The Dicer

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Summary

En un mundo donde el amor y la oscuridad coexisten, Oliver se encuentra atrapado entre la vida que ha construido con su esposo, Jonathan Marsh, y los oscuros secretos que este y su hermano mellizo, Jeremy, ocultan. Mientras Jonathan y Jeremy, conocidos en las sombras como "The Dicer", uno de los asesinos más prolíferos hasta el momento, se deben enfrentar a las diferentes situaciones que se les presenta. Evitando que Miguel, el inspector que investiga su caso, descubra la verdad detrás del asesino en serie que actúa en Barcelona. A medida que los secretos se desvelan y las alianzas se ponen a prueba, se ven obligado a tomar decisiones que cambiarán su vida para siempre. ¿Podrán encontrar la fuerza para enfrentar la verdad sobre sus nuevas realidades? Historia y personajes totalmente mía, no se permite ningún tipo de copias.

Status
Complete
Chapters
20
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

OLIVER


El dolor punzante de su cabeza le estaba haciendo despertar. Intentó abrir los ojos, pero otro pinchazo le obligó a volver a cerrarlos. Lo último que recordaba era ver a Jonathan inclinándose en su dirección. Intentó abrirlos de nuevo, reconociendo la habitación de invitados de su casa, se llevó la mano a la nuca notando como se le mojaban los dedos con algo, rezó para que no fuera lo que creía que era, aunque nunca había sido muy creyente, así que cuando vio el líquido rojo tiñendo sus dedos maldijo con suavidad.

Un ruido en la puerta llamó su atención, dándose cuenta de que estaba abierta y que en el umbral estaba Jeremy mirándolo con una diversión enfermiza. Volvió a intentar sentarse, sin conseguirlo por el dolor que le venía de todos lados.

— Vaya caída has tenido, debe dolerte la cabeza. — Oliver gruñó furioso ante el toque de burla que impregnaba esas palabras, intentó enderezarse, sintiéndose con más fuerzas que con anterioridad.

— ¿Y tu hermano? — Intentó disimular le desesperación que esas palabras traían, aunque apenas lo consiguió. — ¿Me has golpeado tú? — Preguntó al notar la burla teñir los ojos azules de su cuñado.

— ¿Yo? ¿Esa concepción tienes de mí? — Preguntó con una falsa ofensa.

Por fin consiguió levantarse de la cama, pero no tardó en notar cómo todo empezaba a darle vueltas a causa del mareo, estaba seguro que el golpe que recibido había sido mucho más fuerte de lo que parecía.

— ¿Y tu hermano? — Insistió apoyándose en el escritorio de al lado de la cama, consiguiendo tener un punto seguro y así evitar caerse por las vueltas que su cabeza no paraba de dar. El chasquido que hizo Jeremy con la lengua rebotó como una pelota en su cabeza, empeorando el dolor.

— No aprecias mi compañía. — Se lamentó llevándose la mano al pecho, el agarre de Oliver sobre el escritorio se hizo más fuerte, notando como el mareo comenzaba a disminuir y podía dar un paso.

— ¡Jonathan! — Gritó volviendo a mirar al hombre, que sonrió apoyándose en el marco de la puerta para contemplar más cómodo el espectáculo. — ¡Jonathan! — Volvió a gritar caminando hasta la puerta manteniendo su punto de apoyo en la pared. Si había algo que le asustara en esa vida era estar a solas con Jeremy, el hermano mellizo de su marido.

— No está, ha ido a comprar las cosas necesarias para sanarte. — Dijo cansado por los gritos que daba.

Dejó salir una maldición tan baja que Jeremy únicamente pudo escuchar la mitad, pero aun así se rio con una carcajada que obligó a Oliver a detener su lenta caminata, hasta la única salida de la habitación, para apretar su cabeza en busca de algo de alivio.

— Deberías quedarte en la cama, no te vayas a golpear de nuevo. — Comentó divertido, lo miró unos segundos, evaluando la situación y le hizo caso.

No porque tuviera razón, sino porque estaba seguro de que el golpe de su nuca había sido efectuado por Jeremy, y esa frase era una amenaza implícita. Dejando claro que no tendría reparo en golpearle de nuevo. Cerró los ojos, intentando aliviar el dolor que empezaba en su cabeza y acababa en sus piernas. Suponía que debido al golpe contra el suelo. Agradeció el silencio de la habitación, aunque sentía como no dejaba de observarle, y a pesar de que no podía verlo, estaba seguro de que había una maldita sonrisa en su cara. El ruido de las llaves en la cerradura consiguió que volviera abrir los ojos, confirmando, por fin, sus suposiciones, la mirada de su cuñado lo recorría y la sonrisa tenia un toque algo enfermizo. Jonathan preguntó por ellos al no encontrarlos en el salón, Jeremy simplemente giró un poco su cabeza, sin dejar de mirarlo.

