Young Lust || Wonton

Summary

Lujuria juvenil, vamos a hacerlo.

Genre
Erotica
Author
emovere96
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Mi mirada perdida en el camino polvoriento, de aquel desierto en medio de la nada. Me dice que debo despertar de este trance, que ya empezó la carrera de los diez mil dólares. Que debo al menos apretar mi maldito cinturón de seguridad, algo que me brinde la seguridad de seguir con vida. Después de fiársela al mismísimo Anton Lee, a pesar de haber sido advertido de en lo que me estaba metiendo. Parecía que todo me daba muy igual, estaba en una especie de trance.

Este en el que Anton me ha tenido, desde que se obsesiono con la idea de tenerme. Mi vida ya no se siente correcta, si no es estando bajo su dominio. He olvidado como se siente ser libre, como se siente no tenerle como dueño. Preguntándome siempre la razón, en que momento me volví tan dependiente de él. Era casi imposible de recordar, mi mente había desechado cada recuerdo. Un evidente trauma de vida, que he tratado de encubrir. Parpadeo pesado, mareado de mí.

El viento pega fuerte contra mis ojos y mi cabellera roja es un remolino en contra de la velocidad que subía. De reojo puedo centrarme en sus grandes manos, que manipulan los cambios del motor con gracia. Un Honda Civic negro, su bebé favorito para ganar. Porque en efecto si, a ellos también solía llamarlos bebé al montarlos. Justo como lo hacía conmigo, haciéndome casi una posesión más de su deseo. A mí también me había comprado con millones, mi familia estaba bien con ello. Ellos amaban más el dinero, que a mí.

Los carros iban siendo sobrepasados por nosotros, en una carrera que parecía no tener juicio. Una recta que mostraba no tener fin, hasta que llegabas al tope próximo a la curva. El giro se tornó violento como un demonio y mi cuerpo se sacudió de la misma forma. Pude sentir la mano de Anton apoyando mi pecho, de un tirón acomodándome en mi asiento. Mi corazón zumbo a mil por hora, cuando me encontré con sus oscuros ojos. El coñac que los inundaba, era un color imponente. Incluso bajo las sombras, de aquel lugar.

_ ¡Por un demonio! _ Vocifero entre dientes. _ ¿Qué te dije sobre el maldito cinturón de seguridad? _ Su mandíbula marcándose en una perfecta escuadra.

_Perdón. _ Fue lo único que alcance a decir.

_Colócatelo de una buena puta vez. _ Alzo su voz.

_Si. _ Trague hondo.

Todo había pasado demasiado rápido y ya nos estábamos acercando a la recta final. Mientras yo ajustaba el jodido cinturón, que no sabía ya para que necesitaba. Anton ni siquiera ocupaba el suyo, nunca realmente lo hacía. El giro parecía no haberle movido una sola cuerda y la adrenalina del momento lo alimentaba. Una sonrisa retorcida mientras se acercaba a la meta, cuando se llevaba por los cachos al resto de los contrincantes. Yo solo lo observe sin poder comprenderlo, como podía ser tan bueno en algo que siempre lo hacía peligrar.

Notando como cada competidor se volvía mas vicioso, a medida que rondaba el final de la carrera. El final de la muerte, así lo llamaban todos aquí. Sabiendo que, en aquella línea final, se valía cualquier artimaña. Eran como esos últimos minutos, en los que tu vida más peligraba. Los carros yéndose contra los otros, algunos volcándose hasta quedar atrás. La imagen helaba la sangre de cualquiera, la mía solo se conservaba fresca. Mientras Anton gruñía contra el volante, apretaba sus dientes. Notando como lo asechaban, frunció el ceño vicioso.

_ ¡Pero que veo aquí! _ Bufo sonoro el desgraciado. _ Quieren ganarme esos bastardos, jugando sucio como siempre. _ Anton rio en un delirio de grandeza. _Yo también se jugar su juego, me encanta ese maldito juego. _ Mordió divertido. _Les demostrare con quien se están metiendo, les daré lo que tanto están pidiendo. _ Me miro de repente Anton. _ ¡Ah! ¿Qué piensas de ello kjære? ¿Les damos por culo a esos malditos? _Busco mi aprobación.

Kjære: Cariño

Mi cara palideció. _Anton. _ Mi boca se secó en respuesta. _Solo rebasa a esos malditos. _

_Lo que mi bebé pida. _ Anton canturrio risueño.

Esa adicción a la adrenalina y ese nulo miedo por perder la vida. Parecía haberme cedido un poco a mí, pues mi corazón se iba calmando al verle. Estando en control de todo, nervios de acero. Su perfil siendo coloreado por las sombras y el polvo que nos rodeaba. Pude ver una fina gota de sudor bajar por su frente y la forma en cómo se relamía sus enrojecidos labios. Una sonrisa apareció, mostrando aquellas perlas rectas. Ya casi saboreando el resultado, de su arduo trabajo.

Que consistió llevarse parte de la delantera de uno de sus contrincantes, el estruendo me hizo considerar rezarle a la gran cruz de oro que guindaba en su cuello. Cuando maniobro para estabilizar de vuelta, su sonrisa se convirtió en la de un maniaco. Chirriando de manera audible, me hizo temblar. Oh yo ya estaba acostumbrado, pero odiaba cada que usaba sus juegos sucios para ganar. Todo era permitido en esas carreras, después de todo eran clandestinas. No sabía porque seguía teniendo está loca idea, de que Anton era alguien noble.

_Cómanmela perros. _ Anton maldijo en alto.

Una señal de dedo del medio, cuando Anton saco su mano por la ventana. Una sonrisa bobalicona de mi parte, cuando vi que ya no quedaba nadie a nuestro lado. Todos los autos venia atrás o yacían destrozados en el camino. Mire por la ventana, el como el listón de llegada relucía. Mi cabellera volvió a revolotear color carmín y fue ahí cuando me sentí más feliz de estar vivo. Habíamos ganado justo unos segundos después, pasando la meta con todo lo que teníamos.

