La Sombra
El ruido de la alarma lo despierta, sus ojos abriéndose lentamente
mientras siente el ardor en estos; la noche había sido pesada y saber que debe
despertarse para otro día pesado, le revuelve el estómago. Había estado sumido
en un terror inexplicable, sintiéndose nervioso sin motivo alguno durante las
últimas semanas, sintiéndose acechado y acorralado incluso en su propia casa.
había encontrado notas que parecía que alguien le había dejado ahí, incluso
algunas veces había dejado su taza de café en la mesa del comedor para luego
encontrarla en la mesita de centro de la sala de estar. Humeante y con ese rico
aroma a café que tanto amaba, pero con el líquido hasta la mitad, siendo que él
solo había dado un sorbo apenas para luego ir arriba a su habitación por su
mochila, encontrándose entonces con aquella escena. Y aunque había pensado
y analizado en todas las cosas posibles que le dieran solución a ese sentimiento,
no pudo encontrar una explicación factible que lo dejara sintiéndose más
seguro y tranquilo. Ni en su propia casa se sentía así últimamente.
Se puso de pie para colocarse las pantuflas, sus pies sintiéndose cálidos ante la
suavidad de las mismas, arrastrándolos hasta entrar al cuarto de baño, donde
se aseguró de cerrar bien la puerta con el seguro luego de revisar que no
hubiera nadie detrás de la cortina de la ducha; así de demente se había colocado
últimamente, pero, es que lo de la taza era lo más “pequeño” que le había
sucedido. También estaban las extrañas llamadas nocturnas, siempre a la
misma hora: 9 de la noche; con una respiración agitada al otro lado de la línea,
luego una voz ronca a la que apenas y se le entendía algo y luego, de inmediato,
colgaban. Era todo tan rápido que apenas y tenía tiempo de procesarlo, sin
permitirle preguntar quién era siquiera, de pedirles que lo dejaran en paz, que
dejaran de molestarlo. También había visto una silueta siguiéndolo cuando
regresaba a su edificio, de noche; un hombre alto y de complexión media, nunca
le veía el rostro porque siempre usaba una capucha de una sudadera, pero sus
pasos pesados detrás de él lo asustaban. A veces, cuando se atrevía a darse la
vuelta para encarar al extraño, se encontraba con la calle vacía, solitaria, nadie
más estaba allí aparte de él, y eso era extraño. Él sabía que alguien había estado
siguiéndolo, no se estaba imaginando cosas, porque la sensación de miedo que
después recorría su cuerpo era tan real como él mismo.
Había intentado ir a la policía, pero sin una prueba que refutara sus palabras,
no había nada que la maldita ley pudiera hacer. Por ello, había tomando la
decisión de comprar una linterna que también soltaba descargas eléctricas, con
una luz tan fuerte para llamar la atención de quien sea que pudiera ayudarle en
caso de que ese extraño se atreviera a tocarlo o a intentar hacerle daño; y
aunque agradecía que hasta ahora ese sujeto no le hubiera hecho nada, no se
sentía más seguro de todos modos.
Salió de la ducha secándose el cabello con una toalla, su cuerpo envuelto en
otra, limpiando después el vaho en el espejo por el vapor de la ducha caliente
con sus manos, sintiendo el temor invadirlo por completo cuando al ver a
través del espejo, el reflejo le regreso la imagen de la puerta del baño abierta,
apenas unos centímetros, pero lo suficiente para ver la silueta moviéndose
rápidamente en su habitación, alejándose de su vista mientras él, quedó
totalmente paralizado por el terror. Estaba harto, asustado y temeroso de que,
mientras dormía, este tipo le hiciera algo, y lo peor era que a pesar de las
semanas que ya habían pasado y solo no sucedía nada, la tensión se volvía más
y más palpable; atemorizante y desesperante. No estaba tranquilo, algo lo
estaba asechando y estaba harto.
El sonido de su teléfono lo hizo pegar un brinco, dándose la vuelta para
escuchar el aparato afuera, en su habitación, justo donde lo había dejado; justo
donde creía que el extraño invasor en su casa estaba. Apretó los puños de sus
manos luego de asegurar la toalla en su cintura, las gotas de sus cabellos
húmedos cayendo sobre sus hombros desnudos mientras caminaba lentamente
hasta la puerta, tomando el pomo de esta antes de empujarla un poco; tragando
saliva.
—¿Qué quieres? —susurró con la voz entrecortada, el corazón latiéndole a mil
por hora dentro de su pecho.