— En la habitación de invitados. — Respondió sin moverse, ni siquiera cuando Jonathan pasó por su lado y se acercó con la mirada llena de preocupación. El castaño se arrodilló delante y le acarició la mejilla con suavidad.

— ¿Amor, cómo estás? — Preguntó preocupado viendo un poco de sangre seca en el cuello, Oliver iba a contestar, pero simplemente suspiró agotado.

— ¿Qué ha pasado? — Preguntó en un susurro, aunque tenía muy claro lo que había pasado, y en ese momento los estaba mirando.

— ¿No recuerdas nada? — Preguntó extrañado. Negó con suavidad, queriendo evitar que el mareo volviera. — Había entrado un ladrón, se ha sorprendido al vernos a los dos en el salón, y por instinto ha golpeado a la primera persona que había, es decir, tú. — Explicó mientras desparramaba todo lo que tenía en la bolsa encima de la cama, dispuesto a comenzar a sanarlo. — Mientras estabas inconsciente he luchado contra el ladrón y lo he noqueado, lo tenemos atado en el salón y por eso he llamado a Jeremy. — Siguió explicando subiéndose a la cama y sentándose a su espalda.

Volviendo a dejarle ver con claridad a su cuñado, que seguía sonriendo. Entonces entendió que hacía ahí realmente Jeremy, por qué parecía tan relajado y no mostraba un aura tan fuerte como otras veces. Sabía perfectamente a que se debía porque lo había vivido en dos ocasiones.

— ¿Lo habéis matado? — Preguntó con un poco de miedo a la respuesta, no quería ser cómplice, algo que había dicho en muchas ocasiones.

Conocía esa parte de su esposo y cuñado, en su momento no los había juzgado por ello. Al principio sí que tuvo un momento de duda, pero con el tiempo fue conociendo a Jonathan y podía diferenciar ambas partes. Cuando se comprometieron aceptó convivir con esa parte de su vida, pero solo con la promesa de no ser consciente de cuándo eso sucedía, por lo tanto, de no tener ninguna información. Así podía dormir más tranquilos por las noches y, en el caso de que la policía los detuviera, no poder decir nada.

— Oh precioso, créeme que está deseando que lo matemos en este mismo momento. — Contestó Jeremy ganándose un gruñido y una mirada de odio de su hermano, que le provocó la risa mientras negaba con suavidad. — No te pongas celoso hermano, sabes que tu marido no es para nada mi tipo. — Comentó Jeremy con un deje de burla, acentuando su acento británico.

Se enderezó, remangándose la camisa azul hasta los codos dejando al descubierto los tatuajes de diferentes flores que tapaban cada trozo de piel, entre ellas una flor del desierto o una Sanguinaria canadensis, flores tan hermosas como peligrosas. Nunca le había preguntado por la elección, pero estaba seguro que era una clara referencia a ellos mismos. Dos hombres atractivos, que escondían una parte muy peligrosa y prolífica. Cuando tuvo los guantes de piel puestos, miró divertido a Oliver antes de desviar la mirada a su hermano.

I will finish the work. — Le dijo en su idioma materno, guiñándole un ojo y desapareciendo de la vista del matrimonio.

— No podréis sacar un cadáver de casa, hemos hablado de esto. — Rompió Oliver el silencio que se había formado, sintiendo la suavidad de la venda rodear la cabeza como si fuera una diadema. El aliento de su marido chocó con su cuello erizándole la piel.

— Lo siento amor, pero se ha atrevido a golpear a mi flor, así que The Dicer debe encargarse de hacer venganza. — Se le escapó un jadeo cuando la mano de Jonathan se apoyó en su vientre empujándolo hacia atrás para poder abrazarlo mejor. Le dejó un beso en la mandíbula y sintió la sonrisa contra su cara cuando Oliver giró su cara en busca de los labios de su marido. — No te preocupes, Jeremy solucionará esto, nosotros solo añadiremos una flor más al jardín. — Comentó divertido mientras colaba la mano por debajo de la camiseta.

La música metal que comenzó a sonar a todo volumen consiguió que Oliver saltara asustado, desviando su atención al pasillo. Sabía que estaba ocurriendo en su salón, pero no quería hacerle frente, así que se levantó y caminó hasta el balcón de la primera planta, donde podía ver el jardín, lleno de flores, algunas venenosas, otras simplemente decorativas, la mitad de ellas con un gran significado oculto.

