Antojos | Jenlisa -GIP

Summary

Jennie quiere apilar donas en el pene de Lisa.

Genre
Erotica
Author
n.
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

One Shot

Está helando.

Lisa se estremece; cada gota de lluvia resuena con fuerza contra la capucha de su chaqueta. Su aliento se condensa creando vaho dentro de su mascarilla y empaña sus gafas de sol, transformando las farolas a su alrededor en halos borrosos. Es algo a lo que nunca ha terminado de acostumbrarse —siempre le pareció ridículo llevar gafas de sol de noche—, pero es necesario. Lo último que desea es que algún fan la descubra deambulando por las calles a estas horas.

Ni siquiera debería estar aquí afuera. Ya debería estar en casa, preparándose para dormir temprano por una vez. Al fin y al cabo, el universo se había apiadado de ella; su agenda terminó antes de lo previsto, brindándole la oportunidad de dormir una noche entera antes del caos de mañana. Y, sin embargo, aquí está, caminando a paso veloz hacia el Krispy Kreme más cercano a las diez y media de la noche.

Todo para hacer feliz a Jennie.


Su día había comenzado estúpidamente temprano, como de costumbre, pero nadie esperaba que lo primero en la agenda fuera una práctica de baile.

Tener coreografía a las seis de la mañana significaba que todas estaban más muertas que vivas, Lisa incluida. El letargo colectivo que llenaba cada rincón de la sala no ayudaba en absoluto, drenándola de las pocas migajas de energía que había logrado recargar con lo poco que durmió anoche. Así que, para contrarrestar eso, Lisa se propuso como misión personal resucitar el ánimo de todas.

Hizo ruidos extraños durante los estiramientos para hacer reír a Jisoo, molesto a Rosé hasta que esta le dio un golpe de broma, y se esforzó especialmente en ser un dolor de cabeza para Jennie: haciéndole cosquillas en la axila en mitad de una pose, agarrándole el culo con la mano al pasar por detrás de ella y soltando comentarios estúpidos solo para ver a Jennie poner los ojos en blanco mientras intentaba no sonreír.

En un momento dado, Lisa escuchó a Jennie consultando a Jisoo sobre cómo vengarse, y no pudo evitar sonreír. Jennie era simplemente demasiado tierna.

Para cuando llegó la hora del almuerzo, las chicas morían de hambre. Lisa, Jennie, Rosé y Jisoo se arrastraron hasta la sala de descanso, listas para inhalar cualquier comida que pudieran conseguir.

Mientras esperaban el delivery, Lisa estaba desparramada en el sofá, escuchando a medias la loca anécdota de Rosé y Jisoo con un fan. Jennie estaba sentada a su lado, con las piernas echadas sobre el regazo de Lisa, revisando su teléfono en silencio. De repente, la castaña empezó a reírse tontamente de algo hasta que rompió a llorar de la risa.

—Compártelo con la clase —insistió Jisoo, sonriendo ante el sonido.

—Sí, Jennie-ah, ¿de qué te estás carcajeando? —Rosé apoyó la barbilla en sus brazos cruzados sobre el respaldo de su silla.

Jennie mordió el cuello de su sudadera, sonriendo como una idiota, y giró el teléfono hacia Rosé y Jisoo. Ambas miraron la pantalla e inmediatamente soltaron un bufido, mirando a Lisa con sonrisas burlonas.

—¿Qué? ¿Qué es? —intervino Lisa, estirando el cuello para ver.

—No quieres saberlo —Jennie apretó el teléfono contra su pecho.

Eso le picó la curiosidad a Lisa demasiado rápido, activando su miedo a perderse algo.

—Enséñamelo —insistió, inclinándose, pero Jennie saltó del sofá con el teléfono en alto.

—¡Nop! —rio ella, retrocediendo.

Lisa la miró fijamente un segundo de más y luego se abalanzó, tirando a Jennie de vuelta en el sofá. Jennie chilló y se retorció, empujando contra el peso de su novia con las piernas mientras Lisa intentaba arrancarle el teléfono de las manos.

—Dios, búsquense una habitación —la voz de Jisoo quedó casi ahogada por los ataques de risa de la pareja.

Tras un minuto de pataleo, Jennie jadeó: —Vale, vale... ¡quítate de encima!

