All For Love

Summary

■𝓗𝓪𝓻𝓻𝔂 𝓟𝓸𝓽𝓽𝓮𝓻 ▃ ▃ ▃ ▃ « Qu'est-ce que l'amour ? » ▃ ▃ ▃ ▃ ¿Qué es el amor? ━En dónde Lynx Le Fay conoce a un niño bastante peculiar en el mundo muggle... puede que su encuentro ya haya sido predestinado. ━Lynx, la que trae luz y felicidad a sus vidas con su brillante sonrisa y su encantadora apariencia. ¿Quién la ayudará mientras se pierde a si misma ayudando a otros? Porque todos son más importantes que ella. Aunque claro que un joven de ojos esmeralda no piensa lo mismo... ["¿Qué crees que significas para mí?" Él se derrumbó frente a ella, lucharon innumerables veces juntos y ahora ambos estaban rotos, ambos lloraban. Aún así, Lynx se siguió guardando todo, y Harry estaba desesperado. Ella se arrodilló frente a él y lo abrazó, con lagrimas cayendo sobre sus mejillas "Fui tu salvación... -susurró-, pero también soy mi perdición"] ❪ 𝙷𝙰𝚁𝚁𝚈 𝙿𝙾𝚃𝚃𝙴𝚁 𝙵𝙰𝙽𝙵𝙸𝙲𝚃𝙸𝙾𝙽 ❫ ━Basado en los libros de Harry Potter. ❥ Constantemente en edición ╰► ❪ written by Yg. ❫ ♥︎ ୨ ・゚

Genre
Fantasy
Author
Shia_Yg
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝟬𝟬𝟬. ♥︎ ‧₊˚┊ Prólogo


¿What was happening before Voldemort arrives?






Si hablamos de tragedias, la vida de Pyxis Black siempre tuvo una. Su madre, una mujer pelirroja de sangre pura, estuvo dispuesta a dejarla en la casa del hombre con el que pasó la noche.


O más bien, se podría decir que no tuvo otra opción.


Una bastarda, eso es lo que era. Orión Black, su padre, luego de reclamarla y cortar lazos con su madre la trajo a la mansión Black a la corta edad de tres años.


Su esposa, Walburga, le tiró una mirada desdeñosa cuando salió a recibirlos, mientras que dos niños de tres y cinco años la miraban de reojo al lado de su madre.


—La niña será útil —dijo el hombre, poniendo su mano en mi hombro.


Ella bufó.


—Más le vale —me miró de arriba a abajo.


Y la señora Black fue tolerante, al menos con ella, porque después de esa noche su matrimonio quedó arruinado.


El escándalo nunca salió en los periódicos, y cuando la dejaron ver en sus círculos sociales la presentaron como una Black, no una Shafiq, y la hermana melliza de Regulus Black.


La historia que se corrió por todas las familias sangre pura fue que, debido a que ella tuvo mala salud cuando nació, estuvo encerrada en la mansión recibiendo tratamiento.


Y los magos se lo tragaron. Porque Pyxis tenía la apariencia entera de una Black. Cabello negro oscuro y ojos grises, suficiente para ser tratada como perteneciente a la rama principal.


Y los tres niños con características iguales pasaron como hermanos.


Era como Orión y Walburga lo quisieron.


Durante un tiempo Regulus se mostró un tanto incómodo con ese hecho, aún era un niño, pero ya empezaba a aprender a esconder lo que sentía y no hablaba mucho con nadie más que con su hermano mayor, Sirius Black, el heredero.


Y vaya que tenía un gran genio. Aunque ella lo entendió, era una bastarda de su padre que habían aceptado para venderla en el mercado matrimonial de los puristas de sangre.


Lo supo cuando la señora Black empezó a organizar citas de juego con varios niños, hijos de las personas que mantenían su mismo pensamiento.


La noble y antiquísima casa Black. Ese fue el lugar donde Pyxis Hydra Black se crió.







—¡Ese niño! ¿A quien demonios se parece? —la voz de la señora Black se oyó desde temprano en la mañana, y estaba enfadadísima.


Sirius Orión Black, su primogénito y el que sería el siguiente jefe de la familia, había quedado en otra casa. No en slytherin, no en la casa de todos sus antepasados.


Y lo peor es que no se enteró por su hijo, que con el paso de los años se alejó de ella, sino por medio de los hijos de sus contactos, que le enviaron cartas de pena disfrazadas de burla.


—¡Gryffindor! ¡Que gran deshonra!


Muebles y vidrios se partieron en su habitación ante lo exaltada que estaba su magia.


—¡Cálmate, mujer! ¡Deja de destruir la casa! ¡Sólo mándale un vociferador! —le gritó Orión Black, entrando en la habitación.


Regulus y Pyxis se quedaron juntos en el pasillo. Con el paso de los años se acercaron, no eran mellizos, pero si medios hermanos, y ambos llegaron a apreciarse luego de tantas reuniones llenas de adultos, donde se escapaban a leer libros de magia.


Ambos se inclinaron cuando el hombre entró a la habitación.


Walburga, la madre de regulus, estaba hecha una fiera. Su cabello, antes perfectamente ordenado, estaba lleno de mechones sueltos y su expresión era de furia pura.


El papel tapiz se arrugaba cada vez más cuando otra onda de magia se alzaba con cada grito.


—¡¿Estás loco?! —otra copa se destruyó— ¡Y que esos niños sangre sucia escuchen nuestros problemas! —la mujer finalmente tomó su varita de la mesa, lanzándose un hechizo para arreglar su apariencia.


—¡Nos vamos a Hogwarts ahora mismo! —dijo, tirando la puerta.


Orión Black gruñó.


Los dos adultos salieron, pasando por ella y Regulus, la señora Black les dio una última mirada antes de salir de la mansión.


Él se volteó antes de irse.


—Quédense en silencio y vayan a la biblioteca. No se acerquen a la habitación de su madre, algún elfo lo limpiará en un minuto —se volteó sin más, dejándolos atrás.


Finalmente Regulus se permitió fruncir el ceño. Los dos niños tenían diez años, aún les faltaba un año más para entrar a cualquier escuela de magia, pero sea cual sea, ya no estarían con Sirius.


Pyxis nunca había sido muy cercana a él, el chico era todo un problema, y desde que empezó a darle la contra a su madre, Walburga se volvió violenta, y ahora casi siempre estaba enojada.


Esta fue la cereza del pastel que faltaba para que odie a su hijo por completo.


—Crees... ¿Crees que Sirius estará bien? —preguntó Regulus mientras caminaban a su habitación.


Pyxis lo miró pensativa. La niña no era cercana a Sirius, de hecho, ambos se ignoraban. Puede que incluso hubiera un tiempo en que la odiara cuando eran niños, aunque ya no ahora, solo nunca hablaron lo suficiente.


Sentía un poco de pena por él ahora que sus dos padres fueron a buscarlo; habría otra sesión de gritos por allá.


—Tu madre no le puede hacer nada mientras esté en Hogwarts —soltó—. Lo mejor sería que tampoco venga en navidad —murmuró.


Regulus bajo su cabeza. Ya extrañaba a su hermano y solo había pasado un mes, probablemente no lo vería hasta el año siguiente.


