Os
Uraraka Ochaco.
Miraba el techo con la mirada perdida, había sucedido de nuevo y no había puesto la más mínima resistencia a lo que sabía que sucedería en cuanto él entró por esa puerta.
No se porque, o tal vez si pero no quiero admitirlo, seria dejarlo ganar y aumentar su ego, además de que era asqueroso ¿Como podría admitir que siente... eso, por su secuestrador y violador? Es muy injusto que su mente le haga algo como eso. Porque es su mente, su pobre mente que fue y es constantemente manipulada.
Porque me niego a creer que es algo que mi corazón siente... No por él, no puedo enamorarme de Izuku.
Lo veo abrocharse los pantalones al pie de la cama, colocándose el cinturón y la camisa, voltea a verme y eso me pone nerviosa, la verdad es que no doi mas. Estoy agotada. Solo una chica de 17 años que llamo la atención del tipo equivocado, y ni siquiera puedo decir que fue lo que le llamó mi atención.
La gente allí afuera no puede decir que me serví en bandeja de plata, siempre he sido nerviosa y tímida. Mucho menos usaba ropa corta o que revelará mucha piel ni siquiera maquillaje, no soy fan de sentir como la ropa se me adhiere como segunda piel y los cosméticos me causan alergias. Ni siquiera tengo amigos varones y siempre llegaba temprano a casa, mis padres tenían una biblioteca en casa así que tampoco salía a buscar libros.
Solo fue un pequeño momento en el que se descuido, no sabía que ese día sólo por salir veinte minutos tarde ayudando a la profesora de Historia, se marcaría mi fin. Se acercó como cualquier persona normal, no demostró ser una amenaza ¿Como habría sabido con esa sonrisa y amabilidad lo que se escondía detrás? ¿Como hubiera previsto que detrás de esas pecas se escondía un monstruo al acecho?
Se acerca a mi, ni siquiera puedo moverme, todo mi cuerpo duele y si me muevo tan solo un poco voy a llorar de dolor.
Izuku se sienta en la orilla más cercana a la cama y me mira fijamente, quisiera saber que piensa porque dentro de mi estoy imaginando que ha de estar pensando en mi siguiente tortura.
Abrió la boca y alzó su mano, instintivamente me encogi en mi lugar, con los ojos cerrados fuertemente y esperando el siguiente golpe, al no sentir su mano chocar en mi cara abrí uno de mis ojos dudativa.
Lo vi suspirar y levantarse, dándome la espalda y tomando la manta al final de la cama y extendiendola sobre mi para cubrirme. Vaya, eso es extraño, nunca había hecho algo así en estos tres meses.
— Deja de creer que te golpeare, Ochaco — me miró de reojo, parecía estar ordenandomelo como siempre, pero esta vez sonaba a petición y algo, solo un poco, de súplica ¿Pero qué esperaba? Me secuestro, violo, no me deja ver la luz del sol y ni siquiera tengo ropa interior para usar. — Soy un monstruo, pero no voy a golpearte
Me quede en silencio como siempre, solo quiero que se vaya como siempre, no que de repente quiera entablar una conversación conmigo porque no sucedera. Por Dios, no quiero confundirme mas, quiero que deje de intentar ser un caballero, porque se que esa actitud es falsa.
Después de todo fue la misma que me mostró ese día en la parada de autobus, cuando me pidió ayuda para dar con una dirección.
...
Me desperté desorientada, normalmente despierto adolorida pero últimamente que Midoriya no visita la habitación donde me encerro, con lo que estoy agradecida. Sin embargo, cuando me estoy poniendo los pantalones deportivos entra sin tocar y cuando ve que estoy poniendome apenas los pantalones se queda helado, se que es mi fin, de todas formas venía para eso, ¿no?
Para toda mi sorpresa se regresa y cierra la puerta, yo me apresuró a colocarme los pantalones y sentarme a la orilla de mi cama nerviosa, cinco minutos después la puerta suena, tardo en responder.