Lisa rodó hacia un lado, aún sin aliento por la risa, y Jennie se incorporó, con mechones de pelo parados por su mini combate de lucha libre. —Te lo enseñaré, pero con una condición. Tienes que concederme un deseo.

—Sí, lo que sea, claro... solo enséñame el meme de una vez —se quejó Lisa, estirando la mano hacia el teléfono.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

La sonrisa de Jennie se ensanchó, un brillo iluminando sus ojos. —Bueno, como deseo, quiero que tú... —soltó otra risita, girando finalmente el teléfono para que Lisa pudiera ver—. Quiero que me dejes hacer esto.

El calor subió a las mejillas de Lisa, el color extendiéndose hasta sus orejas. Rio con incomodidad, pero su risa pronto murió al notar que las otras chicas seguían mirándola.

—Espera, ¿hablas en serio?

¿Se ha vuelto loca Jennie?

Rosé se inclinó, sus labios curvándose en una sonrisa socarrona. —¿Qué, no dejarías que apile donas en ella?

—Ni de jodida broma —respondió Lisa, escandalizada.

—Gallina —tose Jisoo.

—¡Lili! —gimoteó Jennie—. Prometiste que harías una cosa por mí.

—¡No sabía que esa “cosa” era dejarte apilar donas en mi pene!

—Oh vamos Lisa, no seas aguafiestas —Rosé empujó el pie de Lisa con el suyo.

—No lo soy...

—¿Cuántas donas creen que cabrían en el pene de Lisa? —preguntó Jisoo como si fuera la pregunta más normal del mundo.

Jennie se tocó la barbilla. —Hmm... ¿quizás tres?

—Sí, tres suena razonable.

—Chicas —exhaló Lisa—. Sigo aquí...

—Nah, la estás sobreestimando. Apuesto por dos como mucho.

—Espera, ¿dura o blanda?

Las tres estallaron en otro ataque de risa, y fue entonces cuando Lisa cayó en cuenta; esto era de lo que Jennie y Jisoo estaban cuchicheando antes en el estudio de baile, ¿no? ¿Era esta la “venganza” de Jennie?

—¿Por favor, Lili? —Jennie hizo un puchero, con los ojos enormes—. ¿Puedo apilar donas en ella? ¿Por faaaaaavor?

Lisa suspiró. Los ojos de cachorrito casi la convencen, pero por mucho que le doliera rechazar a Jennie, la petición era demasiado ridícula. Incluso para ella.

—No.

Jennie resopló y se dejó caer de espaldas en el sofá, enfurruñada. Se negó a mirar a Lisa durante el resto de su descanso.

Y la cosa no paró ahí. Jennie le aplicó la ley del hielo durante todo el día. Nada de “gracias Lili” cuando Lisa le pasaba una botella de agua, nada de piedra-papel-o-tijera durante la práctica de baile de Jump. Actuaba como si no viera a Lisa mirándola en mitad de la coreografía, y no reaccionaba a las bromas habituales de Lisa.

Cada oportunidad que tenía, soltaba pequeñas indirectas a Lisa: “Esto no habría pasado si Lisa no me hubiera mentido”, “a diferencia de cierta persona, yo sí cumplo mis promesas”, “Wow Jisoo, tu novia es mucho mejor que la mía”.

Lisa sabía que no era en serio. Jennie solo estaba jugando con ella, probablemente como venganza por no cumplir su parte de la promesa. Sabía que Jennie se olvidaría de ello con el tiempo y las cosas volverían a la normalidad. Pero una voz en lo profundo del alma de Lisa le gritaba que hiciera cualquier cosa para hacer feliz a Jennie de nuevo.

Cuando Jennie se saltó su habitual piquito en el baño antes de separarse para sus agendas individuales, las voces ganaron. Lisa iba a compensar a Jennie sin importar qué.


—Una docena surtida, por favor. Que sean casi todas de chocolate.

Lisa no puede creer que realmente esté haciendo esto.

Reza para que Jennie solo estuviera bromeando. Solo puede esperar que su gesto le parezca tierno y que la cosa termine ahí. Pero una cosa que ha aprendido de su novia después de conocerla por nueve años, es que Jennie nunca suelta una broma tan fácilmente. Va a exprimir la situación hasta la última gota.

