Black Dance《KookMin》+21 O.S

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Summary

Una obsesión, una mirada, un amor correspondido. #KookMin #Jimin #Jungkook #SexoDuro

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18+

UNICO



La suave música sonaba por todo el bar, el hermoso rubio ojos azules se paseaba entre las mesas, bailando de forma sensual y coqueta para todos los clientes del local, algunos dejando dinero dentro de sus ajustados short.

Una suave melodía era el recordatorio ensordecedor de que podían ver, pero no tocar.

Las esbeltas piernas del rubio brillaban por el sudor perlado que caía por estas, las suaves y pequeñas manos se paseaban por su pecho desnudo, acariciando su piel, erizando sus suaves pezones rosados.

Aunque Jimin en ese momento bailaba para todos sus clientes, su mirada no se apartaba de un fornido hombre tatuado, sentado en la zona VIP vestido de un traje negro a la medida, cruzado de piernas con un vaso de Whisky en su mano derecha.

Jimin siempre lo veía llegar al bar.

Sabía que era alguien poderoso, por que le apartaban siempre una zona sola para él y los hombres que lo seguían, aparte que le atendían como si fuera un puro rey.

Quizás lo era.

Jimin mentiría si dijera que desde vio a ese hombre observarlo toda la noche bailar por primera vez, no sintió deseo y ganas de ser follado por él.

Pero una de las reglas de su trabajo era hacer su espectáculo, y así se desnudara delante de los clientes, estos no podían tocarlo, ni ofrecerle dinero por sexo, Jimin hacía bailes eroticos, pero no era un prostituto.

Pero el hombre siguió apareciendo, todas las noches que a él le tocaban presentarse, sin falta durante todo un mes y Jimin ya comenzaba a desesperarse al ver su fría mirada sin expresión siempre que bailaba. Como si su cuerpo no tuviera ningún efecto sobre el hombre y eso le excitaba demasiado, alguien que no se cauticaba por si belleza sexual.

Jimin termino de quitarse la última prenda, quedando solo en un encaje negro que le hacía resaltar las nalgas, posicionándose en cuatro sobre la barra, sosteniendose del tuvo para menear su trasero de forma lujuriosa.

Miro sobre su hombro como el pelinegro se colocaba de pie, acomodando su saco y no pudo evitar morderse el labio inferior al ver lo alto y guapo que era, pero este hombre solo le regalo una mirada profunda de unos segundos, antes de tomar su trago de un solo golpe y salir del bar siendo perseguido por unos hombres.

Soltando un suspiró ahogado miro al frente para terminar su show.

Ese pelinegro le estaba jodiendo la cabez.





El pelinegro salió a pasos apurados a la parte trasera del bar, sus hombres le seguían el paso, pisandole los talones, se sentía demasiado ansioso.

Hoy por fin sería el día.

Tenía un mes viniendo a ese estúpido y feo bar para ver bailar a su hermoso bailarín negro, parecía un cisne, cada uno de sus movimientos eran elegantes y precisos.

Jungkook estaba cautivado, solo que en sus 35 años de edad, sabía y tenía la suficiente experiencia para saber que era mejor no aparentar nada, para que las personas no pudieran sospechar su siguiente movimiento.

Durante todo ese tiempo que vino al bar, no venía solo para ver el espectáculo, el venía a buscar cualquier tipo de información sobre ese hermoso rubio dueño de sus sueños, por que sí, Jungkook se había obsesionado con él y hoy era el día donde se lo venderían completo, en cuerpo y alma.

Nunca más le bailaria a otro hombre que no fuera él.

Nunca más exhibiría su precioso cuerpo.

Uno de los dueños del bar le entrego los documentos, certificados y sellados, todo sobre ese hombre hermoso.

-Park Jimin, 25 años de edad.

-Huérfano de padres.

-Vivió en el orfanato hasta los 19 años cuando puso independizarse.

-Estudiante de Danza Contemporanea.

-Tiene dos trabajos: Uno de mesonero en una cafetería en el día y otro como Stripper en el bar en las noches.

-Vive en un pequeño departamento compartido con otras 3 personas.

-Bajos recursos económicos.

-Orientación sexual: Gay.