— Adelante
Entra, esta vez trae una bandeja en sus manos y se acerca a una mesita con dos sillas para dejarlo allí, me señala que me acerque a comer, desconfiada, lo hago, sentandome mientras veo como quita la tapa de plata para descubrir el desayuno; el típico americano de huevos, tocino, tostadas y fruta picada, al lado de un vaso con jugo de naranja.
Trago pesado, se ve delicioso, y hace tiempo que no como algo bueno... Pero esto podría estar envenenado, o trae algún somnifero... Lo miro con desconfianza — No tengo hambre
— No te estoy preguntando si tienes hambre, Ochaco — se sentó en la silla frente a mi — Estas muy delgada, come todo lo que traje, me encargare personalmente de tu alimentación apartir de ahora.
— ¿Ahora te preocupa mi salud? — me mordí la lengua al hablar así, había olvidado que este tipo podría matarme y enterrar mis huesos hechos cenizas si quisiera — Lo siento — balbuceo y bajo la mirada de sus ojos verdes.
— Esa es... La chica que conozco — lo mire sorprendida y estaba sonriendo sonrojado ¿Qué le pasa a este tipo? — Ya empezaba a ser aburrido que te mordieras la lengua, vamos. Muéstrame más de esa actitud tan fiera — me ordenó
— ¿Qué?
— Oh vamos~ — me dijo cantarin, tomó un trozo de fruta picada y lo metió a su boca, seguí ese movimiento hasta que trago — Yo estoy seguro de que no eres una princesa delicada, conozco personalmente que puedes dar buenos golpes
Apreté los labios ¿Sería posible que...? No, no no no, eso fue hace años, no volví a pisar un dojo desde los once porque todos decían que no era bien visto en una chica que practicara ese tipo de deportes, que eran para niños y las niñas solo debían saber cosas como la música, el arte, la cocina y los niños... No es que creyera en eso... Pero en una sociedad tan podrida... ¿Qué otra opción tenía?
Lo mire escéptica, no voy a creer lo que dice. Pero ese cabello, siento que lo vi antes, igual que las pecas y los ojos verdes, ¿Pero donde?
Mira la comida, decidí tomar el tenedor y meter todo en mi boca, rogando que estuviera envenenado y acabará con todo, no quiero ni pensar que alguien vio esa parte de mi que escondo con tanto ahínco.
— Ah~, nada está envenenado, Ochaco — lo escuche decir — No importa tampoco cuanto lo intentes, cariño. Recuerda que el pasado siempre vuelve Uraraka-san
Abrí mis ojos incrédula...
...
Izuku Midoriya
Golpee con fuerza donde me señaló el sensei, mi compañero; de cinta negra igual a mi, mantenía sus manos firmes y estáticas a la espera de que terminara.
— Muy bien hecho, Midoriya — me felicito Aizawa-sensei — Ayudame con una chica de cinta azul, necesito medir su avance en el centro del dojo y sus otros compañeros la subestiman o directamente la rechazan.
Asentí a sus palabras y lo acompañe a donde se dirigía, en medio del dojo había una chica de no más de 9 o 10 años pre-calentando, daba sus golpes firmes y fuertes, sin dudarlo.
Pero no entiendo porque el sensei quiere que sea yo el que peleé con ella, lo veo injusto, podrá estar practicando y verse fuerte, pero sigue teniendo 9. No es la típica excusa de que es una mujer, para mí eso no tiene nada de sentido, el género no influyen en la fuerza o inteligencia. Esto se trata de que ella es una niña pequeña y yo tengo 13, se que son solo cuatro años de diferencia, pero por eso mismo me preocupa.
Suspiro agotado, no tengo otra opción tampoco, si no doi mi plus ultra me van a castigar, lo presiento.
Me acerco al centro del dojo y sigo las instrucciones y reglas de Aizawa-sensei, la nena frente a mi hace lo mismo con un rostro serio, hacemos una pequeña reverencia y nos ponemos en posición de pelea.
Rápidamente soy azotado con una lluvia de golpes firmes y seguros, si no hubiera actuado rápido me habría golpeado en la cara o en las piernas. Empecé a esquivar y defender, leí sus movimientos identificando un patrón de golpes, fácilmente pude empezar a devolver los ataques. La regla principal era sencilla, el primero en salir del dojo o rendirse era el perdedor, pero veía esto muy fácil.
