Capítulo 1
Soy una persona relativamente solitaria, he estado solo desde que tengo memoria. Abandonado por mis padres, en las calles de Osaka. Dejándome a la deriva en aquel lugar, sin tener un peso para poder seguir manteniéndome. Recuerdo ese día con claridad, el como todos pasaban de mi constantemente. Mi aspecto era el de un niño, hasta que te fijabas en mis ojos.
Llenos de desolación, ni una pizca de brillo en estos que representase algo de pureza. Ya había pasado las suficientes calamidades de la vida, como para ser comparado con un hombre. Suficiente dolor para entonces, no me hizo diferencia quedarme ahí. En mi subconsciente solo se alojó un objetivo, ese que había desarrollado con el escaso cuido de mis padres.
El poder sobrevivir en esta vida, más que solo vivirla como el resto. Mi mirada solo se coló en aquellos que era como yo, recibiendo ayuda de estos como igual. Termine siendo criado prostitutas del lugar, genere una especie de sentido de maternidad en ellas. Me oculté debajo de sus faldas cuanto pude, sabiendo muy bien lo cortas que estas eran. Una analogía de mi parte, pretencioso ante mi inefable destino.
Me termine convirtiendo en lo que, sin querer normalice en mi subconsciente. Tantos años de historias y vivencias que me llevaron ahí. Un callejón sin salida al que yo, había caminado por mi propia cuenta. Influenciado por lo que estaba a mi alrededor, para mí no fue complicado darle un precio a mi cuerpo. Todo tenía un precio en esta vida supongo y un cuerpo solo era un montón de partes sin sentido alguno.
Me obligue a pensarlo así por años, ellos nunca me tendrían completamente. Mis sentimientos guardados solo para mí, eran lo único que me quedaba intacto. Ninguno de esos cerdos se podía atrever a intentar quitármelo, ellos no podían generar otra cosa más que asco en mí. Esos pensamientos calaban indirectamente en mí y el dinero empezó a perder ese significado vital.
_ ¿Alguna otra cosa más? _
Menciono Yukika, la vendedora de Chanel. Ella tenía todas mis compras tomadas, sus brazos molestos de tanto peso, pero su sonrisa muy amable. La comisión sería buena, ella seguro lo pensaba. Era cliente frecuente ahí y siempre la buscaba solo a ella. Era la única que no me juzgaba, pues entre puertas se hablaba de mí. Hay cosas demasiado obvias y me tocaba aceptar todo aquello.
_Estoy bien. _Digo justo.
Descanse mi rostro de toda expresión, colocándolo neutro ante la interacción. Todos mis pensamientos deambulando en mi mente, dándome la razón de esta adicción que tenía. Solía comprar sin parar constantemente, llenaba momentáneamente el gran vacío de mi alma o lo que quedaba de esta en mí. Entre más costoso era mejor, así me duraba más tiempo el júbilo.
_ ¿El mismo proceso de siempre? _ La chica interrogo.
_El mismo de siempre. _Asegure.
Un sentimiento compartido y finalmente pude salir del lugar. Ligero como una pluma, después de gastar miles. Desvalorizaba el dinero muy constantemente, por la manera en como solía ganarlo aún. La ropa que ocupaba podía ser muy fina, pero seguía sintiéndome alguien de la calle. Me perdía en las imágenes del pasado, que se seguía pareciendo tanto a mi presente. Sin saber exactamente en donde quería estar, más que en libertad.
Al llegar a mi lugar yo, pude ver las cajas de diseñador. Verifique que todo estaba bien, sin mirar a mi alrededor. Más un olor me envolvió por completo, lo identifique como el de rosas recién cortadas. Me dije a mi mismo que no podía ser un perfume y lo comprobé cuando mire hacia el frente. Todo el maldito lugar lleno de rosas rojas, no alcanzaba a contarlas en su totalidad. Me quede paralizado, sin saber cómo reaccionar. Aquellos regalos ostentosos, solía hacerlos solo una persona en mi vida.
_Creo que alguien esta obsesionado contigo. _Una voz melódica me alerto mi cruda realidad.
Mi compañera de habitación Minato, hablo por sobre mi hombro. Me gire a verla algo avergonzado, incluso su espacio de trabajo, estaba cubierto en ramos de flores. Toda la sala era un jardín de flores, el aroma era exquisito. Fingí demencia ante todo aquello, solo para no involucrarla en nada. Esas flores estaban malditas, pero ella era muy inocente como para saberlo.
