La cabaña del bosque
Izuku corre tan rápido como puede, sus pulmones le queman y siente que se queda sin aire, casi es de noche y no para de tropezarse con las ramas de los árboles y las piedras del bosque. Intenta huir con las últimas luces del día y ocultarse en el manto de la noche, dentro del oscuro y espeso bosque.
Él lo sigue. Lo sabe. No dejará de perseguirlo, no dejará que se vaya.
Su padre va a ir tras él, lo cazará como a un animal si hace falta. Se lo dijo aquella vez, jamás serás libre Izuku. Esas palabras se repiten en su mente como un mantra.
Izuku se detiene y se apoya en el tronco de un árbol para recobrar el aliento, sus piernas tiemblan y se siente mareado. Aparte de su mala condición física, su pésima alimentación, Izuku padece de asma. Está empezando a notar las consecuencias en su cuerpo.
Escucha gritos, escucha los ladridos de los perros, él está cerca. Lo atrapará y lo castigará.
Y está vez cumplirá su amenaza de encadenarlo en el sótano para siempre…
Izuku empieza a correr de nuevo, la noche ha caído de repente y ya no puede ver nada, todo son sombras y obstáculos, corre sin tener ni idea de dónde va a terminar.
Podría caer por un barranco, aunque ese sería mejor destino que el que le espera en casa.
Las lágrimas comienzan a acumularse en sus ojos y suelta sollozos sin parar, cada vez escucha a los perros más cerca, al fondo hay luces de linternas y los gritos cada vez son más fuertes.
¡Me va a atrapar! ¡Me encadenará… nunca más saldré fuera…! Alguien… por favor… ayúdeme…
Izuku puede distinguir algo delante suya, no le importa lo que es, quizás sea su salvación. Cuando llega cerca puede ver que es una cabaña de madera, parece vieja pero está cuidada. Aunque no hay nadie, porque ya habrían salido al escuchar los gritos y ladridos. Izuku entra sin si quiera ver el cartel que hay puesto delante la cabaña. Para su suerte ni si quiera estaba la puerta cerrada.
Corre a esconderse entre los muebles sin si quiera echar un vistazo a su alrededor. Escucha a los perros olfateando la puerta y rascando el suelo de madera. Entonces, llega él.
Su padre.
-¡Maldita sea! -Su voz suena entrecortada y cansada- ¡Aquí no puede estar! ¡Malditos perros, seguid buscando!
Lo que Izuku no sabe es que su padre sí vio el cartel de delante de la cabaña que decía:
No pisar. Territorio de los Bakugo.
Y para cualquiera que conozca un poco ese apellido sabe que es mortalmente peligroso ingresar en ese lugar.
Izuku suspira aliviado al dejar de escuchar la voz de su padre y a los perros. Se habían ido. Estaba a salvo. De momento.
Con sus pocas fuerzas restantes llega al sofá que hay delante de la chimenea del salón, se tira encima como peso muerto y cierra sus ojos.
Solo será un momento… para recuperar energías… después me iré…
Eso pensaba el pecoso, pero su cuerpo totalmente cansado de la persecución y las fuertes emociones cae totalmente rendido quedándose dormido por completo.
…
Izuku escucha las voces lejanas, todos los ruidos a su alrededor sonaban muy lejanos, apenas estaba despertando y a su cuerpo le costaba volver a la consciencia. Podía oír claramente la cafetera hacer ruido, la radio encendida, la lluvia golpear las ventanas, el crepitar del fuego en la chimenea y voces masculinas a su alrededor.
Abrió sus ojos de golpe y se incorporó rápidamente en el sofá, fue demasiado rápido y se mareo al segundo, se sujetó la cabeza y se quejó del dolor.
-Eh, eh, tranquilo -Una voz amable y grave le habló, Izuku alzó la vista y observó a un hombre sonriéndole amigable- ¿Estás bien? ¿Qué necesitas?
