao no estaba en el armario, sus perfumes no estaban desordenadamente esparcidos por su tocador y sus peluches no estaban en la esquina de la cama al lado de Hanbin, como siempre habían estado.

Hanbin colocó a Hao en el borde de su cama, indicándole que esperara un momento mientras salía a buscar algo. Hao simplemente continuó sentado allí y miró a su alrededor para ver si algo más era diferente.

Después de unos minutos, Hanbin regresó a la habitación con las manos detrás de la espalda, caminando hacia la cama y colocando lo que fuera que recuperó debajo de su almohada.

Regresó su atención hacía Hao y sin pensarlo dos veces lo inmovilizó en la cama bruscamente.

Hao jadeó cuando la boca de Hanbin se encontró nuevamente con su cuello una vez más, su mano izquierda sujetando sus muñecas sobre su cabeza y la otra mano deslizándose rápidamente por su torso, sobre la piel sensible de Hao, levantando su sudadera.

Hao mantuvo los ojos cerrados, tratando de no enloquecer por la estimulación que estaba recibiendo.

Pasó de no tener ninguna emoción sexual durante mucho tiempo a ser tocado por todas partes por el único hombre que nunca podría superar.

Esto hizo que el estómago de Hao se retorciera y diera vueltas. Podía sentir que se calentaba con cada toque, como la mano dura de Hanbin pellizcaba suavemente su carne y rozaba sus pezones inchados.

Hanbin se apartó por completo de Hao y lo miró fijamente. Casi no había emoción detrás de su expresión, y eso le dio escalofríos a Hao.

—Mírate, trayendo la sudadera de tu ex novio a mi departamento —dijo Hanbin, sacudiendo la cabeza con decepción.

Hao se sintió avergonzado, incluso apenado. Su rostro se calentó de vergüenza, pero al mismo tiempo ser humillado era ligeramente excitante.

Se sentó y se quitó la sudadera, arrojándo la prenda al otro lado de la habitación, revelando su torso desnudo que brillaba de color rojo en los lugares donde Hanbin marcó con deseo salvaje.

Enderezó la espalda, acercando su rostro en un intento de conectar de nuevo sus labios, a lo que Hanbin se alejo ligeramente hacia atrás .

—No creas que lo olvidaré solo porque te lo quitaste.

Inteligente.

No le dejaría pasar una más.

Empujó a Hao de vuelta a la cama y succionó uno de sus pezones duros, usando su mano para pellizcar y golpear el otro capullo.

Hao olvidó lo bien que se sentían los actos íntimos con el muchacho coreano.

Todo dentro de él comenzó a hormiguear. Desesperado. Ya estaba completamente duro y húmedo en sus pantalones. Su miembro se contrajo con cada mordisco de los dientes de Hanbin en su pecho.

Era casi imposible para Hao pensar con claridad. De repente volvió a la realidad cuando Hanbin lo levantó para darle la vuelta y dejarlo sentado de frente a lo que solía ser su viejo y empolvado espejo de cuerpo entero que se apoyaba contra la pared.

Soltó una risa sin entusiasmo mientras recordaba las veces que bromeaban sobre ese estúpido espejo.

Hao se miró a si mismo, notando los moretones ahora oscurecidos y las marcas de mordeduras esparcidas por la parte superior de su cuerpo. Sintió orgullo.

Hanbin de inmediato se sentó detrás de él para rodearlo con sus brazos. El mayor relajó su espalda desnuda sobre el torso vestido de Hanbin, ambos mirándose a través del espejo con ojos hambrientos.

Hanbin levantó la mano para revelar lo que se escondía debajo de su almohada.

—¿Recuerdas esto? —la forma en que lo preguntó sonó como si estuviera sonriendo, pero no había ninguna sonrisa en el rostro de Hanbin.

La respiración de Hao se entrecortó ante lo que vio.

—Tú... ¿todavía tienes eso?

—Sí. No estoy seguro de por qué lo guardé. Pensé que después de romper nunca volvería a verte, pero estás aquí por quinta vez.

En la mano de Hanbin había un collar con corazón rojo escarlata que Hao le había dado como regalo.