Todo lo que el azabache necesitaba estaba dentro de esos documentos, junto con el contrato exclusivo que le otorgaba el bar Paradise, como nuevo propietario de los servios especiales de Striptease de Park Jimin.

Y Jungkook estaba listo para abordarlo en unas horas cuando estuviera solo en el camerino, para presentarse como el nuevo dueño de sus pasos senxuales de baile.

Aunque ni siquiera sabía si eso era legal o no.

Jimin había firmado su consentimiento, de que vendía cuerpo y sus servicios al bar, dicho documento ahora estaba a su nombre. El bar lo había vendido por casi veinte millones de dólares y la verdad Jungkook seguía creyendo que fue muy poco para semejante joya.

Estaba ansioso por verlo bailar en privado .






Jimin entró al camerino luego de terminar su show de todos los fines de semana, cubierto con una suave bata de seda negra que cubría su desnudez.

Camino a pasos suaves y cansados, entrando, dejando salir un pesado suspiró cansado. Camino con elegancia, cerrando la puerta detrás de él para ir a sentarse en su tocador.

Frente al espejo que tenía delante vio el desastre de maquillaje en su rostro a causa del sudor, su cabello rubio igual estaba totalmente revuelto. Tomó su desmaquillador y se dispuso a limpiarse el rostro hasta quedar sin una pizca de maquillaje.

Luego de peinar un poco su cabello revoltoso, se levantó para ir a su armario y sacar la ropa, dispuesto a irse a su departamento compartido. Pero justamente cuando la bata se estaba deslizando por sus brazos para caer en el suelo, la puerta del camerino se abrió de golpe.

Jimin se sobresaltó en su lugar, soltando un chillido de sorpresa y volteó, con la respiración entrecortada y los latidos de su corazón acertados por la impresión.

Encontrandose con el dueño del bar, y junto a él un hombre.

Ese hombre.

El pelinegro que tenía su cabeza hecha un lío desde hace días estaba ahí, mirándolo fijamente, con una mirada seria, tranquila, con un sobre amarillo en sus manos que reposaban con elegancia delante de él a la altura de su ingle.

Solo que estaba vez estaba solo, ninguno de los hombres que lo acompañaban siempre estaba con él.

— ¡Señor Lee! — Dijo Jimin avergonzado, cubriendo rápidamente su cuerpo con la bata de seda. — ¡Que sorpresa verlo por acá!

— ¡Park Jimin! - Le exclamó con una gran sonrisa al rubio. — Parece que hoy es tu día de suerte. — Le dijo guiñandole el ojo.

Jimin frunció el ceño confundido y no pudo evitar que su mirada volviera hacia el serio pelinegro, antes de mirar al señor Lee a los ojos.

— ¿A qué se refiere? — Preguntó sin entender.

— ¡Jimin, te presentó al señor Jeon! — Le presentó.

El pelinegro se inclinó levemente, estirando su mano, colocando una debajo de su codo en señal de respeto que Jimin no dudo en tomar, inclinándose hacía adelante.

Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo con el simple toque, sorprendiendo a ambos, antes de soltarse.

— Un placer, Jeon Jungkook... — Murmuró el pelinegro con una voz profunda, Jimin no pudo evitar perderse durante unos segundos en esa oscura y profunda mirada.

— Park Jimin.

— ¡Bien! — El hombre dio un aplauso que hizo a ambos sobresaltarse. — ¡Ahora que ya se conocen, vamos al tema importante!

Jimin los miró sin comprender y trato de cubrise un poco más, por un momento sintiéndose avergonzado de que ese imponente hombre lo estuviera escaneando de forma silenciosa.

— ¿A qué se refiere exactamente? — Preguntó con suavidad.

— Este hombre que vez aquí. — Dijo señalando al pelinegro. — ¡Es el nuevo propietario de Black Dance! — Exclamó con una gran sonrisa. — Es decir, tú nuevo dueño.

Jimin sintió su corazón detenerse derrepente, abrió los ojos con sorpresa y no pudo evitar soltar un suave jadeo, llevando una mano a su pecho, confundido o tal vez aturdido por lo que acababa de oír.

Su mirada viajó intercaladamente entre el señor Lee y el que ahora conocía como Jungkook.

Frunciendo el ceño, con el corazón acelerado, los nervios a flor de piel y la garganta seca, no pude evitar preguntar, aturdido y confundido:

— ¿De qué habla señor Lee?