Cuando los señores de la casa regresaron, Walburga tenía ira contenida en sus ojos, mientras que Orión lucía fastidiado.


—¡Cómo es posible que me contestara a mí, su madre! ¡Esto es imposible!


—No puedes cambiarlo de casa.


—¡Escribiré cien cartas si es necesario!


—¿Puedes calmar—?


—¡Ustedes dos! —la mujer nos llamó a ambos.


Nos había atrapado mirándola desde la sala. A paso rápido se acercó a nosotros y se arrodilló, tomándonos de los brazos con fuerza.


—Escucha, Regulus —la mirada en sus ojos la hacía lucir como una loca—. Tu hermano acaba de decepcionar a tu madre, tú no serás así, ¿verdad? —su agarre empeoró.


—Sí, madre —susurró.


—Solo tú serás mi orgullo —se jactó—. Y tú, Pyxis —la mujer se volteó hacia ella —. Ni se te ocurra traerme un problema así si sabes lo que te conviene, niña —sus uñas se clavaron en su piel —. No creas que seré indulgente contigo porque te crié.


—Ya déjala, Walburga —dijo Orión, sacándose su gabardina—. Tenemos visitas en unas horas, no tenemos tiempo de lidiar con ellos.


Ella nos dejó ir, sonriéndonos como si tuviera un gran plan para que nosotros sí creciéramos escuchándola.







Bien, Sirius Black aguantó lo máximo que pudo antes de regresar a la mansión obligatoriamente en vacaciones.


Claro que no esperaba una bienvenida cálida, pero el silencio en su casa parecía sacada completamente de una de esas películas de terror muggles que un niño gryffindor enseñó en la sala común.


Aún recordaba el dolor en sus mejillas cuando ella le tiró una cachetada y sus anillos en la mano lo rasguñaron.


Lo había golpeado en la misma sala del director diciendo que era educación cuando fue a confrontarlo por no quedar en slytherin, pero la cara atónita de la jefa de su casa, Minerva McGonagall, lo hizo pensar que en realidad, no era normal.


Nunca había sentido tanta rabia y vergüenza como esa vez.


El lado positivo fue que tan pronto como fueron regresaron, aunque ahora Minnie era un poco más suave con él... solo un poco.


—Ya estás aquí.


Esa voz fría, pero tan conocida, lo hizo alzar la cabeza.


Su madre bajó por las escaleras con una inquietante tranquilidad, no era nada igual a la mujer que llegó a Hogwarts en plena tarde para gritarle en la cara.


Sus ojos duros e irreflexibles lo escanearon por completo e hizo una mueca.


Seguro que pensaba que su hijo lucía como un auténtico alborotador.


—Madre —resopló, obligándose a hablarle en un tono lleno de respeto —. ¿A que se debe esta cálida bienveni—


El dolor en su cachete lo hizo parar en seco, la mujer lo había vuelto a golpear.


—No me hables en ese tono —escupió —. De verdad me molestas, ¿sabes cuántas cartas he recibido de los padres de slytherin? Dicen que te vieron hablando con traidores de sangre.


Él se quedó callado y tragó saliva. Eso la irritó más.


—¿Por qué tienes que llenarme de vergüenza? —preguntó, golpeándolo en la otra mejilla.


Su mano lucía muchos más anillos que la última vez, lo que le hizo pensar que esta vez lo había hecho a propósito, para que sus decoraciones se incrustaran e hicieran sangrar pequeños pedazos de piel.


Su mejilla ardía como el fuego.


—¿Ahora te comió la lengua un ratón? ¡¿Por qué no lo hizo cuando defendías a esos sangre sucia!? —le cuestionó enojada, jalándolo del brazo —. ¡Vete a tu habitación, no quiero verte!


Sirius se había quedado paralizado ante la violencia de su madre, antes solo gritaba y lo jaloneaba, parecía que ahora la mujer había adquirido el mal gusto de usar golpes físicos.


Subió las escaleras a paso rápido, sin poder darle un vistazo a Pyxis a mitad de camino, y cerró la puerta de su cuarto, completamente frustrado con su queridísima madre.


Odio completamente regresar a esa casa.


Sus dos hermanos menores pasaban mucho más tiempo que él en sus habitaciones. Pyxis se rehusaba a mirarlo y cada vez que intentaba hablar con Regulus él le decía que le hiciera más caso a su madre.


Él se había puesto completamente del lado de esa bruja.


Quiso regresar a Hogwarts, y cada vez que veía a su progenitora lo extrañaba aún más. Ahí no había padres controladores, hermanos callados y elfos que lo odiaban aún más que su madre.


Sí, le hablaba a Kreacher.


Pero en comparación a todas esas cosas lo que más odio fue lo molesta que se volvió su madre. Siempre se quejaba por sus actitudes aunque fueran pequeñeces, y ahora él lo molestaba tanto como ver la cara de Pyxis cada cena familiar.


Ya entendía porque la niña pasaba todo el rato en su cuarto. Walburga se volvió controladora, no podías llevarle la contra porque su puño iba a llegar contra tu cara antes que eso.


La mujer ejercía su "disciplina" solo con él... y su media hermana menor.


Mientras tanto, Regulus se acomodó poco a poco en el papel del hijo perfecto. Era un claro hijo de mami.


¿Lo peor? Que Pyxis ni siquiera le decía nada a esa bruja, por más callada que estuviera, solo con verla existir la irritaba.


Los dos tenían parches en las mejillas y marcas ocultas.


En cada sección de golpes su hermana no soltaba ni un solo sonido. Tenía la sensación de que ella pensaba que todo era culpa suya.


Sirius apretó los dientes.


Estaba harto.


Muy harto.







Pyxis y Regulus recibieron su carta de Hogwarts dias antes de que Sirius llegara a la mansión.


Aquel veinticinco de junio sólo era el cumpleaños de su hermano, pero desde que ella llegó olvidaron el suyo y ahora solo había una sola fecha para ambos.


La carta traía una lista de libros para el primer año y los nombres de los profesores que las impartirían.


Walburga hizo una fiesta purista para nosotros aunque no nos importaba, pero en uno de esos cuartos ya nos había dicho que debíamos quedar en slytherin.


No importaba nada. Debíamos quedar si o sí en esa casa.


Al parecer, sus cien cartas mandadas al director no sirvieron de nada.


Albus Dumbledore tenía el coraje o la estupidez de ignorar a la esposa de un miembro privilegiado en el círculo de magos de sangre pura más antiguos.


Y ahora con Sirius en casa, la mansión se sentía asfixiante cuando recibíamos la furia de la señora Black una vez cada tres días. Claro que lo hizo con ella cuando él no estaba, pero con Sirius ahí la frecuencia se duplicó.


Al menos tenía a Kreacher que le llevaba medicina a escondidas.


Realmente esperaba ir a Hogwarts.


Para agosto, a pocas semanas para que empezara el nuevo inicio de clases la señora Black nos llevó a los tres al Callejón Diagón.


Parecía que ella era la madrastra de Sirius y mía, y solo la madre de Regulus.


En efecto, una mujer repulsiva. No podía esperar a dejarla.


Trajo las listas y fuimos a Flourish y Blotts a comprar los libros —con la mujer poniendo caras de asco al ver pasar a niños, a simple vista, hijos de muggles —porque era la tienda más completa del lugar.