Hao giró la cabeza para no mirar a Hanbin, quién tenía una mirada de descontento estampada en su rostro.

No quería pensar.

No quería recordar.

—Podemos continuar con...

—Shh... Cuando me regalaste este collar, dijiste que era para llevarte conmigo a donde sea que vaya... y me tomó tiempo aceptar que.... que en el momento de nuestro comienzo, ya habías decidido el final de nuestra relación.

Hanbin dijo la verdad. Porque Hao como buen pensador excesivo que siempre fue, planeo su fin justo cuando comenzaron.

Okey, todo esto no era parte del plan original y honestamente se sentía severamente decepcionado por no poder obtener de inmediato lo que quería de Hanbin.

Su mente quería huir. Evitar sentirse vulnerable.

—Te necesito ahora, Hanbin —lo provocó empujando sus caderas hacía atrás y restregandose.

Se puede decir que la estrategia funcionó.

Hanbin lo agarró por la barbilla, girando su cabeza hacia el espejo, para que encuentren las miradas del otro en su reflejo.

—Y yo necesito que te calles sino tienes nada real para decirme ¿okey?... Vas a tenerme por última vez, voy a darte lo único que siempre quisiste de mí, pero tendremos que hacer algo primero... —sus manos viajaron peligrosamente por los muslos del mayor —No sé a cuantos te has tirado, pero probablemente estés demasiado apretado después de tanto tiempo sin sexo. Así que todavía tengo que estirarte —dijo con voz baja y ronca, con la boca apoyada cerca de la oreja de Hao, y este sintió que todo debajo de su cintura se sacudía ante las palabras de Hanbin. ¡Quería aclararle que nunca tuvo sexo! Pero sólo gimió, dolido —Para ser justos, en realidad... —Hanbin apartó las manos de entre las piernas de Hao y en su lugar apretó la muñeca de Hao, lo suficientemente fuerte como para hacerlo estremecer —Puedes hacerlo tú mismo, si tanto lo necesitas.

En ese momento, Hao se estaba cansando de que Hanbin le diera vueltas al asunto.

Simplemente toda la charla y el juego previo era innecesario cuando Zhang Hao vino claramente ser usado hasta que su cerebro sea papilla.

—¿Quieres que me estire? —preguntó monótonamente.

—¿Quieres que te folle?...— contraataco — Eres increible. Vienes a mi casa, me pides sexo y sigues con esa actitud de princesa de almohada, ¿eh? ¿Nunca nada es suficiente para ti, Hao?

Se burló un poco de la respuesta de Hanbin.

Sabía exactamente lo que el pelinegro estaba tratando de hacer. ¡Bien, si así era como quería jugar, entonces bien!

Ambos podían discutir ida y vuelta sobre cómo "no querían hacer esto o lo otro", bla bla bla o cómo solo querían terminar con todo de una vez, pero en realidad ambos querían exprimir cada segundo crudo y amargo de esta última experiencia juntos.

—Lo haré...— cedió.

Hanbin tomó la muñeca de Hao y la levantó hasta su rostro, sus dedos ahora permanecían en sus propios labios. Obedientemente abrió la boca y comenzó a chupar sus propios dedos de la forma sucia que sabía que a Hanbin le encantaba ver.

El contacto visual prolongado que ambos (de alguna manera) pudieron mantener, hizo que los pocos segundos de Hao chupando lascivamente sus dedos se sintieran como horas.

Hao podía sentir la longitud gruesa de Hanbin creciendo detrás de él, causando que la más sutil sonrisa se formara en su rostro.

Su última noche juntos estaba siendo una guerra y Hao quería ser el ganador.

Cuando sintió que sus dedos estaban lo suficientemente húmedos, los sacó muy lentamente de su lengua y los estiró para ver la línea de saliva que los conectaba. Hanbin se estremeció al ver a Hao deslizar su mano detrás, tocando su torso en el camino, y deslizando sus dedos debajo de la cinturilla de los pantalones deportivos. Tiró de ellos intento fallido de bajarlos con una mano.

Hao se giró para colocar sus labios en la sensible oreja de Hanbin.

—¿Puedes ayudarme? —preguntó suavemente. El menor dejó escapar un suspiro tembloroso y Hao se levantó ligeramente de la cama, mientras su chico lo ayudaba a quitarse los pantalones.

