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Hudson estaba jodido.
Todo comenzó cuando su agente le habló sobre un proyecto canadiense. Una historia basada en un libro sobre hockey y romance. ¿Sabía algo él sobre ese deporte? Ni puta idea. Pero oportunidades son oportunidades.
Escuchó con atención los detalles, sobre el casting que se había lanzado y supo que era ahora o nunca. Amaba el arte, amaba todo sobre la actuación, pero siendo realistas no había mucha oportunidad más allá de sus proyectos independientes y sus fieles amigos. Así que, no dudó en apuntarse.
Se estuvo informando más sobre la obra, de qué iba y qué tanto tenía que comprometerse. Lo que más destacaba era el romance gay y las escenas íntimas. Mucho sexo.
No tenía problema con besar a otro hombre, ya que no sería la primera vez, sin embargo, desnudarse ante una cámara y otras personas que no son de su círculo cercano era otra cosa. Pero la vergüenza era algo que él no conocía. Más bien, creía que él podría incomodar a los demás con su poco pudor. Sus amigos se lo habían hecho notar. ¿Le importaba? Muy poco. Pero esto era algo profesional y más grande de lo que había hecho, así que, no quería joderlo.
Su agente le envió la escena para que hiciera la audición, él la realizó y la envío. Fueron días y noches en las que siguió estudiando al personaje, un chico asiático canadiense. Revisaba su teléfono con regularidad esperando el mensaje de aceptación. Sus amigos lo animaban y lo convencían de que él sería el elegido.
La llamada llegó para notificarle que había quedado para hacer lecturas de química. El productor elogió su manera de interpretar e intercambiaron puntos de vista que él había notado del personaje. Hizo dos lecturas con unos actores que eran buenos, muy buenos a decir verdad, pero sentía que todo fue robótico. Era como si estuvieran leyendo el guión y no interpretando, no era justo decir que se sentía incómodo, pero no podía sacar al personaje si su pareja no estaba reflejando su parte.
Se lo comentó a Jacob y él estuvo de acuerdo, entonces fue cuando hizo su tercera lectura de química.
Y supo que estaba jodido.
Detrás de la pantalla de su ordenador, le devolvía una mirada profunda, inquietante, que de inmediato le hizo entender cómo se sentía alguien a quién quieren follar. Oh, Dios.
Simplemente se miraron el uno al otro, a pesar de que Jacob les había dicho que podían iniciar. No fue una batalla de miradas para demostrar algo a alguien, simplemente fue una conexión natural entre sus dos personajes, pero más allá de eso, él pudo sentir que ellos eran los indicados. Naturalmente hicieron su escena y Jacob les felicitó a ambos.
Hudson no dudó al terminar la videoconferencia en enviar un mensaje a Jacob para decirle que era aquel hombre la persona perfecta.
¿Y por qué estaba jodido?
Porque conoció a Connor.
¿Cómo decir su nombre sin suspirar y parecer un amante destrozado?
Connor llegó a su vida para causarle dolor. No había otra explicación para lo que su pecho sentía cada vez que el hombre sonreía.
Hudson era un distraído por naturaleza y por diagnóstico, pero podía pasar horas observando a Connor sonreír, mostrar todos esos dientes y que sus ojos se volvieran pequeños. No iba a negarlo, le encantaba esa sonrisa, era espectacular, todo en Connor lo era.
Conocerlo fue lo mejor que le había pasado. Se propuso hacerlo sonreír siempre que pudiera. Sabía que esto sería efímero, era un proyecto que harían juntos, pero no estaba todo escrito. Había muchos factores que podrían hacer que fuera un éxito o un fracaso, así que, iba a dar todo de sí y aprovechar el tiempo que pasarían juntos.
Quedaban juntos después de grabaciones, Connor parecía buscarlo siempre para hacer ejercicio y a pesar de que él quería tirarse a dormir, no podía negarse, no cuando lo miraba a los ojos y estos se iluminaban con la ilusión de ir juntos. Estaba tan jodido. Creía que no habría nada que pudiera negarle a Connor.
En una de sus noches juntos, lejos de la cámara y en la confianza que habían creado, tuvieron una conversación que fue un detonante para el Hudson sin vergüenza que comenzó a aparecer en las entrevistas.
—¿Te molesta el contacto físico? —Connor había preguntado mientras le miraba fijamente. ¿Había mencionado el color de sus ojos? Porque eran impresionantes, como el color de un bosque o un mar en calma, cristalino y que cuando le daba el sol podías ver a través de ello. —¿Huddy?
Reaccionó al sobrenombre.
—No, definitivamente no. Y me parece curioso que lo preguntes cuando vas a estar todo desnudo sobre mí.
Connor soltó una risa mientras sus mejillas se ruborizan. Hudson mostró una sonrisa diabólica porque si algo había aprendido de Connor, era que le gustaba dar halagos, pero de vez en cuando se ruborizaba cuando los recibía. A diferencia de él que se sentía como si no los mereciera y prefería soltar un chiste.
—En serio. Soy una persona de contacto —Hudson notó la mirada de Connor como si estuviera midiendo su reacción. —Si estoy cómodo con alguien como que no puedo evitarlo.
—No lo evites conmigo —respondió rápidamente. —Siento lo mismo y voy a estar tocando mucho.
Connor volvió a reírse. Dioses, cómo le encantaba esa risa.
—Eres único. Es increíble que hayamos coincidido en este proyecto. Hablo con sinceridad, no siempre existe cierta comodidad y confianza con tus compa de trabajo —continuó Connor.
—Nosotros somos más que compañeros de trabajo —respondió sin dejar de mirar a Connor. No quiso decir más pero esperaba que el otro entendiera.
—Mi alma gemela.
Y Dios lo ayude porque no pudo y ni quiso la sonrisa que dejó de ver en ese momento.
Cuando la serie salió al aire nunca esperaron tener tal impacto. A la gente realmente le había gustado, más allá de eso, se volvieron adictos a verlos juntos. Ellos estaban felices, por supuesto, pero Hudson por un momento tuvo miedo de mostrarse tal cual era. ¿Las personas lo odiarían por ser extrovertido? Por no encajar con lo que ellos quisieran ver.
Connor fue un gran apoyo a través de todo esto. Las entrevistas, estar sentado durante mucho tiempo, teniendo cámaras y respondiendo preguntas una y otra vez, comenzó a cansarlo, a pesar de estar sonriendo. Pero entonces sentía una mirada, una caricia y se daba cuenta que no estaba solo.
Entonces no podía devolver esos toques, no podía evitar estar cerca de Connor, de sentir el peso de su cuerpo sosteniéndolo. “No estamos solos” , eso era lo que pensaba cuando su batería social se agotaba. Connor también estaba pasando por lo mismo.
Entonces decía algo para que el otro esté divertido, aprovechaba esas risas dónde Connor inclinaba su cuerpo hacia él para poder tocar, tocar, tocar y tocar.
No le importaba, solo necesitaba sentirlo.
Porque aunque eran nuevos en ser el centro de atención de los demás. Mientras estuvieran juntos en esto, podían encerrarse en su burbuja donde solo eran ellos dos.
Podían mirarse como si estuvieran viendo lo más maravilloso del mundo. Podían abrazarse cómo si fuera lo último que hicieran en sus vidas. Podían halagarse porque solo existían palabras bonitas para decirse, podían tocarse porque sus manos actuaban antes que ellos se dieran cuenta, podían sonreírse porque verse era la dopamina que necesitaban.
Hudson estaba jodido.
Y no podía importarle menos.