Los gritos de júbilo nos recibieron a ambos, cuando el carro chirrió con el frenazo justo de Anton. Quien apretó su musculatura en el timón, haciendo relucir esa manga de tatuajes asquerosamente negros. Relamí mis labios en tanto negro que veía y como se me antojo pasar mi lengua por cada línea de sus tatuajes de símbolos vikingos. Había algo en que Anton fuese mitad noruego, que siempre me hacía sentir como su fuera el favorito de su harem.

La meta estaba sobrepasada y todos empezaron a rodearnos. Una vez llegaron el resto de los autos y los demás eran auxiliados. Mi pecho seguía lleno de adrenalina, incluso al salir del auto. Cuando Anton se acercó a tomarme de la cara, yendo a por un beso de mis labios. Un beso fue delicado de decir, cuando me había comido la boca justo ahí. Chupándome la lengua viciosa, me dejo ir por fin. El gesto siempre me hacía sentir mareado, pero sumamente feliz. De estar a su lado, de ser suyo.

_Eres mi amuleto de la buena suerte joder, contigo a mi lado siempre debo estar. _ Anton me sonrió todo perlas divinas. _Contigo a mi lado Wonbin, soy el hombre más invencible de este mundo. _Dibujo aquella frase por sobre mis labios.

Relamí mis labios rojos ante su verdad. _Tuyo. _

_Me encantas. _ Anton no se contuvo.

Los labios de Anton volvieron a los míos, a captar un beso un tanto más pasional. Yo me deje sin más, porque quería seguir en esa sensación. De no tener los pies bien puestos en la tierra, de creer que podía volar ahí mismo. Mientras los labios de Anton, se arremolinaban en los míos. Su lengua encontrándose en mi boca, dándose gusto a la par de la mía. Me comió la boca un tanto hambriento, mientras yo cedía ante el de manera dócil.

Cuando me di cuenta, había un grupo de personar vitoreando. No había más que un primer lugar y una gran cantidad de dinero en una bolsa negra. Alguien la tendió para Anton y este la tomo para alzarla en victoria. Lo mire con una sonrisa de admiración, no podía ocultar lo mal que había caído por ese tipo. Los años pasaban y solo se volvía mas fuerte todo aquello. No importaba cuan toxica era nuestra relación, era el karma de toda mi vida.

La champaña voló por los aires, en signo de donde estábamos. Las personas que nos rodeaban y a que grupo social pertenecíamos. Asquerosamente ricos, esa era la forma correcta de definirnos a todos en ese lugar. Un montón de niños de mami y papi, que apenas se colaban en una edad legal. Venían todos a despilfarrar aquí y a jugarse la vida sin vergüenza alguna. Consumir todo tipo de cosas y perderse las sabanas de cada quien. Solo para sentir, sentir algo.

_Vayamos a celebrar. _

Uno de los miembros del clan de Anton, vitoreo por los aires. Su nombre era Sohee, también era mitad noruego. Uno de los pocos que estaba ahí para Anton, pero solo era por ser de la misma familia. Solía viajar de Noruega para cada carrera importante de Anton, pero se perdía después de cada celebración. Desee tener familiares así, en vez de vivir en una constante sobreprotección de mis hermanos mayores. Quienes nunca me vieron como un igual, siempre haciéndome sentir débil. Me rebasaban en edad, me rebasaban en poder.

Sungchan siendo mi medio hermano, era el favorito aun siendo un bastardo. Eunseok vivía en constante competencia con Sungchan, ni siquiera parecía querer ser algo más que una copia a carbonatada de este. Incluso amando al mismo japonés o talvez solo compitiendo por este. Solo hacía falta ver en las cenas familiares, como este pasaba a estar de un lado al otro de la mesa. Incluso si al que realmente amaba, era a Sungchan. Utilizando a Eunseok, este siempre amaba de más. No lo culpaba, me sentía en esa misma página. Solo que yo, si era correspondido de la misma manera.



Humo alrededor de todo este tumulto de gente, la música ensordecedora de aquel club de Seúl. Las manos estando siempre arriba o enredadas en el cuerpo de quien sabe quién. Bailaba al ritmo de la música, después de haberme perdido de las garras de Anton. No tenía sentido seguirle bailando a aquel amargado, que solo le daba miradas de muerte a cada persona que se me acercaba. No importaba cuanto le bailaba, solo se quedaba ahí. El solo me asechaba desde lejos, mientras yo seguía mí son. Desearme no era suficiente, yo quería que me tocara.

_ ¿Estás solo? _

Alguien tocando mi cintura, para darle la vuelta sagaz. Oh eso me había encantado, con una suavidad de la que no estaba acostumbrado. Los ojos miel de aquel chico, me tenían acercándome más a él. Su piel morena brillando, bajo las luces del club. Me acerque a tocar por sobre la tela, de su chaqueta de cuero. No lo suficiente como para mostrarme interesado, pero si como para darme entender lo mucho que quería bailar. Tal parece que me había entendido, pues convino mis movimientos de poco.

_Lo estoy justo ahora. _ Le sonreí coqueto.

Me dio una miradilla. _Sabes a lo que me refiero. _

El nombre que colgaba en su cuello era Seunghan, pero bien podía ser también el nombre de su novio. Estábamos en un club gay y no había mucho que indagar. Con como tomo mi cintura de a poco, para chocar nuestros cuerpos. Era ese lenguaje corporal, que usaban para follar ahí. Solo estaba esperando la suficiente información de mi parte, cosa que no podía darle. No estaba en su página, solo fui sincero. Me acerque a oler su perfume de café y susurrar mi verdad.

_Vine con alguien. _ Dije quedito. _ Lo siento. _ Me excuse risueño.

_ ¿Ese alguien está por aquí? _ El tal Seunghan pico.

