Seraphim: El Último Milagro del Verdugo Rimuru x El verdugo

Summary

Equality, el equipo de héroes más poderoso de la nación, cae derrotado en una misión contra el villano Hwang. Solo Seo Gangyu regresa con vida... o eso cree el mundo. Seraphim, el héroe supremo del país, llega demasiado tarde para salvar a su familia-pero no lo suficiente para abandonar sus almas. Con un poder prohibido que nadie debe conocer, él oculta un secreto que podría cambiar el destino de la humanidad: los cinco héroes muertos aún respiran en un plano secreto dentro de su propio ser. Mientras el país idolatra a Seraphim como su esperanza, y Gangyu lucha con la culpa de ser el único superviviente, una historia silenciosa de mentiras, sacrificios y redención comienza a tomar forma. Un héroe que brilla como un ángel... Un superviviente que carga a los muertos... Y un país que vive apoyado en una verdad incompleta. "Si hubiera llegado antes... ellos seguirían aquí." Fanafic del manhwa "El Verdugo" x rimuru [sin romance]

Genre
Fantasy
Author
Sǐwáng
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Ok miren no voy a ser tan al cannon notaran ciertos casos que jamas ocurrieron pero ya estoy metiendo a seraphim a si que tengo que adaptar para el, en fin no me funen.

Manhwa: El verdugo

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El aire estaba denso por el polvo y el olor metálico que seguía saliendo de los escombros. Las sirenas resonaban a lo lejos, mezcladas con el llanto de los heridos y el crepitar del fuego. Rimuru sostenía una columna de concreto que amenazaba con caer sobre un grupo de niños atrapados. Sus manos brillaban con un tenue azul mientras reforzaba la estructura.

—¡Salgan, rápido! —ordenó sin levantar la voz. No necesitaba gritar; su presencia bastaba.

Uno a uno, los niños pasaron arrastrándose por debajo. Cuando el último salió, Rimuru empujó suavemente la columna hacia un lado y la dejó caer sin aplastar a nadie. Exhaló, limpiándose un poco el polvo del rostro. Sabía que apenas era el inicio del desastre.

Sintió entonces la vibración en su auricular.La frecuencia era inconfundible: Equality.

Respondió de inmediato.

—Aquí Seraphim.

La voz del General sonó cortante, seca, casi tensa.

—Hwang apareció. Equality ya está en movimiento.

Rimuru sintió el estómago encogerse. No por miedo... sino por lo que eso significaba.

—Envíe coordenadas. Llego en—

—No. —El General lo interrumpió con una firmeza que no dejaba espacio a discusión—. Seraphim, estás demasiado lejos. Mantente en tu zona. El país no soporta que tú caigas.

Rimuru apretó la mandíbula.

—General, puedo—

—No voy a discutirlo —dijo el hombre, tajante—. Equality se hará cargo.

La señal se cortó.

Rimuru bajó el auricular con un gesto lento.La sensación en su pecho no se fue.Ese mal presentimiento llevaba horas molestándolo.

Pero la ciudad gritaba.Y él tenía que responder.

Pasaron horas. Entre fuego, explosiones, gente atrapada y caos absoluto. Rimuru trabajó sin detenerse, sin pestañear siquiera. Cuando al fin la última víctima fue enviada a manos médicas, él se desplomó en una rodilla. El silencio tras la adrenalina le golpeó como un balde de agua helada.

Entonces su auricular vibró otra vez.

—S... Seraphim... —la voz del operador de Equality estaba quebrada, casi irreconocible—. Necesitamos... refuerzos... ahora... el equipo...

Rimuru se puso de pie en un segundo.

—¡Dime la ubicación!

Una respiración temblorosa al otro lado.

—Gangyu... él... es el único...

La señal murió.

Rimuru corrió.No con velocidad humana.Ni heroica.Corrió con desesperación.

Atravesó kilómetros que parecían segundos, impulsando su cuerpo hasta que el aire ardió en sus pulmones. El paisaje cambió; el olor a sangre llegó mucho antes que la escena.

El campo de batalla era un cementerio de tierra rota. Rocas partidas, árboles quemados, cráteres por todas partes. La sangre estaba oscura sobre el suelo.

Y en medio de todo... Seo Gangyu.