Para las túnicas, la señora Black no se molestó en comprarlas en la "tiendecita de cuarta" de la familia Malkin. Ella las pidió a medida a su costurero.


Antes de ir por las varitas, Sirius se detuvo en una tienda de escobas.


Walburga le dio un rotundo no cuando el quería que se lo comprara. Ni loca dejaría que su decepción de hijo jugara contra los hijos de su círculo purista.


Sirius se escapó, corriendo enojado entre la multitud, y su madre solo pudo limitarse a observarlo con ojos que parecían pensar en matarlo, solo porque no pudo gritarle en este mar de gente.


Lo esperaba una paliza asegurada.


Rápidamente nos llevó a Ollivanders por nuestras varitas y por fin salir de este lugar.


Esperaba que Regulus y yo probáramos las varitas, pero ella se negó, diciendo que Regulus recibiría una varita antigua de la familia.


Al final, solo yo recibí una nueva varita ese día.







Solo diré unas pocas palabras: me lo esperaba.


El primero de septiembre fue finalmente apartada de esa mansión y su señora abusiva.


Tan pronto como los tres entramos en el tren, Sirius corrió hacia sus amigos y los abrazó con una gran sonrisa en la cara, una que no habíamos visto ni siquiera en nuestra niñez.


Regulus, a mi lado, no pudo ni siquiera despedirse, porque Sirius ya estaba avanzando con sus amigos sin voltear a mirarnos, o siquiera presentarnos.


Regulus bajo la cabeza, intentando que no se notara su decepción.


Yo fingí no verlo.


Ya me estaba acostumbrando a hacerlo.


Resoplé, de verdad no me importaba, pero a Regulus sí.


Los dos dimos media vuelta hacia otro vagón vacío.


Ninguno de los tres volteó.


Nos encontramos con muchos niños que conocíamos por sus padres, puristas hasta la médula.


Ahí estaban Avery Jr. y Evan Rosier, nos sentamos con ellos sin decir una palabra.


Sí, nos conocían a nosotros y nosotros a ellos, pero cada uno estaba centrado en sus propios problemas, cada uno de sus padres había cambiado.


Fuimos juntos en bote incluso cuando el semi gigante, Hadrid, separó a los de primer año con los demás.


Sirius no le dio ni una sola mirada su hermano.


Y era de esperarse.


En el comedor, con todos listos para recibir a los nuevos integrantes de sus casas, a pesar del bullicio inicial todo quedó en silencio cuando salieron los nombres de los mellizos Black.


Famosos por ser puristas completos y poseer una gran riqueza en su nombre cada miembro de la familia. Esos eran los Black, una familia que se hacía respetar con su gran historia y apariencia.


Con una cara inexpresiva, avance primero ante el sombrero seleccionador, pero antes de que me lo colocaran, a unos cuantos centímetros de mi cabeza, grito con un fuerte:


—¡SLYTHERIN!


Todos aplaudieron, claro que no se esperaban que pasara nuevamente el caso de Sirius, un Black en gryffindor, que ni siquiera pudo mirar a los ojos a su hermana.


Y al igual que yo, Regulus avanzó, pero esta vez, no le dedicó ni una sola reacción a su hermano mayor, que reía y jugaba con sus amigos sin responder su pregunta de ¿por qué nunca dijiste que tenías hermanos?


El sombrero volvió a gritar el nombre de la casa de serpientes.


Y mi hermano menor avanzó con los puños apretados hasta sentarse a mi lado. Una postura recta y una mirada altiva, esa era la actitud que debía tener un Black en público.


Nunca reírse exageradamente, ni hacer el ridículo.


Nunca como Sirius.









29 de agosto, 1976.


Este iba a ser el cuarto año de Hogwarts para Pyxis y Regulus Black.


¿Y cómo decirlo exactamente...? Bueno, la mansión se volvió un infierno en la tierra.


Walburga se volvió loca —creo que nunca estuvo cuerda— al igual que su esposo, empezaron a asistir más seguido a una reunión de... ¿una secta?


Era popular estos días. Los rumores en los círculos puristas hablaban de un "Señor Oscuro", pero nadie lo decía en voz alta.


Lo que sea que fuera, no era bueno.


Anteriormente iban unas veces al mes, ahora salían tanto que parecía que tenían otra mansión en algún lugar.


Bueno, Regulus y yo teníamos nuestras sospechas, pero no queríamos aventurarnos a confirmarlas.


La señora de la casa empezó a presionarnos aún más a nosotros dos ahora que estaba completamente decepcionada y hasta harta de su hijo mayor.


Y Sirius pareció tomárselo como un reto, porque esas vacaciones convirtió su cuarto en una habitación de Gryffindor, pero más alborotada... en todos los sentidos.


Las revistas de mujeres semidesnudas y posters iban por toda su habitación, además de, claro posters de quidditch, música muggle y todo pintado de rojo.


A su madre casi le da un infarto.


Ojalá se lo hubiera dado.


Ahora lo golpeaba y jaloneaba todos los días, y en consecuencia, también se desquitaba conmigo.


Y Regulus no podía hacer nada más que mantenerse al margen, eso también era lo que yo quería, y probablemente Sirius también.


En una de esas rutinas, Walburga empezó a tirar hechizos, solo para que Sirius la mirara conmigo rabia acumulada y le gritara: ¡desgraciada! En su cara.


Hubo una persecución por toda la mansión ese día.


Pero todo explotó el día siguiente.


Walburga llevaba semanas hirviendo, y Sirius fue simplemente la chispa equivocada en el momento perfecto.


Regulus salió para encontrarse con una chica de sangre pura en lugar de Sirius, pues él se mantuvo escondido en la casa y su madre no dejó de buscarlo.


Claro que pudo llamar a un elfo en ese momento para ir por él, pero la idea ni siquiera se la pasó por la cabeza.


Esa tarde, a la señora Black le llegó una carta. Ella había estado buscando posibles prometidas para él, pero todas las señoritas de clase alta la rechazaban sin darle una razón.


Esa carta lo narró todo. Parece que Sirius jugó con una chica con la que nunca debió de haberlo hecho.


Sangre pura y un apellido suficiente para mantenerla.


Estaba enojada con él por haber tenido una cita con ella y besar a una hija de muggles al día siguiente, lo llamó mujeriego y perro.


Y él realmente era las dos cosas.


¿La carta iba para él o para su madre? No importaba, la cosa es que Walburga Irma Black se dio cuenta de las payasadas que su hijo ingrato hacía en el colegio.


La señora Black explotó de sobremanera, ordenó a Kreacher traer a Sirius frente a ella mientras gritaba barbaridades con su boca.


El escándalo fue tal, que tuve que salir, e incluso su esposo indiferente, que nunca se metía en nada de la casa salió de su oficina con cara de fastidio por el escándalo.


La mansión entera crujía. Cada vez que abría una puerta, la oíamos gritar el nombre de Sirius como si quisiera arrancarle la piel.


—¡Mi señora! ¡Aquí tengo a su hijo! —Kreacher apareció gritando con un suave 'pop' y Sirius Black en su mano.