No escucho respuesta por un buen rato, creyendo que, tal vez y solo tal vez;
todo aquello se lo había imaginado. Dio un paso fuera a su habitación,
deteniéndose apenas unos instantes cuando su cuerpo estuvo por completo en
su habitación, la puerta del baño a centímetros de él. —Solo quería verte...
La voz ronca lo hizo detenerse, girar sobre sus talones y caer sobre el suelo.
Miro en todas direcciones, encontrándose solo. No había nadie ahí, ni en el
puto baño, ni en ningún rincón de su habitación. Aun así, sabía bien que había
escuchado esa voz ronca; esa voz que, tan extrañamente, era familiar. La
recordaba de algún lugar, sabía que la conocía, pero no lograba descifrar
todavía de quien o en donde la había escuchado. La misma voz de las llamadas
extrañas, la misma voz que resonaba en su cabeza antes de irse a dormir, la
misma voz que había escuchado hacía unos instantes, la misma voz que en otras
ocasiones en la calle, en el trabajo, en el baño, había escuchado.
Tembloroso, se puso de pie para secarse de nuevo el cuerpo, encendiendo todas
las luces de la casa a pesar de que la luz del sol comenzaba a colarse por las
ventanas; opto por recorrer cada espacio de su hogar, el primer piso, el
segundo, abriendo todas las puertas, incluidas las del closet, las alacenas de la
cocina, todo. Pero ahí no había nadie, Baekhyun estaba solo en su casa, solo él.
No tenía mascotas, ni música, su celular había dejado de sonar cuando cayó
sobre el suelo después de escuchar aquella voz, por lo que no pudo ser su
aparato, lo había revisado después de aquello y tan solo era una llamada perdida
de Sehun, su mejor amigo de la universidad; pero de ahí en más, estaba solo.
Como sea, tomo sus cosas para salir de casa, dirigiéndose a la parada de autobús
solo para tomar el que iba más lleno. Por la misma cuestión extraña que
acababa de vivir en casa, se le había hecho tarde al hacerle caso a su paranoia;
teniendo que estar totalmente apretujado entre la multitud. El camión hizo una
parada más y entonces, una extraña sensación se asentó en su estómago. Trago
saliva, levantando la mirada de su celular al textear con Sehun, encontrándose
con una cabellera roja, tan roja que le hizo pensar en alguien que conocía, pero
que no recordaba. Una sensación de miedo despertó en él, haciéndolo temblar
mientras intentaba esquivar a las personas a su alrededor, sintiendo el
repentino deseo de huir, de que tenía que salir de ahí; de que estaba en peligro
y no era una opción permanecer a la vista de ese extraño tan familiar que le
causo miedo total.
Se sintió aliviado cuando pudo ver las instalaciones de la universidad, y a Sehun
esperándolo en la entrada, cargando su mochila con la vista sobre su teléfono.
Bajo junto al tumulto de más estudiantes, corriendo en dirección hacia Sehun
solo para sujetarlo fuertemente del brazo, sorprendiendo al alto.
—¡Joder! —expresó el chico rubio, pegando un salto y llevando una de sus
manos a su pecho mientras esbozaba una sonrisa al ver al pelinegro. —Casi me
matas del susto ¿qué paso?, tienes cara de que viste un fantasma.
Baekhyun soltó un respiro agitado, tomándolo de la muñeca para entrar juntos
a la escuela, mirando en todas direcciones con la intención de asegurarse de
que, esa cabellera y ese hombre no los estuviera siguiendo. —No, yo... —se
detuvo al entrar a los pasillos del primer edificio, estando tan desesperado por
encontrar un lugar seguro que no se percató de que había entrado al edificio
administrativo, la secretaria dándoles una mirada extraña, mientras profesores
charlaban en una esquina contraria. —Tuve, una mañana muy extraña ¿sabes?,
anoche recibí una llamada y de nuevo nadie respondió, solo se escucha una
respiración agitada y luego una voz tratando de decir algo que no entiendo,
cuando quiero preguntar quién es o que quiere, cuelgan.
Sehun lo miro levantando las cejas, guardando su teléfono y ajustando su
mochila sobre sus hombros. —Bueno, eso sí es raro, pero, si bien recuerdo...
has dicho que te ha estado pasando mucho últimamente ¿Por qué no cambias
de número?, tal vez así dejen de molestarte.
Baekhyun negó, parpadeando suavemente. —No, no creo que sea la solución,
yo... es que también creo que sabe dónde vivo y, me ha estado siguiendo
cuando regreso a casa, yo... estoy aterrado Sehun. No sé qué más puedo hacer,
tengo miedo.
