El Legado de los De' Rosas

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Summary

Vega, la princesa más joven de la familia De’Rosas, descubre una maldición que amenaza con su vida. Cuando el caballero Hazekiel la salva durante uno de sus episodios nocturnos, ella descubre su identidad como brujo. Entonces que forman un pacto donde la magia es un pecado. Solo juntos podrán desafiar el poder que los ha condenado. (Capítulos 2000 - 3000 palabras. Historia en pausa)

Status
Ongoing
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15
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16+

Uno

Sus ojos dorados se tornaron esmeralda, que la vistió a su vez. Su piel bronceada irradiaba cual oro a la luz de la luna. El suave soplar del viento jugaba con sus cabellos castaños que ignoraban el patrón de su trenza; con su camisón danzaba a la par. Su mano estaba extendida hacia adelante como si tratara de alcanzar algo, pero su ligero pisar decía todo lo contrario, cada uno de sus pasos la llevaba a su cruel destino: un acantilado que delimitaba los alrededores del castillo De Rosas.

El crujir del pasto sonaba como la fatalidad misma. Cada vez más cerca del destino que predecía sus pesadillas. El viento sopló más fuerte como aliado de la muerte. Levantó su pie, alzándose sobre la nada, y cuando estaba a punto de dejar su peso caer al vacío, unos brazos se enlazaron como cadenas alrededor de su cintura.

Su cuerpo se tambaleó hacia atrás, y los mismos brazos sostuvieron su cabeza y cuerpo de una forma tan abrupta que la hizo despertar. Una mirada asustada se reveló en sus ojos. Y justamente, se clavaron en los de él. El sudor se escurría por su frente, su pecho subía y bajaba, y esos ojos gritaban una desesperación y un alivio en sinfonía.

Se contemplaron el uno al otro, sus corazones latiendo con la velocidad de una ráfaga, con ojos que deslumbraban en un misticismo extrañamente familiar. No fue hasta que los párpados de la chica se tocaron un par de veces, que por fin su mirar comenzó a tratar de sacar cuanta información pudiese para calmar sus pensamientos.

—¿Qué... qué está pasando...? ¿Quién?...

—Relájate... todo está bien ahora... —Puso las palabras en su boca con la mayor delicadeza posible—. Soy Sir Hazekiel Lynn, para servirle, señorita.

—¿Sir... Haze...? ¿Un caballero...?

Él asintió.

Un sudor frío recorrió su frente mientras sus manos temblaron con vida propia. Haze lo notó. Tenía que tranquilizarla antes de causar malentendidos, pero entre los pensamientos de la joven surgió un abismo de sospechas ante la idea de que tal vez él era el causante de esa situación, con sus ojos buscando confort, cuyo intento solo pareció confirmar la paranoia.

—¿Qué estoy haciendo aquí? ¡¿Qué está pasando?! —Sus brazos se apartaron de su pecho, pero los de él se aferraron más a ella en un intento desesperado de mantener el control.

—¡¿Qué quiere de mí?! —gritó la joven, forcejeando.

—No te preocupes. Todo está bien. ¡No voy a lastimarte!

Aunque su abrazo estaba destinado a ser protector, su indignación no dudó en soltar la presión que tenía para sostenerla en su pavor hasta que la liberó. Ella se alejó lo suficiente. Sus miradas se convirtieron en el reflejo la una de la otra. Los brazos del caballero quedaron en la misma posición desde que la soltó, tratando de procesar lo sucedido, mientras que los de ella estaban tensos y con sus puños preparados para lanzar un ataque.

—No quiero nada de ti —declaró el joven—. Solo quiero ayudarte. Estabas-

—¿Cómo sé que no me mientes? —Su mirada se alzó. Y su voz, si bien agresiva, manifestó una templanza orgullosa. Las manos de él se alzaron como gesto de calma.

—Si quisiera hacerte daño, ya lo habría hecho.

Sus labios dibujaron una mueca indignada, con ojos que parecían estar a punto de carcomerlo. Estuvo a punto de restregarle en la cara que era un vil y desgraciado. Un hombre sin honor.

Pero una vez que observó la mirada del rubio pudo leer la verdad en sus pupilas temblorosas. La rigidez de sus músculos comenzó a desvanecerse. Pero su cabeza seguía dando tantas vueltas que sus manos se aferraron nuevamente para proteger su pecho. Él se percató.

