Fecha cualquiera, sin especificar
En plena luz de la tarde, nacía una nueva existencia: Jason. Su madre no tuvo más remedio que parirlo “por ahí”, por donde la suerte decidiera. Ella, Olga, su madre, era obstinada y vivía odiando a los humanos. Incluso a ella misma. Pero ¡oh, cosa de la indecisión humana!, decía que iba a tratar a su hijo de manera diferente. Para ella, no sería una persona, sino su “hijo”, algo más allá del resto de “insufribles”. Y, cosa curiosa, al sentir a Jason pujar, se le olvidó eso de odiar a los humanos. En plena calle se puso a pedir ayuda como si su vida se fuera en ello. Afortunadamente fue ayudada y llevada al hospital.
En el hospital se escuchó el rumor de que había nacido el hijo de una habitante de calle. “Otro angelito más que tuvo mala suerte”, dejó escapar una enfermera. Todo esto llegó a oídos de su madre, pues hablaban de esto al otro lado de la pared de la habitación donde descansaba. Gritó. Se quejó. Su presión subió y tuvieron que sedarla para evitar que hiciera una locura. Mientras tanto su hijo era examinado y limpiado por las enfermeras encargadas. Lo movieron y examinaron por todos lados. Es como si fuera un juguete que podía ser manipulado en ese momento.
Su ombligo se hundía sobre su abdomen. Estaba barrigón y tenía un lunar en la nalga izquierda y otro en su cachete derecho. Tenía una expresión de estar malhumorado por estar vivo y no por haberse muerto en el proceso. O bueno, eso es lo que comentaron las enfermeras en ese momento. Lo cierto es que ese bebé recibió, de primera mano, las dos caras de la humanidad: por un lado, la calidez, vista al momento de ser concebido; y la otra, la fría y hasta de lástima, al comprender la incertidumbre que envolverá su vida. Pobrecito. Como cereza del pastel, fue diagnosticado con una enfermedad de la piel. Me gustaría decirles cual es, pero jamás se aclaró. “Es una piel delicada y muy fotosensible”, fueron las palabras del médico que lo atendió. Jason jamás fue a un hospital para preguntar por qué le ardía la piel al estar bajo el sol. Unas decían que sería un ladrón. Otras más optimistas, le bendecían y le pronosticaban un futuro próspero.
Pasó allí un mes y medio. La razón: los doctores y administrativos del hospital no se atrevían a firmar el sello de que el bebé fuera un desgraciado en sus primeros años de vida. Es decir, que se fuese con su madre. La duda de los médicos no estaban infundadas. Se hizo una investigación para averiguar qué clase de mujer era Olga. Las conclusiones: un desastre. La imagen pública que se tenía de ella era la de una mujer agazapada, lista para tirar la piedra y esconder la mano. “La vi quitarle de las manos la merienda a un niño”, fue un testimonio que se tomó como importante para este caso. Los doctores, en su facultad de especialistas, determinaron que si una persona es capaz de hacer algo así, ¿de qué no será capaz? Añadido a esto, se reportaron varios intentos de robo a locales de comida y de ropa. Tampoco faltan las historias de aventuras con hombres borrachos o desesperados.
Por más que muchos se quejaron y mostraron su inconformidad con la decisión, alegando que “algunos de ellos venían de una madre igual o peor, y que mírenlos: personas que se preocupan por otras personas”, se decidió no hacer sufrir a un niño inocente. Así, la custodia de su hijo fue perdida y lo internaron en un orfanato. Olga, al recibir la noticia, se encolerizó y trató de agredir a un enfermero que paseaba por la ciudad con el uniforme puesto. Fue llevada a comisaría y salió a los meses. Luego de este lío, su rastro se esfumó. Nadie sabe si murió, vive o está mejor. De igual manera, es una de “esas personas”, de las que nadie presta atención.
Este escenario especial es el inicio del “circo de Jason”, como algunos lo llamaron luego de leer esto. Haré de recopilador de lo que fue de su vida. Así que para comenzar de manera adecuada, fijémosle una fecha de nacimiento, ¿sí? ¿Un primero de diciembre? Perfecto. De todos modos, no importa, no le interesa a nadie.
1 de diciembre de 1978, fecha escogida para el nacimiento de Jason.