Good Boy

Summary

Jeongguk jamás creyó que su nuevo jefe en el departamento de policía fuese un omega. Un omega dominante con carita de ángel y voz de alfa que no se deja intimidar por nadie. Jimin es gruñón, sarcástico y una bolita de horror que a Jeongguk solo le atrae día tras día. No hay insulto que detenga a Jeongguk, ni grito que le haga fruncir el ceño o dejar de poner esos ojitos tiernos de alfa que derriten día tras día las barreras del omega. Jeongguk es un chico bueno. El chico bueno de la estación. No, Jeongguk es el chico bueno de Jimin.

Genre
Romance
Author
P_soft
Status
Ongoing
Chapters
42
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

¡Uno!

Jeongguk observó una vez más la carta de traslado policial, una pequeña sonrisa le surcaba los labios. Y es que le gustaba la idea de finalmente tener un puesto definitivo luego de meses de práctica en diversas unidades. Es decir, quien no se sentiría feliz luego de cuatro años de formación y estudios interminables y un par de meses más en áreas de formación específica.

Para Jeongguk no había sido fácil, pero había puesto todo su esfuerzo en ser el mejor y entre luchas constantes había logrado hacerse un lugar como el más capaz. Y es que Jeongguk no era el alfa más dominante de Seúl, razón por la cual había decidido incursar en el área policial.

¿Le costaba? Ya no, pero la semilla de la incertidumbre y esa baja autoestima que tenían tanto él como su lobo lo hacían replantearse una y otra vez sus actitudes como alfa.

En la sociedad actual tal vez ya no era común representar cierta dominancia o sumisión con respecto a cada casta, aun así, las heridas del pasado, los golpes y las reprimendas a manos de su padre que lo habían forjado a ser más “alfa” aún lo atormentaban.

La carta le sacaba una sonrisa cada vez que la leía, la traía como trofeo personal entre los billetes de diez wones en su billetera, el papel no era solo papel, era la prueba física de que su esfuerzo había dado frutos y de que todas esas noches estudiando procedimientos y leyes habían valido la pena. Sonrió una vez más, su emoción no pasó desapercibida para los contados transeúntes que transitaban frente a la tienda de conveniencia esa noche y podían sentir las leves feromonas de felicidad que el alfa exudaba.

La noche se alzaba serena, con calles oscuras iluminadas levemente con la luz artificial de las farolas. Sentado frente a la tienda de conveniencia Jeongguk festejaba solitario, con una lata de cerveza hasta la mitad por su poca tolerancia al alcohol y acompañada como siempre con un ramen picante con sabor a queso.

Boqueó aire por el picante azotando nuevamente sus papilas gustativas mientras observaba la calle alumbrada por la luz artificial, un chillido proveniente de su espalda lo hizo alzar la cabeza y ponerse alerta. Los palillos quedaron a medio camino, el ramen cayó resbaloso al recipiente, pero Jeongguk no le prestó atención.

Concentrándose aclaró su audición, escuchando varios pasos pequeños y cortos acercarse. Se giró en el justo momento en que un cuerpo pequeño caminaba a paso corto frente a la terraza de la tienda. Las pisadas se oían de pura furia, como un niño pequeño haciendo una rabieta, pero eran los pasos de un hombre completamente cubierto con un hoodie negro.

Jeongguk se quedó quieto, dejó el recipiente sobre la mesa y terminó de tragar lo que estaba en su boca misma que clamaba por alivio ante el picante. Procesando lo que sucedía frente a sus narices centró su atención en ese cuerpecito menudo mientras repasaba los hechos. Primero un chillido, uno que ahora admitía era de frustración, aunque más bien enojo era lo que ese pequeño cuerpo cargaba sobre él gracias a las feromonas alborotadas que llegaban a su nariz.

Feromonas de un omega, pero no cualquier omega, un omega furiosamente enojado que dejaba escapar garabatos a diestra y siniestra.

Jeongguk arqueó una ceja sin dejar de mirarlo, no tenía razón para intervenir, al menos no aún. Aunque le preocupaba ante el chillido que había captado, no negaba que la escena le causaba cierta intriga y ligera diversión. Así que tomando la cerveza le dio un trago con el propósito de calmar el ardor en su boca. Se recargó en la silla de plástico, al momento en volver su atención a su deliciosa cena de celebración las feromonas alborotadas de un alfa lo frenaron de su cometido.

Observó una vez más el panorama.

El omega furioso ahora estaba parado frente al callejón con su teléfono entre las manos y un alfa de imponente tamaño caminando a paso apresurado hacia él.

Hey bonito, vamos...Acompáñame, anda no seas terco —hablaba el alfa con voz arrastrada—. La podemos pasar bien, no te resistas cariño...

Jeongguk frunció el ceño viendo como el omega chillaba con furia mientras daba pisotones en el suelo.

Tierno, pensó.

¡Alfa de mierda!... ¡Te dije que me dejaras en paz! —gritó el omega.

Error, pensó Jeongguk cuando vio al alfa alborotarse gracias a sus feromonas y fruncir el ceño.

El rechazo hacia los alfas dominantes o más bien alfas agresivos nunca solía terminar bien. Por eso Jeongguk se levantó con la idea de ayudar. Pero solo se quedó en eso, una idea.

No esperó ver eso. Para nada.

Bastó que el alfa tocara el hombro del omega para que este se girara con furia hacia él. Lo próximo que Jeongguk presenció fue al alfa ser alzado y brutalmente azotado en el frio concreto.

Vaya sorpresa. Jeongguk tragó con dificultad, las piernas le temblaron y cayó sobre su trasero en la silla. Tenía los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, los ojos le brillaban por lo que acababa de presenciar.

Sin duda ese omega no necesitaba ayuda.

¡Te dije que me dejaras en paz! —volvió a gritar el omega bajándose la capucha. La acción dejó a la vista unos rubios cabellos que brillaban ligeramente gracias a la luz artificial, el omega se los peinó hacia atrás en un gesto de frustración.

Lo siguiente solo dio paso a la imagen más linda y contradictoria debido a la actitud tan agresiva de tal omega.

Santa madre.

Jeongguk retuvo el aire, sintió el corazón retumbar en sus oídos mientras el omega se revelaba frente a él.

Rubio, cara de ángel, labios de ensueño y nariz de botón. Era verdaderamente un rostro tierno a comparación con lo que acababa de hacer.

Jeongguk observó al alfa, vio como el omega le golpeaba el pecho con el pie y se giraba furioso luego de chillar con enojo. La carcajada salió antes de que pudiera detenerla, sus dientes relucieron. No fue lo suficientemente fuerte para llamar la atención del omega desde el otro lado de la calle, quien se alejó a pisotones dejando tras si una estela de feromonas alborotadas. Pero si lo suficiente para que todo se le quedara grabado en la mente a él y a su lobo que reía con asombro ante tal criatura furiosa.

Si, sin duda y muchas veces nada era lo que parecía.

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