— Por favor, no tengas miedo. No voy a lastimarte Lo prometo. — Caminó con cautela, su cuerpo caído, tratando detransmitirle por lo menos algo de seguridad, cosa que funcionó, pues su abrazo dejó de ser tan defensivo.

—¿Qué... qué estaba haciendo? —preguntó en una voz áspera.

—Estaba inconsciente— declaró—. Estabas a punto de caer porelacantilado. Pero pude atraparte a tiempo.

—¿El acantilado?

—Así es.

Ella se mordió las uñas.

—Oh no... esto es malo, esto es malo...

—No tenga miedo. Está a salvo ahora. Estoy aquí para ayudarla, señorita.

Ella se llevó la mano a la cabeza. Acababa de enterarse de que sus más locas pesadillas podrían ser una predicción. Respiró hondo, dejando de lado las imágenes fatídicas para dejar su mente en blanco. Su cuerpo recuperó firmeza, pero ahora con un agradecimiento notable en su recelo ligeramente bajo, y con sus mejillas coloradas. Tragó hondo.

—Agradezco que me haya salvado. Y, perdone mi comportamiento, señor. — Inclinó la cabeza con cordialidad.

Él sonrió de lado, complacido por su disculpa

—No se preocupe por eso. —Se inclinó con las manos en la espalda.

—Es comprensible actuar con recelo, especialmente ennuestra situación. No se preocupe.

Ella asintió.

—¿Hay algo que pueda hacer para hacerle sentir mejor?

—Estoy bien. Gracias —contestó ella, girándose para continuar su camino.

—¡E-Espere! —replicó Hazekiel —. ¿A dónde se va?

—Tengo que irme.

—¿Está segura de que quiere irse así?— Hazekiel emprendió camino junto a ella con paso acelerado hasta poder ubicarse a su lado.

—Temo que usted pueda perderse en este bosque, señorita.

—Conozco este bosque como la palma de mi mano.

—Si usted lo dice, supongo.

Se percató que ni siquiera pensaba en conectar de nuevo con la mirada. Su rostro se arrugó a la leve grosería. Pero apareció entonces la sensación de un nudo en el estómago, cual se acrecentaba entre más analizaba su decaída postura.

—Señorita... ¿Está segura de que quiere seguir sola?

—Sí.

—¿Está segura de...?

—¡SÍ! —Elevó la voz entre suspiros.

Se giró hacía él, furiosa al principio. Sin embargo, le llegó un pinchazo en el corazón al observar con detenimiento la sorpresa atónita del muchacho, tan frágil como desorientada. Por un momento se vio como la persona más cruel del mundo.

Llevó sus manos a su cara, cubriendo desde los ojos hasta la barbilla.

—Lo lamento. No debería haber gritado. —Bajó su brazo con recelo

—Tal vez, le ha desilusionado que su princesa hable de esta manera.

El soldado quedó congelado por segundos hasta que procesó toda la información.

—¿A-acabas de decir princesa?

El rostro de Vega se levantó hasta encontrar la mirada sorprendida entre uno y otro.

—¿No tienes idea de quién soy?

—N-no sabía...

—Soy la Princesa de Adeira, Vega De Rosas —alegó con naturalidad.

Hazekiel volvió a quedarse inmóvil por un instante. Fue entonces como cayó arrodillado al suelo, con los puños apretados y temblorosos. Una gota de sudor frío resbaló por su frente, pensando en las posibles consecuencias de su error.

—L-lo lamento, su alteza. No tenía idea de que era usted. Princesa, perdóneme por mi acto de ignorancia.

Hazekiel intentó ocultar su bochorno enmascarándolo por la firmeza de su voz. No era algo que Vega no hubiera presenciado o con lo que no estuviera familiarizada. Fue entonces cuando Haze la escuchó. Su comportamiento le había sacado una pequeña sonrisa y después su risilla divertida.

—Hazekiel, ¿cierto? Qué nombre tan extraño.

La tranquilidad se transmitió a Haze, quien tampoco pudo evitar reír con alivio.

—"Oscuridad" en su traducción, ya veo. No parece alguien "oscuro", si me permite decirlo.

—Ella llevó sus dedos a sus labios con cierta picardía.

—Oh, eso es porque usted no me conoce, majestad.

—Su tono se volvió más grave.

