Customize readability
Aa

Del Hielo a la Barra

All Rights Reserved ©

Summary

Elena es una joven normal, estudia en otra ciudad, comparte piso, trabaja los fines de semana, sale de fiesta con sus amigos, desea volver a casa por Navidad y terminar la universidad para tener un buen trabajo. Sus prioridades están muy claras. Sin embargo, cuando conoce a Liv, una patinadora que no sabe lo que es vivir en un mismo sitio, lo que creía querer comienza a cuestionarse. Elena deberá decidir si arriesgarse a empezar algo con Liv sabiendo que podría marcharse o ignorar sus sentimientos para evitar salir lastimada. ©Todos los derechos reservados. Obra registrada. Cualquier copia o adaptación será denunciada.

Genre
Romance/Lgbtq
Author
Miriam
Status
Complete
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Es una mala idea.

—No lo es. —La respuesta de Alicia me hace darme cuenta de que lo he dicho en voz alta—. Solo vamos a patinar sobre hielo, no a esquiar al Everest.

—Tampoco esquiaría en el Everest, si es que se puede—murmuro mirando a la gente dar vueltas por la pista.

Algunos se mantienen sobre los patines. Otros... llevan más metros recorridos con la cara. El sonido de las cuchillas sobre el hielo no hace que me tranquilice.

—No voy a hacerlo. Me voy a caer—me niego sacudiendo la cabeza. Un mechón de pelo castaño oscuro se me mete en el ojo—. Me habíais dicho que íbamos a ver la decoración de la Plaza del Pilar, no a patinar.

—Técnicamente la pista está dentro de la plaza, así que, deja de ser tan dramática—me reprocha Carlos. Sus ojos rasgados me juzgan en silencio—. Hay hasta niños patinando. Se caen, echan un par de lágrimas y se levantan. Eso tienes que hacer tú, omitiendo lo de las lágrimas.

—Los niños son de goma. ¡Yo no! —exclamo un poco más alto de lo que pretendía.

—Tienes veintiuno, no ochenta. Vamos a por los patines. —Me arrastra del brazo hacia el mostrador mientras Carlos se ríe.

El suelo está frío y las bolsas de plástico que nos han dado no impiden que se me mojen los calcetines. Vuelvo a echar una rápida mirada a la pista con los patines en la mano; pesan menos de lo que me esperaba. Todavía sigo sin creerme que vaya a deslizarme sobre el hielo con unas botas que en lugar de suela tienen cuchillas. Esto no puede salir bien... para mí.

—Elena, date prisa que el tiempo corre—me dice Alicia devolviéndome a la realidad. Se ha recogido todo el pelo rosa en una coleta alta.

No sé cómo se han calzado tan rápido cuando yo no consigo ajustármelos correctamente. Primero aprieto demasiado las correas y no cierran. Después las he dejado flojas. ¿Cómo pretenden que me patine si no soy capaz de abrocharme unas malditas botas?

—Tranquila, estaremos contigo todo el rato—me dice Carlos echándome una mano.

—Eso no me tranquiliza—murmuro poniéndome en pie.

Sorprendentemente no me caigo, es una buena señal.

Alicia es la primera en entrar a la pista, me tiende la mano para ayudarme y Carlos se queda detrás por si acaso. La barandilla a la que me sujeto no me trasmite demasiada confianza.

—Muy bien, estás dentro, ahora intenta avanzar—me anima mi amiga.

—Recordáis cuál es el número de emergencias, ¿verdad?

Deslizo mi patín por el hielo sin soltarme y automáticamente me arrepiento. La sensación es extraña, siento que voy a resbalarme en cualquier momento. Aun así, reúno el valor suficiente para mover el otro pie.

—Si sigues avanzando ahí pegada te acabarás cayendo. Esa zona es la que más resbala—informa el moreno señalando todo el hielo acumulado en los bordes.

—¿Entonces qué sentido tiene esto? No puedo agarrarme a la valla para no resbalarme porque esta resbala más. ¡No tiene ninguna lógica! —grito una vez más demasiado alto.

