Las cadenas de la obsesión

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Summary

​CASSIA SOMERHALDER ha cometido el error más devastador de su vida. En el elitista y sofocante internado Blackwood Academy, confundió a su amor platónico—el impecable e intocable chico de la portada—con su polo opuesto: JAX RIVERWOOD, el rompecorazones cínico, oscuro y prohibido que es el terror de la institución. ​Cuando se arma de valor para confesar sus sentimientos, lo hace con el hombre equivocado. Un error que Jax, con su reputación de rebelde y su alma de depredador, no solo identifica de inmediato, sino que también decide explotar. Ahora, ella está a su merced, encadenada a un chantaje que la obliga a ser su "novia" para sabotear a su familia. ​Su odio es una llama que alimenta una química innegable. Pero justo cuando la línea entre la repulsión y la obsesión se disuelve, el destino interviene de forma brutal. Jax es arrastrado fuera del internado, esposado y acusado de un crimen grave que, aunque él jura no haber cometido, lo consume. Tres años después, el karma los arroja juntos en la universidad, donde sus vidas se han reconfigurado y sus amigos se han fusionado en un mismo círculo de élite. Jax ha regresado más implacable y peligroso que nunca. La llama del pasado es ahora un incendio forestal. Ella lo detesta por el dolor que le causó. Él la desea con una obsesión que lo consume.

Genre
Erotica
Author
NadSaePB
Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo


El aire helado de Massachusetts se filtraba por las rendijas de la ventana, pero yo ardía. No por fiebre, sino por la adrenalina estúpida y adolescente que corría salvaje por mis venas. Estaba a punto de hacer la cosa más arriesgada que una chica de diecisiete años en Blackwood Academy podía hacer: declararme.


​Me había aprendido de memoria la ruta. El ala este, la más antigua y silenciosa después del toque de queda. Él siempre estaba allí, en la biblioteca, preparando sus discursos para el club de debate. Solo que hoy… algo había fallado en mi impecable plan.


​Las luces de la biblioteca de la mansión estaban apagadas, salvo por un tenue halo azul que salía del estudio privado en el fondo, reservado solo para los más altos honores (o los más audaces para ignorar las reglas). Mi corazón latía un ritmo frenético contra mis costillas. Avancé con el pergamino de mi confesión en la mano, una cursi y empalagosa carta que había reescrito diez veces.


​La puerta del estudio estaba entreabierta. Tomé una respiración temblorosa, la última oportunidad para dar marcha atrás, pero no pude. Lo que sentía por él era tan puro, tan… de la realeza. Era el polo opuesto a la oscuridad que dominaba gran parte de este internado.


​Empujé la puerta y la escena me congeló. No estaba en el escritorio, sino en el sofá de cuero desgastado. Su cuerpo, largo y bien construido, estaba inclinado sobre una botella de lo que parecía ser whiskey de contrabando, el cuello de su camisa de Blackwood desabrochado. Podía sentir el aura de peligro que desprendía, como el aroma a tabaco y alcohol que inundaba la pequeña sala.


​—Sabía que vendrías, Cassia —dijo, sin levantar la cabeza, su voz profunda y ronca era como terciopelo raspado—. Siempre has sido una criatura predecible, Cassaroo.


​¿Cassaroo? No era el apodo que él me había puesto.


​Fue entonces cuando lo vi con claridad. La luz azul de su móvil reflejándose en los aros plateados de sus perforaciones y en el diseño tribal que comenzaba a asomarse por debajo de la manga. El cabello oscuro y desordenado. El perfil afilado que cortaba la penumbra.


​No era mi crush. No era el chico que quería confesarle mi amor. Era Jax Riverwood.


​Me quedé paralizada, sintiendo el pánico frío en mis venas. Me había confundido de Riverwood. Él era el hermano, el primo o lo que sea. El otro. El que tenía la peor reputación de la escuela, el que rompía corazones por deporte, el que todos deseaban pero nadie podía domar. El chico que era la encarnación de la rebelión.


​Levantó la cabeza y sus ojos grises, tan fríos como el hielo de un invierno eterno, me clavaron en el sitio. Una sonrisa lenta y depredadora se extendió por sus labios. Había notado mi error. Y al diablo, sabía que no me dejaría ir tan fácil.


​—Si no vas a hablar, preciosa, al menos… —Se puso de pie, su presencia era una pared de testosterona y amenaza inminente—. Mueve ese hermoso trasero. El tiempo de la confesión ha terminado, pero el juego, mi querida Cass, acaba de empezar.


​Arrugué la carta en mi puño. El chantaje iba a comenzar ahora.