Capítulo 1
SEGUNDA PARTE
Capítulo 1: Interferencias
La semana comenzó con una euforia frágil. Air se despertó el lunes con una notificación en su correo que hizo que se le cayera el cepillo de dientes al lavabo.
Asunto: Resultados del Concurso Literario "Voces Nuevas"
“Estimada participante. Nos complace informarle que su relato, ‘La Suerte del Náufrago’, ha sido seleccionado como uno de los diez finalistas. Aunque no obtuvo el primer premio en metálico, su obra será publicada en nuestra antología digital de este año y ha recibido una Mención Honorífica por ‘Narrativa Emotiva’.”
Air leyó el correo tres veces. No había ganado el dinero, pero había ganado algo que el dinero no podía comprar. Alguien, un jurado de extraños, había leído sus palabras y había decidido que valían la pena.
Su primer instinto fue llamar a Brayden. Él había sido quien la empujó a inscribirse. Él era el "náufrago" de la historia.
Marcó su número. Sonó una vez. Dos veces. Buzón de voz.
“Lo sentimos, el número que usted marcó no está disponible en este momento.”
Air frunció el ceño. Eran las ocho de la mañana allí. Quizás estaba en una reunión temprana. Le envió un mensaje rápido, lleno de emojis de fiesta (algo raro en ella).
Air: “¡Soy finalista! No gané el dinero, pero voy a ser publicada. ¡Tenías razón! Llámame cuando puedas para celebrar.”
Esperó.
El día pasó lento en la oficina. Cada vez que su teléfono vibraba, Air saltaba, esperando ver el nombre de Brayden. Pero eran correos de trabajo, promociones de telefonía o mensajes de su madre.
A las seis de la tarde, cuando salió del trabajo, finalmente llegó una respuesta.
B_Ray: “Felicidades, Air. Sabía que podías hacerlo. Estoy increíblemente orgulloso. Perdona que no te llame, ha surgido una auditoría legal sorpresa y tengo a los abogados respirándome en la nuca. Te llamo en cuanto salga de esto. Te quiero.”
El mensaje era cariñoso, sí. Pero era breve. Eficiente. Escrito con prisa.
Air sintió un pequeño pinchazo de decepción. Quería escuchar su voz, quería que él compartiera su emoción. Pero entendía. Él estaba salvando su imperio. Ella solo había ganado una mención honorífica.
—Paciencia —se dijo a sí misma mientras subía al autobús—. Es solo trabajo.
Lo que Air no sabía era que, a miles de kilómetros, Brayden estaba viviendo un infierno burocrático diseñado quirúrgicamente.
En la sala de conferencias del piso 45, Brayden estaba sepultado bajo montañas de papel. Una demanda colectiva de un grupo de accionistas minoritarios había aparecido de la nada esa misma mañana, alegando "mala gestión durante la ausencia del CEO". Además, el sistema de seguridad de los servidores principales había reportado una "vulnerabilidad crítica" que requería una revisión manual de todos los protocolos de encriptación, un proceso que requería la autorización biométrica de Brayden cada hora.
—Esto no es coincidencia —gruñó Brayden, frotándose las sienes—. Liam.
—El señor Walker está en el piso 12, supervisando el parche de seguridad, señor —dijo su asistente, Sarah, con nerviosismo—. Él reportó la vulnerabilidad. Técnicamente, está ayudando.
Brayden sabía que no era ayuda. Era una jaula.
Liam estaba creando crisis técnicas para mantenerlo atado al edificio, ocupando cada segundo de su tiempo mental para que no pudiera pensar en otra cosa. Y lo estaba logrando.
Miró su teléfono. Quería llamar a Air. Quería escucharla reír por su concurso. Pero el abogado principal le puso otro documento de quinientas páginas delante.
—Señor Rayner, necesitamos revisar la cláusula 4B antes de las nueve de la noche o la demanda procederá mañana.
Brayden suspiró, odiando su vida, odiando el traje, odiando el silencio de su teléfono.
—Adelante. Leamos.
