Lágrimas de sirena

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Summary

Sinopsis Lágrimas de sirena narra la leyenda de una criatura de belleza devastadora que habita en lo más profundo del océano. Su don —y su condena— son sus lágrimas, capaces de transformar la arena en oro. Codiciada por marineros y soñadores que anhelan capturarla para forzar su llanto, la sirena se convierte en un mito perseguido, un tesoro viviente que promete riqueza a costa de su sufrimiento. Quien osa mirarla de frente queda cegado por el fulgor de su piel y sus escamas, como si el sol mismo ardiera en el fondo del mar. Atrapada entre la persecución y el dolor, la sirena elige ocultarse bajo la arena del océano, llorando hasta cubrirse de oro y desaparecer del deseo humano. Así, la historia revela una tragedia poética sobre la avaricia, la belleza y la libertad: un tesoro imposible de poseer, condenado a permanecer en las profundidades, donde el mar guarda aquello que el hombre no sabe amar sin destruir.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I, el náufrago

Sobre las aguas profundas del océano del Caribe, cerca de las costas de Honduras, un barril de madera flota a la deriva. En su interior yace un nativo hondureño, deshidratado y hambriento; se ha desmayado. Su barril, el que le mantiene a flote, ha chocado con un barco pesquero. La débil corriente y la suave brisa hacen que golpee repetidamente la madera del casco, produciendo un ruido suficiente para llamar la atención de los marinos pescadores.

‎Uno de ellos, al asomarse por la borda, lo descubre y grita:

—¡Náufrago!

El resto de la tripulación acude al llamado alarmista para subirlo a bordo. El capitán, al verlo fuera del barril y recostado de espaldas sobre la cubierta, comenta:

—Es un indio… un indio joven.

‎De pronto, el náufrago despierta. Apenas logra abrir su ojo izquierdo, con el que examina cuanto puede, pues el sol de frente lo encandila y apenas le permite ver. Con lo poco que distingue, comprende que está a bordo de un barco y que los marinos le han rescatado. Reúne la escasa fuerza y voluntad que le queda y, con los labios secos y despellejados, murmura apenas audible:

—Agua… agua.

‎‎El capitán toma la cantimplora que cuelga de su cinturón y derrama un pequeño chorro en su boca. El náufrago se atraganta y lo escupe sobre el rostro del capitán. Este, sin inmutarse, se seca con un pañuelo que saca de su bolsillo y dice:

‎—El agua quema sus labios y garganta… está seco como una pasa. Será mejor recostarlo en mi catre y humedecerle la boca poco a poco, gota a gota.

‎El capitán ordena a uno de los marinos humedecer una tela limpia en agua para exprimir unas gotas dentro de la boca del náufrago. El marino obedece y, gota a gota, el hombre recupera un poco de fuerzas hasta despertar de su desmayo.

—Quizás es demasiado pronto para un interrogatorio —dijo el capitán—, pero necesito saber a quién le salvé la vida.

‎Aún débil, el náufrago apenas susurró:

—Soy Cashi… me llamo Cashi.

El capitán dijo:

Un nombre apropiado para un indio. Dime, Cashi, ¿eres una amenaza para mí y la tripulación? ¿Debo preocuparme por tu presencia en mi barco?