Cuando Lisa regresa al dormitorio, Jennie no está por ninguna parte. Su grabación debe haberse retrasado; claro, después de todo, la chica es una perfeccionista. Así que Lisa decidió matar el tiempo con una ducha larga y caliente. Se pone una sudadera grande y unos pantalones cortos, sintiendo cómo el peso del día finalmente cae sobre sus hombros.

Secándose el pelo con una toalla, sale del baño, solo para ver a Jennie en la cocina, mirando ya dentro de la caja de donas que Lisa dejó en la encimera. Debe haber llegado a casa mientras Lisa se duchaba.

Casi se atraganta cuando nota que Jennie ya se ha puesto ropa de estar en casa; lleva el suéter amarillo de Lisa, que le queda inmensamente grande, y no lleva pantalones.

—C-cariño, yo... —Se aclara la garganta, llamando la atención de Jennie—. Compré donas.

—Sí, ya lo veo.

Es extraño cómo Lisa nunca consigue acostumbrarse a Jennie. Uno pensaría que después de casi una década, las mariposas se calmarían y la fase de luna de miel terminaría.

¿Pero cómo podría? Cuando Jennie tiene esa tenue sonrisa dibujada en el rostro, cansada pero de la manera más dulce posible, contenta de ver a Lisa después de un día de trabajo tan largo. La forma en que las pequeñas bolsitas bajo sus ojos resaltan más cuando sonríe, esos grandes orbes oscuros mirando fijamente a los de Lisa. La forma en que su pelo castaño enmarca perfectamente sus facciones, tan encantadora, tan bonita y tierna, pero a la vez tan atractiva.

Una punzada de culpa se retuerce en el pecho de Lisa. ¿Cómo se atreve a decirle que no a la mujer de la que está tan enamorada? Por muy escandalosa que fuera la petición de Jennie, el “no” ni siquiera debería existir en el vocabulario de Lisa cuando se trata de ella.

—Pensé... que tal vez te gustaría algo dulce. Después de, ya sabes, el caos de hoy.

Los ojos de Jennie saltan de Lisa a las donas y vuelven a Lisa.

—Muy considerado de tu parte —dice con una sonrisa socarrona—. Comamos estas donas juntas en el sofá entonces.


No se comieron las donas.

De hecho, la caja sigue completamente intacta en la mesa. A diferencia de la verga de Lisa.

Jennie está encima de ella, su lengua explorando cada rincón de su boca, su muslo firme contra el bulto que crece en los shorts de Lisa. Sus manos bajan al pecho de Lisa, encontrando la carne suave oculta por la capa de ropa. Ahueca y masajea su seno, provocando un suspiro en la menor, cuyas propias manos se aferran a la deliciosa cintura de Jennie.

Se besan durante lo que parece una eternidad. Lisa se encuentra deslizándose gradualmente hacia un mundo ajeno a su entorno, demasiado perdida en los sonidos húmedos de sus besos, en el aroma de Jennie y el sabor de su boca. De vez en cuando, Jennie restriega su pierna con más fuerza contra la entrepierna de Lisa, y la morena se traga cada ruido que escapa de la boca de la otra.

En algún momento, Jennie se aparta, y Lisa siente como si le hubieran arrancado el corazón del pecho junto con los labios de Jennie.

—Oh, estás... —Jadea, con una pequeña sonrisa socarrona decorando sus labios carnosos, y baja la mirada hacia la entrepierna de Lisa—. Estás casi lista.

Antes de que pudiera alcanzar la caja de donas, los dedos de Lisa se aferran al dobladillo de su camiseta.

—No, no lo hagas. Solo... —Tira de Jennie para acercarla, intentando convencerla con ojos suplicantes—. Olvídate de las donas. Solo bésame otra vez.

—¿Así que vas a romperme el corazón otra vez? —Jennie arquea una ceja.

El impulso de voltear a Jennie y callarla para siempre hierve en lo profundo del pecho de Lisa, pero su lado de golden retriever se niega rotundamente a permitir que rechace a su novia de nuevo.

—Solo date prisa y acaba con esto de una vez.

Todo sucedió demasiado rápido: los shorts y los bóxers de Lisa han desaparecido, lanzados a algún lugar; su polla se alza erguida y enrojecida, dedos delgados deslizándose a lo largo de su grosor, arriba y abajo, arriba y abajo, masturbándola hasta alcanzar su dureza total. Lisa se cubre los ojos con el antebrazo, soplos cálidos escapando de sus labios mientras se deja llevar por la sensación.