Estaba sentado sobre Hwang, usando su peso para mantenerlo sometido. Su cuerpo era un desastre: brazo dislocado, costillas marcadas por golpes, la respiración tan irregular que era difícil saber si iba a desmayarse.

Pero su expresión...Esa expresión vacía, rota, sin foco...Esa no era de un héroe.Esa era la expresión de alguien que había visto demasiadas muertes en muy poco tiempo.

Rimuru se acercó lento, casi sin aire.

—Seo...

Gangyu levantó la cabeza.Su mirada lo atravesó sin reconocerlo del todo.Luego, soltó una exhalación cortante.

—Tardaste. —Su voz era áspera, seca, cansada.

No era un reproche emocional.Era la constatación cruda de un hecho.

Rimuru se arrodilló frente a él, ignorando el olor a sangre.

—Lo sé —respondió, suave—. Estoy aquí ahora.

Gangyu apretó los dientes, su respiración tembló, pero no lloró. Gangyu no lloraba. Era un hombre que tragaba sus emociones hasta que le quemaban el pecho.

Rimuru lo tomó de los hombros.No con fuerza.No con suavidad exagerada.Solo lo suficiente para que su cuerpo tembloroso dejara de balancearse.

Gangyu lo miró con una dureza vacía.Como si estuviera a segundos de romperse.Como si mantuviera su sanidad con una cuerda delgada.

—Todos murieron —dijo Gangyu, sin temblar—. Uno por uno. No pude... —su voz se quebró apenas, como un cristal fisurado—. No pude hacer más.

Rimuru no respondió con palabras.No había nada que pudiera decir que Gangyu aceptara.Gangyu no quería consuelo.Gangyu quería respuestas.Y justicia.Y venganza.Y todo lo que no podía tener.

Pero aun así, Rimuru lo abrazó.

No fuerte.No forzado.Solo lo suficiente para que ese hombre roto dejara caer al menos un gramo del peso que llevaba.

Gangyu no lo devolvió.No lo rechazó.Simplemente... dejó que ocurriera.

Un músculo de su rostro tembló.Eso era lo más cercano que Gangyu tendría a llorar.

Rimuru deslizó una mano por su nuca.

—Descansa —susurró—. Ya terminé aquí. Deja que yo maneje esto.

—Si me duermo... —Gangyu apretó los dientes—. Hwang...

—No voy a dejar que escape —respondió Rimuru, claro—. Confía en mí.

Y Gangyu cerró los ojos.No por fragilidad.No por rendirse.Sino porque por primera vez en horas... podía.

Rimuru usó una energía cálida, casi imperceptible, no para controlarlo, sino para permitir que su cuerpo colapsara sin dolor.

Gangyu quedó dormido, respirando como si recuperara años de agotamiento.

Rimuru lo acomodó en el suelo y se incorporó.

Luego miró a los cuerpos.

Laosa.Thome.El mago.Los otros dos.

Todos muertos.

O... no del todo.

Porque cuando Rimuru tocó el pecho de Laosa...

Sintió un eco.Una vibración.No vida.Pero no muerte completa.

Sus almas aún no estaban dispersas.

Rimuru contuvo el aire.Miró uno por uno.Sintió lo mismo.Un hilo.Una posibilidad.Un milagro posible.

Pero no ahora.No aquí.No con Gangyu despierto.No con el gobierno observando.

Así que inhaló, tembló apenas, y absorbió los cuerpos reales, guardándolos en su santuario interior.

Y dejó réplicas idénticas para el mundo.

—Lo siento... —susurró, porque era lo único que podía decir.

Tomó a Hwang por el cuello, levantándolo como si fuera un trozo de cuero grueso.

El villano abrió un ojo, apenas.

—Qué expression tan... dulce —roncó, burlón incluso al borde del desmayo—. Llegaste tarde, angelito.

Rimuru no respondió.

—Te veré en Ruculus —añadió Hwang, riendo débilmente—. A ver si sobrevivo más que ellos...

Rimuru le cubrió la boca con una mano.

—No vas a ver a nadie nunca más —dijo, frío.

Miró a Gangyu una última vez.Dormido.Derrotado.Vivo.

Y con eso, Seraphim desapareció hacia la prisión, cargando al hombre más peligroso del país.

Y un secreto más pesado que cualquier villano.