EL MISMO CIELO (YOONMIN)

Summary

Después de un peligroso incidente en el tren, Jimin no pudo dejar de pensar en el chico desconocido que lo salvo sin dar ninguna explicación. Al día siguiente, cuando fue a la escuela, Jimin descubrió que este chico es el nuevo estudiante transferido. ¿Quién es el chico del tren?

Genre
Lgbtq
Author
Yoonmin
Status
Complete
Chapters
20
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cuando te vi

Exterior al tren, se podía escuchar el ruido estrepitoso de la máquina golpeando contra el hierro. A través de las ventanas, las imágenes de una gran ciudad iluminada se distorsionaban a medida que el tiempo pasaba y la velocidad aumentaba. Era de noche, y Jimin podía respirar el aire tenso dentro del vagón donde se encontraba.

Sus ojos estaban llenos de miedo. Nadie podía verlo, pero su cuerpo estaba gritando y temblando sobre su asiento. Sostenía su cabeza gacha, con los ojos mirando hacia el piso, incapaz de levantarlos, pues sentía el peso de unos ojos asesinos posándose sobre su cuerpo. Sabía que, al extremo izquierdo del vagón, unos sujetos lo observaban detenidamente desde hacía mucho tiempo.

Estas personas lo estaban buscando, y él no tenía idea de cómo es que lo habían encontrado. El imaginar que lo matarían una vez el tren hiciera la última parada hizo que sus labios tiritaran, que sus manos se empuñaran de impotencia y que su interior se sumiera en un doloroso pavor por terminar esa misma noche muerto.

Los minutos transcurrieron dentro del tren, en la próxima parada, varios pasajeros bajaron y los vagones quedaron vacíos. Es así como el transporte nuevamente abandonó la estación.

No quedaba nadie más que un perturbador silencio y los matones que terminarían con su vida. Jimin tuvo el corazón en la boca cuando sintió unos cuerpos pararse frente a él. Una fría navaja se posó bajo su mentón y arrastró su rostro lentamente hacia arriba.

—Tanto tiempo sin vernos, mi estimado ChimChim —masculló una voz masculina, que dibujó una escalofriante sonrisa sobre su rostro—. ¿Cómo has estado todos estos años, eh?—. Jimin se quedó inmóvil, mientras la fría hoja acariciaba su mejilla—. Veo que has crecido desde la última vez que nos vimos, desde la última vez que tu padre se escapó contigo. Entonces, ¿vas a decirnos dónde se esconde ese bastardo? —Hubo una pausa muy larga, y el hombre exclamó, sin paciencia por el silencio del muchacho—. ¡Dónde está él! Habla de una vez, si no quieres que te clave este cuchillo en la cabeza.

Jimin negó inmediatamente, atragantándose con su propia saliva. Se puso aún más pálido cuando sintió el horrible dolor que provocó la punta del metal presionando fuertemente contra su piel. Jadeó apenas, expulsando su temor:

—No lo sé.

—Oh, ¿no lo sabes? —sonrió el hombre con intensa oscuridad—. Me pregunto si torturar a tu abuela frente a tu cara, arrancándole la garganta mientras le saco los ojos, te haría abrir la boca. Sí, eso sería divertido.

A Jimin se le paralizó el mundo, el tiempo y el espacio, su pecho latía a mil por segundo. Se detuvo a observar la cara del hombre inclinado frente a él con un gran terror, sintió que el alma se le iba del cuerpo.

—No, con mi abuela no...

Él era un simple estudiante de diecisiete años, nunca había hecho nada malo, nunca en su vida había robado, nunca había amenazado, mucho menos matado, ni siquiera a una mosca. Él era un buen hijo, un buen alumno, amaba a su abuela e incluso a su padre, no juzgaba a nadie, él solo quería ser feliz, quería seguir viviendo, quería encontrar el lado bueno de la vida, seguir sonriendo junto a su abuela, pero el último suspiro de su esperanza se había esfumado en ese instante.

—Ahg... qué molestia —murmuró una voz profunda y somnolienta desde la distancia.

Aquello sorprendió a Jimin, quien giró el cuello hacia el tipo que había hablado. Entonces, lo vio por primera vez, era un chico pálido, con una gorra negra que ocultaba gran parte de su rostro y una mascarilla oscura cubriendo su boca, por lo que no pudo verlo muy bien. Se encontraba sentado a cuatro asientos de él, junto a una maleta gris entre sus piernas. Llevaba puesta una chaqueta verde militar y pantalones negros. Se movía inquieto en su lugar, claramente molesto por el ruido.

¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Se preguntó Jimin, pues ni siquiera había notado su presencia. De pronto, oyó risas asquerosas llenando el lugar, provenientes de los cinco sujetos que estaban a punto de degollarle la garganta. Jimin se dio cuenta de que había dejado de ser el centro de atención cuando la navaja ya estaba muy lejos de él, ahora apuntando al rostro de aquel chico pelinegro.

—Pedazo de mierda. ¿Acaso quieres morir? —escupió el líder.

Entre todos ellos lo acorralaron, sin embargo, este chico aún se mantenía de brazos cruzados en su asiento, sin mostrar el más mínimo miedo ante la amenaza. Con calma, deslizó la mascarilla bajo el mentón y murmuró:

—Lárguense.

Una carcajada estridente, el líder de la banda se burló junto a los demás. Pero al instante cambió de semblante a uno mortal, esta vez no exhibiendo una genuina navaja, sino un arma homicida que no tardó en ser empuñada en sus manos para apuntar al chico a la cabeza.

Bramó:

—Que tengas un lindo sueño, mocoso, pero en el infierno.

Jimin apretó los ojos con fuerza, cubriéndose del próximo disparo que sonó como una bomba al impactar. Ruido sordo, sus oídos dejaron de percibir sonido por unos eternos segundos. Sin embargo, al otro lado, un tanto mareado y perdido, vio caer un cuerpo y cómo la sangre roja se esparcía por todo el suelo.

Con los ojos desorbitados, admiró la escena apenas con credibilidad. No era el cuerpo del chico tirado inerte en el piso, sino el del hombre que le había apuntado a la cabeza. En ese instante, al levantar la mirada, vio asustado cómo tres cuerpos más caían al suelo, mientras el último hombre forcejeaba con el chico pelinegro, quien, en un movimiento filoso, le arrebató la navaja y le desgarró la piel despiadadamente.

—Shhh... odio el ruido. Es molesto —le susurró al hombre que agonizaba en el piso.