Esperaba al menos ver más de su cara, por entre las sombras. Era muy alto y se notaba bastante apuesto. Cejas tupidas y en perfecta sincronía con sus ojos de sirena. Agudice mi mirada, sin esperar que alguien lo apartara de mí. Una mano grande interponiéndose, dándole un empujón hacia un lado. El supuesto Seunghan, miro hasta ubicar al culpable. Yo ya lo había hecho también, Anton estaba justo en medio de ambos.

Nada nuevo, murmure una maldición. Al menos, al menos no lo había roto en mi presencia. Así como destrozaba mis juguetes favoritos de niños, cuando estos recibían la atención que le pertenecía. Celoso, Anton siempre había sido tan celoso. No podía no soportar ser el centro de atención, a donde iban mis ojos siempre. Un cachorro contento de recibir la atención adecuada, un perro rabioso cuando no. Anton era peligroso, me temía.

_Ese alguien soy yo. __Anton le dio una mirada oscura a Seunghan. _ Su prometido. _Agrego.

_Anton. _Regañe a aquel perro rabioso. _ El ya entendió, no tienes que hacer una escena. _ Advertí.

Anton solo me dio una mirada, para luego cubrir mi cuerpo de tras del suyo. Enfrentando a Seunghan, en una conversación de miradas. Este lucia calmado, pero la mirada de Anton era poco amigable. Temí que no supiese hasta donde podía llegar Anton, en un arrebato de celos. Ya nos habían sacado de varios clubs en ese movimiento y yo no tenía como defenderle de sus actitudes de mierda. Cuando lo vi agarrarlo de la nuca y llevárselo en cercanía. Supe que solo era una advertencia, que inmovilizo a Seunghan.

_Piérdete antes de que te parta esa cara en dos. _ Le dio unas palmadas a ese cuello, fingiendo calmarse de repente. _ Jeg advarer deg…_ Sonrió como si hubiese dicho algo amable. _Jeg er ikke en hyggelig. _ Su mirada de matón en Seunghan.

Jeg advarer deg: Te lo advierto.

Jeg er ikke en hyggelig: No soy una buena persona.

Anton era un matón, lo había sido desde niño. Su crianza de padre violento y una madre sumisa. Lo había forjado entre pasional y tremendamente agresivo. El terror de cualquier internado y profesores de cada uno de ellos. Una mala influencia para sus compañeros, era una manera ligera de definirle. Había comprado las buenas referencias, las buenas notas. Lo único salvo era el deporte, demasiado bueno en la pista. En lo demás era un desastre y disfrutaba siéndolo.

_Bien. _Seunghan solo alcanzo a murmurar. _

Las palabras estuvieron hasta de más, el chico se esfumo de nuestra vista. Habiendo entendido en idioma y por sobre todo en gestos. De repente todo el mundo a nuestro alrededor, se había abierto paso a otros lados de la pista. Anton que me dio una mirada de muerte, me agarro del brazo para jalarme. Su mano libre en mi mandíbula, forzándome a mirarlo a los ojos. Sisee por la fuerza de su agarre, pero eso no me hizo desviarle la mirada. No era una mierdilla, no le tenía miedo.

_Ya deja de mirar a ese don nadie, mírame solo a mí._Anton exigió.

Le di una mirada agria. _ ¿De qué vas ahora? _

_Te di una sola oportunidad de que te divirtieses y por supuesto no la desperdiciaste en mi ausencia. _ Mordió acercándose a mí.

_Yo solo estaba bailando tranquilo y ese tipo se acercó mucho a mí. _Escupí mis palabras.

Anton me dio una mirada. _ ¿En qué parte de la historia admites la zorra en la que te conviertes, por la atención de cualquier hombre? _

_ ¿Porque admitir algo que no soy? _Mi sonrisa burlona ante su mirada.

_ ¡Ah sí! _Anton tentó.

Tentó mas su cercanía a mis labios, estaba a punto de capturarlos. Estuvo a punto de lograrlo, una cobra fue lo que se ganó de mí. Un amargo de su parte, que se recitó en sus labios. Con una sonora maldición, pero no era precisamente para mí. Lo que, si fue para mí, fue una mirada de sus oscuros ojos. Su mano ajustando de vuelta, de manera agresiva. Me hizo mirarle justo, apretó el agarre con gracia. Una clara connotación, recordándome lo mucho que me poseía.

_No soy la zorra de nadie, estas alucinando de los celos. _Mordí con gracia.

_Vendrás conmigo. _Recito sobre mis labios.

Comió de ellos agresivo, casi mordiendo mis labios. Algo de ello me quito la respiración, un jalón de su parte. Llevándome con él, a la mesa de sus múltiples amigos falsos. Llevaban ahí gran parte del tiempo, esperándolo para tratar de despilfarrar el premio. A Anton no le importaba, le sobraba este. Me hizo caminar a su paso, revisando si me mantenía a la compostura del momento. Por supuesto lo hacía, siempre lo hacía. Había sido entrenado por mi madre, para ser perfecto.



La manera en como yo no podía ni moverme, Anton no le agradaba verme bailar en ninguna pista. Mucho menos que se me acercasen idiotas de la nada, ni que me atreviese a ser coqueto. Se había encargado de arrastrarme desde la pista, después de verme ser poco muy amable con alguien. Gran desperdicio para el mundo, yo no tome años de danza contemporánea para esto de encantar a los demás. Merecía bailarle a quien me diese la gana, no era una zorra por eso. Era un artista, mi cuerpo bailando era arte.

Anton no parecía entenderme, solo captaba el baile en una instancia. Solo para servirle de entretenimiento a él, como si fuese alguna especie de esposa. Mire el anillo de promesa en mi mano, no estaba muy lejos de serlo. Tenía muchos de ellos, uno por cada aniversario. Habíamos salido desde los dieciséis, pero nos conocíamos desde los cinco. El rubí giro socarrón, pensé si era una especie de grillete. Uno muy pequeño, pero lo suficientemente efectivo. A mi parecer quizás, estaba haciendo bien su trabajo.

La mirada de Anton se clavaba en mi perfil. _Bailar no es lo único en esta vida Wonbin. _Anton se dirigió a mí.

