Cuando Nadie Mira

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Summary

¿Qué pasaría si te enamoraras de tu jefe... y él también de ti? Adelaida siempre ha tenido un amor platónico por Will Parfitt, su jefe, desde el primer día que entró a la empresa. Un hombre mayor, casado y aparentemente inalcanzable, al que solo podía admirar en silencio. Sin embargo, lo que parecía un sueño imposible se convierte en realidad tras una noche inesperada, donde la debilidad de Will rompe todas las barreras entre ellos. Después de ese encuentro, Will ya no puede verla como la “niña” que siempre fue a sus ojos. Aunque intenta resistirse, tenerla tan cerca día tras día lo arrastra a repetir lo que juró no volver a hacer. Lo que comenzó como un error se transforma en una adicción para ambos, desdibujando los límites entre jefe y secretaria, y desatando una pasión peligrosa que amenaza con destruir todo a su paso. ¿Podrán ocultar su amor prohibido o el deseo terminará por arruinarlo todo?

Genre
Erotica
Author
Kairo Vex
Status
Complete
Chapters
67
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 01

ADA

Le doy un sorbo a mi café a la vez que veo a través del cristal de la cafetería la empresa donde trabajo, el auto de mi jefe pasa por la avenida, se adentra en la empresa y yo sonrió cuando desaparece <<siempre tan puntual>>, a pesar de ser el dueño siempre llega un poco antes o justo a la hora de entrada según él para darnos un ejemplo, además, se considera un trabajador más.

Siempre tan humilde.

Will Parfitt, mi jefe, es el hombre más exitoso que conozco, trabajador, bondadoso, dedicado, inteligente y muy atractivo. A sus cuarenta y seis años pareciera que tiene diez menos, se mantiene en forma, cuida su salud, como no si su empresa es de moda, la mejor de todo el continente europeo y americano, es el hombre perfecto, cada modelo que pisa la empresa no se avergüenza en coquetearle, pero él siempre se mantiene al margen respetando a su esposa.

Esa mujer tiene la mejor suerte del mundo, todas quisieran su lugar, incluyéndome.

Desde que pise la empresa cuando tenía dieciocho quede flechada por mi jefe, más aún cuando acepto darme el trabajo de secretaria de presidencia, en primer instante pensó en ayudarme ya que llegue a Londres para buscar más apoyo económico, él me escucho y eso hizo que mi admiración creciera aún más, ni siquiera le importo mi inexperiencia, según él todos podemos aprender.

—Pareces loquita con esa sonrisa— miro a Miranda la cual lleva el vaso de café a sus labios —¿Pensando en el jefe otra vez?

—Pff, claro que no— me mira sin creerme y yo no puedo evitar sonreír más.

—Pensé que superarías ese crush que tienes por él.

—Lo intente, pero es imposible superar al señor Parfitt— medio sonríe.

—Si así te tiene sin siquiera darte un indicio de interés, no quiero imaginarme como estarías si coquetearán— suelto un suspiro.

—Si tan solo lo hiciera una vez.

—Sabes, siento lástima por tu novio— frunzo el ceño —El pobre vive sin saber que fantaseas con otro, no quisiera ser él.

—Oye, yo quiero a Chris, estoy consciente que jamás pasará nada con el señor Parfitt, solo es mi amor platónico, ¿acaso tú no tienes?

—Pues me gusta Tom Hiddleston— ruedo los ojos.

—De la empresa— niega bajando la mirada a su café —¡Mentirosa!, si te gusta alguien.

—Claro que no, yo tengo los pies puestos sobre la tierra y jamás me interesaría por algún jefe.

—Que mala eres— se encoge de hombros.

—Realista— entrecierro los ojos —Es hora de irnos, faltan diez minutos para entrar.

—Bien, vamos— ambas nos ponemos de pie y salimos del local.