—¡Tráemelo en este instante! —los ojos de Walburga estaban desenfocados, su expresión era la de un demonio mismo.


Parecía realmente capaz de matar a su hijo en este instante.


La lámpara antigua parpadeaba una y otra vez.


—¡Pero qué mierda! —gritó Sirius en cuanto apareció arrodillado en el suelo— ¿Por qué tienes esa cara?


—¡TÚ! —la señora Black lo agarró de su cabello— ¡ERES UN TRAIDOR DE SANGRE! ¿UNA MUGGLE? ¡¿NO TIENES DECENCIA?! —gritó agitándolo de un lado a otro— INCLUSO TU PADRE LO HIZO CON ALGUIEN DE SANGRE PURA.


—¡Walburga! —el hombre acusado se exaltó.


—¡Señora Black! —intenté acercarme a quitarle la varita.


—¡PYXIS, NI UN PASO MÁS!


Su grito lleno de rencor acumulado me detuvo.


—¡Qué te pasa! —Sirius finalmente logró empujarla, haciendo que lo soltara y cayera— ¿¡Finalmente te volviste loca!?


—¡MALDITO DESAGRADECIDO! —Walburga tomó su varita del suelo— ¡OJALÁ NUNCA HUBIERAS NACIDO!


—¿Qué es esto? —se burló con sorna— ¿Maldices a tu propio hijo? ¡YO TAMBIÉN TE ODIO!


—¡Sirius! —se oyó la voz grave de Orión— ¡Esa no es manera de hablarle a tu madre!


—¿Qué madre? ¿Hablas de la mujer que me dio a luz? —la señaló.


—¡NO PUEDES HABLARME ASÍ! —su madre levantó su varita.


—¿Realmente me quieres matar? —Sirius retrocedió un paso, solo uno, antes de levantar su barbilla y gritar— ¡ERES TAN VENENOSA COMO UNA SERPIENTE!


—¡CRUCIO! —ella lanzó el hechizo.


Sirius no alcanzó a gritar; apenas un sonido raspado escapó de su garganta antes de que su cuerpo se arqueara contra el suelo.


Fue como si todos se hubieran quedado paralizados.


Walburga había usado una maldición imperdonable en su propio hijo. Ahora no sabía lo que me pasaría a mí.


—¡Carajo! —escupió Orión, acercándose a su esposa y tomándola del brazo— ¡Walburga, esta vez si te pasaste!


Finalmente pude moverme. Corrí a ayudarlo.


—¡¿Qué querías?! —gruñó— ¿Que me quedara a ver cómo me faltaba al respeto?


—¡Sí! —la agarró del brazo, retirándola de la habitación— ¿¡Sabes que dirá la gente de esto!?


Sirius tenía espasmos por todo el cuerpo, sin siquiera poder gritar de dolor.


Mis manos temblaban mientras lo sostenía.


No podía hacer nada.


Con un hechizo, hice levitar a Sirius una vez que se desmayó de dolor y lo llevé a su habitación.


Su respiración fue irregular de principio a fin, como si sus pulmones estuvieran llenos de agujas.


La mañana siguiente otro grito de Walburga hizo retumbar toda la casa.


—¡No está! ¡No está! —repitió— ¡Esa maldito escapó! ¡Ya no es más mi hijo!


La señora black se dirigió hacia el gran tapiz que llevaba los nombres de todos los black y lanzó un conjuro al que llevaba el bordado de Sirius.


La cara y su nombre se quemaron hasta dejarlo irreconocible.


Luego se volteó, con el sonido de sus tacones en cada paso, como si hubiera hecho algo que debió hacer desde el principio, pasando fríamente por mi lado.


Lo había repudiado.


La casa quedó en silencio. Un silencio enfermo.


No sabía que decirle a Regulus después de esto.








Una vez llegaron a Hogwarts, tan solo dos días después, vieron a Sirius al lado de James Potter, sonriendo levemente mientras sus amigos lo animaban.


Al menos ya sabíamos dónde se refugió.


Regulus se alejó refunfuñando.


Sirius se giró la cabeza al verme, pestañeó y me miró un tanto incómodo, pero agradecido.


Le devolví la mirada y seguí a Regulus.


En el comedor, cuando Albus Dumbledore comenzó su discurso, dijo algo que nos dejó a todos —Gryffindor— impacientes.


Había un estudiante de intercambio... ¿Hogwarts siquiera aceptaba algo como eso?


El chico venía de Beauxbatons, el Hogwarts de franceses, para su quinto año.


Cuando dio el pase, las puertas se abrieron, revelando a un adolescente de la misma edad que Sirius.


Todas las chicas contuvieron la respiración.


Era hermoso. Y, claramente, lo sabía.


Cabello rubio como el oro caía sobre su cara, con una sonrisa confiada caminó hasta el sombrero seleccionador y sonrió a todos antes de posar su mirada en la mesa de slytherin, más específicos, Pyxis.


Sus ojos hazel la observaron. Ella frunció el ceño y lo fulminó con sus ojos grises.


El chico levantó la comisura de sus labios.


Al pasar junto a la mesa de Slytherin, inclinó la cabeza apenas, como si saludara a un público invisible.


Era arrogante.


A ella le desagradó tan pronto como lo vio.


—Joven Le Fay, acérquese por favor —dijo Dumbledore acariciandose la barba con una sonrisa.


Los estudiantes se miraron a unos a otros al escuchar su apellido.


No era para menos, ese apellido, perteneciente a la poderosa maga oscura, Morgana Le Fay, fue una de las brujas más poderosas de la historia, enemiga al mismo nivel de Merlin y una de las primeras animagas de la historia.


En resumen, esa mujer era cien por ciento genial, pero no sabía que ella tenía descendencia.


Volví a levantar la cabeza para mirar al chico.


Su cabello rubio lo hacía parecer que usaba más magia de la luz que oscura, y sus ojos burlones al mirarla reflejaban claramente cómo era su personalidad.


Otro idiota.


Mire mi plato. No tenía hambre, así que me decidí a comer fruta.


—¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero seleccionador.


Todos voltearon a mirarlo perplejo, olvidándose de aplaudirlo por unos segundos antes de hacerlo.


El chico Le Fay sonrió, para luego acercarse paso a paso a la mesa de los Gryffindor, donde Sirius Black, James Potter, Remus Lupin y Peter Pettigrew lo esperaban con muchas preguntas.


—¡Wow! ¿De casualidad eres descendiente de Morgana le Fay? —preguntó James Potter a su lado, con Sirius secundándolo.


—Amigo, ¿qué shampoo usas? Tu cabello luce perfecto —gimió agarrando con pesar el suyo.


Vaya que amaba su pelo, el mismo que Walburga jaló como si fuera elástico.


Él les sonrió, una gran sonrisa cautivadora.


Las chicas detrás suspiraron.


—¡Hola! Mucho gusto, soy Atticus Le Fay —habló en un tono sospechosamente alto. Estaba casi segura de que todos lo habían escuchado —. Y sí, ella fue la fundadora de nuestra familia.


Su voz no tenía ningún problema a la hora de hablar el idioma, ¿de verdad era francés?


—¡Que genial! —le dijo Pettigrew con estrellas saliendo de sus ojos.


