Capítulo 1 Calor

La mañana se presentaba calurosa, propia del verano, mientras conducía hasta la casa de su compañero, la Detective de Homicidios Darla Hernández acompañaba el calor y ajetreo con el sonido de salsa en su radio, mientras se abría paso por las calles dando golpes rítmicos en el volante de su auto. Con cada giro en las calles que la acercaban a su destino, el ritmo de la música se intensificaba en su cuerpo, empezaba a cantar y a mover sus hombros, hasta que llegó a una casa modesta en los suburbios de Brooklyn, se estacionó afuera mientras un hombre de aproximadamente 35 años salía de la misma, era alto caucásico de cabello castaño muy corto, vestía una camisa color azul y unos pantalones negros.
Al entrar al auto se estremeció por lo alto de la música.
-¡¡¡¡Dios!!!! ¿Puedes bajar el volumen? – aturdido por el sonido.
-Bueno, alguien está de pésimo humor esta mañana- bajando el sonido de la música - y ¿Qué tiene tu auto, ahora?
-Sí, de pésimo humor, tiene lo de siempre…¡¡TODO!!- entrando al asiento y abrochándose el cinturón de seguridad.
-Te lo dije, ese auto es una basura… quémalo y compra otro – acelerando el auto para salir a las calle nuevamente.
-No sabes cómo me gustaría quemarlo – suspirando- ¿Vamos a Manhattan?- volteando a ver a su compañera.
-Sí, tal vez Sabrina tenga algo de información para el caso. – Volteando a ver la sonrisa pícara de su compañero- no empieces con lo mismo.
-Yo no he dicho nada, por cierto ¿conociste a la nueva Fiscal de Distrito ayer?- desapareciendo la sonrisa inicial.
-Sí, ¿Por qué?-girando levemente para ver a su compañero con extrañeza por la pregunta realizada.
-Bueno, me parece realmente algo pretenciosa, ¿A ti no? -Abriendo su ventanilla para que entrara el aire caliente de la calle, pues ya empezaba a sudar.
-Me parece igual que todos ellos, es decir igual que Johnson, todos son arrogantes y hacen su gloria con nuestro trabajo.
-Tienes razón, todos son iguales, allí hay espacio para estacionar - señalando un espacio frente a la calle donde se encontraba un lujoso restaurant.
Una vez ahí, se bajaron del auto, llegaron hasta la puerta del restaurant y a pesar de estar cerrado, en su interior había personas trabajando, preparándose para el mediodía, una joven observó a dos personas afuera; un hombre de camisa azul y una mujer de aproximadamente 33 años de cabello negro liso a la altura de sus mejillas y piel ligeramente tostada, de camisa ¾ color verde claro y pantalón negro, con una placa y un arma colgada en su cintura. Los reconoció de inmediato.
-Buenos días Detectives, ¿están buscando a la señora Sabrina? - abriendo la puerta.
-Sí - Darla haciendo señas a su placa - ¿ella se encuentra?
-Sí, enseguida la llamo, pasen por favor, ¿quieren algo de tomar?, hace mucho calor este día - girando señalándole una mesa a los detectives para que se sentaran.
-Un vaso de agua fría sería perfecto - indica el hombre.
-Enseguida lo traigo – desapareciendo en la puerta al fondo del lugar.
Luego de unos minutos salió una mujer muy sensual de unos 34 años, vestía unos jeans ceñidos a su curvilíneo cuerpo y llevaba una camisa gris que caía de manera diagonal por uno de sus hombros, pues el diseño así lo permitía, sus zapatos de tacón muy alto; su cabello era castaño claro y caía en sus hombros en forma de capas, tenía los ojos profundamente verdes y contrastaba con su piel bronceada.
Se acercaba mientras los detectives terminaban sus vasos de agua de pie junto a una de las mesas, no pudo evitar sonreírles a ambos, para luego fijarse en la mujer.
-Esta debe ser la mañana más especial de la semana….¿qué te trae aquí, mi querida detective? - arqueando una de sus cejas al pronunciar la última frase, para colocar sus manos en la cintura y observar pícaramente a la Detective Hernández.
-Buenos días Sabrina, no sé si es especial, pero… ¿sabes lo que me trae aquí? Información, debido a que alguien murió - colocando el vaso en la mesa, correspondiendo la sonrisa.
-Es triste que vengas cada vez que alguien muere…podemos vernos en otra ocasión para variar.
-Eso no sucederá, ¿puedes ayudarnos?- preguntando y notando como su compañero sonreía a la situación en desarrollo.
-Ummm, está bien…pero quiero dejar claro que te ayudo a ti solamente.
-¿Quieres qué te espere afuera?- preguntó el hombre al notar que no era bienvenido.
-Sería magnífico Detective Crowe - Sabrina sonreía a la idea.
-No creo que sea necesario, vamos Sabrina ayúdame - observándola seriamente, estableciendo que el juego había acabado.
-Bueno ¿Qué quieres saber?
-Una joven murió ayer, no era de las calles; estaba pulcramente vestida, tendría cerca de 20 años.
-Te puedo decir que últimamente hay jovencitas que quieren entrar en el negocio, lo que pasa es que van solas.
-¿A qué te refieres?, ¿no tienen chulos?- la detective con extrañeza.
-Exacto, a las mujeres como yo no nos afecta, puesto que estamos establecidas, no tenemos administradores y nuestra clientela es selecta,
pero estas chicas, pues…. digamos que ellas van a la deriva - cruzando sus brazos en su pecho.
-No hay clientela selecta en Brooklyn - aclara Crowe.
-¿Usted cree detective?, yo daría otra mirada, además estas chicas creen que vistiéndose diferente logran escapar de la competencia.
-Está bien, gracias por tu ayuda Sabrina, es siempre un placer - despidiéndose de manera amable de la sexy mujer, pero casi de inmediato otra la mujer se acercó peligrosamente a su cuerpo y deslizó su mano derecha hasta su rostro y lo acarició desde la oreja hasta su barbilla.
-Sabes detective, yo realmente te haría sentir el placer de una visita mía.
-Por favor, deja eso de una vez - apartando a la mujer sobre ella-. Gracias por tu ayuda - partiendo del lugar.
Al entrar en el auto su compañero no pudo evitar hacer un comentario por lo sucedido en el restaurant.
-Sabes, si yo tuviera a esa mujer a mis pies no lo dudaría ni un segundo - sentándose y abrochándose el cinturón de seguridad.
-Yo no la tengo a mis pies, es sólo un juego Richard - encendiendo el auto.
-Déjate de decir tonterías, tú le gustas y mucho.
-Bueno, entonces es una pena para ella que a mí no me gusten las mujeres - empezando a conducir
-¿Segura que no te gustan?, pues como la tratas cada vez que venimos parece que sí.
-Claro que no me gustan, ¡estás loco!… la trato así para que siga dándonos información es todo - mostrando un semblante duro por lo dicho por su compañero.
-Está bien, pero esa mujer está buenísima…vamos a la estación a ver la autopsia y revisar que clientela selecta ahí, en Brooklyn - abriendo su libreta para tomar las notas del informante.
-Ya me dirijo para allá - adentrándose en el puente de Brooklyn.