Hanbin parecía hipnotizado. Dejó que sus dedos rozaran ligeramente los muslos de Hao, hasta las pantorrillas y los tobillos de cada lado. No importaba cuánto quisiera tocarlo y abrirlo con sus propias manos, no iba a ceder a sus propios deseos.

Quería hacer esperar a Hao también, y vaya que esto era doloroso para ambos.

—Por los angeles, tú eres un demonio...

Hanbin no pudo evitar salivar ante la visión que apareció frente a él. ¿Cómo pudo olvidarlo? Hao no usaba ropa interior de encaje por diversión, las usaba con regularidad. No fue hasta ahora que Hanbin pudo procesar cuán guarro era Hao al hacer algo como eso.

Todos los días debajo de su ropa, todos los días que fichaba para trabajar, todos los días que su ex novio no lo tocaba, todos los días que pensaba en volver a su cama.

Hao deslizó la fina tela hacía un lado y abrió más las piernas para que Hanbin viera la forma en que toda su región baja palpitaba sin que lo hubieran tocado ni una sola vez todavía.

Colocó sus dedos mojados en su entrada y trazó alrededor de ella, su cuerpo temblando ligeramente ante su propio toque. La forma en que Hanbin lo miraba como un animal salvaje podía hacer que se corra allí mismo. Podía sentir el aliento caliente de Hanbin cubriendo su cuello.

A modo de tanteo, empujó un dedo. Luego dos.

Con Hanbin a su lado se sintió exageradamente mejor que cuando se tocaba solo en su habitación.

Se mordió el labio inferior y dejó escapar un gemido entrecortado cuando hicieron contacto visual en el espejo una vez más. Hanbin rápidamente desvió la mirada cuando Hao comenzó a empujar hacia atrás, frotándose contra su miembro viril vestido.

Echó la cabeza hacia atrás y exhaló lentamente, haciendo un gran esfuerzo para no dejar que la placentera fricción lo afectara. Cuando Hanbin volvió a sus sentidos, notó que Hao inclinaba su cuerpo más hacia atrás y ya no se estaba tocando.

—¿Qué estás haciendo…? —murmuró Hanbin, mientras observaba como Hao buscaba tomar su mano para luego colocarla justo contra su agujero y torpemente comenzar a deslizar su pulgar dentro.

La boca del pelirrojo se abrió y sus cejas se fruncieron en éxtasis. Ser tocado por Hanbin era todo lo que necesitaba.

—Por favor... Binnie.

Hanbin se sintió como un animal rabioso por la forma en que su boca se humedeció al ver al pelirrojo lindo darse placer. La espalda de Hao se arqueó hacia el techo y su pecho se calentó. Hanbin entendió lo que su cachorro quería y presionó su índice contra su entrada.

—Eres tan… tan sucio —susurró en el oído de Hao, dejando un pequeño beso en su lóbulo y ganándose otro gemido.

Ambos sintieron que volvían a tener el mundo en sus manos.

Los manos de Hanbin eran grandes, Hao había olvidado lo que se sentía ser follado con esos largos dedos.

Sin embargo, aún quería más.

Si está era su última puta patética noche, lo quería todo.

En recompensa, le hizo sentir mejor que Hanbin con su mano libre pellizque sus duros pezones y le susurré al oído sobre lo asqueado que estaba.

—No puedo creer que estés disfrutando esto... Hmm, Follándote con mis dedos como una puta desvergonzada. Iba a hacerlo por ti, pero no pudiste esperar ni un jodido minuto ¿de verdad estabas tan desesperado por tener algo dentro de ti? ¿Nada es suficiente para ti, Hao?

A estas alturas, Hanbin prácticamente estaba frotando su erección contra la espalda baja de Hao, mientras lo ayudaba a estirarlo.

A Hao no le importó, solo confirmaba que realmente estaba ganando esta batalla.

Cada vez más, dentro y fuera.

Zhang Hao estaba bastante lleno con dos dígitos, si intentara meter otro no lo lograría. Definitivamente al ser inexperto en esto, no lo lograría.