Empuja sus caderas contra el puño de Jennie, una súplica silenciosa por más, pero Jennie retira su mano y, en su lugar, Lisa oye el roce del cartón.

Esas malditas donas.

A Lisa no le sorprendería despertar en cualquier momento. Todo esto no parece más que un sueño febril. Es bueno que Jennie tenga a Lisa comiendo de su mano, porque si no fuera por su tacto, esa dona no tendría dónde sentarse. Esta situación es tan absurda que Lisa está segura de que su pene se retraería dentro de su cuerpo por pura vergüenza.

Abre los ojos justo a tiempo para ver a Jennie arrodillada entre sus piernas, con una dona glaseada en la mano, su centro posicionado sobre la punta de su verga.

—Um... el agujero es más pequeño de lo que pensaba —murmura.

Lisa expulsa todo el aire de sus pulmones. ¿Qué esperaba Jennie siquiera? Ella está lo suficientemente familiarizada como para saber que el pene de Lisa no es exactamente delgado...

Sisea cuando Jennie fuerza la dona a bajar por su tronco, más y más abajo, el postre luchando contra su grosor. Migajas de pastel caen por todas partes —en sus bolas, su abdomen, el sofá—, pero Jennie no se detiene, sigue bajándola con cuidado hasta que llega a la base.

La morena se inclina más cerca, con ojos curiosos estudiando dónde se asienta la dona, como si admirara su propia obra.

—Woah, realmente cupo.

Una ráfaga de aire caliente acompaña cada palabra, rozando la sensible verga de Lisa, haciéndola palpitar.

No tiene oportunidad de responder antes de que un gemido escape de su garganta, cuando Jennie arrastra su lengua a lo largo de la longitud de Lisa, lamiendo la franja pegajosa de glaseado azucarado que quedó atrás.

Sin decir una palabra, Jennie toma otra —la dona de anillo rellena de crema— y la empuja cuidadosamente sobre la cabeza de su polla. La dona se resiste, apenas estirándose más allá de la parte más gruesa. Lisa se estremece cuando la crema fría se desborda del postre, goteando por su tronco hasta caer en su muslo.

La dona cede a mitad de camino, partiéndose en dos.

—Oh mierda, lo siento Lili—susurra Jennie, fingiendo sinceridad—. Deja que te limpie.

Lisa solo puede mirar, aturdida, mientras Jennie lame cada migaja, cada gota de crema de su muslo. Se demora en la mancha húmeda, chupando y mordisqueando hasta que duele, hasta que Lisa hace una mueca y un chupetón rojo florece en su piel.

Satisfecha con su trabajo, Jennie levanta la cabeza, mirando fijamente el semen que chorrea por la polla de Lisa como si fuera una presa, totalmente expuesta y lista para ser devorada.

—Qué desastre —ronronea, acercando la punta a sus labios—. Deja que me encargue de eso también.

—Oh Dios mío, Nini—gime Lisa ante la vista. La forma en que el líquido preseminal que rezuma de su hendidura se unta contra los labios hinchados de la castaña, la forma en que Jennie la mira hacia arriba con ojos de cordero. Mierda, Lisa siente que se va a morir.

—¿Podemos simplemente mandar las donas a la mierda y...? —Lisa jadea y echa la cabeza hacia atrás cuando Jennie de repente se mete todo lo que puede de su verga en la boca. Sus caderas se contraen, sus manos vuelan a la parte posterior de la cabeza de la chica, enredándose en los mechones castaños, aferrándose como si su vida dependiera de ello.

Pero entonces, Jennie suelta su polla con un chasquido húmedo; el aire fuera de la boca cálida y cómoda de Jennie es demasiado frío, lo que hace que Lisa gimotee por la pérdida de calor. La lengua de Jennie sale disparada y pasa sobre sus labios, limpiando el desastre brillante.

—Mmm, sabes tan... —tararea, con los ojos entrecerrados y las pupilas dilatadas negándose a apartarse de los de Lisa—. Tan bien.

—J-Jennie-ah... por favor —jadea Lisa, su pecho subiendo y bajando erráticamente, gotas de sudor acumulándose en el nacimiento de su cabello.