Le mire con todo lo que tenía. _Amo bailar con mi vida. _ Fui sincero.

Anton resoplo. _Sé que amas bailar más que nada y eres el mejor cuando lo haces. _ Sonó convincente el desgraciado. _ Solo que no me gusta cómo te ven, te comen con la mirada todo el tiempo. Incluso si no estás haciendo nada, tengo que mantener una mano rodeando tu cintura. _ Anton hizo una mueca de desagrado, que se marcó en su mandíbula. _ Para que no se acerquen a ti, para que no puedan robarte de mí. _ Gruño vicioso ante mí.

Mis ojos como luceros ya estaban en él. _No me iré a ningún lado Anton, incluso si piensas que puede haber alguien mas. No lo va a haber nunca, eres todo lo que conozco en este mundo. _ No mentí. _ El primero en mi vida y el único que quiero que se quede. _Yo fui transparente para él.

La mirada de Anton se condenso divina. _No me juzgues por temer perderte, eres lo único bueno que hay en mi vida. _ Sus ojos cayeron a lo largo de mi rostro. _Todo el dinero que tengo, todos los logros de mis carreras. No significan nada para mí, si no te tengo a mi lado. Eres mi ancla Wonbin, sin ti me hundiría miserable. _ Una fina línea, al recitar aquella última frase.

El agarre en mi fina cintura, se apretó hasta ahuecarme las costillas. Atrayéndome mas, en una cercanía de nuestros rostros. En un solo trago me bebí mi champaña, mientras que este hacia lo mismo con su trago de ginebra. El agarre yéndose hasta mi rostro, para acariciar el puente de mi nariz aguilera. La curvatura de mis labios de carmín, siendo tentada por la callosidad de sus dedos. Se fue a por mi boca, sin presura alguna. Sin importar mancharse, coloree sus dígitos como nunca.

Acunando un beso casto, en mis pomposos labios. El sabor perfumado de la ginebra, me invadió la boca hasta ahogarme. Combinándose con el dulzón de la champaña rosada, el contraste me mareo por completo. Envuelto en los sabores, fui a probar un poco más. Ofrendando mi boca a la suya, nos dimos lo que nuestras palabras les faltó decir. No teníamos ese poder de decir un te amo y eso se mostraba tan claro. Nadie nos había enseñado a decirlo siguiera, sin un ejemplo digno que seguir.

Veníamos de familias ausentes, que abusaban constantemente de su poder. Criados como marionetas, para seguir preservando el poder. Nuestro casamiento era manipulado, pero nuestros sentimientos no. Genuinamente lo diría, habíamos terminado por amarnos. La convivencia nos atrapo, éramos el lugar seguro del otro. Encontrarnos fue un premio de consolación, una probada de felicidad en medio del caos. Uno que anhelábamos, necesitábamos para seguir. Seria hasta que la muerte nos separase y se veía venir.



Las luces de las calles perdiéndose y el camino siendo el mismo. Dirigiéndonos a nuestro lugar, ese que siempre nos resguardaba a ambos. Ese en el que nuestra primera vez, se había vuelto un montón de estas. A Anton no le costó mucho llegar, sabiéndose el camino de memoria. El había sabido mantener aquella playa como un pequeño secreto, también nuestros encuentros en esta. Mis hermanos nunca les agrado aquello, ser el primero en perderla de los tres. Como me podía explicar, solo estaba loco de amor. Entregarme nunca fue un problema, se había sentido bien.

_ ¡Estás loco! _Anton solo me observo por el rabillo del ojo.

Yo solo reí divino. _Por ti. _Confesé al darle una miradilla, antes de desatarme en mi hazaña.

Mi cabeza saliendo de la ventana, junto con mi torso. La ventana abierta dándome el espacio para mantenerme ahí y disfrutar del fresco de la noche. El carro iba a ciento veinte por hora y eso no podía hacerme sentir más vivo. Ya había hecho aquella hazaña un par de veces y en todas estas Anton se había sumido en mí. En la espontaneidad de mis acciones y en mi locura del momento. Sus ojos de adoración en mí, hasta que volvía en sí de mala gana. Regresando a ser ese ser protector, que se había impuesto para proteger de mi por siempre.

_ ¡Dios! _Anton ni siquiera creía en él. _ Me vas a matar un día. _ Recito.

Jugué una sonrisa de lengua contra mis dientes, que se convirtió en una larga carcajada. Ya la champaña se me había subido y no tenía vuelta atrás. El alcohol me hacía más salvaje y combinaba con esta vida absuelta que tenía Anton. Quien seguía mirándome de reojo, o más bien a ese lunar visible en mi cintura. A la vez que mantenía más sus ojos en la carretera, ferviente. Asegurándose que volvía a mi lugar, respirando pasito al notarlo. Me quede quieto al notar sus miradillas, mientras me le volvía a acercar de a poco.

Busco mi cara a ciegas con sus manos, picando mis mejillas en un gesto leve. Lo había hecho todo sin mirarme, pero con una casta sonrisa en los labios. No me costó darle una probada a su pulgar, girar mi lengua habido por sobre este. Demostrándole lo que le haría luego, cuando por fin estuviésemos solos. Pareció ser suficiente para animarlo, note el bulto bonito de sus pantalones. Me relamí los labios alagado, cuando me miro por fin con esos oscuros ojos.

_Me amas. _Dije en una voz viciosa.

_Como nadie nunca te va a amar. _ Anton juro.

Un casto beso en mis labios, al ocupar sus manos en mi rostro. Me dejo atontado, con la boca de ágape. Era lo único que me daría, aun parecía estar en esta batalla conmigo. A él siempre solía durarle más que a mí, pero eso no significaba que yo aflojaría tan fácil. Me iba a hacer el difícil, porque seguía encantándome su yo que rogaba, que siempre se arrastraba hacia mí. Como si yo fuese su única oportunidad, de sentir aquel toque de amor. Secretamente talvez, la única persona que lo había amado de esa forma.