Miranda es la recepcionista de la empresa, es mi única amiga también aquí en Londres, ella me recibió amablemente al verme tan perdida, yo ni siquiera tenía en donde vivir, me quedaba en un hotel así que me ofreció su apartamento a lo que yo acepte, ella es muy linda, de ojos verdes, delgada, cabello negro al ras de los hombros y más bajita que yo, no había día en que no me quedara sola ya que salía con sus citas de Tinder los cuales siempre resultaban ser idiotas hijos de mami, dejo eso atrás, ahora solo se concentra en ella.

Hace exactamente un año pude rentar mi propio apartamento, no muy lejos de su edifico, junté dinero suficiente además de que me subieron el sueldo y me administre bien, al salir claramente le agradecí a Miranda por haberme acogido por tres años <<obvio le ayudaba a pagar la renta>>, dijo que se sentiría sola, pero se acostumbraría, en realidad no es muy afectiva que digamos.

Al entrar a la empresa ella se va a su lugar deseándome un buen día, yo entro al elevador pulsando el número más alto, llego en menos de lo que me espero ya que no hay muchas personas todavía.

Salgo del cubículo para ir directo a mi escritorio, acomodo mis cosas, tomo unas carpetas y voy a la oficina de mi jefe, toco tres veces la puerta de cristal cubierta por la cortina blanca desde adentro, el señor Parfitt no tarda en darme permiso para entrar.

—Buenos días— saludo con una sonrisa en mi rostro.

—Ada— alza la mirada azul y sonríe también —Buenos días, ¿cómo amaneciste?

Luce fenomenal como siembre, con su traje impecable, su cabello rizado sin gel debido a la sesión de fotos de hoy pero aun así viene bien, su aroma varonil se cuela por mi nariz volviéndome loca, ni hablar de su sonrisa perfecta, ¿cómo es que puede ser tan hermoso?

—Muy bien, ¿y usted? — acomodo las carpetas frente a él.

—Un poco estresado, ya sabes, hoy tengo sesión de fotos y junta con los ejecutivos para el nuevo lanzamiento de colección— suspira.

—Si, de hecho, en las carpetas está el informe de cómo será todo— entrelazó mis manos cuando termino de acomodar —Ya verá que todo le saldrá bien, como siempre.

—Eso espero— abre una carpeta —Dile a Miranda que te avise cuando lleguen los de la junta y acomoda una de estas en cada lugar.

Asiento sin dejar de mirarlo.

—¿Uno para su hijo también?, o...

—También para él, por fin se dignó a venir.

—Okay, en un momento queda todo listo— me dedica una pequeña sonrisa —Permiso.

Salgo de la oficina.

La sonrisa no se me borra, voy al teléfono para informarle a Miranda lo que pidió el señor Parfitt, una vez hecho saco las copias necesarias para las carpetas, cuando las tengo voy a la sala de juntas y las acomodo una por una asegurándome que queden perfectas.

Al terminar regreso a mi escritorio para trabajar.

Al cabo de media hora el teléfono suena, es Miranda informándome que Elías Parfitt está aquí <<que miedo>>, él es todo lo contrario a su padre, no viene mucho por acá ya que tiene sus propios negocios, es una cara dura total, su temperamento es frío y le encanta el orden junto con la perfección, además, siempre nos ve a todos por debajo de él.

Salgo de mis pensamientos cuando el elevador se abre, de el sale Elías, <<todo un Parfitt>>, su cabello es un poco más claro, lacio, es de la misma estatura que su padre, a pesar del traje se nota que se ejercita y los ojos azules llaman la atención, con actitud fea y todo pero al final un Parfitt, ni hablar de las facciones perfectas de su madre.

—Buenos días— me pongo de pie.

—Dile a mi papá que voy directo a la sala de juntas— ni siquiera me mira, solo pasa de largo a la sala.

Alzó ambas cejas reteniendo el rodar los ojos y tomó el teléfono.

—Señor, su hijo está aquí, ya paso a la sala de juntas.