Con mis golpes poco a poco la lleve a la orilla, visualice mi triunfo y lo saboree, iba a ganar, estoy seguro. Sin embargo, cuando creí que por fin ganaba la pequeña tomó mi brazo y lo llevó a mi espalda, aplicando una especie de llave pero que tampoco contaba cómo tal.
Por un momento... Me había sentido un ganador, y ahora estoy; literalmente, mordiendo el piso. Golpee el piso con mi mano libre dándome por rendido, ella tenía un agarre firme y en sus ojos había una determinación increíble que no había visto jamás.
Bueno, si la había visto antes, pero la determinación de mi “ex-amigo” de la infancia no era precisamente el tipo de determinación que era cómoda y ilusionista. Su tipo de determinación constaba de dejar sangrando a los más abusivos.
Pero la determinación de ella era tan... Contagiosa, fuerte y noble.
Ah, no se que pasa conmigo ¿Por qué mi corazón late tan rápido?
...
Estábamos entrenado, entrenar con ella se había vuelto algo muy común desde ese día en el dojo hace dos años, la primera vez de muchas en la que mi corazón se aceleró.
Había intentado dejar esos sentimientos de lado, ella solo tenía nueve y yo trece, por mas que siguiera siendo un niño yo estaba entrando a la pubertad y, ella estaba en plena infancia. Mientras que mi voz cambiaba, mi manzana de Adán salía y mis facciones se endurecian, ella estaba jugando con sus amigas, jugando a las muñecas y usando lindos vestidos seguramente rosa y de moños. Mientras que yo tenía mis primeras erecciones y descubria todo lo relacionado a mi sexualidad y el porno, ella estaba haciendose trenzas, preocupandose por practicar y viendo películas Disney.
Debía dejar dejar de ver de esa manera a Uraraka-san, con toda la ternura que mi podrido ser albergaba. Aunque ahora tuviera once y estuviera entrando a la adolescencia, yo tenía quince años ya cumplidos, y aunque me cueste creerlo mi cuerpo pego un estirón, ya no soy tan enano, de hecho tengo la posibilidad de llegar a medir el metro ochenta, y no era tan delgado como antes cuando tenía trece, tenía lo que las niñas de mi salón llamaban cuadros de chocolate y las oía susurrar muchas veces que querían lavar su ropa en mi abdomen.
De cierta manera me gustaba tener la atención de las féminas, pero no provocaba en mi una sensación de querer tener algo con ellas, ni algo casual, ninguna de las que van en mi instituto podrían con toda mi mierda. Además de que mis erecciones matutinas se debían a cierta castaña que los protagonizaba, todo gracias a que ella cada día se volvía más bonita y hermosa, más fuerte e increíble, al menos así lo es a mis ojos. Lejos de gustarme me hacia sentir más culpable, pero no podía controlar mis sentimientos.
— ¡Izuku! — salí de mi ensimismamiento cuando caí al suelo ¿En qué momento? No lo sé, pero lo primero que vieron mis ojos fueron los de ella junto a un tierno puchero — Deja de andar pensando en quien sabrá qué y concéntrate — Si supieras que el motivo de mi desconcentracion eres tu...
Asentí mientras me levantaba — Lo siento — en realidad no, ¿porque lamentar pensar en tu fuerza y belleza natural?
Suspiro — Dejalo así — la vi tomar su bolso deportivo y guardar la botella de agua — Mejor... Otro día ¿De acuerdo? — me sonrió, y yo no podría decir que no a esa sonrisa... Joder, si Kacchan me viera diría que soy demasiado débil.
— Esta bien, te acompañó a la estación —
Ella asintió y fue a los vestidores a cambiarse, yo hice lo propio y cuando termine ella me estaba esperando afuera, con el bolso colgado en su hombro derecho — ¿Vamos? — asentí.
En todo el camino tuve que sostener su mano para evitar que cruzará sin mirar a los lados, ella se creía inmortal.
