El capricho de una noche

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Summary

Una noche. Un secreto. Un destino imposible de evitar. Allison creía tener su vida bajo control...hasta que una decisión ajena la encadena a Cristian,.el heredero que siempre juró evitar. Entre la obediencia y el deseo, ambos descubren que una sola noche puede encender una tormenta que lo cambia todo. En medio de secretos familiares, promesas rotas y sentimientos que arden en silencio, deberán enfrentarse a lo inevitable: A veces, el amor no llega como un milagro... Sino como un caos del que nadie sale ileso.

Genre
Romance
Author
Gisella
Status
Ongoing
Chapters
48
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1. Noche de fuego

La música retumbaba en cada rincón de la mansión, iluminada por luces que cortaban la noche como cuchillas suaves. Era viernes y la casa olía a perfume caro, alcohol y verano; una mezcla que encendia los cuerpos y apagaba las dudas. Los jóvenes se besaban con urgencias, como si la fiesta fuera el único espacio donde valía la pena arriesgarse.

Era la celebración anual más esperada _ el cumpleaños de una de las chicas más populares y nadie quería perderse el espectáculo.

En el centro de la pista Cristian Anderson y Allison Jhonson se movían como imanes. El resto de la sala era humo y rumor; para ellos solo existia el calor de la piel, el latido acelerado, el.beso que no pedía permiso. Sus manos se buscaban, y el mundo se reducia a ese contacto que parecía prometer cualquier cosa .

Desde un rincón, un grupo de amigos observaban la escena con los vasos levantados. Las risas eran bajas, las miradas afiladas. Entre ellos Mart_ con la chaqueta desbotonada y la paciencia justa; fue el primero en ponerle voz a la idea que flotaba en el aire. ¿ Y si le damos una ayudadita a Cris? _ dijo, y su sonrisa tenía ese filo que anuncia problemas.

¿ A qué te refieres? _ preguntó Nara, sin levantar la vista de su teléfono, como si todo lo que le dijeran necesitará primero pasar por una pantalla.

_ Ya sabes, replicó Mart, acercándose lo suficiente para que la propuesta llegara como confidencia.

Ya sabes, un empujoncito para que termine lo que empezó.

El primer soltó una carcajada y agitó su vaso como si eso dejara más claro su plan.

Total, no es ningún secreto que alguien por aquí muere por él...¿ O no?

El grupo estalló en murmullos y miradas cómplices. La idea flotaba en le aire como una chispa a punto de encender fuego. Entre risas ahogadas y el brillo azul de la pantalla, una pastilla diminuta cayó al fondo del vaso, era solo otra " broma" en una noche que parecía pedir exceso _, alguien con voz falsa de solidaridad, empujó la copa hacía la mano temblorosa de Cristian.

Tómalo _ dijo un chico con demasiada seguridad _ te vas a poner así en un segundo.

Cristian la sostuvo sin mirar, más pendiente del calor y la euforia que le abrazaba su cuerpo, que de la trampa que se tejia a su alrededor.

Allison estaba cerca, con algunos tragos de más; la noche los había traído hasta allí y ahora los empujaba a una habitación apartada, a un lugar que prometia privacidad.

El calor en su pecho era una insistencia incontenible, la cabeza le ardía y la lógica se le volvía tenue. No supo explicar cuándo el impulso dejó de ser suyo ni cuánto de aquello tenía raíz en él o en la sustancia que circulaba en su sangre. Todo se fue diluyendo en la habitación: confusión, vergüenza que no pedía permiso.

Allison intentó reunir lucidez y, por un momento, un rayo de razón la atravezo.

_ NO... logro decir por encima del ruido,.por encima de su propio cuerpo que parecía ya no obedecerla _ Detente por favor!

La escena se quedó en fragmentos: risas nerviosas, una cama deshecha, un gesto de arrepentimiento que llegó muy tarde. Cuando la madrugada comenzó a colarse entre la persianas, la sala ya no olía a perfume y música; olía a silencio cargado, a miradas esquivas y a teléfono que vibraban con mensajes.

Allison despertó al día siguiente con la cabeza como un tambor y un vacío donde debería estar la memoria. Los recuerdos eran trozos sueltos: un beso, una puerta, nombre que no terminaba de concretarse. Su teléfono explotaba con notificaciones. Había rumores y una sensación punzante de que algo irreparable había sucedido.

Cristian por su parte, se encontró con la verdad como quien tropieza con una piedra: de golpe, sin tiempo para adaptarse. Había culpa, vergüenza y una pregunta brutal que se hacía eco en su pecho:¿ hasta qué punto había sido cómplice?

¿ Qué había sido suyo y qué había sido impuesto por algo más? La noche que al principio, se prometia efimera, comenzaba a dejar marcas difíciles de borrar. Ahora, más que nunca, quedaba por delante lidiar con las consecuencias, con las palabras que otros decidirían pronunciar, y con la necesidad de aclarar lo ocurrido antes de que la ciudad escribiera su propia versión de la verdad.