_Debe ser un error. _Mentí.
Minato me dio una mirada absoluta. _Este error ha estado ocurriendo ya muy constantemente, no es la primera vez que llenan el departamento de flores. _ Minato hizo un ademan con sus manos para mí. _Ve a leer la tarjeta Shotaro, aunque ya debes saber quién es tu admirador secreto. Ese tipo tiene un patrón para conquistarte, poco a poco está logrando su cometido. Lo puedo ver en tu rostro, cada que recibes sus flores. _
Minato me sonrió apacible, entretenida con mi cara enrojecida. Yo talvez podría ya no tener capacidad de amar en inocencia, pero aquel gesto me había calado hondo ya. Mi corazón palpitaba a mil por hora, mientras luchaba con mi juicio. Todo aquello no era un simple cortejo, era mucho más que eso. Yo no quería que ella siquiera supiese su nombre, quería protegerla de ese mundo. Minato era como la hermana que nunca tuve y no quería que terminase embarrada en nada.
_Necesito hacerlo en privado. _Solté finalmente.
Minato solo rodo los ojos en resignación. _Lo que tú digas. _
Ella se fue a paso relajado por supuesto, esperando que yo le enseñase luego. No lo haría jamás, no era una de sus amigas con relaciones sanas. Yo era alguien que vendía su cuerpo por dinero y ese regalo estaba fuera de lugar. Buscando más que solo premiar, él estaba tratando de agradarme. Con aquellas puras flores, que no parecían hacer ningún mal. Esa era la imagen que quería reflejar aquel regalo y la que yo luchaba por no creer.
Justo en el medio de la sala, un ramo con mayor cantidad de rosas. Me agache a admirarlas, a rozar sus pétalos con mis dedos. Eran de un rojo vino precioso, mi color favorito en todo el mundo. Mis flores favoritas también, siempre había soñado con recibirlas. De todas las flores anteriores, estas eran mis preferidas. Desvié mi vista hasta el resto del arreglo. Una tarjeta retozaba encima del lazo que unía las flores, me fije en el grabado dorado que esta tenia. Un mensaje simple en estas, mas sus iniciales al final.
_ “Espero con ansias nuestro encuentro de esta noche. J.S” _Mi voz tembló a leer en mensaje por completo.
Solía tener una vida mejor ahora, pero no podía dejar mi pasado atrás. Ellos seguían buscándome con sus billeteras y yo seguía cayendo ante grandes sumas de dinero. Me dije a mi mismo que todo estaría bien, que aun tenia mis sentimientos bien resguardados. Solo hasta que Sungchan llego a mi vida y sin una pizca de gracia los tomo a manos llenas. Me los arranco del pecho a punta de jodidas y me encontré a mí mismo suspirando por él.
En medio de mis servicios mi corazón palpitaba, rogaba por un poco más de amor de su parte. La falta de tacto en su toque y sus gustos retorcidos en el sexo. Sungchan se llevaba parte de mi alma con cada encuentro, como si me matase en vida. Me quede a pesar de todo, bien sabiendo quien era él y las cosas que hacía para ganarse la vida. El cómo había eliminado a cada uno de mis clientes, con la misma facilidad con la que eliminaba al resto de sus enemigos.
Solía ignorar la sangre en sus camisas o la cantidad de armas que traía consigo. Sus confesiones de devoción hacia mí, que se basaban en ajusticiar.Un hombre que, en ningún momento, debí haber dejado que entrase a mi vida, había también entrado a mi corazón. Como si eso no fuese suficiente, temía que este se sintiese de la misma forma. Podía verlo en esos ligeros destellos en sus ojos, cuando terminaba en mí. Yo podía lidiar talvez con mi corazón, pero el de Sungchan era un imposible. Su amor rozaba en borde a la obsesión, cada partícula de su cuerpo, deseando poseerme para siempre.
Su mirada fija en mi durante toda la velada, hemos venido aquí a solo una cosa. Sungchan insiste en relajarnos antes del servicio, como si eso fuese a variar como va a ser todo. Vierte más vino en mi copa, como si no le hubiese dicho que ya era suficiente. Nunca escucha una mierda de mis peticiones, pero tampoco me obliga a nada. Solo tiene que usar esa mirada suya dominante, para que la sumisión de la nada despierte en mí. Me pierdo en el borde de la copa, que rebosa en vino tinto. Deslizando la copa hacia mi Sungchan, la ofrece con una sonrisa encantadora. No se me olvida como se asoman, dos armas en sus costados, resguardada en sus respectivas fundas.