A Oliver nunca le ocultaron en la mierda que se iba a meter, el jamás se imaginó que su viaje de Erasmus a Londres haría que volviera enamorado de un chico dos años mayor que él y con un pasatiempo escabroso. Desde que las cosas se pusieron muy serias, Jonathan fue sincero con él, no solo eran los hermanos Marsh, abogados de gran reputación, sino que también eran las personas que se escondían detrás del famoso asesino The Dicer. El único detalle que él sabía y la policía y la prensa parecía ignorar, era el famoso asesino The Dicer no era una única persona trastornada, sino dos, dos caras de una misma moneda. La humanidad de Jonathan y la crueldad de Jeremy, trabajando en sincronía, desde asesinatos indoloros a torturas llenas de sufrimiento. Cuando el cadáver venía con una flor de acónito era trabajo de Jeremy, si este estaba adornado con una belladona había sido su Jonathan, muchas veces únicamente había una rosa negra, un trabajo conjunto. Por eso también se habían ganado el apodo de el Jardinero, el asesino más famoso en España.

Si Oliver tuviera que opinar sobre su situación, la primera reflexión que haría era que, durante los seis años que vivió en Londres con ellos y, ahora, durante los cuatro que llevaban en Barcelona, podía afirmar que la policía realmente era inservible. Al principio, cada vez que la luz roja y azul se reflejaban en sus cortinas o la sirena resonaba por su calle, temblaba como pajarillo asustado, rezando que no se detuvieran en su casa. Con el tiempo perdió el miedo, sobre todo cuando antes de mudarse, el ultimo cadáver que Jeremy había dejado en el bosque tenía rastros de su ADN, creando un camino claro hasta ellos. Aun así, la policía simplemente interrogó a los hermanos y los dejaron tranquilos, estos lo interpretaron como la señal de cambio de residencia. En Barcelona, era peor, aún no tenían ninguna línea clara de investigación.

El movimiento en la entrada del jardín hizo que desviara la mirada de las flores ahí, donde Jeremy se estaba fumando un cigarro, con la cara y camisa manchadas de sangre. No se alteró, su jardín tenía vallas muy altas, así que tenían más privacidad de la que habían buscado.

— Cuando vaya allí lo quiero todo como una patena. — Avisó con un tono suave, la mirada azul de Jeremy le quemó unos segundos antes de que asintiera dispuesto a tirar la colilla al suelo. — Ni lo pienses, tienes un cenicero a tu derecha. — Gruñó, su cuñado se rio tirándola en el cenicero y entrando sin decirle nada.

Oliver suspiró y se enderezó volviendo dentro, la música ya no se oía, pero sí las voces de su cuñado y marido. Se sentó en el primer escalón y observó los pies de la escalera, por suerte no podía ver el salón desde ahí, únicamente la entrada. Se quedó quieto escuchando como los mellizos discutían en inglés. Media hora más tarde ambos cruzaron por delante de la escalera con la alfombra apoyada en sus hombros. Jonathan se detuvo mirándolo con una sonrisa llena de cariño.

— Vamos a tirar la alfombra, esta vieja, iremos...

— No quiero saberlo. — Le cortó Oliver desviando su atención a la risa de Jeremy. — Aseguraos que destruyen bien la alfombra. — Jonathan asintió y caminó hasta la puerta que quedaba al lado de la escalera y daba al garaje. — Jeremy. — Lo llamó consiguiendo que lo mirara extrañado. — Si has vuelto a dejar un error pienso cantar como un pajarillo. — Jeremy sonrió ladinamente negando con suavidad, sorprendido por la valentía de su cuñado al decirle algo como eso.

— Pues ten cuidado pajarillo, porque a mí me encanta aplastarles la cabeza. — Jonathan se giró asestándole un puñetazo a la mejilla a su hermano, provocando que la alfombra se balanceara y estuviera a punto de caerse. — Relájate gorila, solo es un comentario inofensivo. — Dijo antes de abrir la boca para aliviar el dolor de esa zona.

— No vuelvas amenazar a mi marido. — Le advirtió entrando en el garaje.

Cuando la puerta se cerró, se levantó con dificultad para ir hasta la cocina, aun sentía los residuos del dolor de la caída por todo su cuerpo. Se detuvo en la entrada, mirando el salón, totalmente impoluto, y suspiró molesto al notar el olor de la lejía tan concentrado.