Vega sonrió, disfrutando del juego. Luego, él llevó su suave mano a sus labios, dándole un beso áspero y frío en los nudillos, lo que hizo que la princesa perdiera su sonrisa. Sin embargo, él rio en medio de su inusual charla. La sonrisa de Vega se fue desvaneciendo poco a poco, volviéndose efímera.

Sus ojos brillaron al reencontrarse. Al soltar su agarre, ella retiró su mano con celeridad, frotándola para deshacer el efecto. Se reincorporó en cuestión de segundos.

—Señor Haz-

—Solo llámeme Haze. Insisto.

—Disculpe —respondió con vergüenza— ...Haze... ¿Podría acompañarme al castillo por favor?

—Sería un pla-

—Solo le pido por favor que no le comente nada a ninguno de mis hermanos. —Su tono fue autoritario. Él parpadeó un par de veces.

—Puedo acompañarla si así desea usted, pero necesito también establecer una condición.

—¿Condición?

—Solamente no quiero que mis superiores se enteren. Mucho menos sus propios hermanos, alteza.

—No se preocupe, tiene mi palabra.

Él asintió, y con distancia, ambos se propusieron internamente a seguir el recorrido sin la necesidad de una charla. Las hojas y frutos de los árboles eran acariciados por la brisa junto con sus cabellos, y la luz de la luna que brillaba en lo alto del cielo, siendo su único faro. Luego, los ojos de Haze se dirigieron nuevamente a los de la princesa, que también parecía estar distraída, pero con una expresión pensativa.

Vega, con la mirada perdida, analizaba la situación en que se encontró. Sus dedos se aferraron entre ellos. Repasó la voz que raspó sus oídos. Las manos callosas que acariciaron su cuerpo entero, cual sintió arder en llamas. Las ilusiones de fuego que la atravesaron cada vez que se acercaban, y cómo se le cerraba la garganta con cada segundo. Entonces su voz la sacó del trance.

—Perdón por la intromisión —dijo Haze—, pero ¿puedo saber qué hace una princesa como usted paseando sola por el bosque en plena noche?

Haze se mostró curioso. Y por parte de Vega no supo cómo contestar esa pregunta. Tragó saliva.

—Bueno... No sé qué hago aquí a estas horas. Pero, usualmente vengo aquí a pasar mi tarde libre, si es que esa información le ayuda.

—¿Sola?

—Así es.

—Wow. Me sorprende que alguien tan importante como usted vague por estos rumbos sin supervisión.

—Sí hay personas que me ven, pero no lo hacen muy de cerca. De hecho, jamás había sucedido esto de caminar inconsciente en la noche.

Haze permaneció mirando al cielo, intentando descifrar la inusual situación.

—Es un poco raro, ¿verdad? ¿Tiene algún recuerdo de lo que ocurrió antes de que despertara aquí?

—Solo el momento antes de acostarme

—Así que ¿estaba dormida antes de terminar aquí?

Vega respiró hondo, sabiendo el riesgo que corría y los posibles problemas que podía causar. Entonces el recuerdo fugaz la envolvió nuevamente. Mordió su labio inferior, buscando las palabras adecuadas

—Tuve un sueño extraño.

—¿Un sueño, alteza?

La expresión de Haze se volvió seria. Se volvió hacia la de ella.

—¿Le importaría contarme?

—No sé de qué serviría.

—Tal vez pueda aportar algo. Vega tomó un respiro antes de comenzar a contar su historia, su voz temblorosa mientras intentaba encontrar la forma adecuada de contarlo.

—Estaba atrapada en un lugar oscuro, y sentía como si almas... —No era la palabra exacta—, como si me arrastraran hacia la nada. Podía escuchar sus voces, susurrando mi nombre en un tono que parecía venir de las profundidades del infierno, si sabe a lo que me refiero. Cada palabra hacía que me dolieran los oídos, como si los perforaran.

Vega hizo una pausa, su mirada perdida en algún punto en el horizonte.

—Traté de luchar, pero de pronto perdí el equilibrio y caí en un abismo, como un vacío a mi alrededor, como si el mundo entero desapareciera. Y justo antes de que el miedo me consumiera por completo… me atrapaste.

Una mirada expectante se diriigió hacía él. Él siguió a su lado, con su misma expresión mientras escuchaba su relato. Él miró hacia otra dirección, reflexionando y teorizando sus posibles significados. Pero la respuesta era evidente en cada posibilidad que se le mostraba.