_Bébelo. _ Sungchan ordena de un tajo.
_He tenido suficiente Sungchan. _Dejo ir aquella frase de mis labios.
Me espere su reacción en anticipación, el cómo barrio la pequeña mesa de centro con todo. La manera en como tomo mi mentón, obligándome a mirarle a la cara. Me dejo hacer sin más, mirándolo fijo a los ojos. Dándole lo que quería, pero manteniendo aun el juego retorcido. Secretamente le gustaba, cuando no le obedecía del todo. Reafirmar su dominancia en mí, reclamarme constantemente.
_Creo que nunca vas a aprender a valorar tu vida, pequeño. _ Sungchan realizo.
Sungchan había borrado, todo el espacio que separaba nuestros rostros. Sus labios estaban en los míos, sin propiciar siquiera un beso. Había control en él, pero casi nada en mí. Quise besarle, robarle algo por primera vez. Me perdí en sus labios, sabiendo que este me descubriría anhelándolos. No me importaba en lo absoluto, mostrar que la devoción era mutua.
_No te temo en lo absoluto. _Mis ojos perdidos en esa hiel.
No le tengo miedo a su veneno, ya estoy demasiado en él. Cada cosa que me da, la acepto con gusto. Lo importante el seguirle teniendo, Sungchan es el único cliente que alguna vez he amado. Sin poderme deshacer completamente de él, debido a este amor tan retorcido entre nosotros. Sungchan quien se encargó de eliminar a cada cliente, que en algún momento me toco. Con sus propias manos, en las maneras más retorcidas imaginadas. Talvez nunca podría ser el primero en mi vida, pero prometió ser el último.
_Deberías. _Sungchan advierte.
Sungchan empuja mi rostro hacia atrás y yo caigo desvalido por sobre el agarre de mis brazos. Él se ha levantado a verme, desde esa posición me mira. Su rostro es un poema, uno muy complejo. Sé que debate consigo mismo cuando se trata de mí, incapaz de llegar a una conclusión en específico. Luchando contra sus propios sentimientos hacia mí, constantemente. Esos que no le permiten acabar conmigo, como con sus otros amantes. Sé que soy aquel talón de Aquiles, que no quiere aceptar.
Me quedo ahí viéndole en lo suyo, sacándose el saco que ocupaba. Dejando ver la funda que se aloja en su torso, en la que reposan dos armas. La retira para tirarla al piso, quedando totalmente desarmado. Me gusta pensar que está vulnerándose ante mí, dejándolas de lado para tenerme. Incluso si le tomaría un segundo, llegar a ellas para dispararlas. Ya ha pasado antes, sigo fantaseando con que me salvo aquel día. Verle volar la cabeza de ese hombre, sin chistar siquiera. Debo estar volviéndome loco, justo como él.
_ ¿Te gusta tu nuevo juguete? _ Sungchan saca la pregunta a flote.
Me hace recordar entonces mi realidad, la posición en la que estoy. Siendo castigado por mis conductas, he olvidado mi lugar debido a mi enamoramiento. Responderle se me va de los labios, ya no es fácil para mi evitarlo. El saber que posiblemente me ama, solo me hace querer ver que tanto puedo conseguir. Que tanto amor puedo sacar de Sungchan, es mi objetivo esta noche.
_Si. _ No miento.
Me acomodo fingiendo, el que este no está acribillando mi próstata. Vibrando de manera lenta, me está llevando poco a poco. El alboroto que armamos al ponerlo en mí, fue un forcejeo que Sungchan obviamente gano. Arrancándome la ropa del cuerpo, destrozándola en el proceso. Saco aquel plug de la nada, más una botella de lubricante sabor a fresa. Me moví vicioso hasta que entro, por lo que Sungchan recurrió a las esposas. Estas apretaban en mis manos, alzándome los brazos. Mi cabeza chocaba contra la base de la cama, cuando mi próstata apretaba contra el plug.
_Entonces no está lo suficientemente regulado. _Sungchan silva.
_Sungchan. _Ruego en su nombre.
Sungchan se quita la camisa que ocupaba, dejándola de lado. Alcanzando el botón de velocidades del juguete, para aumentarlo una velocidad más. Me mira para alcanzar mi reacción, con esa sonrisa de satisfacción. Esos ojos parecen devorarme, fijos a lo largo de mi cuerpo. Fijándose en como mi pene crece frente a él, alzándose hasta llegar a su tamaño erecto. Una gota de mi semen, asomándose en la punta. Sungchan sigue en su tarea de desnudarse, jalando de su correa entonces. La deja caer al piso y manda sus pantalones de una vez al vacío.
