Prefacio

Emily corrió sin mirar atrás, con todos sus sentidos alerta, a la espera del ataque que acabaría con su vida. Los latidos de su corazón sofocaban cualquier sonido; incluso, los rugidos de la bestia que pretendía devorarla.
Consiguió llegar a la habitación de sus padres y, sin pensarlo dos veces, cerró la puerta a sus espaldas. Se recargó sobre la madera, con los ojos cerrados y una mano en su pecho, intentando calmar su desbocado corazón. Al abrirlos, se encontró con el panorama que ya imaginaba, pero temía confirmar.
Las paredes de la habitación que una vez fueron color crema estaban teñidas de rojo escarlata. Su padre, o lo que quedaba de él, formaba parte de la nueva decoración.
Cayó arrodillada en el suelo, mareada, sin comprender lo que estaba frente a sus ojos. Se prometió que sobreviviría. Que lucharía hasta el final, pero se engañaba. La ayuda no llegaría a tiempo y, de hacerlo, ¿cómo un mortal podría vencer a una quimera?
«Supongo que fui una ilusa al creer que podría sobrevivir a los caprichos de los dioses.»
Se hizo un ovillo dentro de la chaqueta de cuero y su aroma, la envolvió en un abrazo invisible. La quimera embistió contra la puerta y Emily lloró, conteniendo un grito en su garganta.
Con un último atisbo de esperanza en su corazón que la impulsaba a no rendirse, gateó por la habitación hasta llegar al closet de sus padres. Se escondió allí, abrazándose las piernas y permitiendo que el miedo dominara su interior.
La bestia destrozó la puerta y su infernal ronroneo, invadió la alcoba.
Emily enterró su cabeza entre sus rodillas. El fétido olor de las vísceras de su padre se entremezclaba con el almizcle de aquel maldito animal. Comprendió entonces, que ese infernal aroma solo era vaticinio de una cosa: su muerte.
«Adiós a mis sueños y anhelos. Adiós a mi futuro prometedor. Lo siento, mamá, papá. Intenté luchar. Los dioses saben que traté de no rendirme.»
Las pisadas lentas y sigilosas del animal eran inaudibles, pero la sombra que se colaba bajo la puerta del closet lo delataba. El final tocó a su puerta.