Sin preguntar, Hanbin metió su dedo del medio hasta el fondo del agujero de Hao.

El pelirrojo se sintió sin aliento, su pene olvidado soltando líquido preseminal a chorros. Las pupilas se dilataron y su mandíbula se abrió por completo, mientras sus ojos se dirigían hacia la parte posterior de su cabeza para mirar al chico pelinegro.

Hanbin tenía el control, golpeándolo directamente en su próstata sin piedad.

—Sí dios sí.. ahí.. Hanbin, ah.. ahh.. ngmm... ¡No pares! Bin, por favor.

Hao se sintió como un muñeco tonto por la forma en que su cuerpo no luchaba y se balanceaba al ritmo de las embestidas.

No era delicado al tocarlo.

Hao no dejaría que nadie lo trate así, pero Hanbin... maldita sea.

Si antes lo necesitaba, ahora moriría por tener la polla celestial de Hanbin enterrada hasta la garganta.

La otra mano de Hanbin, que antes trabajaba sobre el pecho de Hao, ahora la estaba usando para acariciarse a través de sus pantalones de pijama. Siempre lo encendía lo caliente que sonaba Hao cuando gemía y suplicaba, pero le molestó pensar que Hao lo abandonaría si se corría con sus dedos.

No, no iba a dejarlo ir de esta manera.

Admiraba la forma en que ese apretado agujero se abría para él, ni siquiera se dio cuenta de cuánto líquido preseminal se filtraba a través de la ropa interior de Hao y de la forma en que su linda y pequeña polla se movía hacia el cielo con cada embestida.

—Hanbin, ah... ahh ah.. voy a mmh...—el pelirrojo soltó unos cuantos gemidos más.

No iba a durar mucho.

Ya ni siquiera podía procesar lo que le estaban haciendo a su cuerpo. Se sentía tan increíblemente al borde del placer, y quería correrse tanto, pero simplemente no podía. Egoísta. Tampoco quería acabar. Lo único que podría hacerlo terminar sería la perfecta polla de Hanbin.

Antes de que se diera cuenta, Hanbin ya se había quitado rápidamente sus propios pantalones y calzoncillos de debajo de Hao.

Finalmente... pensó Hao para sí mismo

Después de lo que parecieron horas de guerra, finalmente iba a obtener lo que buscaba. ¿Eh? ¿Qué dijo que buscaba? Ya ni siquiera sabía lo que en verdad quería al entrar en ese departamento.

Todo lo que sabía era que su cuerpo ansiaba que Hanbin estuviera dentro de él.

El miembro pesado de Hanbin golpeó la espalda de Hao, un poco de líquido preseminal goteaba por su espalda baja.

—No puedo creer que realmente estés disfrutando esto... cuando tú mismo me alejaste de tu vida —gimió Hanbin. Su polla palpitaba y dolía cuanto más tiempo permanecía sentado allí y follaba a Hao con sus dedos. —Apuesto a que estás pensando en tu estúpido ex novio... deseando que él te cogiera así como la puta insaciable que eres... ¿cómo era su polla? ¿era grande? ¿no es triste que yo pueda hacer un mejor trabajo follándote con mis dedos de lo que él podría con su polla real?

Hao gimió al sentir la voz ronca de Hanbin en su oído.

Aunque todo lo que Hanbin decía parecía malicioso, la forma en que lo decía hizo que el corazón de Hao se derritiera. Su voz era tan dulce y suave como la miel. Cada insulto y comentario se sentía como un elogio.

Su Hanbinie no podía odiarlo, jamás, solo estaba molesto por como resultaron las cosas.

— Ah, ngm... n-no... no estoy pensando en él... —Hao hizo lo mejor que pudo para formular este tipo de oración.

Su mente se sentía estática. Todo lo que podía pensar era en Hanbin.

Hanbin, Hanbin, Hanbin...

—¿En qué estás pensando entonces, bebé?

Hao sacudió la cabeza tontamente.

Tenía una respuesta, pero no quería decirla.

¡No quería perder!

Hanbin sacó completamente los dedos del interior de Hao, lo que le hizo prácticamente gritar un doloroso largo gemido.

Agarró su rostro con su mano libre, girando su barbilla hacia él para que estuvieran cara a cara.

