Silencio
Mi imaginación se dispara pensando lo que voy a hacerte cuando esté contigo. Te cuento: vienes un día a mi casa. Antes de venir quedamos por Insta para darte los detalles de la dirección. Tú llevas puesto un vestido y yo unos vaqueros y una camisa. Antes de quedar tú me mandas una foto de tu escote y otra levantando la falda de tu vestido enseñando las bragas. Yo te mando un vídeo tocándome el paquete y susurrándote que estoy deseando follarte. Así que cuando llamas a mi puerta ya estamos los dos muy excitados. Te cojo de la mano y te llevo a una habitación que está prácticamente vacía. Saco un antifaz de esos que se usan para dormir en los aviones y te lo pongo para que no veas nada. Y te dejo de pie en medio de la habitación, con las piernas ligeramente abiertas. Me voy y durante un par de minutos no sucede nada. Solo tú, en el centro de la habitación. Después, de repente, notas que algo empieza a levantar tu vestido mientras mi dedo acaricia tus piernas conforme el vestido va subiendo. Se desliza por el interior de las piernas hasta llegar al borde de tus bragas. No las toca. El vestido sigue subiendo y mi dedo se desliza por tu vientre hasta llegar a tu sujetador. Tampoco lo toca. Sigue por tu escote, acariciando lo que se ve de tus tetas, hasta que el vestido sale por encima de tu cabeza. Después, otra vez el silencio. Poco más tarde notas mi aliento en tu nuca, con los labios a dos milímetros de tu cuello, lo que hace que se erice el vello de tu nuca. Después te muerdo la nuca, muy suavemente al principio y un poco más fuerte al final. Y me vuelvo a marchar. Poco más tarde notas que tu sujetador se desabrocha por detrás y que mis manos deslizan los tirantes por tus hombros hasta que cae al suelo.
Después el silencio. De repente notas algo húmedo en uno de tus pezones. Es mi lengua, que lo empieza a chupar en círculos hasta que se pone muy duro. Luego notas mi lengua en el otro pezón, hasta que se pone tan duro como el primero. Tú te sorprendes porque ya te has puesto muy húmeda, y casi sin tocarte. Empiezas a mojar las bragas. Ahora oyes cómo me desabrocho el cinturón y los ligeros ruidos de mi ropa al caer al suelo. Notas de repente un roce en tu culo, y crees que es una caricia de mi mano. Pero enseguida te das cuenta de que es la punta de mi polla, que está muy dura y acaricia tu piel siguiendo el borde de tus bragas. Eso te pone a cien. Vuelvo a marcharme. Te quedas un minuto sola, de pie, esperando, húmeda y ansiosa por que te folle. Al cabo de un rato vuelves a notar la punta de mi polla, ahora acariciando el agujero de tu culo. Y de repente, te penetro el culo, fuerte, haciéndote gritar de placer y dolor a la vez....