Joder, Jennie se ve impresionante así. El corazón de Lisa tamborilea tan fuerte en sus oídos que está convencida de que Jennie puede oírlo. Esto es demasiado. La dona alrededor de su base se siente demasiado apretada y su cara arde demasiado. Quiere quitarse esa cosa estúpida y empujar su polla de nuevo en la boca de su chica, perseguir su propio placer hasta estallar.

¿Pero sería feliz Jennie con eso?

—Sé paciente por mí, Lili.

Nop. Jennie quiere continuar con esto de las donas, así que Lisa obedecerá. Lo que Jennie quiere, Jennie lo tiene.

—Tal vez nada de donas rellenas —bromea ella, tomando una glaseada de fresa de la caja.

Ahora que la polla de Lisa está empapada con la saliva de Jennie, la dona se desliza un poco más fácil, enganchándose lo justo para desmoronarse, pero no romperse, mientras es empujada más abajo, hasta que queda apilada encima de la primera.

Se inclina de nuevo, presionando suaves besos con la boca abierta a lo largo de la gruesa vena de la polla de Lisa, chupando la piel sensible justo debajo de la cabeza. Lisa grita y Jennie tararea, orgullosa de su innegable habilidad para sacar los sonidos más desvergonzados de la chica menor; la vibración envía rayos abrasadores de placer directo al pene de Lisa.

Unos segundos tortuosos después, Jennie se levanta del suelo, con la caja de donas en la mano, y se sienta en la pierna estirada de Lisa.

—Solo una más, bebé, tú puedes.

Toma la última dona —bañada en chocolate— y la desliza sobre la cabeza, dejándola descansar encima de las otras. La punta de Lisa asoma por el medio de las donas, hinchada, y es tan obsceno que le da fiebre a Lisa.

—¡Tres! —Jennie sonríe, con una alegría genuina irradiando de su rostro—. Tenía razón... ¡sabía que te cabrían tres! Tengo que contárselo a Jisoo.

Lisa mira fijamente la pila de donas en su verga con cara de póquer, disimulando la ligera irritación que crece en su interior.

Así que fue idea de Jisoo.

El rubor en su rostro se enrojece más profundamente por una humillación casi tan intensa como su excitación. Sinceramente le preocupa que el resto de sus órganos no reciban suficiente oxígeno para funcionar, tal como toda la sangre de su cuerpo ha migrado a sus mejillas y a su verga.

—¿Puedo tomar una foto?

—¿Una foto? —repite Lisa, con la preocupación evidente en su voz. Quiere protestar, porque vamos, todo tiene un jodido límite; pero de nuevo, lo que Jennie quiere, Jennie lo tiene—. N-no sé, ¿se la vas a enviar a Jisoo?

—Claro que no, tonta —se ríe Jennie, golpeando juguetonamente el hombro de Lisa—. Solo para mis ojos.

—Woah, ten cuidado. Derribarás la torre si me pegas muy fuerte.

Jennie estalla en carcajadas, un sonido brillante y contagioso, y el corazón de Lisa se derrite. No importa lo ridículas o frustrantes que se pongan las cosas, escuchar a Jennie reír así siempre le llega. No puede detener la cálida sonrisa que se forma en sus labios, tan irremediablemente blanda por su novia.

—¿Me besarás si dejo que tomes una foto?

Jennie se ríe: —¡Claro que sí!

Corre al dormitorio y regresa un momento después, con una cámara digital en la mano. Arrodillándose, empieza a tomar foto tras foto, todas en diferentes ángulos e iluminación.

—Tan profesional —comenta Lisa, revolviendo el pelo de la castaña.

—Duh. Es arte.

—Cierto, Da Vinci jamás podría.

Otra risita. Lisa jura que es adicta a ese sonido.

—Sabes —Jennie se acerca más, ahuecando el rostro de su amante y la respiración de Lisa se acelera—. Iba a besarte de todas formas.

Sella la promesa con otro beso, suave y lento, con Lisa abrazándola tan fuerte como puede. Y una vez más, a Lisa se le recuerda cuánto ama a la chica, y es como si ya nada importara. La vergüenza, su irritación con Jisoo por meterle ideas a Jennie en la cabeza, su verga viéndose ridícula con tres donas apiladas alrededor.