— Compró los derechos a Black Dance. — Respondió sin titubear. — Es tu nuevo dueño.

— ¡Discúlpeme pero esta confundido! — Dijo exaltado el rubio. — ¡Yo no soy un objetó que pueden comprar!

— Tenemos un contrato firmado por ti mismo, donde nos das los derechos sobre tu cuerpo y tus bailes eroticos. — Le comentó el señor Lee con una risa baja. — Eres propiedad de Paradise, o fuiste nuestra propiedad, ahora eres del señor Jeon.

— ¿Qué? ¿De qué está hablando?

— Antes de entrar al bar, firmarte y pusiste tus huellas en un documento que veo que no leíste. — Se burló, Jimin ya se sentía mareado. — En ese documento legal declaraba que tú, Park Jimin, vendías tu cuerpo y talentos a nosotros, incluso esta certificado y notariado por el estado de Busan.

Jimin lo miró, mudo, sin saber que decir al respecto.

El pelinengro de acercó con cautela, tendiendole el sobre que Jimin no dudo en tomar desesperado y casi romperlo al abrirlo, sacando los documentos, uno a uno, donde podía ver su forma, huellas dactilares y su identificación, copias de todas las facturas y la compra y venta de su cuerpo, certificado y notariado de Paradise Bar a Jeon Jungkook por la suma de veinte millones de dólares, donde el 5% le correspondía a él según la clausula número 22.

Jimin levantó el rostro lentamente, con las manos temblando, el corazón acelerado, los ojos acuosos y aturdido. Sus ojos conectaron con los de Jungkook, que por primera vez en un mes, no detonaban seriedad, si no una preocupación profunda.

Sintió las manos del pelinegro sostenerlo y vio como su boca se movía, pero Jimin no podía escuchar nada.

Estaba tan aturdido, mareado y débil que solamente no podía dejar de ver pasar toda su vida frente a sus ojos.

La muerte de sus padres.

El orfanato.

El maltrato.

Todas sus desgracias viniendo a flote en ese momento de un solo golpe y no pudo aguantar más su vida de mierda donde parecía recordarle una y otra vez, que él no significaba nada y que el dinero si puede comprar lo que sea.

Incluso a él.

Y se desplomó, en los fornidos brazos del pelinegro.






Jimin se encontraba sentado, en un columpio, donde se mecía con suavidad, observando a todos los niños jugando en el parqué con sus padres. Una gran sonrisa se formó en sus labios, sintiendo la paz atravezarle el pecho con suavidad.

Suspiró feliz, cerrando sus ojos por unos segundos, hasta que sintió a alguien sentarse a su lado.

Abrió los ojos lentamente y volteó el rostro hacía su derecha para poder ver a la persona que se sentó a su lado.

No pudo evitar sonreír al ver a Jungkook con una gran sonrisa en su rostro, estaba vestido informal, como nunca lo había visto en su vida, este le tendió la mano con suavidad, sin apartar la mirada de los ojos azules de Jimin, quien estiró su mano, para tomar la de Jungkook con dulzura.

Y Jimin no pudo evitar que pertenecía a ese lugar, en ese momento, para siempre.

Y despertó.







Las finas sábanas lo recibieron, la luz le aturdio por unos momentos, mientras se removía incómodo, sintiendo su cuerpo pesado. Sus parpados, se abrieron de a poco y jadeo, satisfecho, al sentirse cálido entre las mantas.

— Despertaste. — Una profunda voz, ronca y masculina sonó a un lado de la cama.

Jimin se sobresaltó, cuando los recuerdos le golpearon derrepente, aturdiendolo, incorporándose rápidamente en la cama, mareandose de pronto por el arrebato.

El dueño del Bar.

El contrato firmado por él.

Jeon Jungkook.

Observó la costosa habitación donde se encontraba, sus manos tocaron suavemente las sábanas de seda negra que cubrían su cuerpo, se impresionó al ver lo elegante que era, las paredes de un color beig, adornada con lamparas en forma de lunas, una galaxia estaba hecha perfectamente, una obra de arte realista en el techo, costosos muebles negros a un rincón, un enorme tocador dorado, un closet que giraba solo, pantallas de televisor último modelo, alfombras doradas, repisas de libros y un mueble eroticos y un tubo de Pool Dance al fondo, al lado de una puerta negra.