El alto asintió, rodeándolo por los hombros para salir del edificio, yendo directo
al suyo para asistir a la primera clase de ambos. —Cálmate, seguro no es
nada... seguro... seguro que ha sido una confusión o tal vez tienes algún
admirador secreto o no sé, pero si en verdad tienes tanto miedo, te llevaré a
casa ¿sí?, es más, como es viernes me quedaré contigo en tu casa para que estes
más tranquilo.
—¿De verdad? te lo agradecería mucho Sehun, esta mañana creí que alguien
estaba en mi casa y escuche una voz extraña... no quiero estar solo el fin de
semana.
—Descuida, solo iremos por un par de mudas para mí a mi departamento y de
ahí iremos a tu casa ¿de acuerdo?
El pelinegro asintió, sintiéndose más seguro al saber que su amigo estaría con
él. Durante el resto de las clases, tuvo que despedirse de Sehun cuando tomaron
direcciones diferentes, mientras que el alto tenía clases de danza junto a Jongin,
otro de sus mejores amigos; él se dirigió a la clase de canto. Amaba cantar, y
creía que no lo hacía tan mal; es más, se atrevía a decir que era de los mejores
de su clase, junto a otro par de compañeros, uno de ellos que le regalaba
miradas llenas de odio. Y no es que creyera que Kyungsoo lo odiara, sino que
tal vez... el chico ojón pensaba que Sehun andaba detrás de Jongin, puesto que
ambos pasaban mucho tiempo junto a veces. Trató de ignorarlo cuando la clase
comenzó, y aunque antes cuando todo lo extraño había comenzado, en un
principio creyó que era aquel chico quien lo hostigaba, había sido algo lógico
en su cabeza en un principio, es decir, un chico que se la pasaba mirándolo de
forma grosera, haciéndole comentarios despectivos, para cualquiera sería
lógico que él era quien lo acosaba ¿no? pero con la diferencia de altura entre
Kyungsoo y el extraño, además de su voz, estaba claro que no era él.
Nuevamente, trato de no prestarle demasiada atención, el fin de semana estaba
ahí, y con el fin de las clases se dedicó a esperar a Sehun en la entrada,
quedándose paralizado cuando la voz, esa misma voz que había escuchado
anoche en la llamada, hoy en su habitación; resonó detrás de él.
—¡Aléjate de mí!
Su corazón dio un vuelco, mirando por encima de su hombro solo para
encontrar un cuerpo alto, una cabellera rojiza pronto cubierta por una capucha,
alejándose de él mientras metía las manos en los bolsillos de la sudadera. Era
él, no había duda. Corrió tan fuerte como pudo de vuelta al edificio de
administración, Sehun logrando verlo al salir del edificio de baile que se
encontraba justo en frente; frunciendo el ceño. Según Baekhyun, lo habían
estado siguiendo desde hacía un par de semanas, y aunque muchas veces el
bajito juraba que ese dichoso acosador estaba justo detrás de ellos durante sus
salidas a bares, festivales o simplemente a la biblioteca, Sehun no había visto a
nadie. Nadie estaba ahí, nadie siquiera los volteaba a ver, en el registro de
llamadas de Baekhyun no había números extraños, tan solo él, la madre de su
amigo y algunas veces Jongin; nadie más. Había optado por ignorarlo, pero,
con sus actitudes, era cada vez más difícil hacerlo. Lo encontró pegado contra
la esquina del edificio, sus manos temblando de forma nerviosa mientras se
asomaba por la ventana, ocultando el resto de su cuerpo detrás de esta y
mirando a todos lados. Se acercó suavemente a él, susurrando su nombre en un
tono suave para no asustarlo; pero el pelinegro no lo escuchó. Tocó su hombro
y Baekhyun pegó un brinco, soltando un grito fuerte antes de desplomarse
sobre el piso, llamando la atención de todos ahí.
—¿Sucede algo? —un profesor se acercó hasta ellos rápidamente, mirando
entre Sehun y Baekhyun, su mirada de preocupación haciendo que Sehun se
sintiera avergonzado por el actuar del bajito.
—Estamos bien, disculpe. —habló, haciendo una reverencia antes de volver a
verlo. —Mi amigo no me escuchó y se asustó, pero estamos bien. —el hombre
no pareció del todo satisfecho con eso, por lo que Sehun se apresuró a tomar
por los brazos a Baekhyun, pidiéndole en un susurro que salieran de ahí. En
cuanto logró arrastrarlo fuera de la universidad, lo metió en su auto, mirándolo
un momento. —Hey, ¿Qué fue todo eso?