— Izuku
— Hm
— ¿Qué piensas... De huir? — me preguntó con la mirada perdida
— ¿A qué te refieres?
— De los problemas — en ese momento recordé mi hogar, o casa, no se siente como un hogar en realidad — ¿Qué piensas de huir de ellos? — preguntó de nuevo.
Me puse a pensar... ¿Qué sucedería si huyera de ellos? Si me alejara del Psicópata de mi padre, de la manipulación emocional de mamá y de las agresiónes físicas que sufro... ¿Qué pasaría si huyera de casa? De todo el caos, de las torturas físicas y psicológicas, del podrido mundo en el que mis padres se envolvieron y planean que me encargue... Solo pude llegar a una conclusión lógica
— Sería increíble poder hacer eso — no se si lo dije muy serio y sombrío, pero me había perdido en mis recuerdos y en la hermosa fantasía de huir de mi propia sangre.
— ¿Tu crees? — vi sus ojos brillar ilusiónados. ¿Qué sucede en su casa como para querer huir así? O tal vez no es en su casa, por mi experiencia se que sus padres son buenos y se aman, son un matrimonio estable ¿La escuela, tal vez? Sé por mano propia que los adolescentes pueden ser muy crueles.
— Pero al final todo vuelve — miró el metro frente a mí y como las personas entran para alcanzar un tren rápido, volteo mi mirada a la dulce chica de ojos marrones — Por más que huyamos del pasado, este siempre volverá, listo para meter sus garras en tu garganta y acabar con el aire sano a tu alrededor.
— Eso es muy sombrio, ahora me siento triste — sonreí con pena, puede ser muy madura aveces, pero sigue teniendo once
— Lo siento — seguía sin sentirlo... Mucho, después de todo es la verdad — Pero es la verdad, y prefiero ser yo quien te lo diga ahora. — Ella sonrió y miro el edificio un momento — Vas a llegar tarde, Uraraka-san, tus padres se van a preocupar.
— No te preocupes, tengo algo que hacer antes de subir
La mire con duda ¿A donde iría? Si iba a otro lugar la acompañaria, una niña de once no debería andar sola por la calle, si sus padres no venían a buscarla es porque yo siempre la acompaño al metro y confían en mi.
Iba a abrir mi boca dispuesto a preguntar e insistir a donde iría cuando sus labios probaron los míos y perdí el aire en mis pulmones, me estaba besando, de una manera tan tímida y dulce que me sentí puro con solo eso, estoy seguro de que es su primera vez dando un beso.
Por algún motivo mi mente solo podía pensar en sus labios, no había nada más que ella. Tomé sus mejillas de manera suave y la bese un poco profundo, pero no como para asustarla.
Atesorare este momento por siempre.
Pero ella no volvió al dojo al día siguiente, ni el que le seguía, ni esa semana, ni ese mes. Ella nunca volvió.
...
Uraraka Ochaco
Miraba fijamente la ventana de la nueva habitación que usaba, tenía barrotes en el balcón, pero por lo menos podía ver el sol y respirar aire fresco, aunque seguía sin usar ropa interior.
Empecé a tomar la misma figura de antes, mis huesos ya no se notaban y varias veces Izuku me dejó salir al jardín; bajo su estricta supervision y diciendo que era una cita, siempre buscaba sacar algún tema de conversación, al principio le seguí la corriente, pero cuando le pregunté porqué hizo... Eso, deje de dirigirle la palabra. Spoiler: Escucho decir a uno de mis compañeros que había tenido sexo conmigo; algo completamente falso, y por eso hizo lo que hizo.
Intentó hacer que le hablara de nuevo, explicando lo culpable que se sintió cuando se dio cuenta de lo que había hecho y que estaba intentando arreglarlo. Ya no le temía, desde que pude recordar que Izuku era el mismo que tomaba clases de Karate conmigo e impedía que me atropellara un carro deje de temerle.
