PREFACIO.
Nashville, Tennessee. Año 1995
April miraba hacia el techo, con mil pensamientos recorriendo su mente. Tantas dudas, tanta incertidumbre, tantas posibilidades pasando como una película a través de sus ojos como una broma pesada de su cerebro.
Y de su corazón, porque este no hacía más que latir con ansiedad. Como si la calma que al fin lograron conseguir era solo el presagio de una tormenta que lo acabaría todo.
James se removió a su lado cuando la alarma sonó, su brazo pesado sobre el abdomen de April la arrastró hacia él y abrió un ojo cuando la escuchó reír. Estaba boca abajo, por lo que alzó un poco la cabeza para verla mejor y sonrió con cierta tristeza.
Era la última vez que despertarían así y lo que hacía peor la situación era que no sabían cuándo volverían a verse. James pudo notar ese miedo en la mirada de April y la besó, tratando de callar sus miedos con amor.
La joven cerró los ojos al disfrutar del contacto, pero eso no evitó que sintiera un nudo en la garganta. Cuando James se alejó y recargó su frente sobre la de ella, no pudo evitar el suspiro tembloroso que brotó de sus labios.
—James…
—Lo sé, sol —murmuró él, frunciendo el ceño aun con los ojos cerrados—. Me iré a Los Ángeles, a cumplir mi sueño. Hoy.
—Y yo dentro de poco iré a Boston a cumplir el mío —le recordó ella, acariciando su mejilla.
James abrió los ojos, mirándola tan de cerca que April pudo sentir que podía leer cada uno de sus pensamientos, uno más destructor que el anterior.
—Tienes miedo, ¿cierto? —preguntó él.
—Por supuesto, ¿tú no?
—Sí. Por supuesto que sí, hay una voz en mi cabeza que me dice que nunca nos volveremos a ver —admitió él y ella se enderezó, cubriendo su cuerpo desnudo con una sábana. Él se sentó, tomando su mano y jugando con sus dedos—, pero…
—¿Pero…?
—También hay una voz, en lo más profundo de mi ser y a la que decido aferrarme, que me dice que nos vamos a volver a ver. Aunque las cosas se pongan difíciles, aunque nos cueste enderezar nuestros caminos, aunque vivamos circunstancias que nos hagan pensar que no estaremos juntos nunca más. Esa voz me dice que podremos con todo, April. Absolutamente todo, ¿y sabes por qué?
Ella negó con la cabeza, sus ojos llenándose de lágrimas.
—Porque te amo con todo mi corazón y porque sé que eres el amor de mi vida. La única mujer con la que quiero estar por el resto de mi vida —le aseguró él, tomándola de la barbilla—. Porque este amor que siento por ti va a durar para siempre.
—¿Lo prometes?
Él joven sintió su corazón encogerse ante la voz diminuta y llena de miedo de su novia, pero quiso borrar todas esas inseguridades de su mente besándola de nuevo. Llevó la mano que tenía en su barbilla hasta su cintura y la alzó para colocarla a horcajadas sobre él, sacándole un pequeño jadeo.
—Lo prometo, April Cooper. ¿Y tú? ¿Prometes que me amarás para siempre?
—Lo prometo, James Walker —aseguró ella, enroscando sus brazos en el cuello del muchacho—. Te amo hoy, mañana y por siempre.
—Entonces… creo que podemos dejar de lado las promesas e ir directo a los hechos —murmuró él sobre la piel del cuello de la rubia.
No la estaba viendo a la cara, pero sabía que tenía los ojos cerrados.
—Hazme el amor, James. Hazme tuya una última vez… por ahora —agregó ella, bajando la cabeza para poder mirarle.
Él miró el reloj en la mesita de noche y luego a ella, sonriendo.
—Tenemos tiempo, así que sus deseos son órdenes, señorita Cooper.
La tumbó sobre la cama y se carcajeó ante el chillido de sorpresa de la rubia, quien luego se empezó a reír también. Unieron sus bocas en un beso profundo que daba por hecho el intenso amor que sentían aun siendo tan jóvenes.
Sus caminos se separarían, de eso había certeza y muchas posibilidades podrían surgir con los años; pero si de algo también estaban seguros era de que su amor, tan fuerte, no podría marchitarse.
Por supuesto, siendo adolescentes era normal pensar que su amor era invencible…