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Lee Minho avanzaba con pasos pesados hacia su apartamento, el eco de sus zapatos resonando en el pasillo vacío. El día había sido agotador, pero una chispa de anticipación iluminaba su mente. Anhelaba esa intimidad nocturna, ese escape que lo desconectaba del estrés cotidiano.
Al abrir la puerta, el olor a rosas del ambientador le dio la bienvenida, envolviéndolo en una sensación fresca. Cerró tras de sí con un leve clic y dejó caer su maletín en el suelo, olvidándolo en el acto. Sus ojos recorrieron la sala de estar, donde Park Ji-Ae lo esperaba con su característica elegancia.
Ji-Ae estaba reclinada en el sofá, sus piernas cruzadas de manera deliberada, dejando entrever apenas un destello de piel bajo la bata de seda rosa que se ajustaba suavemente a sus curvas. Su cabello caía en cascadas desordenadas sobre sus hombros, y una sonrisa ladeada adornaba su rostro. En una mano sostenía una copa de vino, que giraba lentamente mientras lo observaba con un brillo juguetón en los ojos.
—Minho, mi amor, ¿cómo te fue hoy? —preguntó, su tono una mezcla perfecta de dulzura y coquetería. La cadencia de sus palabras, lenta y medida, parecía diseñada para calmar y seducir al mismo tiempo.
Minho dejó escapar un suspiro, dejando caer su chaqueta sobre el respaldo de una silla cercana. Caminó hacia ella con pasos seguros.
—Cansado, como siempre... pero ver esto —dijo, recorriéndola con la mirada—. hace que todo valga la pena.
Ji-Ae alzó una ceja, divertida, y se inclinó hacia él, colocando la copa en la mesa de centro sin apartar los ojos de los suyos. Su mano subió hasta su cuello, acariciándolo con lentitud, mientras una risa suave escapaba de sus labios.
—¿Esto? —murmuró, fingiendo inocencia, mientras deslizaba la tela de la bata un poco más hacia un lado, dejando al descubierto su clavícula—. ¿O hay algo más que quieres?
—No lo sé, descúbrelo —Dijo Minho con una sonrisa traviesa que encendió algo dentro de Ji-Ae.
Se acercaron lentamente, cada paso reduciendo la distancia física entre ambos. Sus labios se encontraron con una mezcla de urgencia y delicadeza, explorándose con curiosidad y pasión. La calidez del momento se intensificó, sus respiraciónes entrecortadas llenando el aire.
Minho deslizó suavemente su mano hacia la cintura de Ji-Ae. Luego, la guiaba hacia la habitación. El ambiente se transformó al cruzar la puerta: las luces tenues dibujaban sombras en las paredes, creando un espacio íntimo.
Volvieron a besarse, esta vez con más intensidad. Ji-Ae se aferraba a los hombros de Minho, mientras él, con movimientos pausados pero decididos, comenzaba a quitar aquella bata. Ella, sin apartar la mirada de él, imitó sus acciones. Quitándole la camisa con confianza.
Ji-Ae lo empujó suavemente sobre la cama, su sonrisa contenía una chispa de picardía. Él se dejó caer y ella siguió provocando a Minho con toques y besos en su piel. Todo era fantástico.
Sin embargo, mientras se besaban, algo extraño ocurrió. Minho, por un instante, abrió los ojos y vio algo que lo desconcertó completamente. Frente a él, en lugar de Ji-Ae, estaba el rostro de un chico. Era fugaz, como un destello, pero lo suficiente para que su corazón diera un vuelco por un momento.
La confusión se dibujó en su rostro, pero intentó ocultarlo. ¿Qué demonios fue eso? Pensó, cerró los ojos con fuerzas como si pudiera borrar la imagen. Él era heterosexual, siempre lo había sido, ¿verdad? Sacudió su cabeza internamente, apartando cualquier pensamiento de aquel tipo.