—Eso… Suena como algo premonitorio.

Era justo lo que ella no quería oír.

—Los sueños, como sabe, están llenos de significados, y en este mundo de magia, uno así es preocupante.

—No sea ridículo —replicó Vega con firmeza, pero sin volverse agresiva—. La magia no tiene nada que ver conmigo.

—Bueno, alteza, dada su descripción, uno así es preocupante.

Vega apretó su camisón con fuerza, conteniendo el deseo de demostrar su irritación. Haze siguió:

—Tal vez debería darle seriedad al asunto.

—¿Y qué pretende? ¿Que hable con una maldita?

Vega aceleró su paso, hasta no sentirlo a su lado. Se giró hacia atrás. Él estaba a unos metros de ella, demasiado serio.

—Una podría ser la clave de sus sueños tranquilos.

—Este asunto no tiene nada que ver con las malditas.

—Pues con todo respeto majestad, la magia del destino no se limita a solo las bru...

—No te atrevas a decir esa palabra.

Oyó cómo el metal de su armadura crujió con tensión. Él soltó un bufido.

—Discúlpeme majestad, pero debe saber que, a pesar de que su familia intente negarlo, la magia está presente. Y me atrevería a decir que es la que la atormenta en su sonambulismo.

—¡¿Quién se cree usted para alegar tal afirmación sobre mí y mi familia?! Y viniendo de un soldado.

—Diga lo que quiera. Negarlo no hará la diferencia ni romperá su hechizo.

—¿De qué estás hablando?

—Majestad, esto es serio, alguien podría-

—¡Basta! No quiero oír más.

Vega siguió con su camino, esta vez estando dispuesta a hacerlo en soledad. Haze mantuvo la postura y el silencio. Y así permaneció, detrás de ella. El viento de la noche comenzó a azotar con intensidad mientras avanzaban hacia el castillo De Rosas. La brecha silenciosa permanecía y ninguno se atrevía a quebrantarla, cada uno perdido en el mar de pensamientos y emociones.

Finalmente, Haze alzó la voz, lo suficiente para hacerse escuchado.

—Princesa, ¿cuál es el problema que la concierna tanto? ¿Es acaso el miedo pragmático.

Ella detuvo su andar. No giró, no se molestó en hacerlo. —

—No es tu asunto —no tardó en contestar.

Haze asintió con calma, con cierto grado de decepción. Intentó contener sus emociones, y para agregar al final:

—Ya veo. Es solo que sé que algo no anda bien. Tu mirada, tu actuar... ¿Qué escondes? Quisiera saber la manera en que pueda ayudarte. Pero entiendo y respeto tus deseos de guardarlo en tu corazón.

Volvió a hacerle reverencia, aunque Vega no correspondió de ninguna manera. Haze, a sus espaldas, quedó en silencio. Aún quedaba una preocupación más en él. Decidió ser lo bastante cuidadoso con su siguiente pregunta.

—¿Usted tiene alguien en quien confiar? Vega volvió a reaccionar, esta vez más irritada.

—¡Eso... ¡Esas cosas...! —Su actitud comenzó a bajar la intensidad cuando notó la rudeza en sus palabras.

— ¿P-por qué te interesa tanto mi vida?

—Me preocupa, Princesa. De verdad. Veo que sufres por algo, pero no sé por qué. Mi deber es protegerla de cualquier daño. A usted y a su familia.

—Podrás ser un soldado, no mi guardián. Así que no indagues en cosas que no son de tu incumbencia. La magia es un asunto que combatir, no sobre el que hablar. No caigas en rumores que podrían destruir lo que amas y conoces.

Vega volvió a su caminata. Haze denotó que, de hecho, no estaba enfadada. No tenía que decir ni una sola palabra, la tensión en sus cuerpos confirmaba por sí sola sus sospechas.

Estaba completamente decidido a dejarla en paz.—

—Buenas noches, Sir Haze.

EScuchó el soldado a la lejanía. Sus pies no se despegaron en un buen rato. No perdió de vista su silueta, incluso cuando se volvió un punto iluminado por la luna. Solo entonces dejó que el brillo azul se manifestara en sus ojos. Ladeó su rostro.

—Volveremos a vernos, princesa.8