La calefacción de auto resguardaba, del escozor de la fría noche. Las olas seguían subiendo, pegaban contra la orilla del mirador. La leyenda era cierta, siempre sentía como el mar llamaba. Era relajante en sí, cuando no te dejabas seducir. Solo admirando su belleza, en medio de la luz de la luna llena. Era brillante en esa fase y podía ver cada detalle que alumbraba en finas sombras.

Bebí un sorbo de mi Pepsi, mientras miraba de reojo el perfil de Anton. Este también me miraba de reojo, esperando una respuesta a su ofrenda. Había comprado una caja de ellas para mí y yo solo había tomado una. Seguía lastimado del ego por no poder bailar, para mí era como respirar. Lo había hecho desde que era un crio y seguía sintiéndose como lo mejor que podía dar de mí.

_Deberías estar feliz con lo que te compre, fue lo que me pediste aun estando enojado. _Tomo mi mentón para tentarme. _ Muestra tus dientes de conejito kjære, sabré que estas feliz genuinamente. Que me has perdonado, por ser novio posesivo. _Recorrió mi rostro con esos ojos negros.

_Las zorras no son fáciles de contentar. _ Jugué con la punta de mi lengua contra mis dientes, Anton pareció desear chupármela ahí mismo.

_Miénteme entonces, me fascinan tus mentiras. _ Él gimió aquello de manera necesitada, talvez seria yo el que terminaría chupando otra cosa. Me provocaba escuchar esos gemidos agitados, esos lloriqueos infernales.

Parpadee lentamente y me obligue a volver discusión con Anton. En ocasiones, entendía su enfermizo punto. Anton no tenía a nadie más que a mí, por eso tenía ese mal de pensar en perderme. Desde niño era así de emocional, explotando de a tantos. Yo había sido su primer amigo y probablemente el único verdadero. Incluso en eso todo había fallado, pues habíamos terminado enamorándonos. Eso dejaba en una dudosa posición los sentimientos de Anton, pero seguía pensando que eran genuinos, cuando se trataba de mí.

_Soy feliz. _Acate.

Le mostré una sonrisa de dientes de conejo, de esas que mostraba para el de chicos. Cuando todo esto era solo compañía y no una toxica dependencia emocional. Anton pareció contento con ella, acariciando mi rostro en un reflejo, del cariño que estaba profesando en esos momentos por mí. Anton me estimaba más que nada, en aquellos momentos en los que el sentía que me perdía. No se guardaba esa necesidad por tenerme, por acapararme como suyo.

De atraparme los labios ahí mismo, sin advertencia alguna. Más sus caricias bajando por mi cuello, como apretaba hasta hacerme jadear. Esa cercanía que se acató en nuestros cuerpos, hasta terminar colados casi sobre el otro. No me costó mucho dejarme hacer de sus labios, de lo que ellos tenían para darme. Con sus manos guiándome, hasta ese lúgubre beso. Que se pasó de labios a labios.

Sabía lo mucho que ya estaba arruinando mi labial, por lo que no me importo seguir marcándolo con este. Mis labios recorriendo a lo largo de su cuello, dejando marcas de color carmín. Mis manos estaban ya viajando a su chaqueta de cuero, dándome paso entre cada solapa. Cuando me agasaje de la vista de su pecho, una sonrisa divertida de su parte estaba ahí. Esperando a ver cómo me encargaba de cada botón de su camisa, como si no fuese en mejor con los botones.

Los taje uno a uno, contra las llenas de mis dedos. Sin dejar de perderme la oportunidad, de meterle la lengua hasta la garganta. Anton me acato el beso en cuanto pudo, mientras acercaba sus manos hasta mis cabellos rojos, peinando las ondas contra sus dedos. Dejando mi rostro libre, para que siguiésemos teniendo esa sesión de besos apasionados.

El ultimo jodido botón cedió y yo abandone sus labios entonces. Su boca estaba manchada de carmín, a la par de los besos repartidos en su cuello. Se veía tremendo, caliente frente a mí. Jadeando por mas, por supuesto se lo daría. Mi mano entrando en la camisa blanca, abriéndose paso en su pecho. Ocupando estas para acariciar, volverme familiar con lo que era mío. Seguía poniéndome la piel de gallina, ver la dureza de su pecho. El cómo mis besos en este, le arrancaban aquellos quejidos a Anton.

Me retire de a poco y de a tantos también. Observando la obra de arte, que había marcado en todo su torso. El caminillo de besos en sus abdominales, siguiendo hasta el vello que conectaba hasta abajo. Era un camino a la felicidad, esa que tanto anhelaba mi boca. Pase mi lengua saboreando, como un gatito curioso de sus alimentos. Mis manos inquietas encargándose del botón de sus vaqueros negros, para luego bajar la cremallera sonora. Mi mano se pasó por sobre la carpa de aquellos boxers, masturbando por sobre la tela. Agarre a mano llena, sintiendo como Anton gruño hasta ahogarse.

_ Tómalo con calma grandote._ Tente.

Anton se me quedo mirando. _Como tomar con calma esta imagen, lo cerca que está tu boca de mi polla. _ Trago hondo duro. _ Tu sola voz contra ella, me tiene completamente caliente. _

Relamí mis labios ante él. _ ¿Quieres que te chupe la polla? _ Mis ojos curiosos ocupados en él.

La mirada de Anton se volvió dura. _ Hazme sentir bien. __

Anton solo asintió, bajo mi fija mirada hacia él. Su boca no supo siquiera responderme, estando más concentrada en ser vocal. Anton era ruidoso sin vergüenza alguna, cuando se trataba de una buena cabeza. No me sorprendió su mirada inocente en mí, cuando desenfunde su extensión. El toque piel con piel, le había oscurecido la mirada. Apreté la punta ante él, solo para verlo saborear el toque se mis dedos. Una gota de líquido ahí, haciendo resbalar mis dígitos. Dando círculos como compensación, hasta hacerlo respirar en un ritmo. Masturbando la extensión a lo largo, lo escuche gemir tal melodía.