— ¿Dónde estoy? — Pregunro aturdido, mirando todo el lugar.

— En mi mansión. — Contestó en un murmullo. — Estas en mi habitación. — ¿Cómo llegué aquí?

— Luego de que te desmayaras, llame al doctor de mi confianza para que te atendiera, dijo que tuviste una especie de colapso por falta de alimentos y electrolitos, supongo por bailar toda la noche sin beber ni comer absolutamente nada. — Dijo acercándose a la cama, Jimin observo que andaba vestido con un pantalón de pijama negro y una camiseta blanca, sin zapatos, con el cabello negro algo húmedo. — Te alcé hasta mi camioneta y te traje a mi casa, aquí te atendieron, estuviste desmayado por 27 horas aproximadamente. — Murmuró, mirando un reloj en su muñeca.

— ¿Por qué me trajiste aquí?

— Me perteneces. — Le respondió sin titubeos. — Aunque siento que no pague nada por ti, creí que varias casi cuatro veces más que eso y estaba dispuesto a darlos.

— ¿T-te... Pertenezco? — Preguntó Jimin aturdido.

— Sí, tengo un certificado, soy algo así como tu tutor legal.

— Pero soy mayor de edad. — Le comentó confundido.

— Podría decirse que es una especie de... — Busco las palabras correctas. — ¿Matrimonio?

— ¡¿Qué?! — Gritó el rubio levantandose rápidamente de la cama. — ¿Como dices que dijiste?

— No se explicarme... — Gruñó enfadado. — Solo se que me perteneces como artista, eres mi propiedad.

— ¿Como artista?

— Sí, tu baile y cuerpo están a mi nombre ahora.

— ¡Eso no tiene sentido! — Chilló enfadado.

— ¡Yo no fui el que firme sin leer! — Se defendió.

Jimin hizo una mueca de tristeza al darse cuenta que el mayor tenia razón y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran. Haciendo sentir un poco mal al pelinegro por sus palabras.

— ¿Eres un mafioso o algo así? — Preguntó nervioso. — ¿Vas a vender mi cuerpo o algo así?

— ¡No! — Lo detuvo en seco. — ¿Por qué pensarías que venderia tu cuerpo? — Preguntó enfadado. — ¡Eres mío, nadie va a tocarte!

Jimin trago saliva con dificultad y miro a Jungkook a los ojos, con algo de temor, no entendía nada de lo que estaba pasando, todo era tan extraño y confuso para él.

— Entonces... — Murmuró. — ¿Eres una especie de millonario?

— Algo así.— Respondió encogiendose de hombros. — Todo lo mío, ahora es tuyo. — Respondió sin titubear.

Jimin abrió los ojos a tope, sorprendido por las palabras del pelinegro y miro a todos lados, confundido, miro su cuerpo, aún cubierto por la fina bata de seda, dandose cuenta que Jeon Jungkook, no había siquiera tocado su cuerpo sin su consentimiento, pero no sabía que creer en esos momentos.

¿Él dueño de todas sus cosas? No entendía que podría significar eso.

— ¿A cambio de qué? — Preguntó con temor.

— Solo quiero que me bailes, así como en el bar. — Le contestó, serio. — Todas las noches antes de irnos a dormir.

— ¿Dormirá conmigo?

— Sí, hasta que arreglen tu habitación. — Sentenció sin titubeos. — Te quedaras a mi lado, pero no estas preso acá en la mansión. — Le informó. — Eres libre de ir a la universidad, por que se que estas haciendo una carrera de danza, ir al centro comercial, salir con amigos, siempre acompañado de mis guardaespaldas, tendrás una extensión de mi tarjeta de crédito negra, también tengo tu dinero en efectivo del 5% por la compra en el bar de tu persona. — Jimin trataba de guardar toda la información, asintiendo por simple inercia. — Pero no vas a trabajar, ahora trabajaras para mí, yo te doy todo mi dinero y comodidades a cambio de tus bailes.

Jimin asintió, aun aturdido, buscando donde estaba la cámara escondida, por que eso debía ser una broma de muy mal gusto.