—Nadie te ha pedido que le busques la lógica, Elena, solo suéltate y danos la mano. Nosotros te enseñamos—trata de convencerme Carlos.

No sé en qué momento pienso que es buena idea despegarme de lo único que no se mueve, solo sé que lo hago. Alicia va a mi derecha; Carlos en mi izquierda, y sin soltarme ni un momento me animan a patinar. Me gustaría decir que he estado siendo una exagerada, que patinar no es tan complicado, pero estaría mintiendo. Al primer intento me voy de bruces contra el hielo, llevándome a mis amigos detrás. Tal vez por eso la segunda vez soy la única que se cae. ¿Quién me manda fiarme de mis amigos?

—¿Me habéis dejado caer? —pregunto incrédula ante semejante traición.

—Yo no lo llamaría así—se defiende el traidor—. Llámalo proteger nuestra integridad física. —Le saco el dedo corazón antes de que me ayuden a levantarme.

De pronto, una melena rubia pasa a gran velocidad.

—¡Venga, que no ha sido nada! —exclama con una sonrisa.

Se mueve con una facilidad envidiable, como si no costase nada o fuera parte del hielo. La envidio. Mucho.

—Dios me odia—murmuro sin apartar la vista de la patinadora rubia.

—¿Por qué dices eso? —pregunta Alicia ayudándome a levantarme.

—Porque no me ha hecho tan ágil como a ella. —Me agarro a mis amigos para no volver a resbalar.

—Esa chica trabaja aquí y probablemente llevará toda la vida patinando—responde Carlos—. Si no supiera patinar... mal iríamos.

—Quiero intentarlo de nuevo—me sorprendo a mí misma diciendo esas palabras.

Mis amigos me miran como si me hubiera crecido un tercer brazo.

—Madre mía, creo que se ha golpeado la cabeza contra el hielo—bromea Alicia.

Le doy un suave empujón, pero el karma me la devuelve haciendo que casi me caiga.

Empiezo dando pasos pequeños, sí, pasos, porque en vez de deslizarme parece que estoy acuchillando el hielo. Al final, tras las insistencias de mis amigos termino deslizándome, poco a poco.

—¿Te ves preparada para intentarlo sola? —quiere saber Carlos. Ya llevo un rato sin caerme.

—Pues... Podría... ¿Intentarlo? —dudo.

Me siento mal por mis amigos, ellos ya saben patinar y al estar tan pendientes de mí no pueden disfrutar del hielo. Quiero que puedan dar alguna vuelta. Además, no pueden llevarme siempre de la mano, en algún momento tendré que hacerlo sola.

—Lo haré—digo asintiendo rápidamente con la cabeza.

—¿Segura? —interroga Alicia no muy convencida—. Ha sido idea nuestra, podemos quedarnos contigo.

—No, quiero intentarlo, podéis ir a vuestra marcha. Estaré bien.

Se miran no muy convencidos. Sin embargo, no insisten. Saben que soy más tozuda que una mula y no conseguirán que cambie mi respuesta. Los veo alejarse. No patinan mal, pero no pueden compararse con la rubia que he visto pasar varias veces por nuestro lado.

La veo ayudar a los niños a levantarse, enseñarles e incluso echarle un cable a algún adulto. Todo eso mientras se marca alguna pirueta sin apenas esfuerzo. No sé si quiero ser ella o estar con ella.

—Me alegra ver que ya puedes sola—me anima patinando hacia atrás—. ¡Sigue así!

Creo que tiene los ojos color miel. No soy consciente del tiempo que llevo mirándola hasta que me veo en el suelo; me he caído de culo. La rubia se percata de mi espectacular caída y se acerca para ayudarme. No tardo en agarrar la mano que me ofrece. Solo espero que no note mis nervios.

—Tienes que perder el miedo—dice. Me gusta el sonido de su voz—. En cuanto lo hagas ya verás cómo te resulta más sencillo.

—Eso será fácil para ti, que puedes hacer una pirueta sin despeinarte, pero al resto de simples mortales nos da miedo caernos—respondo algo nerviosa.