Antes de empezar a cocinar abrió todas las ventanas y dejó que la casa se ventilara. Sabía que lo que le había dicho Jeremy no era una amenaza vacía. Era cierto que él no lo había golpeado en ese momento, pero estaba seguro de que no dudaría en matarlo si hiciera falta. Ni siquiera su título de cuñado valía algo ante ese animal. Pero de la misma manera, sabía que eso no ocurriría, ya que traería la rotura de The Dicer, posiblemente el asesinato de uno de los componentes del sanguinolento dúo. Porque Jonathan tampoco dudaría en matar a su mellizo en el caso de que Oliver sufriera el mínimo daño, sin importar los lazos familiares que hubiera de por medio.

Eso no evitaba que viviera en alerta, que las visitas de su cuñado estuvieran pintadas por la tensión, o que siempre llevará una pequeña navaja cuando este estaba cerca. Guardó los botes de productos de limpieza que estos habían dejado olvidados, escuchando unos arañazos desde la puerta del despacho. Frunció el ceño y caminó hacia allí con un poco de miedo, estaba seguro de que su pareja no habría dejado ningún cabo suelto, pero podría haber otro ladrón. Se asomó y se felicitó por su idea de poner la puerta de cristal en el despacho, pudo ver como Lucky rascaba la puerta y lloraba. La abrió y acaricio al Dóberman que se restregó contra su pierna buscando cariño.

— ¿Papi te ha dejado encerrado? — Preguntó arrodillándose y acariciando detrás de la oreja. — Seguro ha sido Jeremy, Jonathan te hubiera subido conmigo. — Murmuró antes de que el perro saliera al jardín.

Oliver simplemente salió y se quedó mirando todas las flores que ahí había, la mitad de ellas representando un asesinato, la otra mitad con significado desconocido. Sacó un cigarrillo y comenzó a fumar mientras negaba con suavidad. Odiaba ser tan consciente de lo que hacia su pareja, hacia que se sintiera mal, como un cómplice. Por eso había sido feliz en Londres, allí solo sabia cuando se iba y cuando volvía, sin ser conocedor de lo que hacían, en Barcelona había tenido que presenciar algunas cosas que le hicieron más consciente de lo que pasaba.

Caminó hacia la cocina y empezó a preparar la comida, esperaba que Jeremy no volviera, había compartido demasiado tiempo con él. Cuando ya tenía casi todo acabado la puerta se abrió y giró la cabeza sonriéndole a su marido. Jonathan dejó las llaves junto a la bolsa que llevaba en sus manos encima de la isla, se acercó abrazándole por la espalda y dejó un beso en su cuello, el más bajo se rio apagando el fuego y apoyándose en el pecho de su marido.

— ¿Te sigue doliendo darling? — Preguntó dejando un beso en la mejilla.

— No, lo has curado demasiado bien. — Murmuró, notando la risa de su esposo contra la mejilla. — ¿Mañana iras a trabajar? — Preguntó ignorando la flor que se asomaba por la bolsa.

— Mmm, sí, Jeremy está preocupado sobre el caso que tenemos entre manos y ha insistido en que nos reunamos con el cliente. — Murmuró separándose para empezar a poner la mesa.

Oliver lo miró de reojo y negó con suavidad, viendo como Lucky entraba corriendo en busca de la atención de su otro dueño. La falsa imagen de familia normal a la que se aferraba como si fuera un clavo ardiendo.

— Planta esto y comamos, pienso pasarme la tarde tumbado en el sofá y dejando que mi cabeza acabe de sanar, mañana tengo que diseñar una página web. — Murmuró emplatando la comida, tragándose la impotencia que le causaba tener que competir, inconscientemente, con el sádico de Jeremy por la atención de su marido.

Jonathan lo miró ligeramente tenso por el tono de voz, sabía que a Oliver no le gustaba estas situaciones, a él tampoco. Pero había ocasiones que no se podían evitar. Agarró la plantan y salió al jardín, se puso los guantes antes de plantarla notando la presencia del perro a su alrededor, hizo un pequeño agujero y la puso ahí tapando las raíces con tierra, para finalmente ponerle un poco de agua. Una nueva flor de acónito, preparada para ser útil en otro momento.

Ese jardín era la imagen clara de que su lado oscuro a veces era demasiado exigente, como el ansia de dolor y sangre era demandante. Y a su vez la representación de la debilidad, mostrando como dejaba que la influencia de Jeremy muchas veces ganara. Acarició los pétalos de una flor de belladona y sonrió, hacia mucho que no hacía nada en solitario, últimamente era básicamente ayudar a su hermano o hacerlo conjuntamente. Quizás era hora de darse un capricho.