¿Todo el dinero del mundo y esas comodidades por unos simples bailes? Debía ser una especie de chiste.

— Deberías prepararte. — Le comentó, mirando su reloj de nuevo. — Son las 9:00pm, a esta hora quiero me bailes todas las noches, sin falta. — Dijo colocando las manos en su espalda baja. — Te daré privacidad, todo lo que necesitas está en la esquina de la habitación, solo debes darle una orden a Alexa y ella colocara la canción que elijas, iré a buscar un vaso de Whisky.

— Le comentó, haciendo una leve reverencia para salir de la habitación.



Jimin estaba cada vez más confundido.




La suave música, sonaba de forma erotica en toda la habitación, Jimin se había tomado su tiempo para prepararse, haciendose un maquillaje algo llamativo, que hacía resaltar sus facciones delicadas y sus preciosos ojos azules.

La hermosa ropa de encaje de color negro que estaba sobre el mueble erotico le dio a entender a Jimin que eso era lo que Jungkook quería que usará así que no dudo en colocarselo listo para bailar, se posicionó delante del tubo.

Jungkook se encontraba en el sofá, con un control remoto hizo bajar las luces y encendió la galaxia que brillaba en el techo, las suaves paredes brillaban con las luces tenues de un color oscuro. Se recostó acomodándose, abriendo sus piernas de par en par, encendiendo un cigarrillo, inhalando profundamente, mientras veía como Jimin, comenzaba a moverse al ritmo de The Weekend.

Soltó el humo, con los ojos cargados de deseo y sorbio su vaso de Whisky, fascinado con el espectáculo que estaba delante de sus ojos.

Jimin se movía con mucha elegancia, bailando contra el tubo de forma erotica, acariciando su cuerpo, por encima de la tela, mientras abría la boca de forma seductora, se mordía los labios y paseaba su lengua por estos de forma provocativa.

Jungkook no podía dejar de verlo.

La fuerte y penetrante mirada, estaban encendiendo de a poco la chispa dentro del corazón de Jimin y su vientre, comenzaba a quemar, mientras una evidente erección se posaba en su pantalón negro brillante.

Y Jungkook lo notó.

Es que nunca sería igual, bailar para miles de personas en un bar, que le lanzaban dinero y decían miles de malas palabras, que a un apuesto hombre, adinerado, respetuoso y callado, que lo miraba de forma seria sin ningún tipo de expresión. Pero con el deseo brillando sobre sus ojos negros.

Jimin por primera vez no se sintió asqueado, se sintió deseado.

Desde que conoció a Jungkook, o bueno, lo vio en el bar por primera vez, había algo que lo había hecho aferrarse a él, por eso siempre que bailaba no podía evitar mirarlo, se había vuelto su ancla, alguien que le recordaba que era sensual, no un trozo de carne.

Sin titubeos, llevó las manos a la camiseta negra ajustada, tomándola de los bordes la levanto, para sacarle sobre su cabeza y lanzarla con fuerza hacía el pelinegro que la tomó sin dudarlo, colocandola sobre su regazo, tomandose el trago de Whisky de un solo golpe, sin dejar de mirarlo.

Jimin jadeo, agitado, y paseo sus manos con suavidad por todo su pecho desnudo, sin dejar de moverse su cuerpo, se volteó, inclinándose, hasta tocar el suelo con sus manos, para darle una erotica vista de su trasero entallado en ese pantalón negro al hombre sentado en el sofá.

Jungkook se sirvió otro trago de la botella, sin apartar los ojos de Jimin y volvió a calar un poco de su cigarrillo, empezando a sentir la ansiedad subir por su pecho.

El rubio se incorporó, encarando al pelinegro y se acercó sin titubeos a bailarle al frente, se puso de cuclillas delante de él y puso la mano sobre las rodillas de Jungkook, para seguir moviéndose de forma serpenteante, subiendo lentamente, dejándole a la vista, su pecho desnudo.

Jungkook apretó con fuerza sus manos en puños, apagando el cigarro de golpe al partirlo en dos y el vaso casi quebrandose por la presión.

Jimin lo notó.

Incorporandose, se comenzó a despojar de los apretados pantalones, sin dejar de mirar los ojos de Jungkook, moviéndose sensualmente, cada que el jeans bajaba por suspiernas.