—Yo no nací sabiendo. También tenía miedo al principio—confiesa mirándome a los ojos. Sí, son color miel y más bonitos de lo que pensaba—. Al final lo que importa no son las veces que te caigas, sino las que te levantas. Vamos, yo te ayudo. Dame las manos.

Creo que se me ha parado el corazón.

«Tranquila, Elena, solo te ha pedido que le des las manos para ayudarte. No es para tanto».

Noto la fuerza con la que me agarra para que no me caiga a través de los guantes. Entonces, comienza a patinar hacia atrás, despacio y animándome a que la siga.

—Eso es, vas muy bien—comenta con una sonrisa.

Me doy cuenta de que ya no voy tan despacio como antes, mis pasos se han alargado, un poquito, y están más cerca de algo parecido al patinaje. No está mal para ser la primera vez.

Intento no mirarla demasiado para no desconcentrarme. Lo último que quiero es caerme o chocar con alguien delante de ella, lo que, para mi sorpresa, no sucede. La patinadora es capaz de ir hacia atrás, guiarme a mí e ir mirando quien se pone en medio para esquivarlo. Alucinante.

—¡Elena! —escucho que me llaman. Segundos después alguien me agarra por los hombros—. Casi no creíamos que fueras tú, no vas nada mal—me alaba Carlos.

—Sí, muchas gracias por enseñarle—le agradece Alicia a la patinadora. Mi amigo sonríe a modo de agradecimiento también.

—No hay de que—responde ella—. Te dejo en buenas manos. —Me guiña un ojo que me acelera el corazón antes de realizar un giro perfecto y seguir deslizándose por la pista como si nada.

Miro a mis amigos con una sonrisa falsa. Ya podrían haber dado un par de vueltas más.

—Bien, ¿eh? —inquiere Alicia con una sonrisa pícara.

—Vete a la mierda—respondo riendo.

Continuamos patinando y observando a la gente caerse el poco rato que nos queda. Hay un niño que no se ha dejado los dientes de milagro por ir muy cerca de la valla. Siento pena por él porque perfectamente podría ser yo.

—Entonces... ¿Te alegras de haber venido? —pregunta Carlos mientras nos quitamos los patines. Me duele reconocer que se me ha pasado el tiempo deprisa.

—Puede... —murmuro mirando nada disimuladamente a cierta patinadora.

—Ya volveremos, pero esta noche salimos a celebrar que has salido ilesa—. Le tiro los calcetines limpios que me he traído a la cara.

⛸️⛸️⛸️

Tengo ganas de bailar. Me encanta la música que está sonando y las luces de colores hacen que me olvide de que hay tanta gente que a poco que me mueva le daré un codazo a alguien.

—¿Quieres una copa? —grita Alicia por encima de la música.

—¡Sí! —afirmo señalando la barra.

A base de empujones conseguimos hacernos paso. Carlos intenta captar la atención de los camareros inútilmente hasta que... No puede ser. Está ahí, la patinadora está detrás de la barra. Mi corazón se acelera tanto que por un momento temo que se escuche por encima de la música.

—¿Esa no es...? —chilla Carlos, ganándose una colleja de mi parte antes de que pueda terminar la frase.

Nos ve. Me ve. Me sonríe y yo me escondo detrás de mis amigos. Genial, he olvidado actuar como una persona normal.

—¡Dile algo! —exclama Alicia. Como si fuera tan fácil.

No, prefiero seguir escondiéndome hasta que nos atiendan para poder perderme entre la multitud. Es más, prefiero quedarme sin beber, con eso lo digo todo. Sin embargo, parece ser que el Universo en verdad sí disfruta metiéndose conmigo porque viene hacia nosotros.

—Hola de nuevo, ¿qué os pongo? —pregunta sonriente.

Está guapísima. ¿Por qué tiene que ser tan guapa? Lleva un top asimétrico negro que brilla bajo los focos.

—A nosotros vodka con limón. A mi amiga lo que ella te pida.

«La mato. La mato. La mato».