—¿Oh, y ustedes son? —se giró hacia los dos que hicieron preguntas tan indiscretas.


—James Potter —se señaló a sí mismo—. Y Sirius Black —agregó el mayor de ellos.


—¡Y yo soy Peter Pettigrew!


—Es un gusto —dijo el Le Fay, estrechándoles la mano—. Entonces, Sirius Black, si quieres, te puedo pasar mi rutina.


—¡Sí! ¡Muchas gracias, amigo!


—¡No hay problema! —se giró hacia Lupin —. Entonces... ¿tú eres?


Remus le dio una sonrisa amable, cerrando su libro y al igual que los otros tres, estrechándole la mano.


—Remus Lupin, un placer.


—El placer es mío, chicos. Nunca vi un cuarteto tan... sincronizado... como ustedes.


Potter se carcajeó.


—¡Vaya que lo somos!


Atticus levantó la mirada un instante y sus ojos hazel se volvieron a encontrar con los míos, como si verificara que seguía observando.


Le devolví la misma mirada que Walburga me daba cada vez que me veía.


Él solo volvió a sonreír.


—¿Pasa algo, Pyxis? —la chica de cabello rubio y vestimenta azul me preguntó.


—No es nada, Wesia —le respondí suspirando, mientras íbamos por el pasillo, agradeciendo que las clases empezaran mañana.


Pandora me miró con una sonrisa y me tomó del brazo tarareando.


—¡Te extrañé mucho, Pyxis! —la chica tenía un aura misteriosa— ¿Cómo está Regulus? Se fue a su sala común tan pronto como llegó —agregó preocupada.


—Hmm, no es un buen día para él.


—Oh, ¿pero cuándo lo es? Debería ser más—


—Disculpen, chicas —Atticus apareció, interrumpiendo a Pandora. Se giró hacia ella y le preguntó—. ¿Me permites llevármela un segundo?


Ella parpadeó antes de asentir y agregar:


—Vaya, ¡eres tú! El nuevo chico. ¡Adelante, mi amiga puede hablar contigo! de todas formas ya tenía que irme —se volteó soltando una pequeña risita mientras daba pequeños saltos.


Así fue como Pandora Wesia me vendió.


—¿Cómo te llamas preciosa? —preguntó Atticus con una sonrisa ladina y una postura relajada una vez que Pandora cruzó el umbral.


—Nada que te incumba, Le Fay.


—Vamos, tu hermano es Sirius Black, ¿no? Son casi idénticos, pero tú eres más bonita.


—Es tu primer día —lo fulminé con la mirada—, no te ganes enemigos.


Él levantó ambas manos.


—Bien, bien. Lo siento, quiero que empecemos bien —sacó una sonrisa traviesa. Creo que ya sabía porque quedó en Gryffindor—. Entonces, ¿tu nombre? —preguntó nuevamente intentando tomar mi mano.


Mis ojos fueron hacia la persona pelirroja detrás de él que acababa de entrar.


Mi salida.


—Ey, Evans —llamé a Lily, que apenas en su primer día ya cargaba y retiraba varios libros de la biblioteca.


—¿Black? —la chica miró a todos lados para ver si no se trataba de un hechizo, o si alguien más la había llamado— ¿pasó algo?


Reprimí el impulso de patear y tirar al chico al pasar a su lado y me concentré en ayudar a Evans a cargar algunos libros que llevaba.


—Déjame ayudarte, es demasiado para ti —le respondí con simpleza.


—Oh —ella se sonrojó y me sonrió—, muchas gracias.


Nunca había hablado realmente con Lily Evans, las dos pasábamos mucho tiempo en la biblioteca cada año, pero nunca intercambiamos palabras.


Ella era hija de muggles, sangre sucia, y yo una sangre pura.


Pero por evitar hablar al arrogante tipo detrás de mí estaba dispuesta a hacer cualquier cosa... incluso hablar con un Gryffindor.


Decir que le estaba robando libros y que me crean es fácil, solo por si alguien dice algo.


Ignoré la mano levantada de Atticus y caminé junto a Evans.


Aunque las dos paramos al escuchar la voz de dos tipos más.


—¡Lily! —gritó Potter a distancia, corriendo hacia ella.


Evans hizo una cara de fastidio.


Claro, no recordaba que esta chica también tenía ese gran problema.


—¡Lily! —volvió a gritar cuando solo estaba a unos cuantos pasos— ¡No puedo esperar a contarte mis vacaciones —la miró como si reprimiera sus ganas de abrazarla—. Te extrañé.


Potter... resultó ser... bastante intenso.


—Vaya, James —Atticus decidió acercarse, incluso mientras lo miraba con mala cara—. ¿La linda pelirroja es tu novia?


Potter se sonrojó mientras negaba como si le diera pena hablar de eso. Evans los miró con molestia.


—Para nada, ¡y no le digas linda! —se quejó con una sonrisa, dejando ver que él también lo creía— ¡Aún no lo es! Pero solo es cuestión de tiempo, ¿verdad?


James sonrió expectante, pero Lily solo lo negó fervientemente.


—El día que sea tu novia será cuando el Ministerio cambie por completo, James —dijo con una gran indiferencia en sus ojos esmeralda.


Aprendan de esta chica.


El nombrado se entristeció por un momento antes de decir:


—Bueno —le sonrió con dulzura—, intento número setenta y tres rechazado.


El Le Fay y yo hicimos una mueca.


—¿Ya terminaste, James? —Evans se acomodó los libros en sus brazos—. Tengo que irme.


Fue como si la cola de un pequeño venado apareciera detrás de él.


—¡Yo te puedo ayudar!


—No lo creo —le respondió.


—De hecho, creo que es una gran idea —agregó Atticus—. Tengo algo de que hablar con la hermosa chica a tu lado, señorita pelirroja.


Potter y Evans volvieron su vista a mi antes de mirarlo a él.


Entonces... ella se dio cuenta.


—Oh, por Godric —Evans se dirigió a Atticus—. Soy Lily Evans.


—Pronto Potter —agregó James.


—Soñar es gratis. Nunca pasará.


—Setenta y cuatro... —susurró.


Vaya dúo.


Atticus sonrió divertido hacia Lily y James.


—Es un gusto conocerte, señorita Evans, soy Atticus Le Fay.


Evans se sorprendió por oír ese apellido salir de su boca.


—Es un gusto de igual manera —respondió, algo incómoda por el saludo tan formal.


Un tipo verdaderamente arrogante.


—¡Lily! déjame ayudarte mientras él habla con tu amiga slytherin —se quejó.


Evans me miró a mí, y luego a Potter.


Reprimí las ganas de suspirar.


—Me temo que no será esta vez, Potter —lo rechacé.


—¡Sí! —Evans me dio la razón—. Después de que me ayude nos tenemos que poner al día. Lo entiendes, ¿verdad?


Potter gimió. Claro que lo entendía, es lo que él y sus amigos hacían cada vez que regresaban.


Los dos adolescentes me miraron, esperando mi confirmación.


—Es cierto —respondí.


—Ya la escucharon —sonrió —. Ahora déjennos irnos.


Los dos se hicieron a un lado y Evans y yo logramos pasar tranquilas.


Le di una mirada de reojo al nuevo alumno de intercambio.