En un movimiento me acomode, colocándome entre sus piernas. El espacio reducido del auto, nos dejaba los movimientos cortos. Estaba claro de que todo me dolería al terminar, pero estaba demasiado caliente como para parar aquella locura. Solo con la primera lamida se dio, siguiendo de un par más de probadas de parte de mi lengua. Anton solo me veía por debajo de sus pestañas, mientras seguía relamiendo sus manchados labios. La imagen me estaba motivando, iba a dejar que me usara.

Llevándomela a la boca, probé solo el glande. Volviendo a la extensión nuevamente, a probar de nuevo esta. Era como alguien con paleta nueva, sin saber de dónde saborear primero. Volví a probar desde abajo, hasta llegar al glande. Lo hice un par de veces más, solo por el placer de verlo disfrutar de mi lengua. Lo tenía tragando hondo, mientras mantenía todo su autocontrol para no embestirle a una lamida. Igual poco lo hacía, era un buen chico.

Cuando fui a probar sus bolas, seguí masturbando la extensión. Sumiéndome en el aroma a almizcle y el escaso vello de la zona. Ahogándome en este, chupe a gusto cada que podía. Lo escuche gruñir, cuando mis dientes picaron por rozar. Ya para entonces, un pequeño desastre. Me gustaba ser desordenado, dejar pringado mi espacio. Cuando por fin me lo llevé a la boca, lo vi saltarse un respiro. Sus ojos somnolientos captando como cabeceaba, mimando su linda polla. La comía con gusto, hasta donde mi boca podía llegar.

_Mierda. _ Anton maldijo.

_ ¿Te gusta esto? _ Tente su polla.

_Voy a durar un suspiro a lo que veo. _ Anton entrecerró sus ojos.

Sonreí orgulloso. _Lo tomare como un alago. _

_Lo es. _Mordió su labio inferior fuerte.

Anton no era precisamente pequeño, su tamaño caía pesado en mi agarre. Estirando mi boca divina, dejándome en un trance de excitación. Estaba ebrio en esa gran polla, me tenía mal. Mi cabeza dándose gusto, devoro todo lo que tenía en frente. Dándome contra su polla, tantas veces como mi garganta pudo aguantar. Use mi lengua para seguir estimulando, hasta que lo escuche lloriquear del placer. El sonido era música para mis oídos y sus piernas temblando me daban todo. Siempre receptivo y sensible ante mi toque.

Mientras me lo estampaba hasta ahuecar mis mejillas, lo chupe así por una cantidad de estocadas. Mientras lo escuchaba chillar de manera patética, sin vergüenza alguna de mostrar cuanto le gustaba. Cuanto me estaba sintiendo o las lágrimas que se acunaban en sus orbes. Vidriosas cuando me miraron, atragantado en su polla. La imagen me hizo correrme ahí mismo, sin toque alguno y patético. Termine ordeñándolo bonito, cuando se dejó ir en un gutural. Sintiendo el caliente, atiborrándome con su leche. Me sentí servido, la tragué como un campeón.

_Eres perfecto, perfecto para mí. Es lo que te digo, fuiste hecho para mí. _ Anton soltó su confesión sumido en su propia sobre estimulación.

Su mano acunándose en mi rostro, limpiando el resto de mi cara de su semilla. Mis ojos solo brillaron para él, cuando me fui quitando mi chaqueta negra. La forma en como me llevo hasta su regazo, después de deshacerse de su propia camisa llena de carmín. Ambos sabíamos que queríamos más, pero parecía que la ropa de menos estaba de más. Anton me llevo hasta su regazo y yo no pude evitar soltarlo de mis labios. Era imposible no antojarme, de lo que estaba frente a mí.

_ ¿Puedo montarte? _ Lo dije.

_ ¿Eso quieres kjære? _ Se me quedo mirando enviciado en mí.

_Lo quiero justo ahora, quiero tenerte dentro de mí. _ Confesé.

Mis mejillas rojas no mentían, cuando lo que decía estaba escrito en todo mi rostro. En la manera en cómo me frotaba contra su polla, que solo crecía contra la mía. Despertando casi de inmediato, cuando nuestros labios se encontraron. Tome eso como un sí, cuando sus manos se encargaron de acariciarme en medio del beso. Comiéndome en un juego de lenguas, que solo hacían conocerse. Chupando mi labio inferior, cada que dejaba para volver a acatar aire. Incluso sus dientes, tuvieron de probar de lo que ofrecía. Era un rarito, un terror.

_Anton. _Me queje en un gemido.

El solo se alejó de mí, después de apretar mi culo por sobre mis vaqueros rotos. Lo había hecho con un descaro, que solo la sonrisa de sus labios sabia sustentar. Mientras desabotonaba mis vaqueros y me los sacaba de mí. No respondí sino hasta que lo consiguió, hasta que los quito de mi por completo. Supe que debía solo ceder, antes de que terminara arrancándomelos. Destrozarlos como hacía con todo, como haría también conmigo.

Me aleje solo para ver mejor lo que hacía, lo que se perdió a buscar. En la manilla del auto, un compartimiento lleno de cosas. Rebusco ahí, encontrando lo que necesitaba. Un tubo de lubricante y la tira de preservativos. No podía arriesgarme a que sucediese de otra forma, por más que quisiese sentirlo como debía. Habíamos prometido cuidarnos al otro, pero todo había terminado en un morbo acerca de ello.

_ ¿Por qué me miras así kjære? ¿Quieres hacerlo sin esta noche? _ Anton tentó.

_No. _Mi voz débil.

Bufo entonces frente a mí. _Te ha puesto toda mi palabrería, te prende que podamos hacerlo así. _

Trague hondo al sentir mi polla retorcerse en mi ropa interior. _Póntelo antes de que cometa una locura y termine follandome tu pierna en vez de tu polla. _ Me arrepentí incluso de decirlo sin filtro.

Solo se me quedo mirando por un buen rato, rato en el que pensé que me comería justo así. _Eso también seria caliente, verte saltar en mi pierna. Me gusta verte brincar, mi brincona favorita. _ Me pico.

