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Promesa del Oni

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Summary

Fantasía oriental | Drama bélico | Romance BL Cuatro meses después de huir del Imperio, cinco fugitivos sobreviven ocultos en el Valle de la Medianoche —un lugar donde la niebla respira y las sombras observan. Kazuma, el joven príncipe que traicionó su linaje, se esfuerza por proteger a su nueva familia: un grupo de guerreros marcados por el dolor y la lealtad. Entre la oscuridad del valle y la luz del fuego que los mantiene unidos, Kazuma y Mizuki hallan consuelo en el otro, mientras Endou, su capitán, lucha por mantener viva la esperanza. Pero en el silencio del bosque, los ecos del Imperio todavía los buscan… y el Ki que fluye en las venas de Kazuma podría ser tanto su salvación como su condena.

Genre
Lgbtq
Author
Eden
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Han pasado cuatro meses desde que el grupo se asentó dentro del Valle de la Medianoche. Cada día era un reto, pero sobrevivían con lo que podían.


Souta encontró una cueva abandonada cerca de un río y, tras algunas modificaciones, la guarida de los lobos se convirtió en un hogar decente. Se alimentaban de los peces del río y de lo que traían las excursiones; evitaban siempre aquello impregnado del olor a sangre y muerte.


Endou, Mizuki y Jin se encargaban de la caza, mientras que Souta y Kazuma mantenían la cueva oculta con Ki y cocinaban para que todos pudieran recuperarse. La nueva habilidad de Mizuki para teletransportarse resultó más que útil: podía ocultar la ubicación de la cueva y traer provisiones sin que sus perseguidores la encontraran.


Aunque no todo era tranquilidad.


Se escuchaban patrullas del Imperio de tanto en tanto, y en algunas ocasiones Souta y Jin tuvieron la suerte —y la audacia— de tomar suministros a pequeños destacamentos desprevenidos, lo que dejó sus reservas de armas, municiones y raciones en una situación bastante aceptable.


—Pescado otra vez… —murmuró Jin con desgano mientras regresaba de la caza del día. La luz anaranjada de la fogata permanente lo envolvía, revelando el cansancio en su rostro y el barro en sus botas—. Al menos díganme que lo prepararon de una forma diferente.


—Ensalada de hongos comestibles y sal de roca. —Souta respondió sin mirarlo, su sonrisa cínica dibujada apenas bajo la penumbra—. Alta cocina del Valle de la Medianoche.


Jin soltó un largo suspiro y se dejó caer junto al fuego, dejando escapar un quejido que hizo eco en la cueva. A su lado, depositó una bolsa de tela raída.


—¿Qué conseguiste esta vez? —preguntó Endou, acercándose para revisar el contenido.


Jin sonrió con un dejo de orgullo.

—Te va a gustar. Papel para sellos y algunas botellas de tinta. Me aseguré de que la bolsa no tuviera ningún sello de rastreo antes de tomarla.


—Gracias, no queremos repetir lo de la última vez… —comentó Kazuma con una sonrisa cansada.


Jin levantó una ceja.

—No fui yo, fue Souta.


—¡Estaba medio dormido! —replicó el arquero, sin levantar la vista de su olla—. ¡No es mi culpa que el Valle de la Medianoche siempre esté oscuro como si fuera de noche!


Mizuki, que había estado en silencio todo el rato, dejó escapar una breve risa gutural, lo más parecido a un sonido alegre que cualquiera le había oído en días. El ambiente, por un instante, pareció más cálido.


El fuego crepitó suavemente, lanzando chispas que se reflejaban en las máscaras colgadas en la pared. Afuera, el valle rugía con su habitual misterio: el rumor del río, los susurros del viento entre los árboles y, muy de vez en cuando, el eco lejano de algo que no pertenecía al mundo humano.


Allí estaban, cinco fugitivos, compartiendo una comida sencilla en el corazón de un territorio prohibido.

Y aun así, entre el humo y la risa cansada, por un instante, todo se sintió como hogar.



—Kazuma, ¿nuestros uniformes están listos? —preguntó Endou, todavía con la mirada dentro de la bolsa.


—Sí, capitán Endou. Ya les hice los últimos bordes para darles protección; incluso el de Mizuki debería protegerlo, aunque no tanto como los de los demás —dijo Kazuma, algo apenado al final.


—No te preocupes, Kazu. Mientras más golpes reciba, más fuerte me vuelvo. Aun así, muchas gracias —respondió Mizuki, acercándose a su novio y abrazándolo por detrás.


—¡Tortolitos, ahora no! —bromeó Endou, riendo un poco—. Quiero al menos probar nuestro nuevo uniforme. ¡Muchas gracias!


Mizuki chasqueó la lengua y le dio un beso en la mejilla a Kazuma.


El príncipe se sonrojó y luego repartió en silencio los uniformes para que cada uno se los pusiera.


El primero en vestirse fue Endou. Dejó su cabello entrecano suelto hasta los hombros, ocultando parcialmente su parche con mechones sueltos que acentuaban todavía más su ojo grisáceo. Su atuendo era simple: un kimono negro sin mangas, acompañado por su haori azul nocturno y un hakama.


Luego fue Jin, que llevaba el mismo tipo de uniforme que Endou, pero algo menos ceñido y más holgado debido a su complexión muscular. Su cabello, que siempre había llevado corto, ahora caía rebelde sobre su cabeza en un tono castaño oscuro, lo que realzaba aún más sus ojos color ámbar.