Aún así, la imagen regresó. Cada vez que abría los ojos para mirar a Ji-Ae, un rostro masculino aparecía brevemente, como un espejismo. Minho tragó saliva, sus movimientos perdiendo un poco de fluidez, pero Ji-Ae no pareció notarlo.
—¿Estás bien? —Preguntó ella en un susurró, su voz reflejaba reproche—. Te notó algo distraído.
—Sí, estoy bien. Sólo estoy un poco cansado —Mintió él, forzando una sonrisa mientras volvía a besarla. Pero en el fondo, la inquietud crecía. ¿Qué significaba esto?
Ji-Ae, de mala gana, se bajó de encima de Minho. Éste fue se acomodó un poco la ropa al igual que ella, e ingresó al baño.
Miró al espejo, pensando en lo que había sucedido. Era la primera vez que le pasaba algo como eso. Ni siquiera solía pensar en alguien más cuando tenía sexo con su novia.
Suspiró y se despojó de su ropa, quería darse una ducha aclarar un poco sus pensamientos. Al salir de la ducha, secó su cuerpo y cabello. Salió del baño y comenzó a buscar su pijama. Al encontrarla, se la colocó y se acercó a la cama que compartía con Ji-Ae. Ella ya estaba dormida, tal vez se sentía un poco enojada o mal por lo que sucedió antes y decidió dormir.
Minho apartó un poco las mantas y se metió bajó ellas. Casi de inmediato, se quedó dormido.
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—Ugh, me quiero matar —Dijo Minho, echándo su cabeza hacia atrás—. Odio éste trabajo.
—No puedes odiar este trabajo, eres el jefe —Respondió Hyunjin, su vista concentrada revisando todos los documentos.
El mejor amigo de Minho, era Hyunjin. Aquel rubio cubría y ayudaba a Minho en todo, absolutamente todo. Se conocieron en la secundaria y desde allí comenzaron su amistad.
—Lo sé, Hyun. Pero, no me puedo concentrar y eso dificulta las cosas —Comentó Minho tapando su rostro con ambas manos.
Hyunjin dejó los documentos en la mesa frente a él y alzó una ceja, curioso por la razón que hacia que Minho no pudiera concentrarse en su trabajo.
—Y, ¿Cuál es la razón por la cual no puedes concentrarte?
Minho apartó sus manos y respondió.
—Te lo diré, pero te aseguró que yo soy hetero —Advirtió, Hyunjin lo miró sorprendido, pero asintió—. He estado deseando estar con un chico.
—¿Qué? —Preguntó Hyunjin, incrédulo.
—Y, ¿Por qué no lo haces? —Hyunjin era alguien un poco parecido a Minho. Esta vez, no comprendía el porque. Su amigo, que conseguía lo que quería y deseaba sin importar nada o alguien, ahora estaba confundido sin saber que hacer. Aparte, Hyunjin no le veía nada de malo o asqueroso lo que había estado deseando Minho, para él era algo normal.
—Hyun, no es tan fácil. Está Ji-Ae, es mi novia. Sí, la engañé unas cuantas veces, pero no con un hombre. Y luego está el otro problema. Si quiero hacer... eso, pero no sé cómo —Respondió Minho. Sintiéndose un poco extraño diciendo eso.
—Ji-Ae...Ella no te importa, Minho. Sí la has engañado con múltiples mujeres, ¿por qué no con un hombre? Y lo otro no es un problema. Tú eres muy estúpido para buscar algún lugar y ya. Te puedo ayudar, si quieres —Hyunjin era alguien sincero, de eso no cabía duda para Minho.
—Está bien, tienes razón—. Dijo, y luego suspiró—. Ayúdame a buscar un lugar, después de terminar esta mierda.
—Ves, no era tan difícil —Vaciló Hyunjin y ambos rieron. Retomaron su tarea, volviendo a la concentración de antes acompañado de un silencio.
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Ya no m acordaba de esto JAJAJA