-Es obvio que no está bien. -Otra voz se unió a la conversación. A Izuku le costó enfocarlo, estaba de pie al lado de la chimenea con una expresión neutra y calmada-
-¿Cómo te llamas? ¿Cómo has llegado aquí? -El hombre de sonrisa amigable le seguía haciendo preguntas. Izuku notaba su garganta demasiado seca para responder-
-Es un delincuente. -Una voz más grave y brusca interrumpe, viene de detrás de Izuku, suena molesta- ¿Cómo si no estaría en medio del bosque de noche? Lleva la ropa sucia, seguramente huía de alguien. Es un delincuente o en algo está metido. Y eso nos traerá problemas. -Escupe con furia. Por fin llega al campo de visión de Izuku, se trata de otro hombre, uno con el ceño fruncido y los brazos cruzados-
-Yo… -Izuku intenta hablar, pero le sale una voz ronca y dolorosa-
-¡Espera, ten! -El pelirrojo, el de la sonrisa amigable, le tiende un vaso de agua. Izuku se apresura en beberla- ¡Caramba! Traeré más agua, quizás tengas hambre, voy a traerte algo. -Se levanta y va hacia la cocina, Izuku no puede girar la cabeza porque le duele, pero imagina que se encuentra en la otra parte de la sala-
-¿Ahora vas a alimentar a un delincuente? ¿Desde cuándo somos una puta ONG? -Gruñe el hombre enfadado, sigue con el ceño fruncido-
-No parece un delincuente. -El otro, apoyado al lado de la chimenea, habla con voz tranquila- más bien, tiene pinta de víctima.
-¡Me da igual joder! ¡Nos va a traer problemas! -El rubio, aún furioso, grita al otro- Tenemos que deshacernos de él.
-…perdón. -Susurra Izuku y baja la cabeza, aprieta sus puños contra la tela de su pantalón, las lágrimas se acumulan en sus ojos- n-no quería… molestar… y-yo… no sabía que esta es su casa… me voy ahora mismo… -Logra decir de manera entrecortada, se levanta dispuesto a irse, pero se tambalea y casi se cae, de no ser por unos fuertes brazos que lo sujetan-
-Tsch… Que molestia.
El rubio lo sujeta contra su gran y fuerte cuerpo, maneja a Izuku como si no pesara nada -en verdad no pesa nada- y lo vuelve a dejar en el sofá.
El pelirrojo vuelve de la cocina con una bandeja en sus manos, en ella hay zumo de naranja, tostadas, huevo frito y verdura cortada en pequeñito. Pone la bandeja sobre el regazo de Izuku cuidadosamente y le vuelve a sonreír.
Ahora, estando los tres delante de él, puede ver claramente a sus anfitriones. El más alto de ellos es el que está apoyado en la chimenea, tiene el cabello liso de color blanco y rojo -justo partido en la mitad- tiene una fea quemadura sobre su ojo izquierdo, pero eso no le quita atractivo. Lleva una camiseta azul oscura ceñida a su cuerpo musculoso, pantalones vaqueros oscuros y unas botas, su pose es relajada y su expresión tranquila. No parece tan alterado como los otros dos.
El rubio cenizo es el siguiente, posee un par de ojos rojos penetrantes y afilados, sigue con el ceño fruncido y una expresión de molestia. Lleva una camiseta negra de tirantes que enseña sus brazos fuertes y se ciñe sobre su pecho duro, también viste con vaqueros y botas de montaña. Su pose es más a la defensiva, no deja de mirarlo y eso pone bastante nervioso a Izuku.
El tercero, un poco más bajito que los otros dos pero no por mucho, tiene el cabello revuelto rojo y ojos del mismo color, su expresión es más amable y simpática, no deja de sonreír. Eso da más confianza a Izuku. Lleva una camiseta grande y ancha con un logo de algún equipo deportivo bastante desgastado, supone que debe ser igual de musculoso que los otros dos, vaqueros y botas de montaña.
Por un momento Izuku se siente pequeño e indefenso. Delante suya parece que tenga tres feroces y hambrientos lobos.