Souta fue el siguiente. Vestía un haori negro de mangas largas con un degradado a blanco en las puntas, un diseño que combinaba muy bien con sus ojos color cobre. Su cabello negro lo tenía recogido con una horquilla de madera tallada para que no le estorbara al usar el arco.


Mizuki fue el siguiente. Su uniforme consistía únicamente en un kimono sin mangas de color azul nocturno y un hakama negro; había rechazado el haori por petición propia. Su cabello, ahora más largo, le caía hasta los hombros en un desorden salvaje, negro como la obsidiana. Sus cuernos, más prominentes que antes, habían adquirido un brillo dorado, igual que sus ojos, que parecían resplandecer bajo la luz tenue de la fogata.


Y por último, Kazuma.

Su atuendo era más sobrio, pero cargado de elegancia: un haori negro sobre un kimono blanco y un hakama del mismo tono oscuro. Había atado su cabello en una coleta baja, dejando algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro. Sus ojos, antes marrones, ahora mostraban un leve matiz verdoso, una consecuencia de su constante uso del Ki para mantener la cueva protegida.


En silencio, los cinco se observaron entre sí. No eran soldados, ni fugitivos…

Eran lobos listos para volver a cazar.


— Se siente bien... ¿Así se sentían los uniformes del Imperio? — Mizuki preguntó, girándose un poco frente al fuego mientras el reflejo anaranjado bailaba sobre el azul de su kimono.


— ¡Para nada! — Jin respondió entre risas, flexionando los brazos con exageración — Siento el Ki de Kazuma recorriéndome, ¡y me siento fenomenal! Esas líneas brillantes del Imperio no servían para misiones de sigilo... y si no se activaban, ni siquiera te protegían.


— Además, apestaban a burocracia y órdenes — Souta añadió mientras ajustaba el nudo de su haori —. Esto… esto se siente más nuestro.


Kazuma sonrió levemente, observando cómo cada uno encontraba comodidad en las prendas que él mismo había confeccionado. No eran simples uniformes: eran un símbolo de lo que habían sobrevivido, de lo que se habían convertido.


— Somos lobos, no soldados — Endou dijo finalmente, cruzándose de brazos y mirando al grupo con esa autoridad calmada que siempre emanaba —. Que estos uniformes nos recuerden quiénes somos y por qué peleamos.


Por un instante, nadie habló. El fuego chispeó en el centro de la cueva, reflejando los colores del Ki en los ojos de todos. La noche, densa y viva, parecía escuchar.


La noche en el Valle de la Medianoche era distinta. No solo por el silencio, sino por la sensación de que el aire mismo observaba. Afuera, la niebla se deslizaba entre los árboles como un manto vivo, y dentro de la cueva, el fuego parpadeaba débilmente, dejando sombras largas que danzaban sobre las paredes.


Kazuma estaba sentado junto a la fogata, su lanza a un lado y los dedos manchados de tinta seca. Frente a él, pedazos de tela sobrante, patrones, y herramientas cuidadosamente ordenadas.


— Aún despierto… — la voz grave y serena de Endou rompió el silencio.


Kazuma levantó la mirada, apenas girando el rostro. — No puedo dormir.


— Deberías intentarlo — dijo Endou mientras se acercaba y se sentaba junto a él, apoyando el haori en sus hombros. — Has pasado tres días terminando esos uniformes.


— Lo sé, capitán. Pero no puedo dejar de pensar que si descanso, pierdo tiempo. Y no quiero que nos vuelva a pasar lo de hace dos semanas.


Endou soltó un pequeño suspiro, mirando al fuego. — Siempre piensas en los demás, Kazuma. A veces, demasiado.


El joven sonrió, cansado. — Es lo único que me mantiene cuerdo. Si dejo de hacerlo, empiezo a pensar en… otras cosas.


— Como qué?


Kazuma dudó un momento. — En lo que dejamos atrás. En cómo mi padre reaccionaría si supiera lo que soy ahora. En si de verdad sirvo de algo más allá de ser un sensor o un príncipe que traicionó su sangre.


El silencio llenó la cueva de nuevo, pesado, hasta que Endou habló:


— Cuando te conocí, eras un chico que seguía órdenes. Ahora eres un hombre que inspira a otros. Y eso… eso vale más que cualquier título o linaje.


Kazuma bajó la mirada, sintiendo un nudo en el pecho.


— No soy tan fuerte como tú, Endou.


El capitán soltó una leve risa, apagada, como si temiera despertar a los demás. — No tienes que serlo. Solo sé tú. Yo ya perdí una familia una vez, y no pienso perder esta. Así que, aunque no quieras dormir, al menos siéntate aquí conmigo un rato. No me gusta ver a mis hombres solos con sus pensamientos.


Kazuma asintió, relajándose por primera vez en días. Ambos se quedaron mirando el fuego. Ninguno habló por varios minutos. Solo el crepitar de la leña, el viento que rozaba la entrada de la cueva y la respiración tranquila del grupo dormido.


Endou rompió el silencio al final, con voz más suave:


— Descansa cuando puedas, príncipe. No todos los héroes mueren en batalla… algunos simplemente se apagan por no saber cuándo detenerse.


Kazuma sonrió, apenas perceptible, dejando que el cansancio finalmente lo alcanzara. La última imagen que tuvo antes de quedarse dormido fue la del capitán, sentado firme junto al fuego, vigilando en silencio.

Chapters
1. Prólogo
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