—Dímelo, ¿en qué estás pensando?

La mirada en los ojos de Hanbin le dijo a Hao todo lo que necesitaba saber. No iba a aceptar mentiras.

—Tú, mhm... te deseo... —soltó débilmente, toda la parte inferior de su cuerpo todavía temblaba por la sorpresa de estar tan vacío tan rápido.

—¿Qué dijiste? Dilo un poco más fuerte, cariño. No puedo entenderte cuando te quejas así —su control sobre el rostro de Hao se aflojó.

—Hanbin ah... te necesito dentro de mí... por favor... dámelo...

—Si eso es lo que quieres.

¡Victoria para Hao!

Sonrió para sí mismo, un poco demasiado emocionado por finalmente... finalmente obtener lo que quería.

O eso pensó.

Hao mantuvo los ojos cerrados mientras Hanbin inclinó su cuerpo, dejando su culo al aire y colocó ambas manos en su cintura.

Inmediatamente fue tomado por sorpresa por el estiramiento que sintió en su región inferior.

¿Hanbin era así de... grande?

Sus ojos se abrieron de golpe y chilló cuando vio a Hanbin deslizar su pene por completo.

Hao comenzó a sacudir la cabeza, maullando algunos "no", rogándole que lo sacara. Esto no era en absoluto lo que quería. El dolor era insoportable.

Hanbin mordió el hombro de Hao y dejó escapar un fuerte gemido cuando sintió el agujero de Hao apretándose fuertemente alrededor de él. Probablemente podría correrse en el acto si realmente quisiera. Hao sonó tan necesitado y desesperado que volvió loco a Hanbin.

—Esto es todo lo que querías, ¿no? Te estoy follando ahora, ¿no? Puta desagradecida.

—Ah... demasiado... Hanbin no... sacalo... —suplicaba como un pobre cachorro.

¿Por qué iba a escucharlo?

Zhang Hao nunca escuchaba cuando Hanbin lloraba. Mientras lo dejaba volver a entrar a su vida, lo cuidaba, lo consololaba y siempre estaba allí para cuando necesitaba algo.

—Por favor... Hanbin, no quiero... ahh... ah ah...

Cuanto más bombeaban su delicado cuerpo, más débil se volvía.

Su polla seguía sacudiéndose con constantes espasmos, soltando tanto líquido preseminal que manchaba las sábanas debajo suyo, las que alguna vez compartieron.

Hanbin lo empujó tan rápido y fuerte que finalmente su ropa interior se rompió por la mitad, lo que le hizo maullar de dolor. Sus piernas cedieron por completo y simplemente estaba dejando que Hanbin lo usara como un juguete. Su cabeza se inclinó hacia atrás sobre el hombro de Hanbin, solo para ver la oscuridad en sus ojos.

—No, por favor.... para... ahhh —Hao sintió que iba a morir —¡Es mi primera vez!

Hanbin solo gimió y gruñó en su oído, parando abruptamente. Ya sin saber cuanta cantidad de veces fue sorprendido esta noche.

Ante esto, Hanbin se retiró rápidamente y salió de él.

Hao gritó de dolor.

—¿Qué dijiste, princesa? —agarró las frágiles caderas de Hao y lo recostó suavemente boca arriba sobre su cama.

El pelinegro parecía totalmente desconcertado. ¿Acaso era tan difícil creerle a Hao que nunca nadie le hizo sentir tan seguro como para entregarle su virginidad?

—Es mi primera vez... —murmuró, todavía recuperándose.

—¿Por qué no me lo dijiste? —parecía preocupado.

Hao miró a todos lados, avergonzado de pies a orejas, las lágrimas brotando de sus ojos.

¡Porque esto sólo demostraba que Hanbin siempre tuvo la puta razón! ¡Nunca lo superó una mierda!

Estaba allí entregándole su inocencia a Hanbin, de alguna manera era un confesión silenciosa... De que el pelinegro de linda sonrisa, alma y cuerpo siempre fue el adecuado.

Por suerte, Hanbin se sintió tan culpable que no lo bombardeo con preguntas incómodas esta vez.