Nada. Lo único que importa es que Jennie sea feliz.

Se quedan así un rato, Lisa profundizando el beso, Jennie aceptándola en su boca, hasta que la cosa se calienta. En un momento dado, Jennie se separa, metiendo un mechón de pelo negro detrás de la oreja de Lisa.

—Has sido tan buena conmigo, Lili —dice, bajándose del regazo de Lisa y acomodándose de nuevo entre sus piernas—. Deja que te devuelva el favor.

Lisa traga saliva con fuerza, su polla palpitando tan salvajemente que la marea. Por fin se acabó: Jennie va a quitar las donas y finalmente darle la mejor mamada de su vida. Pero sin que ella lo sepa, Jennie tiene otros planes.

La primera lamida a su hendidura chorreante arranca un grito ahogado de Lisa.

—Q-Qué estás... —Mira hacia abajo, y la confusión se derrite rápidamente en dicha cuando ve a la castaña lamiendo el glande que asoma por los agujeros.

—J-Jennie, joder, solo... ah... —la voz de Lisa se quiebra, mientras Jennie rodea la punta con su lengua—. Solo quítalas y... hah...

Sus palabras se disuelven en gemidos cuando Jennie empieza a chupar, de forma obscena, ruidosa y sucia, casi pornográfica. Su lengua orbita alrededor de la punta, y las caderas de Lisa se sacuden por instinto, haciendo que el glaseado de chocolate de la dona superior se unte contra la barbilla de Jennie.

Su boca es tan caliente, y tan húmeda, y los pequeños ruidos que hace cada vez que el líquido preseminal gotea en su boca... joder, se lo está tragando todo, sin desperdiciar ni una sola gota. Cada contracción dentro de ese calor aterciopelado, cada tarareo, cada pasada de su lengua; todo envía tsunamis de puro éxtasis chocando contra Lisa con toda su fuerza.

Se siente tan bien, tan bien, tan bien que Lisa se olvida de la situación ridícula en la que está. Tan bien que el único pensamiento que ronda por el cráneo de Lisa es Jennie, Jennie, Jennie.

Jennie, quien sabe exactamente qué botones presionar para hacer que Lisa se retuerza. Jennie, quien es tan preciosa y hermosa e impresionante y linda y adorable y atractiva. Jennie, quien siempre ha estado ahí cuando Lisa se siente sola, quien la ama a pesar de todos sus defectos. Jennie, quien es mala con las palabras pero siempre lo compensa con pequeños actos de servicio.

Nadie se compara con Jennie. Ella es la única que puede hacer que Lisa se sienta así de amada, así de bien.

Lisa es un desastre de gemidos, y Jennie es implacable. Sorbe, lame, mordisquea y tira, y es insoportable; el placer sube más y más alto hasta que la visión de Lisa se nubla. Cuando el nudo en su núcleo amenaza con romperse, de repente recuerda.

Joderjoderjoder, se va a correr con las donas en su polla.

—E-espera, Nini... mierda... —solloza Lisa cuando Jennie chupa aún más fuerte, cada músculo tensado mientras una dicha blanca recorre su cuerpo—. Las donas... me voy a... ah, Jennie por favor, las donas...

Jennie lame su verga unas cuantas veces más antes de soltar el capullo hinchado.

—En mi boca, Lili—abre la boca de par en par, con la lengua plana contra la parte inferior de la punta de Lisa.

Y con eso basta.

La verga de Lisa se contrae, chorros de líquido espeso brotan uno tras otro, disparándose sobre la lengua de Jennie, dentro de su boca, contra su mejilla, goteando por la polla de Lisa y ensuciando las donas. No para de salir, con cada nervio ardiendo, sollozos y gemidos escapando de sus labios, hasta que ve las estrellas.

Jennie se traga cada gota, mirando fijamente a Lisa como si quisiera recordar la expresión de su rostro para siempre. Limpia el semen de la punta sensible con la lengua, deleitándose en la forma en que Lisa se estremece con cada lamida, sobreestimulada.

Y para provocarle a Lisa un infarto final, Jennie muerde la dona cubierta de semen, recoge el semen de su mejilla con el dedo antes de metérselo en la boca, chupándolo hasta dejarlo limpio.

—Gracias por el postre, Lili.