-G-gracias. -Agradece la comida y empieza a picotear como un pajarito, no está acostumbrado a comer mucho y además, se encuentra nervioso-
-Bien, empecemos con preguntas fáciles… -El primero en hablar es el pelirrojo- ¿Cómo te llamas? Yo soy Eijiro. Ellos son mis hermanos; Katsuki y Shouto. -Se presenta, y va señalando a los otros dos mientras dice sus nombres-
-¿Quién te ha dado el puto derecho de decirle mi nombre? -Gruñe el rubio-
-¡Vamos, Katsubro! -Eijiro suspira-
-Me llamo… Izuku. -Dice cuidadosamente Izuku, observa a los tres hombres y después sigue comiendo-
-¿Cómo has llegado aquí? -Pregunta ahora Eijiro-
-Eso, ¿Qué no has visto el puto cartel que pusimos? -Vuelve a hablar el rubio, parece que necesita decir palabrotas cada dos por tres-
-¿Cartel? -Repite Izuku confuso, él no vio ningún cartel- anoche yo… estaba… -Sus manos empiezan a temblar, rememora lo vivido la noche anterior, su padre persiguiéndole… ¿Y si ellos le devuelven a su padre? Lo encerrará en el sótano… ¿Y si su padre ya sabe dónde está? Debe irse…- yo… por favor… no… no… por favor… -Izuku cae en pánico y empieza a llorar-
-Eh, eh, tranquilo… -Eijiro se acerca y aparta la bandeja de él, lo abraza con cuidado e intenta limpiar sus lágrimas- No pasa nada, no hace falta que nos lo cuentes.
-¿Cómo que no hace falta? -Repite Katsuki-
-Es justo lo que he dicho. No es un delincuente, él es la víctima. Anoche huía de alguien. Y está reviviendo el trauma. -Shouto analiza tranquilamente, sin alzar mucho la voz, de forma monótona-
-¿Es cierto? ¿Huías de alguien? ¿Te iban a hacer daño? -Eijiro pregunta preocupado, Izuku solamente asiente y esconde su rostro en el cuello del pelirrojo, más no dice nada-
-¿Y qué? ¿Ahora nos lo quedamos, cómo a un perro callejero? -Pregunta Katsuki-
-Si. -Responde Eijiro- vamos a ayudarlo.
-Podría ser rentable. -Shouto es quién habla ahora- él podría quedarse aquí, y ayudarnos con las tareas del hogar. No tenemos tiempo después del trabajo de todas formas. Sería un pago justo.
-¿Habláis enserio? -Katsuki suelta un par de maldiciones e Izuku escucha como sus pasos se alejan de ellos, después escucha una puerta cerrarse bruscamente-
-No le hagas caso. Es un gruñón. -Dice Eijiro y se ríe levemente, Izuku escucha su pecho vibrar con su risa- no te preocupes Izuku, no te haremos daño. Al menos a ti no. -Añade al final e Izuku no lo entiende bien-
-Pero deberás contarnos tu historia. -Añade Shouto seriamente-
Izuku asiente lentamente, sigue pegado al gran y fuerte cuerpo de Eijiro. Shouto se dispone a poner un leño en el fuego, a su vez afuera se desata la tempestad. Por lo menos su padre no estará buscándolo en ese temporal, piensa Izuku.
-Tenemos un cuarto libre en el piso de arriba… -Empieza lentamente Shouto- …podrías quedarte aquí, por tiempo indefinido. -Habla con cautela, cuidando lo que dice. Izuku escucha atento, ahora mismo no tiene nada mejor. No conoce a nadie. Al pueblo no puede volver. No tiene dinero. Ni comida. Ni techo- nosotros trabajamos mucho, necesitamos que alguien cuide de la casa y cocine. -Añade tranquilamente mirando al pelirrojo-
-Nos ayudarías… y nosotros a ti a cambio -Dice Eijiro acariciando la espalda de Izuku-
-¿Cómo Blancanieves? -Murmura con timidez, ambos hombres se ríen levemente, Izuku se avergüenza-
Ciertamente parece que su situación se haya sacado del cuento de Blancanieves; un joven que huye en mitad de la noche de su padre malvado se topa con una cabaña en el bosque, al día siguiente tres hermanos lo encuentran y le proponen vivir con ellos a cambio de tareas del hogar.