***
Pasaron dos días. La comunicación se volvió intermitente. Mensajes de texto cortos, llamadas de cinco minutos donde Brayden sonaba exhausto y distraído. Air intentaba ser comprensiva, le contaba cosas triviales para no agobiarlo, pero el silencio en su casa se sentía cada vez más pesado. El cuaderno Moleskine seguía ahí, pero la inspiración se estaba secando con la ansiedad.
El miércoles por la noche, Air estaba sentada frente a su vieja laptop, revisando su correo por enésima vez, esperando un mensaje largo de Brayden.
En su bandeja de entrada apareció un correo nuevo.
Y No.
No era de Brayden.
De: L. Editorial Consultants
Asunto: Propuesta de Representación - Proyecto "Flores de Asfalto"
El corazón de Air dio un vuelco. ¿Editorial?
Abrió el correo con manos temblorosas.
“Estimada Autora
He seguido su trabajo en el foro de narrativa independiente durante las últimas semanas. Rara vez me tomo la libertad de contactar a autores directamente por este medio, pero su relato ‘Flores de Asfalto’ posee una calidad visceral que es difícil de ignorar.
Usted tiene una voz única. No escribe desde la autocompasión, más bien desde una observación quirúrgica de la realidad. Su metáfora sobre la esperanza es una de las cosas más brillantes que he leído en la narrativa contemporánea emergente.
Represento a una pequeña firma de consultoría editorial que busca talentos crudos para pulirlos y presentarlos a grandes sellos. Estaré en su ciudad la próxima semana por negocios y me encantaría invitarla a un café para discutir el potencial de su obra. Le prometo una conversación honesta sobre su futuro como escritora.
Atentamente,
William L.
Editor Senior”
Air leyó el correo con la boca abierta.
Esto no era un concurso automático. Esto era alguien que había leído su trabajo. Alguien que citaba sus frases. Alguien que la llamaba "brillante".
El análisis era perfecto. "Talento crudo". Era exactamente como ella quería ser vista. No como la chica pobre que escribe para desahogarse, sino como una escritora real.
William L.
No conocía el nombre, pero el tono del correo destilaba profesionalismo y una inteligencia que la atrajo de inmediato.
Miró la hora. Eran las diez de la noche. Brayden no había escrito en todo el día. Quería informale sobre ésta noticia, pero un poco cohibida, decidió no hacerlo…
Air se fue a la cama esa noche con una mezcla extraña de sentimientos. Extrañaba a Brayden con un dolor sordo en el pecho. Le envió un mensaje de buenas noches:
Air: “Espero que la guerra te deje dormir un poco hoy. Te extraño. P.D: Pasó algo loco con mi escritura, te cuento cuando podamos hablar bien.”
No le contó lo del editor. Quería decírselo de viva voz, ver su reacción. O quizás, en el fondo, una pequeña parte de ella quería guardar ese secreto para sí misma, algo que fuera solo suyo, un éxito que no dependiera de la "suerte" de Brayden.
Se durmió abrazada al cuaderno, soñando con Brayden y libros impresos, sin saber que el "editor" que alimentaba sus sueños era el mismo hombre que estaba convirtiendo la vida de su amado en una pesadilla.
***
En el salón VIP del aeropuerto, esperando su vuelo de primera clase, Liam leyó la respuesta en su tablet.
Sonrió. Una sonrisa satisfecha, lobuna.
—Bingo —murmuró.
No había necesitado dinero. No había necesitado jugar al salvador. Solo había necesitado leerla. Había necesitado acariciar esa parte de ella que buscaba ser vista, esa parte de ella que Brayden, en su afán de protegerla, a menudo pasaba por alto.
Brayden le decía: "Eres mi luz, te cuidaré".
Liam sabía qué promesa era más seductora para alguien que llevaba toda la vida queriendo escapar de su realidad a través de las letras.
Cerró la tablet cuando llamaron a embarcar.
Su plan estaba en marcha. Mientras Brayden se ahogaba en papeles legales y parches de seguridad que el mismo Liam había orquestado, él volaba hacia Air. No iba a presentarse como el enemigo. Iba a ser el mentor. El descubridor.
Y cuando Air comparara al novio ausente y estresado con el editor presente y fascinante...