Su pene se hace visible, duro contra la tela de sus boxers. Puedo incluso dibujar visualmente su forma, marcándose perfectamente en el fino material. Relamo mis labios como la puta que soy, anhelando darle el tratamiento que se merece. Veo como Sungchan se coloca entonces a la orilla de la cama, acariciando por sobre la tela de sus boxers. Se encarga de sacar su extensión y masturbarla frente a mi atenta vista. El viaje de su mano es uno largo, se entretiene acariciando la punta. No le toma muchas manotadas hacerlo reaccionar, endurecerse contra su mano. Cabeza de un rojo brillante, no podía dejar de ver.
_Va a ser tuyo si te comportas. _Sungchan aviso.
_Seré un buen chico. _Fue lo único que se me vino a la mente decir.
Sungchan sonríe en satisfacción absoluta, escala la cama hasta estar sobre mí. Nuestras erecciones conociéndose al fin, apegándonos al otro. Un gemido de parte de ambos, acallado por un beso. Lo compartimos acoplándonos el uno al otro, yendo a por los labios del contrario. El beso es húmedo en sensación, caliente contra los labios. Desordenado hasta ya no más, nuestras lenguas dándose una tregua para saborearse. Me pierdo en sus labios dócil, Sungchan me clava a besos contra la almohada.
Él baja sus labios hasta mi barbilla, sin dejar nada que besar. Me mira de reojo disfrutando del desastre que soy bajo sus besos. Yéndose hasta mi manzana de adán, ajustándola en sus dientes. Me retuerzo ante aquello, tragando hondo contra su mordida. No sé por qué se siente tan pecaminoso, que haga eso de la nada. Rodando mis caderas contra las suyas, tratando de motivar un vaivén entre ambas. Sonríe dejando ir un gemido de sus labios, para luego bajar a darle un par de probadas a mis clavículas. Cada una deja marcas de amor, Sungchan esta empecinado en marcar su territorio. Al menos por el día de hoy, todo el mundo sabrá que fui suyo.
Ocupa una de sus manos en una de mis pezones, pizcándolo hasta hacerlo brotar. Me saca varios gritillos encargándose de excitar ambas, mis gritillos siendo música para sus oídos. Se encarga entonces de lamerlos, lenta y tortuosamente con su lengua. Dando círculos en estos, chupando haciendo sonidos húmedos. Sungchan no ha dejado de embestir contra mí, solo para recordarme lo que me espera. El plug en mi culo se mueve de un lado al otro, obligándome a moverme, desesperado por sus embestidas secas.
Me resigno a que seré follado en seco por un buen rato, es eso lo que ha estado pasando. Mientras Sungchan sigue deleitándose en saborear cada parte de mi ser, ocupándose de mi adolorida extensión. La esconde en su mano masturbándola, la misma mano que el uso en él. No sé por qué, eso me hace querer follarsela agresivamente. Lo hago entre alaridos, los de un maldito desorientado. Estoy perdido al borde, tratando de no caer en un orgasmo antes de tiempo.
_ ¿Te gusta cómo se siente pequeño? _Sungchan arrulla aquella frase para mí.
_Si. _Mi asentimiento se quiebra debido a mi débil voz.
Rodé mis ojos en blanco, cuando Sungchan apretó un dedo en la punta, evitando que me viniese. Las lágrimas curvando mis orbes, iba a ser duro conmigo esta vez. Volvió a masturbarme, esta vez más fuerte que antes. Con su boca subiendo y bajando, a la par de su mano. Su boca era cálida y me apretaba tan bien. Sus labios rozando hasta mis bolas, para luego subir a atender el resto de la extensión. Me dedique a dar estocadas en su boca, mientras observaba como esta bañaba mi pene en saliva. Su mirada divertida en mi desordenado rostro, yo estaba al borde de largarme a llorar del placer.
_Me voy a venir en tu maldita boca. _ Aquella frase tajo desde el fondo de mi garganta.
Más que una advertencia, era un deseo, pero sabía que él no me lo concedería. Lo había hecho un par de veces, pero hoy no sería el día. Lo supe por cómo se acomodó sobre mí, frente a mí, cara a cara. Odiaba esa pose más que nada, odiaba ver su rostro al darme. Aquellas expresiones llegaban hasta en mi soledad, cuando me daba amor a mí mismo. El podía tener mis videos, pero yo lo tenía grabado en mi subconsciente.