—Bien, dile que voy en un momento— asiento como si pudiera verme.

Suelto un suspiro antes de ir a la sala de juntas, Elías Parfitt ya se encuentra sentado a la derecha de la cabecilla, lee detenidamente el informe con dos de sus dedos en su sien.

—Señor, su padre le manda a decir que en un momento viene— sus ojos azules me miran solo por unos segundos —¿Gusta algo de beber?

—Si— cierra la carpeta —Tráeme un café sin azúcar por favor.

—Okay, en un momento— salgo de la sala.

Me apresuro a cafetería de este piso, aquí solo hay cuatro lugares por así decirlo, la oficina de mi jefe, la sala de juntas, la oficina del vicepresidente comercial que tendría que ser de Elías, pero en su lugar la maneja Gabriel Moore, el mejor amigo del señor Parfitt y por último la parte de cafetería.

Sin mencionar mi escritorio y el de la secretaria de vicepresidencia comercial.

Con cuidado voy de regreso con el hijo de mi jefe, dejo el café por el lado derecho y él gira su cabeza a mi cuando me inclino, eso me pone nerviosa así que trato de hacerlo lo más rápido posible.

—Sin azúcar como pidió— sonrió amable.

—Gracias— asiento.

—¿Desea algo más?

—No, es todo.

—Con su permiso— me dirijo a la puerta.

Cuando llego mi jefe entra, casi chocamos así que pone su mano en mi hombro riendo un poco, bajo la mirada para que no note que me sonroje, le pido disculpas y vuelvo a mi puesto.

Los ejecutivos comienzan a llegar, el último en hacerlo es el señor Moore <<siempre llega tarde>>, tal vez sea por el hecho de que no tiene secretaria, por alguna extraña razón tiene tan mala suerte que siempre le salen insuficientes, hacen todo mal o se creen demasiado solo por el puesto de secretaria de vicepresidencia, además, con los celos de su esposa tiene que elegir muy bien que no sean súper modelos.

Al cabo de casi dos horas todos comienzan a salir, los últimos son mi jefe, su hijo y el señor Moore, los tres caminan hasta el elevador, pero se quedan de pie frente a mi escritorio mientras hablan.

—Iré a dar una vuelta por la empresa, hace mucho que no venía— dice Elías.

—Me parece bien, yo tengo sesión de fotos en media hora así que no podré alcanzarte hijo— el menor asiente.

—Me voy— dice caminando al elevador, pulsa el botón y yo no me espero la mirada que me da antes de subir.

Por los nervios le dedico una pequeña sonrisa que no devuelve, jamás he visto sonreír a ese hombre.

—Necesito urgente una secretaria— comenta el señor Moore.

—Ni que lo digas.

Me pongo de pie, rodeó mi escritorio para quedar en medio de los dos hombres.

—Disculpe señor Moore, ¿Puedo comentarle algo? — sus ojos entre negros y grises me miran.

—Claro Ada— sonríe.

—Bueno, me iré llenado a fotografía, Ada, me alcanzas en unos minutos— me pide el ojiazul.

—Claro señor— no dice nada más y se va al elevador.

—Dime Ada, ¿hay algún problema?

—No señor, es solo que quería proponer a Mandy para su secretaria, ella es muy eficiente, sabe muchas cosas y aprende rápido.

—¿Mandy?

—Eh, Miranda Adams, es que le digo Mandy de cariño— suelto una risita nerviosa.

—¿Es la recepcionista?

—Si, pero le repito, ella es muy eficiente, tiene muchos años trabajando aquí y creo que se lo merece— entrelazo mis manos.

—Está bien, se lo comentaré a Camilo, pero tú te encargas de conseguir una nueva recepcionista— chillo emocionada.

—Gracias— acaricia mi cabeza sonriendo.

