Ecos del portal
Todo inicia en una dimensión completamente oscura. De la nada, se escucha un fuerte rugido y, entre la oscuridad, se ve cómo se abre una especie de portal que ilumina toda la sala con un rojo sangre, mientras las paredes crujen. El color rojo ilumina toda la sala.
En un cambio de escena, conocemos a Fran, Lucas —mejores amigos— y a Jorge, un amante de las teorías conspirativas. Eran adolescentes de 17 años que vivían en Rarología.
Un día, Fran, Jorge y Lucas fueron a explorar, pero después de caminar por horas, Lucas se detuvo a preguntar:
—¿Dónde nos estamos dirigiendo? —dijo.
Fran respondió con voz firme pero amable:
—Nos estamos dirigiendo a la escuela abandonada.
Lucas, con curiosidad y cansancio, preguntó:
—¿Para qué? Si ya sabemos que cerró por remodelaciones.
Jorge, contradiciéndolo mientras sacaba un cuaderno de su maleta, dijo:
—He estado investigando y me he dado cuenta de que algo raro sucede, porque hay militares armados y, desde hace tres meses, están llegando científicos con trajes de protección contra la radiación. Además, el 90 % de los niños que estudiaban allí han desaparecido.
En ese momento sonó la alarma del reloj de Jorge y Lucas dijo:
—¡La escuela! Tenemos que ir o reprobaremos.
Fran, con desánimo, preguntó:
—¿Por qué estamos tan cerca?
Lucas, estresado, respondió:
—Por dos motivos: el primero, reprobaremos si faltamos; y el segundo, esta zona está prohibida. Si nos ven, no dudarán en dispararnos en la cabeza. ¿Entiendes o no?
Fran respondió:
—Está bien, vamos.
Al llegar a la escuela, Fran se quedó atónito al ver a Luna, pero Lucas se acercó y le dijo:
—Cierra la boca, se te cae la baba. Si tanto te gusta, háblale.
En ese momento sonó la campana y todos se dirigieron a clases. Cuando Fran, Lucas y Jorge llegaron a su salón, se sentaron y llegó su profesor, que con voz amable dijo:
—Buenos días. El día de hoy vamos a hablar del magnetismo de una brújula, pero necesito un ayudante para hacer el ejemplo. ¿Fran, puedes venir?
Fran se levantó lentamente de su puesto e inició a acercarse al profesor, pero mientras caminaba, la tierra comenzó a temblar. Los niños empezaron a gritar y llorar; las calles eran un caos, con gente corriendo y buscando protección. Los niños de la escuela también buscaban refugio, mientras la tierra crujía tanto que parecía que se iba a partir en dos.
De la nada, todo se detuvo. Jorge observó la brújula y notó que todas las agujas apuntaban al norte. Por curiosidad, se levantó y, entre los escombros, se acercó al profesor. Sin embargo, cuando el profesor vio la brújula, esta estaba normal.
En ese momento sonó la campana y todos se dirigieron a la cafetería. Era extraño: todos parecían normales, como si el temblor nunca hubiera ocurrido. Claro, había personas asustadas, pero nadie había evacuado.