—¿Qué tal estás? ¿Te duele algo? —pregunta con una simpática sonrisa.

¿Por qué demonios tiene que ser tan amable? Si fuera borde sería más fácil.

—Estoy bien, gracias—consigo formular—. Tomaré lo mismo que mis «maravillosos» amigos.

Los veo reírse a los muy cabrones.

—¡Tres vodkas, marchando!

Prepara los suyos primero y ni siquiera se molestan en esperarme. Que invito yo, le han dicho. Debería cambiar de amigos y de bar.

—Así que... eres patinadora de día y camarera de noche—intento iniciar una conversación, aunque el hecho de estar gritando no ayuda a que sea más fácil.

—Llevo una doble vida, como los superhéroes, solo que la mía no es ni la mitad de interesante—contesta echando los hielos al vaso con la misma elegancia con la que patina.

—Parece agotador, aunque no pareces cansada, es decir, que estás muy... despierta—balbuceo. No me puedo creer que haya dicho eso.

Si no me hiciera parecer una loca me pegaría a mí misma una bofetada. Por suerte, parece que no ha oído la mitad… O está siendo educada. Ella simplemente se ríe y me ofrece la copa antes de preguntarme:

—¡Oye! ¿Haces algo mañana por la tarde?


¡Bienvenidos a esta pequeña historia!

Sí, como leéis, esta historia tendrá tan solo unos 14 capítulos y es una Rom-com navideña que espero que disfrutéis tanto como yo escribiéndola.

Las críticas constructivas siempre serán bien recibidas.

Espero volver a veros por aquí.

Let Miriam know what you thought about this chapter!
Love this

1

Love this

Funny

1

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

author

el amor está en todos lados o así es como pensamos
bueno comencemos con la historia
un dia Cristina y su novio Elías salen ella estaba cansada de que Elías prefería a sus amigos antes que a ella un día entran a la uni donde Cristina conoce a este chico llamado Victor
Victor es un chico simpático y súper buena onda

ese día chocan por casualidad

y Victor dice

~My name is Victor
What is your name?

Ashley savia muy poco de inglés
a los que le responde

My name is Cristina
no hablo mucho el inglés
Victor le dice jaja no te preocupes por suerte se hablar español muy seguido
Cristina le pregunta a Víctor a qué clase va a lo que Victor responde que a las el salón número 2 Cristina dice que ella también y se van juntos poco a poco Cristina fue sintiendo algo por Victor se lo declaró aún teniendo novio pero Victor la rechazó después de un tiempo pasan a el segundo año de universidad cristiana todavía era novia de Elías pero un día decide jugar verdad o reto con sus compañeros de clase a el cual le retan a darle un beso a Víctor ella le da el beso y cumple con su reto Pero más tarde Elías se a enterado Elías discute con ella y le dice que una zorra una fácil y una vendida Cristina queda muy dolidas por esas palabras
meses después conoce a Ronald un chico súper encantador y amable Ronald se enamora de Cristina a primera vista cristiana en ese entonces veía a Ronald como un simple amigo tiempo después se hacen novios y ella está haciendo lo posible para no fallarle a el

4 months

Further Recommendations

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Read Now
Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Read Now
 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

Nicole Schär: Eine tolle Geschichte, bin schon gespannt wie sie ausgeht.

Read Now
Silver's Second Chance

Alicia: Easy, short read. Cute love story and plot.

Read Now
Luna de Verano - Die Gefährtin des Alphas (Band 1)

wolfgang.grotenklas: Super Geschrieben super Geschichte! Wann geht es weiter?

Read Now
The Grumpy Next Door

Bothboth: Good and clean

Read Now
Bloodlines

Sandy: This is a fast paced story that draws in and won't let you go. I loved it and I'm looking forward to seeing other works from this author.

Read Now
Luna auf der Flucht

N.: Ich mag die Idee der Geschichte und die Charaktere sind sympathisch und die Handlungen nachvollziehbar. Ich würde das Buch uneingeschränkt jedem empfehlen, der dieses Genre mag

Read Now