Al despojarse de estas, quedo vestido en una sensual lencería de encaje negro, que resaltaba sus abultadas nalgas, que apenas y cubrían su erección palpitante.

Jimin se volteó dando la espalda a Jungkook que gruñó al ver el hermoso trasero pomposo delante de él y se tomó todo el vaso de Whisky de golpe una vez más, tratando de calmarse un poco.

El rubio se inclinó, meneando sus nalgas con ímpetu y paseando sus manos por su suave piel, volteando solo la cabeza, para verlo de manera seductora.

Jimin volteó lentamente, llevando sus dos manos a sus pezones, para apretarlos con fuerza y pelliscarlos, colocandolos erectos, sacandole suaves gemidos.

Mordio su labio inferior y sin poder aguantar más, se sentó en las piernas del pelinegro a ahorcadas, pasando sus brazos detrás de la nuca del pelinegro, para bailarle de forma sensual sobre él.

Jungkook gruñó, sintiendo sus manos picar, mirando a Jimin a los ojos, que se mordía el labio inferior y se restregar con fuerza sobre su erección palpitante.

— ¡Tócame! — Murmuró con los labios entreabiertos.

— No puedo, lo especifica el contrato. — Murmuró ronco el mayor.

Jimin hizo una mueca de disgustó y bajo sus manos desde la nuca al cuello del pelinegro, donde apretó suavemente la vena que se brotaba en este, para bajar al fornido pecho del delicioso hombre delante de él.

— Te doy mi consentimiento. — Murmuró, mirando los suaves labios que estaban a centímetros de los de él. — Solo tócame por favor...

El pelinegro con algo de duda y manos temblorosas, soltó el vaso, dejandolo caer sobre la alfombra, y movió sus manos de forma lenta, hasta los muslos del rubio, acariciando con suavidad la piel desnuda.

El toque hizo a Jimin gemir excitado.

— Tócame más... — Rogó, acercándo su rostro al del pelinegro, abriendo su boca, para intentar besarlo.

Jungkook movió el rostro esquivando el beso y gruñó molesto, apretando con más fuerza la carne en sus manos. — Si te beso, no voy a poder detenerme...

— No quiero que lo hagas... — Susurró el rubio, embriagado por el placer. Y eso fue suficiente para Jungkook.

Sin titubear, tomó los abultados y rosados labios de Jimin, entre los suyos, de forma hambrienta.

Lamió, chupo y mordió los labios de Jimin, con deseo una y otra vez, paseando su lengua entre los labios, para hacer una danza entre ambas lenguas, jadeando, gruñendo y mordiéndose ambos, la lengua de Jungkook, tocando la garganta de Jimin, paseándose por tu paladar, sorbiendo su saliva.

— ¡Oh joder! — Gimió Jimin, agitado, con la respiración entrecortada y los ojos cristalizados.

Jungkook subió sus manos de los muslos al trasero de Jimin, apretandolo con fuerza y en un movimiento rápido, se levantó con él en brazos y camino hasta el mueble erotico de la habitación, lo recostó de espaldas a él, dejándolo con el culo hacía arriba, el cuerpo desplazado hacía abajo y sin dudarlo más, soltó una fuerte nalgada sobre el glúteo derecho del rubio, que resonó por toda la habitación.

Jimin gimió gustoso y se removió, acariciando su erección contra la tela de cuero, dejando caer su cabeza.

Jungkook le tomó las manos al rubio y las subió sobre su cabeza, quitándose el cinturón, lo puso en las muñecas del rubio, amarrandolas, para vitar que pudiera moverse.

Le abrió las piernas con las rodillas y lo dejó totalmente expuesto y abierto para él, fue a uno de los cajones de su mesa de noche, donde saco un lubricante de sabor a fresa, un anillo retenedor de eyaculación y un vibrador con su control temoto.

Jimin pego su mejilla al sofá, soltando un suspiró satisfecho cuando otra nalgada fue a parar a su nalga izquierda, mordiendo su labio inferior excitado.

El pelinegro se despojó de su camisa de forma rápida y dejando las cosas que tomó de lado, bajo sus manos a la ropa interior de encaje de Jimin, rompiendola rápidamente, dejándolo desnudo delante de él.