Claramente entendí su tipo, mientras más lo alejabas, más sonreía e interesado estaba.


Cuando pasamos el umbral Evans me dio una mirada de agradecimiento.


Una chica bastante inteligente no era tan molesta.


Terminé ayudándola a llevar sus libros hasta el final.








—...Pero que... —James se ajustó los lentes.


—¿Son muy cercanas? —preguntó el Le Fay, acariciándose la barbilla.


—Ni un poco, es la primera vez que las veo hablar... ¿se hicieron amigas en secreto...?


—Mhm —Atticus pensó un poco—. Es linda.


—¿Disculpa? —James sintió que lo traicionaban—. Lo siento, amigo. Yo amo a Lily... ya encontrarás a alguien más que si te corresponderá.


Atticus se rió divertido.


—No te preocupes, James. La pelirroja es linda, pero no mi tipo —la boca de James se entreabrió como si hubiera escuchado la cosa más imposible del mundo.


—¡Lily! ¡Mi Lily es el tipo de todos!


—Me atrae más la chica a su lado —sonrió de oreja a oreja.


—La chica... —los ojos avellana de James se abrieron de la impresión—. ¡Imposible! ¿Estás hablando de Pyxis? ¿La hermana de Canuto? —preguntó atónito.


—Pyxis eh... —Atticus asintió—. Esas reacciones son lindas.


—¿Reacciones? ¡Qué reacciones! —negó una y otra vez— Ni siquiera sonríe... —pensó verla con una sonrisa y todo su cuerpo se estremeció.


—Es linda cuando frunce el ceño —agregó él.


—No puede ser ¡Hablamos de la hermana de Sirius! —se quejó como si hubieran pecado.


El Le Fay se volvió a carcajear a su lado.


—De todas formas es un alivio, pensé que te empezaba a atraer Lily.


—No, se nota que ustedes ya tienen algo. Yo voy por esa chica tan... —pensó en sus fríos ojos grises— carismática.


James lo tomó del hombro mientras reía.


—¡Estás tan mal como yo!








Vamos a decirlo sin más.


Su cuarto año en Hogwarts fue uno de los más raros.


Atticus Le Fay se integro perfectamente en el grupo creado por James, los merodeadores.


Los cinco se hicieron grandes amigos. Donde había un Black, había un Potter, y donde había un Potter, había un Le Fay y un Black.


Esos tres fueron el centro de todo.


Tres mentes brillantes —sí, aunque le costará admitirlo, su hermano era mínimamente más inteligente que los demás magos—, ocasionaron que el colegio se tambaleara ante cada broma.


Minerva McGonagall les hizo escribir más de ciento cincuenta cartas de reflexión cada uno.


Un solo Lupin no bastaba para contenerlos a los tres.


Deje de sentarme sola. Ya no estaba solo en compañía de Regulus —mi hermano menor favorito—, ni de Pandora. Había logrado una amistad secreta, pero profunda con Lily Evans.


Incluso la presencia de Atticus se volvió soportable a mitad de año.


En consecuencia, empecé a entender un poco más al círculo de Sirius. El único rescatable de ahí era el pobre Lupin, que tenía que hacer de madre y niñera con esos cuatro.


Sí, fue realmente divertido.


Pero debíamos recordar la realidad en la que estaba.


Walburga nos esperó con algo importante que decirnos en la mansión cuando Regulus y yo regresamos —obligatoriamente— para vacaciones.


Su círculo tan secreto y privado quería conocernos. El gran señor oscuro nos quería en su presencia.








14 de marzo, 1980.


En una camilla privada en San Mungo, una joven mujer, de cabellos negros oscuros y ondulados descansaba mientras sostenía a una pequeña bebé en sus brazos.


La bebé era una recién nacida, pero se podía notar levemente que su cabello sería pelirrojo, recordando al de su madrina, Lily Potter, aunque venía de su abuela, la madre de Pyxis.


La pequeña niña sostenía el dedo de su madre con sus pequeñas manos mientras dormía.


La mujer le dio una pequeña sonrisa a su hija.


Ese fue el día de nacimiento de Lynx Borealis Le Fay.


Un hombre entró a la habitación, su camisa llevaba los dos botones superiores sueltos y sus pantalones beige estaban arrugados.


—Cariño —la cariñosa voz de Atticus resonó en toda la habitación.


—Cállate un rato —su esposa lo ignoró.


—No puedo —gimió con frustración—. Tu hermano está haciendo un escándalo ahí afuera ¿puedes dejarlo pasar?


Pyxis puso los ojos en blanco mientras murmuraba maldiciones.


—Tomaré eso como un sí —el Le Fay se dio media vuelta—. Ya vuelvo cariño. No me extrañes tanto.


—Ni mi extriñis tinti —Pyxis repitió con burla una vez que se fue y ella pudo volver a contemplar a su hija.


La bebé aún mantenía sus ojos cerrados, mientras que su boca emitía suaves gorgoteos.


—Lynx —Pyxis la llamó—, tu padre es un idiota... un gran idiota —recalcó.


—Claro, y su madre es todo un encanto —respondió entrando a la habitación.


La mujer parpadeó sin vergüenza.


—No demoraste tanto, eres un dramático.


—Querida, sabes que—


—Quítate francés —Sirius Black, de veintiún años, apartó de un manotazo a su cuñado—. Pyxis, ¿esa es la pequeña Lynx?


Ella lo miró como si viera a un estúpido.


—Hija, tu tío también es un idiota... —repitió como si fuera una pena.


—Vamos, Pyxis. Deja de insultarnos —gruñó Sirius acercándose poco a poco a la camilla.


El Black observó a la bebé en los brazos de su hermana con cuidado.


—Así no parece que se desmayó en plena sala de espera, ¿verdad, querida? —Atticus se burló de Sirius con gracia.


—Tu tampoco eres mejor —lo señaló, asegurándose de mancharlo también—. Lily fue la que llamó a San Mungo, Ella, James y Remus no tardarán en llegar.


—Vienen esos tres—Atticus empezó a pensar, ignorando lo demás—. ¿Qué hay de Peter?


Sirius se encogió de hombros.


—Dijo que estaba ayudando a su abuela a organizar la casa, vendrá por la noche.


Atticus asintió, dando la señal de que lo entendía.


Aunque realmente no lo hacía.


—¿Y Pandora? —preguntó Pyxis.


—Ella no podrá venir hoy, nos visitará mañana —respondió Atticus.


La habitación quedó en silencio.


—¿Ya puedo cargar a mi sobrina? —Sirius volvió a preguntar, mirando a su hermana con ojos de perro.


Ella lo miró inexpresiva, alternando las miradas entre él y Atticus, quien tampoco había cargado a su hija aún.


—Puedes hacerlo —Pyxis lo permitió, tendiéndole a la niña.


Fue en ese momento que el adulto con mente de niño empezó a dudar.


—No, espera, ya no creo que sea buena idea —se apresuró a decir—. ¿Y si se me cae? —de solo pensar en eso palideció.


—Entonces te mataríamos —contestaron ambos padres al unísono—.


—¿Por qué responden igual? —bufó —.


—Solo cárgala, Sirius. Estuviste conmigo cuando nos enseñaron a sostener a un bebé.