Suena demasiado afortunado para alguien con tan poca suerte como Izuku.
Pero no tiene nada más.
-No tengo nada… ni a nadie. -Murmura Izuku- acepto.
-Perfecto -Sonríe Eijiro- Por favor, confía en nosotros y cuéntanos más sobre ti.
Izuku tiembla de nuevo, lleno de miedo y nerviosismo, incapaz de hablar baja la mirada.
-Tiempo al tiempo -Es Shouto quien rompe el silencio- de mientras, vamos a preparar tu habitación.
Shouto desaparece de la vista de Izuku, sube al segundo piso y sus pasos suenan cada vez más alejados. Eijiro también se separa del peliverde, vuelve a la cocina y prepara agua en la tetera, después lo pone al fuego.
-Voy a prepararte una infusión, ayudará a calmarte. -Le dice amablemente con una gran sonrisa en el rostro-
Izuku no puede creer que ellos tres sean hermanos, son tan diferentes; Eijiro es sonriente y amable, muy sociable y cariñoso. Shouto es más serio, alejado, analiza demasiado la situación. Y Katsuki… es el más salvaje de los tres.
Pero hay algo extraño en esa casa. Izuku puede notarlo. Algo no está bien.
Siente que hay señales en todos lados que le indican que no está a salvo. El cartel de fuera. La cabaña en lo profundo del bosque. La preocupación de Katsuki por tener un intruso en casa aunque sea inofensivo.
Las señales están ahí, pero Izuku en estos momentos es incapaz de pensar demasiado… pero es mejor que enfrentarse a la furiosa tormenta que se desata fuera, a la locura de su padre o a la oscuridad del bosque.
-Aquí tienes. -Eijiro extiende una taza humeante hacia él, acompañada de su imborrable sonrisa. Izuku coge la taza-
-Gracias, Eijiro -Le sonríe levemente al pelirrojo, este se queda mirándolo detenidamente demasiado tiempo-
-Voy a ayudar a Shouto… y a hablar con Katsuki -Coge una manta y tapa los hombros de Izuku- …tomate el té y duerme un poco si quieres.
-Vale -Murmura Izuku disfrutando del calor de la manta y el té entre sus manos-
Se había tomado el té y se había recostado en el sofá tapándose con la acolchada y suave manta, casi se había dormido cuando escuchó las voces lejanas… pero decidió hacerse el dormido.
-¿Y ha aceptado tan fácil? ¡Tsch, está desesperado! -Era la voz de Katsuki, sonaba molesta-
-Es perfecto. Él no tiene a dónde ir. No tiene opciones. Al parecer hay alguien fuera de aquí que lo persigue. -Es Shouto quién habla ahora- …nos favorece mucho la situación, ¿no creéis?
-Eh, Izuku es adorable y parece buena persona -Eijiro habla seriamente- Tratadlo bien.
-¿Acaso te lo quieres follar? -Katsuki se ríe- es justo tu tipo, ¿verdad? -Su voz suena burlona- te recuerda a él… -Añade, con desdén-
-Es lindo e inocente… -Dice Shouto tranquilamente- …es justo nuestro tipo.
-A mí no me metas en vuestro mismo saco de mierda. -Refunfuña Katsuki-
-Esos temas, son precisamente, los que no quiero que le saquéis a Izuku. -Dice firme Eijiro- cuando despierte, quiero que…
-¿Ahora eres tú quien da las ordenes? -Pregunta Shouto, su voz es monótona, pero intenta ser gracioso-
-¿Cuándo te has encariñado tanto de Blancanieves? -Se burla Katsuki. Izuku se sorprende, los había escuchado hablar ¿Cómo es posible si había salido de la casa?-
-No son ordenes, son sugerencias… Y puede que… me haya encariñado con él… -Murmura con vergüenza Eijiro-
-Decidido. Nos lo quedamos. -Sentencia Shouto-
-Ni que fuera un perro -Se queja Eijiro-
-Cuando te canses de él no pienso ser yo el que lo sacrifique ¿vale? -Chasquea la lengua Katsuki, fastidiado-
Izuku sigue haciéndose el dormido, las voces se hacen más lejanas y finalmente ya no los escucha. Entre la calidez y el cansancio vuelve a dormirse.