Me sonroje furioso _ ¡Que idiota! _

_Me amas. _ Me dio una miradilla.

Relamió sus labios vicioso, mientras observaba como me quitaba lo que quedaba. Justo frente a su mirada, este me acomodo hasta quedar acostado entre sus piernas. Mi trasero respingón frente a su cara, dejándose ver a plenitud. Anton se dio por servido, amasando a gusto. Dándome sin avisar, esa primera nalgada. Que me ardió como hielo granizado, para luego hacerme retorcer delicioso.

_ ¡Ay! _ Eso se escapó sin precaución de mis labios.

_Tienes un tesoro aquí kjære, uno del que me encanta ser el único dueño. _ Anton gruño.

Volvió a nalguearme vicioso, disfrutando de cómo sus manos pinchaban mi culo. La sola nalgada me pincho rico, haciendo que mi polla se retorciera. Temiendo correrme ahí mismo, con un par de nalgadas. Tuve que agarrarme del mismo cuerillo del asiento, cuando sentí la tercera sonarme. Tirite ante el placer que iba sintiendo y como se alojaba hasta la punta de mi polla. Me frote contra Anton en vano, cuando me reacomodo grosero. Gimotee todo desesperado, ya deseándolo.

_ ¡Que rico Anton! _ Mi mirada se fue hasta la suya. _Quiero más, dame más. _Gemí caliente.

_Solo es el comienzo kjære. _ Anton arrullo para mí. _Déjame hacerte sentir realmente bien. _

Los dedos de Anton cubiertos en lubricante, entraron de a poco en mi entrada. Fueron recibidos en mi anillo, mientras eran introducidos lentamente. Cuando ese dedo llego al tope, pude ver estrellas. Mas lo bien que me conocía ese condenado, había llegado justo a mi punto dulce. Movió vicioso dando ahí, haciéndome descomponer del rostro. Me quede en esa sensación, en cómo me dedeaba con la mirada fija en mi boca redonda. Disfrutando de meter otro dedo, que me dejo viendo nuevamente esas estrellas en negro. Mi boca tembló, amenazando. Mi rostro seguía en dirección al suyo, expresivo.

_ ¡Ahg! Dios. _ Me volví creyente de repente.

La sonrisa viciosa de que se asomó en perlas. _Eso sonó bonito ¿Podrías darme más kjære? _Silbo aquella petición.

Jadee condenado. _Ya métela ¿Si? _Mi sonrisa volviéndose mueca.

Era un gesto de total devoción a esos dedos, que me abandonaron de repente. Dejando un vacío severo y una necesidad mayor de ser llenado. Cuando Anton me movió para encararme, como si de una muñeca se tratase. Me sentí vulnerable, pero frente a la persona correcta, apegándome a su cuerpo. A su aroma, que me estaba volviendo loco. De tenerle, de besarle.

Siendo remplazados por la tentación, de una polla recubierta. Podía sentir el frio del lubricante, estaba híper sensible hasta al aceptar la punta. Cuando esta entro, estuve seguro de que mis palabras estuvieron herradas, mi cara descompuesta frente a la de Anton. Quien frunció el ceño, mientras bailaba sus labios contra los míos. La imagen era caliente, la calefacción nos tenía sudando. Todo era tan, intimo cada vez.

_ ¿Solo la punta? _ Anton tentó.

_ ¿Que? _ Me perdí de repente.

_ ¿La quieres toda? _ Anton fue suave.

_ ¡Ah! _ Gemí sonoro. _ Si, si, si…_ Me perdí en esa afirmación.

_Lo que pida mi bebé. _La sonrisa de Anton era toda sorna.

El me tomo como debía, estocada hasta que chocamos en seco. La mirada que compartimos ambos, mientras yo me ajustaba a su longitud. Me estaba deshaciendo y era esa sequía que se había dado entre nosotros. Yo vivía en Seúl, mientras que el en Jejú. Era demás decir, que éramos una relación a distancia. Una de las que no se contenía, una vez volvían a siquiera divisarse. Solo que esta era la primera vez, la primera en meses. Se sentía como eso, justo en mis entrañas.

Cuando me moví contra lo que enfrentaba, ese son de montar de adelante hacia atrás. Solo rodando mis caderas contra él, mientras notaba como nos íbamos en ese movimiento. Los besos fogosos contra los labios del otro, solo denotando cuanto queríamos beber del otro. Nos fuimos lento en esa moción, Anton me seguía bien contra mis caderas. Embistiéndome de a poco, mientras acariciaba mi cintura. Apegando nuestros cuerpos para más, casi fusionándonos. Gimiendo contra mi boca, me hacía querer tener todo lo que daba.

__Mierda kjære, tan apretado. _Su voz tembló.

Gemí ahogado. _Solo para ti. _

_Justo para mí. _ Sonrió contra mi boca, en su boca.

Anton solo lo balbuceo, cuando me vio moverme por fin, por sí mismo contra su regazo. Me dejo ser, mientras daba de saltitos contra él. Dejándose follar contra el asiento trasero del carro, que lucía más reclinado de lo habitual. Lo había bajado sin querer, a sentones por supuesto. La imagen de un Anton de pelo castaño desordenado y sudoroso. Los tatuajes de su cuerpo, llegándole del brazo hasta el pecho. Los acaricie, dibujando estos poco a poco. Fui a por una mordida de estos, como si no hubiese tenido suficiente.

Me perdí hasta llegar a los de su cuello y chupar el grueso de este. La manzana de adán, hasta sacarle un jadeo. Seguía saltando sobre su polla, como si de un trampolín se tratase. Él era mi juguete favorito y aun el juego no acababa. Sus manos necesitadas en mi cuerpo, pasando hasta mi pecho. Apretando hasta bajar de nuevo a mi cintura. Reteniéndome hasta inmovilizarme, se dio contra mí de estocadas.

