Epílogo
Antes de abrir mis notas....
Si estás leyendo esto, significa que decidiste quedarte. Siempre supe que lo harías. Hay personas que no saben irse cuando algo les habla en voz baja.
No te voy a decir mi nombre. No porque no exista, sino porque los nombres estropean ciertas cosas cuando se dicen demasiado pronto. Prefiero que me imagines. Así suelo existir mejor.
Antes de que abras mis notas, necesito advertirte algo: no busques respuestas claras. Este no es un cuaderno escrito para ser entendido, sino para ser sentido.
A lo largo de estas páginas vas a notar un nombre que pesa. No lo verás escrito completo, pero lo reconocerás cada vez que aparezca. Está en las pausas, en las omisiones, en todo lo que no me atreví a decir directamente. Creerás que pertenece a alguien más. A una figura ausente. A un recuerdo. Eso es normal.
Nunca quise que supieras quién era.
No porque no confíe en ti, sino porque algunas obsesiones solo sobreviven mientras permanecen difusas. Si lo nombrara, perdería fuerza. Si lo explicara, se volvería común. Y esto nunca fue algo común.
Mis cartas no fueron escritas para ser encontradas. Fueron escritas para esperar. Cada una es una forma distinta de decir lo mismo sin repetirlo. Cada silencio es una protección. Cada ausencia, una elección.
Tal vez pienses que exagero. Tal vez creas que todo esto es solo una historia más. Te equivocarías, pero no voy a corregirte todavía.
Solo quiero que sepas esto antes de continuar: nadie dentro de estas páginas es tan importante como parece. Y nadie fuera de ellas está tan lejos como cree.
Cuando termines de leer, entenderás por qué nunca dije su nombre. Y por qué, aun así, lo cuidé tanto.
Ahora dime…¿estás lista para abrir mis cartas?