Los jefes siempre me ven como la chiquita de la empresa, no me molesta, solo cuando viene del señor Parfitt ya que quisiera que me viera tan siquiera una vez como una mujer.

—No hay de que, confío en que será eficiente para mi— asiento —Iré a trabajar, hay muchas cosas por hacer, dile que venga a mi oficina más tarde para ver lo del puesto, iré a trabajar.

—Claro— se da media vuelta para entrar en su oficina.

No puedo evitar saltar de la felicidad, Mandy estará muy feliz, además de ascenso, se le subirá el sueldo, no puedo esperar a contarle.

Miro la hora en mi reloj, salgo casi corriendo para ir tres pisos abajo, el elevador se abre dándome paso para entrar al estudio de fotografía, me quedo de pie al lado de la silla se mi jefe, sonrió al mirarlo, posa sentado un un tipo cubo color blanco, se cambio de ropa a un pantalón de vestir café claro, playera de cuello de tortuga y manga larga casi del mismo color y una gabardina un poco larga de cuadros color a contraste.

Se ve hermoso como siempre.

El fotógrafo se toma un descanso, me acerco a mi jefe con una sonrisa, él la devuelve y le entrego la botella de agua que tome de sus cosas en la silla.

—¿Que tal?— me entrega la botella de vuelta después de beber.

—Fantástico como siempre, a usted todo le sale bien.

—Eso es por que tengo a la mejor secretaria— muerdo mi labio inferior conteniendo la emoción.

—Chica, ayúdale con el cabello, solo un poco— me dice el fotógrafo.

—¿Puedo?— cuestionó y mi jefe asiente.

Con mis manos comienzo a acomodarle un poco los rizos, trato de no sonreír tanto para que no note mi emoción, mi corazón palpita a mil, más cuando voy a caerme ya que mi pie se dobla al moverlo tanto por los nervios, él me toma por la cintura con una mano, ambos reímos mientras nos miramos.

De verdad no puedo creer que este hombre es veinticuatro años mas Grande que yo, luce demasiado bien, con esa leve barba Bien definida y el bigote viéndose más varonil, si tan solo...

—Buenos días— me quito inmediatamente escucho la voz de la esposa de mi jefe.

Bajo la mirada avergonzada, no quiero que piense mal aunque su marido haya pasado desnudo por mi mente varías veces.

—Amor, ¿qué haces aquí?— cuestiona sorprendido mi jefe.

Se pone de pie para acercarse a ella y darle un beso en los labios.

—Pasaba por aquí junto con Marisa y quisimos visitar a nuestros esposos— sonríe mirándome de reojo —Aunque veo que estás ocupado.

—Solo es una sesión de fotos y después tengo el día libre— acaricia la mejilla de su esposa —Te ves hermosa.

—Tu igual.

—¡A posición!— grita el fotógrafo.

La señora Parfitt y yo nos alejamos del área para que sigan con la sesión, quedamos juntas de pie mientras miramos a mi jefe.

Observo de reojo a Diana, es realmente hermosa, digna del señor Parfitt, tienes los ojos azules también pero un azul más fuerte, su cabello café a media espalda y peinado elegantemente la hacen ver fenomenal, es casi de mi misma estatura, solo dos centímetros más alta que yo según Google, ni hablar de su cuerpo hermoso y esa forma de vestir elegante y sobria.

Para sus cuarenta y cinco luce mejor que algunas de veinte.

—Ada— la miro —Tu que eres la sombra de mi esposo...¿no has notado nada raro?

—¿Algo raro?

—Si, ya sabes— suspira —Salidas frecuentes, cenas que no están en la agenda

—No la entiendo— Claro que lo hago.

—Que si no has visto a Will con otra mujer— me mira.

—No, el señor no hace más que trabajar e ir a su casa— alza una ceja —Él la ama, seria incapaz de traicionarla.

Y es verdad, el señor Parfitt no tiene ojos para otra mujer que no sea Diana, sería incapaz de serle infiel.