— Ochaco, deja de ignorarme — voltee la mirada a las hermosas gardenias que estaban a un lado en el jardín, desde mi ventana tenía vista directa a esas flores, son mis favoritas — ¡¿Qué más tengo que hacer para que me perdones?!
Bufé agotada — Muerete
Sonrió burlon — No puedo, después llorarías por haberme perdido
Le devolví la sonrisa — ¿Por qué te extrañaria? ¿Tus 3cm te suben el ego?
Me miró enojado — Tu... — siseo, estoy segura que quería decir algo más, creo que se que es — olvidalo — se levantó y camino a la salida de la habitación derrotado — Tengo cosas que hacer, te traerán tu almuerzo dentro de poco.
Asentí, aunque el ya se había ido para cuando lo hice.
...
No se en que momento ocurrió todo. El humo, los disparos los policías entrando y tratando de sacarme de la mansión Yakusa. Todo fue tan repentino, yo estaba comiendo cuando empezó todo el escándalo.
Toci por el humo que entraba a mis pulmones ¿Dónde está Izuku? Este policía me arrastró por toda la mansión y él no apareció ¿y así dice que me ama? Bufé pero enseguida volví a toser. Me encaminaron por varios pasillos hasta que me sacaron de la mansión para ponerme en un lugar seguro. Ningún lugar es seguro, por Dios.
Escuche por un buen rato a dos detectives interrogarme, por una razón que no puedo entender mentí en la mayoría de las preguntas, y se me hizo muy fácil fingir tranquilidad por ser salvada. Por dentro estaba histérica ¿Como estará Izuku?
No tarde en escuchar por el intercomunicador del detective rubio malgeniado que había escapado pero estaba herido. Abrió mis ojos como platos, ellos lo interpretaron como miedo, en realidad sentía alivio.
...
Pasaron unos meses... Las cosas son raras desde que volví a mi casa, ya no podía sentirlo como un hogar, entendía que mis padres se preocuparon pero... No podía aguantar con todas las reglas que habían puesto.
No podía salir sin mi celular. Debía notificar cualquier cosa e informarles de cualquier lugar al que iba. No ayudar a nadie que no conociera y mis padres también. No ir a pijamadas con mis compañeras y ellos mismos pasaban a buscarme. La psicóloga decía que solo estaban asustados, pero se que esa señora también lo está, porque no he hablado de mis traumas del secuestro, si no del hostigamiento por parte de mis padres. La oí decir a los detectives que podía tener amnesia por trauma, una idea absurda de creer, pero también dijo que podía ser el síndrome de Estocolmo y evitaba el tema.
Era la segunda, estoy segura, investigue un poco de ello, pero no le diría nada a mis compañeros o a la gente en general, me tacharian de loca, yo misma lo hice.
...
Estaba yendo como normalmente a la salida de la escuela, estaba aburrida y mi cara lo dejaba ver. Ah, que vida tan solitaria.
Cuando llegue a la salida el auto de mis padres estaba allí, y mi madre estaba afuera esperando mi salida, me acerque a ella con paso lento y me recibió en sus brazos.
— Hola, hija ¿Qué tal tu día?
— Normal, bien, igual que siempre — dije indiferente y pasándole mi mochila
— Bien, vayamos a casa — sonrió.
Estaba apuntó de abrir la puerta trasera para entrar cuando sonidos de balas siendo disparadas se oyeron cerca de nosotras, nos agachamos al suelo detrás del auto. Sentí la adrenalina en mis venas, se sentía tan bien que...
— ¡Ochaco! — ¿Podía ser...? Alcé mis ojos a donde venía la voz y allí estaba, tan imponente como siempre, se acercó a mí y me hizo levantarme, yo seguía en shock, en serio vino por mi — ¡Rápido, vamos! — me guió al auto.
— ¡Ochaco hija! — voltee a ver a mi mamá, arrodillada en el suelo y llorando por ver que esta vez, yo me iba por cuenta propia — ¿Adonde... Por qué...?
Suspiré — Lo siento, mamá. Pero yo nunca pedí que me buscarán...
Sin mas me fui, corriendo con Izuku tomados de la mano.
Esta vez, con un nuevo inicio.