Él infló las mejillas como un niño y dejó que la bebé se llevara toda su atención.


Tenía un leve puchero mientras se movía.


—Oh, por Merlin —los ojos del Black se abrieron como platos—. ¿Es pelirroja?


Miró a su hermana con extrañeza.


—Mi madre era pelirroja, Black —dijo sin emoción.


—Claro, es obvio, es justo lo que estaba pensando —se aclaró la garganta mientras veía a su cuñado.


Atticus lo fulminó con una sonrisa fingida.


—Si no quieres cargarla, déjame hacerlo. Mi querida esposa ha estado monopolizando su atención.


—Deja de quejarte.


—Soy su padre, amor.


—Yo la llevé por nueve meses.


—Sigan peleando—Sirius extendió los brazos hacia su pequeña sobrina mientras su madre lo observaba.


Pyxis lo dejó cargarla.


La pequeña Lynx dejó de agarrar las manos de su madre para luego agarrar las de su tío con sus pequeñas manitas.


—Godric —Sirius reprimió un chillido de emoción—. Es tan linda, ¿realmente es tu hija? —le preguntó en broma a su hermana.


Ella frunció el ceño.


—Es porque se parece a mí —se jactó el Le Fay.


La puerta se abrió de golpe, causando un gran estruendo y llevando a que Lynx llorara en los brazos de Sirius.


—¡Ya estamos aquí! —la voz de James Potter se escuchó en toda la sala.


—James, ¡no puedes entrar así! —Lily, con cinco meses de embarazo, le pegó en el hombro una y otra vez al escuchar a la bebé llorar.


—Buenas tardes, Pyxis. Lamento el escándalo —suspiró —. Felicidades por el bebé.


Lupin apareció con algunos regalos de los tres.


—Lo sentimos, no quisimos interrumpir —Remus se disculpó con pena, entrando rápidamente en el cuarto.


Una vez todos dentro, Sirius y Atticus fulminaron a James una y otra vez.


—Ah, ¡la pequeña Lynx ya está aquí! —James volvió a gritar, olvidándose del regaño de su esposa.


La bebé lloró nuevamente.


—Potter, un grito más —Pyxis lo calló— y Cyrus te sacará —señaló a Atticus, que ya tenía una vena en la frente.


—Lo siento —susurró apenado antes de correr hacia Sirius y volver a sonreír como si no importara.


—Wow —los ojos de James se abrieron, haciendo que Lily y Remus también se acercaran—, ¿una pelirroja? —ahogó un grito de emoción antes de voltearse hacia Lily, que también estaba perpleja.


—Lily flor, ¿sabes que significa eso? —le preguntó en un susurro—. ¡Ya tenemos a la novia del siguiente Potter!


Atticus crujió sus manos y Sirius lo miró con traición.


Lily y Remus negaron con la cabeza.


—¡Que linda pelirroja! No puedo esperar a verla junto a nuestro hi—


Atticus lo tomó del hombro con una gran sonrisa mientras Sirius se alejaba con Lily y Lupin.


—¿Entonces, hablas de mi hija recién nacida y tu hijo a meses de nacer, Potter? —le preguntó, pero su sonrisa no le llegaba a los ojos.


—Oh, amigo. Estaba bromeando... —James miró a su esposa pidiendo ayuda.


Lily apartó la mirada y Sirius le tendió a Lynx.


—Entre broma y broma la verdad se asoma —se burló Remus.


—Cornamenta, Lynx ni siquiera tiene edad para tener novio —Sirius se acercó, palmeando su espalda.


—¡Por eso digo que es una broma, Canuto! —se quejó con desesperación.


Pyxis se cruzó de brazos.


—Sáquenlo.


—¡No, esperen! —Atticus y Sirius lo tomaron de un brazo cada uno, alejándose hacia la puerta—. ¡Chicos! ¡Lily!


—Te veo más tarde, James —lo despidió su esposa, mientras ella y Remus observaban las facciones de la niña.


—Es pequeña —murmuró Remus, acariciando los pequeños cachetes de la niña con un solo dedo.


—Tiene tu nariz, Xia —agregó Lily con una cálida sonrisa.


—Mhm... —Pyxis asintió, viendo como intentaban sacar a James, que se aferraba a los bordes de la puerta.


—¡Estaré callado! —suplicó aferrándose al borde de madera— ¡Mi Lily está acá!


—¡Jálalo fuerte, Black!


—¡Eso es lo que hago!


Menudo escándalo.







31 de julio, 1980.


El tiempo pasaba realmente rápido.


—Cálmate cornamenta —suspiró Sirius, aunque el mismo estaba que temblaba—, Lily estará bien.


—Canuto tiene razón James, Lily es una de las personas mas fuertes que he conocido ya verás como dentro de poco saldrá con el bebé.


—Solo confía en ella James —habló Pyxis, sentada en la silla de espera, al lado de su esposo.


—Lunático, Canuto y mi hermosa Pyxis tienen razón —agregó Atticus con una gran sonrisa, ajeno a las miradas de sus amigos.


—Estás siendo dramático, James, Lily acaba de entrar en labor hace unas cuantas horas. Mi querida Lyn se tardó unas seis horas y Xia casi me rompe los dedos —dijo el Le Fay, recordando cuando nació su pequeña niña hace cuatro meses para luego ganarse un sopetón de su esposa.


—¿¡Pueden dejar de darse la razón entre ustedes mismos!?—gritó James ya hastiado de la forma de hablar de sus amigos dándose la razón unos a otros.


—¡Y no estoy siendo dramático, Atticus!


—De hecho —Remus se acomodó en su asiento—, ustedes dos son dramáticos. Literalmente te desmayaste cuando Pyxis empezó el labor de parto. Y James —se giró hacia su otro amigo—, cuando Lily rompió fuente nos llamaste y te terminaste desmayando una vez llegamos.


Los dos se callaron sonrojándose inmediatamente mientras Pyxis asentía hacia Remus y Sirius se carcajeaba a sus espaldas.


—¿A todo esto con quien dejaron a la pequeña Lyn? —Sirius preguntó por su adorada sobrina.


—Oh, tuve que preguntarle a a Pandora si podría hacerme el favor de cuidarla en lo que resta de la noche para poder venir.


—No podríamos traerla a San Mungo —añadió Atticus—, aún es muy pequeña y no queremos que se enferme —terminó de hablar, pensando en su hija y en cómo hizo un puchero cuando se fueron.


—Oh... —pudieron sentir que Sirius bajó sus orejas de perro.


—Bueno ya que estamos resolviendo dudas, ¿alguien sabe dónde está Peter? —pregunto su cuñado al sentir el ambiente triste que se estaba formando.


—Tal vez le haya surgido algún imprevisto con su madre... o se haya quedado dormido —James le respondió sin darle importancia al asunto, era el mejor día de su vida.


Sirius alzó sus hombros en señal de que él tampoco sabía.


Atticus miró a su Pyxis y frunció el ceño.


Habían mandado el patronus a cada uno de ellos para poder llegar a tiempo.


Y la actitud de Peter había estado bastante sospechosa desde hace unos meses, no fue al nacimiento de Lynx y ahora que Lily estaba apunto de dar a luz y él como uno de sus amigos no estaba ni se pronunció.