_ Eso no va a poder ser pequeño. _ Sungchan pico.
Se encargó de retirar el plug, llevándoselo a la boca lo chupo. La imagen me hizo temblar como un desgraciado, ansioso de cómo me saboreaba. Una sonrisa lasciva cuando lo dejo ir de sus labios, relamiéndolos antes de volver a besarme. Pude probarme a través de sus labios, mientras este tentaba mi entrada. La fresa estaba también ahí, el dulzón me envolvió. Sentí la punta introducirse, siguió besando mientras me ajustaba. Eso fue extraño de sentir, él siempre se introducía de un tirón.
_Puedo tomar el resto. _
Lo apure aprisionándome de sus hombros, atrayéndolo a por un par de picos de sus labios. Sus ojos brillantes en mí, mientras le daba pequeños besos de vuelta. Metió el resto de un tiro y el movimiento me clavo en la cama. Sungchan se quedó viéndome fijo, repasando cada expresión de mi rostro. Fascinado, ante todo, como siempre. Dándome de estocadas limpias, constantes, que remecían la cama. Me tomo del rostro para que lo mirase a los ojos, mientras me daba en un buen son. Volteándome los sesos, con su sexo.
_Mírame cuando te estoy follando, quiero ver tu bonita cara cuando te llene. _Sungchan dijo en un hilillo.
Gemí ante sus palabras, con mi cara descompuesta. Era muy vocal para entonces, bañado en sudor. Usaba toda mi energía en recibirle, sintiéndolo al tope de mi estómago. Pude verlo bajando una de sus manos, hacia mi estoma bajo, para sentir como llegaba. Mordí mi labio inferior cuando llego ahí, aguantándome las lágrimas. Respirando para soportar, como el cosquilleo subía en aquella parte.
_Se siente tan bien. _Confieso en una fina línea.
Lloriqueando por su gran pene, como una virgen. Nunca tenía suficiente de este, de cómo me llenaba. La manera en como golpeaba en mi estómago, las caricias de Sungchan a la par. Me perdí en su mirada, mi boca entreabierta del placer. Lo vi volver sus manos a mi rostro, para acelerar sus estocadas en una mejor posición. Yo enrede mis piernas en sus caderas, motivando las embestidas más profundidad.
_ ¿Te gusto tanto pequeño? _Sungchan tentó.
Sungchan hablo por sobre mis labios, tentando lo que termino en un perezoso beso. Su lengua repaso mi labio inferior, sucio ante sus acciones. Una línea de saliva uniéndonos, se reventó cuando Sungchan pego ahí.Rodé mis ojos ante sus estocadas, que habían cambiado a unas más certeras. Llegando rudo a mi próstata, gimotee ante la sensación, de tocar el mismísimo cielo a través de su verga.
_Yo también te gusto. _Le mire fijo.
La mirada de Sungchan brillo en un destello especial. _Yo te amo, maldita sea. _
La voz de Sungchan se quebró en un gemido, pegando si frente contra la mía. Rompió en un gruñido contra mis labios, repasándolos. Siguió embistiéndome a punto de llegar, en un chapoteo indecente. Agarrándome en sobremanera, si mirada fija en la mía. Me hizo gritar cuando finalmente llegué, me vine en sus estomago en líneas blancas. Fuerte contra su piel, ahogándome en mi orgasmo.
Sungchan siguió aprovechando mis replicas, el cómo le apretaba. Lo hizo hasta que jadeo repetidas veces y se sumió en su propio orgasmo. Dándome, aprovechando lo apretado, hasta que ya no pudo más. Desplomados contra mí, apresándome en un abrazo. Me deje hacer ensimismado en su confesión, solo se me vino a la mente una cosa. Estaba completamente perdido, porque nada era peor que aquello. El jefe de la mafia me amaba y yo lo amaba también.
_ ¿Me amas? _ Jadié ante él.
Sungchan se me queda mirando fijo. _He desvivido a gente por ti, solo para que estés conmigo. Si eso no es amor, no sé qué diablos sea. _
Sungchan acaricio mi rostro por sobre mis cabellos desordenados, mi cabellera larga era un desastre. Me dio un beso en la frente antes de perderse en el baño, sabiendo que se iría de inmediato. Era así de extraño con sus sentimientos, como si aún no lo comprendiese del todo. Para Sungchan enamorarse, nunca había estado en sus capacidades. Sabía que era la primera vez, lo leía en su mirar.