—Princesa, ¿estás bien? —preguntó, mientras se inclinaba para dejarle besos dulces en las manos —No te preocupes, voy a cuidar bien de ti, te lo prometo.

Con cuidado se colocó entre medio de las piernas de Hao y se quitó la camisa.

Oh.

Por todos los dioses.

Se sentía como estar en el cielo con el ángel más hermoso alzándose en lo alto.

Hao bebió hasta estar mareado la vista del cuerpo desnudo de Hanbin.

Hanbin colocó dos manos al lado de la cabeza de Hao para estar encima suyo. El pelirrojo levantó una sola mano y la pasó suavemente desde su pecho hasta sus abdominales, llevándola de regreso a sus clavículas para frotar su tatuaje en forma de sol, estrella y luna.

—Que bonito... —susurró suavemente.

Hanbin lo miró fijamente, mordiéndose el labio. Una ola de arrepentimiento comenzaba a invadirlo mientras Hao pellizcaba suavemente la piel de su cuello.

Hao miraba a Hanbin de la misma manera que lo hizo cuando fue la primera vez en que comenzaron a explorar sus cuerpos desnudos.

¿Esta realmente iba a ser la última noche que pasarían juntos? ¿La última vez que ambos estarían en su apartamento? ¿La última vez que compartirían esta cama? ¿Hao le dejaría tomar su primera vez y luego se iría de su vida así como si nada?

Los brazos de Hanbin cedieron y se dejó caer sobre las sábanas, su cabeza aterrizó justo encima del hombro de Hao.

Hao cerró los ojos y envolvió sus brazos sobre su espalda desnuda, deslizando tiernamente sus manos hacia arriba y hacia abajo. Sus corazones ahora latían juntos, y su respiración ahora estaba sincronizada. La familiaridad en la forma que sus cuerpos se transformaban naturalmente en un solo ser cuando estaban cerca uno del otro era demasiado real.

—Lo siento. No debí... yo no sabía, no quería lastimarte —dejó escapar un suspiro exasperado.

—Hanbin, no tienes que disculparte... yo quería que lo hagas.

Hanbin se apoyó sobre sus codos para mirar a Hao, las puntas de sus narices se tocaron tiernamente.

—Yo... —respiró profundamente antes de continuar —No quiero, no quiero lastimarte más... y no quiero que las cosas entre nosotros terminen así...

Hao levantó la cabeza y depositó un suave beso en los labios de Hanbin.

—Yo tampoco quiero que terminemos, no así —su voz se quebró ligeramente, mientras sus pestañas revolotearon rápidamente, tratando de evitar que las lágrimas volvieran a brotar de sus ojos —Hanbin, quiero ser honesto... Me mantuve alejado de ti estos años porque tenía miedo... pensé que podía encontrarte en otras personas... porque simplemente sentía que no te merecía, que eras demasiado para mí... y yo no merecía tenerte —el menor acercó su mano al rostro de Hao y frotó su pulgar con cariño contra su mejilla hinchada —. Realmente te extrañé todo este maldito tiempo... Y estuve pensando en ti mucho más de lo que me gustaría admitir. ¿Lo entiendes, Hanbin? Tú eres absolutamente todo en lo que puedo pensar —todas sus palabras salieron tan débilmente, quebrantando por fin las barreras que alguna vez levantó entre medio de ellos— Pero está bien... entiendo si tú me odias por haberme alejado tantas veces...

—Shh —susurró Hanbin— Te amo y tú también me amas, ¿verdad? No hay nadie más... ¿verdad? —sonaba tan desesperado. Como si quisiera oír de Hao era que él era el único que siempre había amado.

—Sí, Hanbin, sólo tú... siempre fuiste tú —levantó los brazos para rodear el cuello de Hanbin y lo atrajo hacia un beso.

Comenzó lento, sus lenguas deslizándose suavemente por los labios del otro para chocar entre sí y probar de su dulce conexión.

Esto. Esto es lo que ambos realmente querían.

Querían vulnerabilidad, pasión, realidad. Querían que las cosas volvieran a ser como solían ser; como cuando se amaban y solo se tenían el uno al otro.

Se apartaron del beso, sus frentes ahora tocándose. Hanbin a pedido del amor de su vida, alineó su punta en la entrada de Hao una última vez y lentamente se empujó dentro.