Una mano se posó entre las nalgas de Jimin y con la otra vertió el lubricante sobre estas de forma rápida.

No estaban para rodeos.

Sin previó aviso, metió dos dedos de golpe dentro del rubio y comenzó a penetrarlo de manera profunda y rápida, haciendo a Jimin gritar, jadear e intentar aferrarse al sofá, con las manos atadas y el torso pegado a la tela de cuero.

El sudor caía por el pecho del pelinegro, cayendo en la espalda de Jimin, perdiéndose entre sus poros, sus fluidos corporales mezclándose.

Jungkook movía sus manos en forma de tijera, estirando lo más que pudo a Jimin, se aparto, tomando el anillo y sin dudarlo, levantó un poco la pelvis de Jimin, para colocar el anillo en su erección palpitante.

— ¡Oh! — Jadeo sorprendido por el frío del lubricante en su polla. — ¿Para qué es eso?

— Ya lo vas a descubrir... — Murmuró ronco el pelinegro, sacando sus dedos de dentro del rubio, tomó el vibrador, metiendolo de un solo golpe dentro de Jimin, que lo hizo chillar por ser estirado de golpe, jadeando y gimoteando.

Las lágrimas saladas comenzando a rodar por sus mejillas y el hilo de saliva bajando por su boca, hasta su barbilla, llenando el sofá de sus babas, por el placer que sentía en ese momento.

Jungkook tomó el aparato y lo subió de un solo golpe al máximo, haciendo que el aparato comenzará a sacudirse con fuerza dentro de Jimin, haciéndolo gemir de forma desesperada, removiendose, intentando cerrar sus piernas.

— ¡Ah! — Gimió chillando. — ¡Oh por Dios! — Se removió el rubio agitado. — ¡Me voy a venir!

— No lo harás. — Le dijo Jungkook com seguridad, apartándose de Jimin, para comenzar a despojarse de sus prendas con lentitud, viendo como Jimin era un desastre, de jadeos, fluidos y gruñidos. Se relamió los labios con una suave sonrisa y se inclinó, tomando los glúteos del rubio, para apretarlos con fuerza contra el aparato, haciendo que se sintiera más profundo.

— ¡Dioooos! — Sollozo. — ¿Qué es esto? — Gruñó, arañando el sofá. — ¿Que retiene mi orgasmo?

— Es el anillo que puse en tu pene. — Le comentó soltando las nalgas, para dar tres asotes seguidos de forma rápida.

Se apartó, quitando la última prenda de su piel, liberando su gran erección y se masturbo de forma lenta, admirando su obra de arte en el sofá.

Posó su mano en las nalgas de Jimin, abriendolas, para con la otra, sacar el vibrador de golpe, empapado de fluidos, lanzandolo lejos, haciendo un sonido vibrante que se perdió con la música.

— ¡Joder! — Dijo Jimin agitado, su pecho bajando y subiendo desesperado. — E-esto es... una puta locura.

Jungkook se posicionó detrás de él en silencio, tomó la erección desde la base y la posicionó en la dilatada entrada, llevando una de sus manos a los rubios cabellos, para apretarlos con fuerza, para comenzar a empujar dentro de Jimin.

El rubio soltó un gemido ahogado y subió la rodilla como pudo al sofá, intentando abrirse más, salivando con fuerza al sentir como sus paredes se abrían de a poco.

— ¡Maldición! — Gruñó, halando el cabello de Jimin con fuerza, haciendo a su cabeza ir hacía atrás. — ¡Aún sigues muy apretado!

— Es... que... — Gimió, cerrando los ojos — Eres demasiado grande, me llenas muy profundo. — Ronroneo, intentando soltarse las muñecas. — ¡Maldición, quiero verte!

— Tranquilo... — Susurró, subiendo una mano hacía su espalda, para acariciarla, sin soltar su cabello. — Dejame follarte como si fueras una puta.

— Sí. — Prácticamente rogó, empinando más el trasero para seguir metiendo la erección. — Métela toda, por favor...

Jungkook, le soltó el cabello, tomando las caderas de Jimin con ambas manos, ingresando de un solo golpe dentro de Jimin, dando una estocada profunda que lo hizo gritar.

— ¡Joder! — Gruñó gustoso el pelinegro, cerrando los ojos.