…
Esta vez cuando Izuku despierta se encuentra en una mullida y cómoda cama, tapado con sábanas suaves y blancas, en una habitación casi a oscuras amplia y con un par de muebles solamente; uno de ellos un viejo armario de madera, un escritorio y una mesita de noche al lado derecho de la cama. La ventana de la habitación se encuentra cerrada y con las cortinas echadas, están son muy finas por tanto la luz las traspasa. Debe ser por la mañana temprano, ya que la luz aún es suave.
Izuku se incorpora lentamente, lleva un pijama de manga larga y pantalón largo de algodón que alguna vez fue blanco -agradece que sea abrigado, en esa época del año bajan mucho las temperaturas-. Se pregunta quién le habrá cambiado de ropa… eso lo hace avergonzarse.
Se levanta de la cama y sale de la habitación, se encuentra en el piso superior de la cabaña. Hay otras habitaciones, pero con las puertas cerradas. Decide bajar al piso de abajo.
-¡Buenos días Izuku! ¿Has dormido bien? -Es Eijiro quién se encuentra en la cocina, solamente con un pantalón de pijama, con su pecho fuerte y trabajado al descubierto. Tiene pequeñas cicatrices ya curadas algunas más grandes que otras. Se ve… atractivo. Izuku desvía la mirada avergonzado- oh, perdón. -Enseguida Eijiro va hasta el sofá, donde tiene una camiseta de manga corta negra que se pone enseguida- la costumbre de convivir solamente con mis hermanos.
-Bu-buenos días… he do-dormido muy bien. -Murmura Izuku, volviendo a atreverse a mirar al pelirrojo-
-He preparado el desayuno -Anuncia felizmente Eijiro- he hecho huevos revueltos, beicon, zumo de naranja y tostadas.
-E-es genial. -Dice asombrado Izuku-
-Debes comer bien, estás muy flacucho.
-Oh… si -Izuku se mira, el pijama encima de él parece tener más de tres tallas, pero nunca ha podido comer bastante o bien… su padre pocas veces le daba grandes cantidades de comida… su madre… prefiere no pensarlo- tus hermanos ¿n-no están?
-Katsuki está cortando leña atrás. -Comenta Eijiro- Shouto odia madrugar.
Izuku comienza a dar pequeños bocados a su tostada y cortos sorbos al zumo de naranja, observa a Eijiro comer tranquilamente su desayuno a grandes bocados, con ganas. Rememora la conversación de los tres hermanos, que escucho a escondidas, dónde Eijiro dejaba claro que está interesado en él y que le parece adorable. Y la afirmación de Shouto de que es lindo.
-¿Estás bien? ¿Tienes fiebre? Estás un poco rojo -Se preocupa Eijiro-
Izuku niega rápidamente y sigue comiendo.
-G-gracias… la habitación es… genial -Murmura, la verdad es que es un gran cambio de su antigua habitación, dónde solamente poseía un pobre colchón en un cuarto pequeño y oscuro, o a veces era encadenado en el frío sótano- la comida… deliciosa. -Las lágrimas se acumulan en sus ojos, recuerda que a veces su padre le llevaba pan duro y agua, y debía aguantar día sí y día también con eso. A veces no le llevaba nada. Decía que “se había olvidado de él”. Y en pocas ocasiones, a cambio de favores, le daba comida caliente y deliciosa-
-Eh, tranquilo… -Eijiro le sonríe- Estás a salvo.
-Seguirá reviviendo sus traumas ahora que su cuerpo ya ha descansado y no está lleno de adrenalina de la huida. -Shouto llega a la cocina, viste también solamente un pantalón de pijama dejando la parte superior de su cuerpo descubierta; tiene quemaduras y otras cicatrices en algunas partes de su cuerpo, pero igualmente es atractivo tal como su hermano, es más delgado que Eijiro pero también tiene músculos que lucir- Buenos días.