Ambos gimieron al unísono, mirando juntos como la longitud dura de Hanbin entraba muy suavemente.

No quería hacer que Hao sufriera esta vez. No quería usar su cuerpo para sí mismo. Quería hacer que Hao se sintiera bien, amado, seguro.

Cada embestida se llevó a cabo con afecto. Ambos podían sentirlo. Estaban haciendo el amor.

—¿Esto era todo lo que realmente querías? —preguntó con un puchero el pelinegro.

Ah, cierto.

Hao recordó lo que dijo cuando llegó por primera vez.

—No, no Hanbin —negó apresuradamente —Vine aquí por ti... porque te amo, Hanbin. Te quiero, te deseo, te necesito en mi vida.

Finalmente.

Lo dijo finalmente y se sintió profundamente aliviado.

—Zhang Hao, ¿no has podido verlo? Siempre me tuviste.

Sus gemidos se hicieron cada vez más fuertes a medida que Hanbin aumentaba el ritmo de sus caderas.

Cada tanto se besaban de nuevo, como si fuera adictivo, cada vez más descuidadamente.

¡Oh dios, cómo extrañaba esto!

¿Por qué Hao no se había entregado por completo antes? Bueno, siento honesto, sabía perfectamente que cuando tuviera sexo con Hanbin... jamás podría dejarlo ir nuevamente.

Aún recuerda cuando Hanbin consiguió una novia poco tiempo después de la primera vez que Hao le pidió tomarse un tiempo para pensar.

Lo odió.

Se sintió como una patada en el estomago, mal, asqueado, enojado con el mundo, resentido. Se sintió enfermizo. Sintió celos viscerales. Le costó ignorar esa parte fea de su alma que quería agarrar a esa chica que tuvo la chance de conocer a alguien tan perfecto como Hanbin y hacerle un lavado cerebral... ¿Alguien tenía el derecho de conocer a un chico tan perfecto y dulce como Sung Hanbin? NO. Nadie tenía el derecho de conectar con Hanbin... De conocer a Hanbin... Hao fue quién lo encontró primero y quería encargarse de guardarlo en una caja fuerte alejado del mundo como si fuera la joya más preciada del universo. Era su alma gemela. Era suyo.

Fueron hechos para estar juntos.

Unidos en alma, y ahora, en el cuerpo físico.

Quizá este punto fue detonante que hizo que Hao comenzará a tener novios como deporte, buscando demostrar que él también podía superarlo. ¡Grave error!

Pero nada de esas feas experiencias importaba ahora.

Todo lo que les importaba en este momento era lo que estaban compartiendo, complaciéndose el uno en el otro, haciendo todo lo posible para que el otro sintiera su profundo amor.

Ambos querían asegurarse de que ninguno de los dos olvidara esta noche.

Después de un rato más de que Hanbin bombeara dulcemente en Hao, se deshicieron juntos en un climax compartido.

Claramente no fue suficiente, después de años de abstenerse, fueron necesarias cuatro rondas intensas. Marcaron cada rincón del departamento, que nuevamente compartían... Y que Hao obviamente debía volver a decorar.

Esa noche sus gritos llenaron todo el apartamento, y Hanbin estaba seguro de que sus vecinos definitivamente escucharon todo.

En el momento de plenitud los pensamientos egoístas de ganar, perder o conseguir lo que quería... se desvanecieron sin que se diera cuenta.

Todo lo que quería era permanecer eternamente en ese momento junto a Hanbin, viéndolo sonreír y reir tan dulcemente.

El pelirrojo pudo entender por qué sus torpes pies lo trajeron directamente allí cada vez.

》Siempre volví, porque nunca me fui del todo.《

Una vez más estaba en los brazos de Hanbin, de nuevo en su apartamento, en su cama, compartiendo un último beso antes de quedarse dormidos juntos.

Y quizá era cierto que no merecía el amor de Sung Hanbin.

Pero a partir de hoy quería hacer todo lo que fuera necesario para sentirse merecedor y nunca más elegir la opción fácil de alejarse.

Porque ahora...

Ahora aceptaba que volvería a Sung Hanbin un millón de veces más.