Alzándome poquito con estas, me follo duro hasta hacerme llorar. Las lágrimas corriendo en mi rostro, cuando me apreso de los brazos. Dándome como si de vivir en mí se tratase, chille con cada estocada. Mientras que el seguía gimiendo en mi cuello, diciendo las más dulces cosas. Mientras mordía mis orejas, ya rojas del calor. Seguía recitando cosas para mí, mientras me daba duro. Me derretí contra eso, contra lo bien que se sentía su polla.

Jadee sumido en su sexo. _Voy a correrme justo. _

_Tan dulce para mí, córrete para mi kjære . _Gimió contra mi boca atolondrado.

Chille cuando lo sentí más profundo. _Anton ¡Oh! _

_Déjame verte cuando eso pase, quiero verte kjære. _Su mirada busco la mía hasta conseguirlo.

_Anton ¡Ah! _ Me rompí en placer por medio de lágrimas.

Fue lo único que pude decir, lo dije repetidas veces. El nombre escapándose de mis labios, por cada estocada. Como tomaba mi rostro para encararme y robarme castos besos. Yo apenas los respondía, ya embobado en el placer que me daba su polla. Sintiendo el burbujeo característico y como la mía propia se retorcía ante la situación. Me corrí bruto contra sus abdominales, pintando finas gotas en estos.

El siguió dándome un par de estocada, mientras volvía a comerme la boca. Solo para acallarse los gruñidos, al sentir como lo apretaba. Sus besos volviéndose lentos, mientras me llenaba. Su boca soltando mi boca, gimiendo en vez de besar. Llevándose hasta la última costa del orgasmo de ambos, mientras seguía sobre estimulándonos. Bajamos la moción cuando ya no quedo nada y nos desplomamos en el otro. Los jadeos eran sonoros y ahogaban de calor el lugar.

_Mis piernas. _Solo supe al llegar en sí.

Un silencio de parte de Anton. _Mañana te va a doler. _

_Las piernas. _ Volví a repetir ensoñado.

_Eso también. _Anton pico.

Le di un zape por eso, con lo quedaba de mí. Lo escuche medio entre gemir y gruñir por el manotazo en su espalda. Ese loco disfrutaba todo lo que le daba, no importaba si venía con golpes de por medio. Seguía sobre mí, dándome de besos en la cara. Como castigo por el golpe, mientras yo los tomaba de a poco. Solo eran pequeños picos, quemando lo que nos quedaba de ese día. Besándonos hasta dormirnos en los labios del otro, siempre era así.



La luz del amanecer termino por acribillarme los orbes, mientras Anton parecía mi frazada personal. Buena cosa al parecer, al menos me sentía cálido. Los espejos empañados del auto, más las ventanas que había decidido abrir antes de dormir. No era una buena idea dormir con la calefacción, al menos que quisiésemos amanecer son San Pedro. Mala referencia o no, yo si me reí de aquella cosa. Por mis adentros, los que aún seguían buenos. Cuando me intenté mover, supe que el resto estaba mal. Ese dolor placentero, viajo de mi cintura para abajo.

_Hay que regresar o me mataran tus hermanos mayores. Seguro deben estar explotándote ese teléfono, odian cuando me abres las piernas. Como si no fueses mioma chico._

Escuche a Anton hablarme al oído y morderlo de por medio. Me cosquilleo aquel gesto hasta el cuello y luego siguió bajando hasta mi polla. Era como insaciable y no sabía sus límites. No importaba cuanto tiempo pasaba, deseando a Anton más y más. Cuando lo encaré, no pude hacer más que quedármele mirando. Su cabello hecho un desastre, las manchas de carmín en su boca. Sonreí ante la imagen, de lo que había hecho de él.

_Deja que vuelva a sentir de la cintura para abajo. _Me le quede mirando.

_ ¿Que? _ La sonrisa bobalicona de Anton lo era todo, jugando tan inocente.

Me levante de ahí, deshaciéndome de sus brazos. No sin antes luchar con ellos, que me seguían apresando, que me seguían besando los collares de hueso. Anton era muy meloso después del sexo y casi no parecía caber de la felicidad de tenerme ahí. Incluso si, mi celular en cuestión estaba explotado. Era algo de escaparme con él, que no podía hacer tan seguido. La primera vez que lo había hecho, la había perdido para siempre. Mi mal, yo casi había rogado por esa polla. A un nerviosos Anton, que parecía no saber ni que hacer conmigo.

_Necesito un cigarro. _

_ ¿Vas a desayunarte un cigarro? _ Anton silbo.

_Dame luz. _

Me acomode en mi ropa interior, mientras rebuscaba un cigarro. Había miles de colillas de este, roseadas por el piso, nos había mantenido calientes durante la noche. Uno más en la mañana, nos iba a mantener cálidos hasta llegar a casa. O más bien al aeropuerto, Anton debía regresar a Jejú después de todo y seguir administrando los hoteles de playa de su padre. Cualquier cosa era mejor que volver a Noruega y sumarse en el frio infernal de casi todo el año.

Anton amaba el mar, amaba el sol contra su piel. Nunca se vio ahí, ni cuando éramos adolecentes. Vacacionando en un lugar como ese, mientras recibíamos cursos de arte. Anton acerco el fuego a mí, encendiendo, yo tome un poco de lo que daba. La mirada de Anton seguía en mí, comiéndome justo como la noche de ayer. No sin antes encender el suyo y acomodarse a mi lado, enredar nuestras piernas. Me le quede viendo divertido, tirando humo contra su cara.

_Tengamos este antes de irnos. _ Le dije.

_Seguro. _ Sonrió casto.

Me dijo tomando del suyo y dejando ir mientras me besaba. Me sonreí ante su gesto y el caliente del humo. Mi mirada en él estaba perdida, perdido en su belleza. Masculina como nunca, se había convertido en un hombre atractivo. La cara de su madre, delicada contra todo pronóstico. El odiaba esos rasgos divinos, pero yo nunca tenía suficiente de ellos. Me recordaban que había algo de bondad en él, como persona. Que estos momentos buenos vividos, compensaban todo el mal que quedaba.