-¡Ponte algo! -Lo regaña rápido Eijiro- ¡Avergüenzas a Izuku!
-¿Ah, si? -Shouto sonríe muy levemente, con esa misteriosa sonrisa desaparece. Cuando vuelve lleva puesta una camiseta blanca de manga corta con algunas manchas viejas- ¿Dónde está Katsuki?
-Cortando leña. -Responde rápidamente Eijiro- hará frío estos días.
-Estamos en noviembre. -Comenta Shouto-
-¿Noviembre? -Izuku jadea. La última vez que salió de casa era septiembre, recuerda haber visto un calendario en algún sitio… después su padre lo encerró bajo llave-
-¡Claro, todo el mes! -Se ríe Eijiro. Shouto en cambio mira en silencio a Izuku, analizando su reacción-
-¡Malditos bastardos! -Katsuki entra haciendo ruido, pateando la puerta y después cerrándola con fuerza, se quita sus botas y chaqueta, se acerca a la cocina- ¡Yo me estoy partiendo el lomo ahí fuera en el frío y vosotros…! ¿Charlando y tomando el té tranquilamente? ¡Tsch, que cabrones!
-Te levantas al alba y te vas a dormir en cuanto oscurece… pareces un viejo gruñón y amargado, debes tomarte las cosas con más calma -Le dice Eijiro, el ceño de Katsuki se frunce más al escucharlo, sus ojos se afilan y seguro lo maldice en su cabeza-
Izuku evita ver directamente a Katsuki, se encoge un poco, hace el mínimo ruido y movimientos posibles ante él. Al igual que un animalillo agazapado ante un depredador. Su padre siempre gritaba también, siempre fue muy brusco con él, cuando hacia algo que no debía no dudaba en pegarlo y hacerlo aprender a la fuerza.
-Hacedme sitio. -Pide de mala gana, Katsuki se deja caer en la silla de al lado de Izuku en la pequeña mesa de la cocina. Izuku da un pequeño saltito en su asiento cuando el rubio se sienta a su lado bruscamente- ¿Ya le habéis dicho las condiciones?
-Katsuki. -Eijiro casi gruñe. Izuku alza la vista-
-¿C-condiciones? -Repite dejando su tostada a medio camino de su boca, mira a cada uno de los hermanos uno por uno. Eijiro frunce el ceño (inusual en él) hacia Katsuki, Katsuki le sonríe retador, Shouto está en silencio con expresión neutra concentrado en su desayuno al 100%-
-Si vas a vivir aquí… Si te vamos a dar un techo bajo el que vivir, una cama donde dormir y comida que comer… -Empieza Katsuki explicando, con voz arrogante- …deberás darnos un servicio a cambio.
Izuku se pone inquieto, deja la tostada y siente su estómago revolverse, ¿servicio? ¿será lo mismo que los “favores” que le pedía su padre a cambio de comodidades?
-Limpiarás la casa, cocinarás para nosotros, lavarás la ropa. Te enseñaré a cortar leña. -Empieza Shouto a enumerar las tareas- y nunca… jamás… revelarás nada a nadie de lo que veas en esta cabaña.
-Veas lo que veas, no comentarás nada. -Añade Eijiro seriamente-
-Escuches lo que escuches, no indagarás en ello. -Termina Katsuki- ¿Has entendido, ratoncito? -Izuku asiente rápidamente- Bien. Si desobedeces… harás bien en tener más miedo de nosotros tres que de quién huías ¿entiendes? -Katsuki lo observa con un brillo peligroso en sus ojos, y una sonrisa traviesa-
Izuku traga saliva y asiente rápidamente. Los tres hermanos lo miran fijamente con un aura misteriosa, ojos peligrosos, haciendo sentir a Izuku de nuevo en peligro. Siente como si se hubiera metido en la boca del lobo.
No es Blancanieves, si debe compararse con un cuento de hadas, sería más bien Caperucita roja. Confiando en el lobo feroz. En su caso, tres lobos feroces.