— ¡Dios! — Sollozo el rubio. — Tan profundo...

Jungkook salió de a poco para volver a ingresar de una fuerte estocada, dando en su punto dulce. Comenzando con sus vaivenes duros y constantes, aferrado a las caderas del rubio, jadeando y gimiendo alto.

— ¡Sí, sí, oooh Dios! — Sollozo Jimin, pegando el rostro al sofá, colocando los ojos en blanco por el placer. — ¡Más, dame más por favor!

Jungkook gruñó, tomando al rubio por los hombros, para comenzar a moverse de forma rápida y dura, una y otra vez, haciendo a Jimin gritar tan alto, que creía que se escuchaba en toda la mansión.

Una fuerte nalgada choco contra la nalga derecha del rubio.

— ¡Eso es! — Le dijo Jungkook. — ¡Gime, pedazo de puta!

— ¡Oh, sí, Dios mío! — Sollozo asintiendo. — Tratame como a una puta, te lo ruego, por favor...

— ¡Eso eres mi amor! — Le dijo en jadeos bajos. — ¡Eres mi perra!

Jimin sollozo, halando las manos con fuerza, intentando soltarse, levantando la pierna, colocando el talón sobre el sofá, dandole más espacio a Jungkook, que seguía entrando de forma dura y rápida dentro de él una y otra vez.

— ¡Joder papi! — Dijo llorando. — ¡Me quiero venir por favor!

— Ladra como una perra si quieres que te deje venir... — Le dijo en gruñidos, llevando sus manos al cuello de Jimin para levantarlo, pegando su espalda a su pecho. — ¡Vamos, ladra!

Jimin puso los ojos en blanco por el placer y se removió, gimoteando, las lágrimas saladas cayendo por sus mejillas, al igual que la saliva se escurria por sus labios. Comenzó a ladrar, subiendo sus brazos amarrados, para colocarlos detrás de la cabeza de Jungkook, para aferrarse a él, acomodándose de rodillas delante de él, para poder seguir recibiendo los embistes, profundos y duros.

— Eso es... — Le felicito entre jadeos. — ¡Buen chico!

— ¡Soy tu puta papi! — Exclamó, aferrándose al cabello azabache de Jungkook.

Las manos del pelinegro fueron hasta los pezones erectos de Jimin y los acarició, pellizcandolos con fuerza, disminuyendo sus embistes, al sentir su vientre contraerse y el miembro palpitar.

— ¿Quieres que te llene el culo de leche? — Le preguntó, bajando una mano a la erección de Jimin y subiendo otra a su cuello apretandolo.

— ¡Sí! — Asintió frenéticamente. — Dame tu leche papi... — Sollozo. — Llename.

Jungkook asintió y le acaricio el vientre, sintiendo como su erección se marcaba sobre este, comenzando un camino de besos húmedos por toda la piel del rubio, aumento sus movimiento de nuevo y le saco el anillo a Jimin de golpe de su erección, comenzando a masturbarlo rápidamente.

— ¡Jungkook! — Gritó, sacudiendose con fuerza, su piel erizandose, los dedos de sus manos y sus pies contrayendose, tirando su cabeza hacía atrás, con los ojos en blanco, soltando todo su semen de golpe, viniendosd tan fuerte y doloroso que sintió que se le detenía el corazón y comenzaba a ver puntos negros.

— ¡Jimin! — Gruñó el pelinegro, en la oreja de Jimin, dando unas últimas estocadas, apretandole el cuello, para vaciarse de golpe dentro de él, soltando una maldición en voz alta, estremeciendose.

Jimin jadeo, tratando se que en sus pulmones entrara el aire y soltando la nuca de Jungkook, dejo caer sus manos aun atadas al cinturón, delante él, soltando una fuerte exhalación, antes de caer desplomado hacía adelante en el sofá, con el pecho subiendo y bajando con rapidez y los latidos de su corazón acelerado.

— Dios... — Murmuró el rubio. — El mejor puto sexo, que tuve en mi miserable vida...

— No te preocupes... — Murmuró Jungkook agitado. — De ahora en adelante tendrás de esto todos los días. — Le prometió, saliendo de dentro de él con suavidad.

Esa seria la primera, de muchas noches juntos.






Fin.










Aqui andamos otra vez ♡






~Bye.