Los pensamientos de todos fueron interrumpidos por el grito de una enfermera.


—¡Es un varón! ¡Felicidades señora Potter!


Luego salió el doctor y anunció que el padre podría entrar a la sala. James se levantó del asiento como un resorte y entró rápidamente a la sala de Lily.


Los demás se quedaron esperando emocionados, olvidándose del tema anterior, esperando a que se les permitiera entrar.


Momentos después James abrió la puerta, sacó su cabeza y gritó:


—¡Chicos, ya pueden pasar!


Remus se encontraba emocionado ante la idea de conocer al pequeño, un nuevo bebé.


Sirius parecía apunto de hiperventilar de la emoción al igual que la primera vez que conoció a Lynx.


Atticus estaba igual, con una gran sonrisa de felicidad por sus amigos.


Pyxis era la más calmada de los tres, pero en sus ojos se podia notar la impaciencia que estaba sintiendo.


Entraron a la sala y vieron la adorable escena frente a ellos.


Ahí estaba Lily, con lágrimas en los ojos mientras le daba la bienvenida al mundo al nuevo integrante de la familia Potter. Y James, a su lado, miraba con cariño a su primogénito y a su esposa.


—El es Harry, Harry James Potter —anunciaron Lily y James con una gran sonrisa en sus caras, presentándolo.


—Es un hermoso bebé, Lily —empezó hablando Pyxis, agarrada del brazo de su Atticus.


—Muchas felicidades, amigo —siguió Remus.


—Desde acá le veo cara de que será todo un problemático en el futuro —mencionó el Le Fay riendo casualmente hasta que Pyxis le tiró un codazo.


Sirius seguía en shock mirando al pequeño hasta que finalmente reaccionó y dijo algo que sorprendió a todos.


—Amaré a esos dos niños, Harry y Lynx, definitivamente lo daré todo por ellos —dijo mirando a Harry con cariño y esmero.


—¿No tendrás hijos, Canuto? —le preguntó James, incrédulo, con la total atención de todos en la sala.


Sirius Black, el mujeriego, el perro, el hombre de una sola noche, el que coqueteaba con cada chica que veía... ¿no tendrá hijos?


—No sé si sea para mí, en mi corazón ya no hay ninguna dama —dijo haciendo una mueca —y no creo que llegue el día en que vuelva a amar profundamente a una...


Pyxis y Atticus cruzaron miradas.


—Prefiero ser libre de toda atadura y cuidar de estos pequeños que herederas mi fortuna.


Si lo que había dicho anteriormente los impacto, lo que dijo ahora los conmocionó de sobremanera.


No era poca cosa. Los black, tan antiguos como eran, poseían millones en sus bancos, sumándole a la herencia que Sirius obtuvo de su tío, Alphard Black.


Sin embargo Pyxis lo entendía, sufrieron casi lo mismo y sabía de la herida, que a pesar de todo este tiempo, aún no sana.


Su padre nunca fue uno, la mujer que él llamaba madre estaba loca y Regulus...


Pyxis simplemente dirigió su vista hacia los ojos de Sirius y le respondió:


—Respetó tu voluntad, Sirius.


Lily la secundó y también dio la aceptación a la voluntad de Sirius, James no podía estar más encantado.


—Estoy seguro que si no existiera Lily, James y Sirius serían pareja —agregó tranquilamente Atticus hacia Remus siendo escuchado por todos.


—Te doy la razón, incluso ahora esos dos no pueden estar lejos mucho tiempo del otro —dijo Remus con un tono burlón.


Para que hablaron, James y Sirius se pusieron a hacer los idiotas en medio del hospital, ganándose los dos un golpe de Pyxis en nombre de Lily, que seguía algo adolorida.


—Ahora que se calmaron, queremos decirles quién queremos que sea el padrino después de pensarlo mucho —Lily se encontraba mirando a James, con los ojos entrecerrados al ver que se le había olvidado.


—Oh, es cierto. Bueno chic—


—Esta claro que yo seré el padrino de Harry —declaró Atticus, interrumpiendo a James, en un tono orgulloso hacia Sirius.


—Deja de hacer el ridículo —lo riñó la antigua Black, mientras cargaba al pequeño Harry en sus brazos.


Atticus se quedó en silencio, dejando a James continuar hablando.


—Bien, como decía —fulminó al Le Fay—, me gustaría preguntarte, Canuto, si te gustaría ser el padrino de Harry, ya que Remus es el de la pequeña Lynxie.


—¡¿Estás bromeando, Cornamenta?! ¡Por supuesto que me gustaría! —gritó Sirius, emocionado con la idea, haciendo que Harry despertara y llorara.


El Black se cayó la boca.


Una vez que Harry se volvió a dormir, y Lily regañara a Sirius por gritar, volvieron al anuncio.


—Entonces está decidido. Sirius será el padrino de Harry —terminó de decir James, que con una sonrisa miraba a Sirius al igual que todos los presentes, menos Atticus, claro, que se encontraba dando quejidos lastimeros mientras Sirius se pavoneaba a su alrededor.


Pyxis y Remus pusieron los ojos en blanco y ella al no poder espabilarlos por cargar a Harry, Remus lo hizo dándoles un manotazo a los dos en el brazo.


Puede que no haya controlado su fuerza de hombre lobo...


Y ahora tenían a un black y a un Le fay lloriqueando en el suelo, Pyxis iba a pedirle a Remus que los volviera a golpear hasta que la voz de Lily la detuvo.


—Xia... ¿te gustaría ser la madrina de Harry? —Lily, con dulzura, le preguntó a su mejor amiga.


Estuvo a su lado desde su quinto año en Hogwarts, y ahora siendo ella la madrina de la encantadora Lynx, quería hacerle la misma propuesta.


—¿Enserio estás preguntando, Lily? —ella respondió en un tono burlón—. Claro que me encantaría —le dedicó una pequeña sonrisa, casi imperceptible.


—Ah, ni siquiera a mí me sonríes así, querida —Atticus hizo un puchero, muy similar al que hacía Lyn.


—Ya déjalo —lo riñó, volviendo a su expresión anterior.


—Xia, ¡sonríe más seguido! —Lily levantó las comisuras de sus labios, riendo de alegría.


Remus y Sirius siguieron jugando con sus amigos, con el pequeño Harry en medio.


—Amor, sigo aquí...—James fue completamente ignorado.








En un cuarto completamente oscuro, solo una vela, con un recipiente de oro, iluminaba un escritorio lleno de papeles y cartas por doquier.


La atmósfera era secreta, prohibida y letal. Como si no debiera estar pasando.


La mano de una mujer sostenía una pluma mientras escribía sobre la hoja y las palabras desaparecían por segundo.


Si te fijabas bien, los sobres antiguos alrededor de ella y ya abiertos estaban marcados: R.A.B.


Sus ojos grises, carentes de emoción examinaron las letras hasta que terminaran de moverse.


La mujer no hizo ninguna expresión al terminar de llenar el papel, y se levantó del escritorio con un suave movimiento.


Su cabello oscuro resaltó bajo el fuego de la pequeña flama, y Pyxis Le Fay la apagó con un suave soplido, saliendo de la habitación.



▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃


Marauders are not just friends, they are family.