El contrario exhalo, apretando los ojos fuertemente mientras negaba, sus
manos temblorosas como el resto de su cuerpo, su rostro tan pálido que, Sehun
empezaba a sentirse culpable por no creerle en primer lugar. Se puso en
cuclillas delante de él, tomando sus manos para darles un suave apretón, solo
así Baekhyun dirigiéndole la mirada. Había comenzado a llorar, por lo que su
visión era borrosa y su respiración irregular, su voz salió atascada de su
garganta, teniendo dificultad para hablar.
—Él... estaba ahí, te juro que lo vi. Grito algo y cuando voltee a verlo estaba
de pie detrás de mí, justo al lado de los barrotes de la entrada, se dio la vuelta
justo cuando me gire y se colocó la capucha y se alejó. Sabe dónde vivo, mi
número, donde estudio... sabe todo de mí, está siguiéndome.
Para Sehun era complicado, pero, verlo en ese estado solo le hacía pensar que
Baekhyun estaba diciendo la verdad. Asintió antes de ponerse de pie de nuevo,
cerrando la puerta con seguro para apresurarse del lado del conductor,
encendiendo el motor y colocando algo de música relajante a un volumen bajo
para que su amigo se calmara, dejándole llorar tanto como lo necesitara, sin
interrumpirlo no decirle alguna bobada como “no llores”, dando una vuelta por
lugares no tan concurridos para hacerlo despegar su mente. Y en cuanto
Baekhyun respiro tranquilo, Sehun quitó la música y solo así habló,
dirigiéndose a su casa para tomar algo de ropa como había prometido.
—¿Cómo es él? —pregunto sin rodeos. —Tenemos que hacer una denuncia,
Baekhyun... no puedes seguir así, si ese sujeto... Dios, no quiero siquiera
pensarlo, pero si un día en verdad se atreve a hacerte algo, no habrá nadie cerca
y no se que mierda pueda pasar.
—Ya lo intenté Sehun, me dijeron que sin pruebas no harían nada.
—Bien, pues vamos a ver si no.
En cuanto recogió algo de ropa, los dos se dirigieron hasta la estación de
policía, el chico alto exigiendo a los oficiales enviar a alguien a dar rondines
nocturnos a la calle de Baekhyun, al menos como mínimo. Logrando que los
oficiales se comprometieran y abrieran una carpeta de investigación,
regresaron un par de horas después a la casa de Byun. Se instalaron, Sehun
optando por ver alguna película divertida, comer palomitas y golosinas para
distraer a su amigo, logrando hacerlo justo cuando se acomodaron en la
habitación del pelinegro, sabanas tenidas en el piso que servirían como cama
temporal para Sehun, el celular de Baekhyun sonando de repente, el reloj en el
buro marcando las nueve en punto, la misma hora de la noche anterior, la
misma hora de todas las noches anteriores. Su corazón latió con fuerza,
mirando a Sehun mientras su pecho subía y bajaba.
—Responde, vamos a mandar a la mierda a ese tarado.
Baekhyun tomó valor, no estaba solo esta vez, Sehun estaba ahí, Sehun vería
que todo era real, que no estaba loco. Tomó su teléfono sentándose a la orilla
de la cama, Sehun sentándose a su lado y entonces deslizo el dedo en la pantalla
para responder a la llamada, llevándoselo a la oreja, Sehun pegándose a él para
escuchar también.
La respiración agitada estaba ahí, pero la voz no habló, el sonido de la llamada
finalizando lo hizo fruncir y voltear a ver a Sehun. El alto tomo el celular en
manos, buscando el número que recién acababa de llamar, pero no había uno.
La única llamada que Baekhyun había recibido ese día era suya, y había sido a
las 7:35 de la mañana; no había registros de algo más.
—¿Qué mierda es esto, Baekhyun? ¿Lo borraste?
—Claro que no ¿Cómo podría si estás aquí?
Sehun se levantó, soltando un suspiro antes de entregarle el teléfono de vuelta
a su dueño, luces rojas y azules colándose a través de la ventana, por la que se
asomó. Al menos, los oficiales habían cumplido con su deber y se encontraban
estacionados afuera de la casa del chico. Aun así, no encontraba palabras ni una
explicación para comprender lo que había pasado. No había visto el numero
tampoco cuando Baekhyun deslizo el dedo por la pantalla de su teléfono, pero
si había escuchado la respiración al otro lado de la línea.
¿Era un maldito hacker o algo así?
Sin eso, no podían darles más pruebas a los oficiales y era obvio que sin pruebas,
no iban a ayudarlos. La vigilancia en casa de Baekhyun dudaría apenas una
semana y si después de eso no mostraban pruebas, suspenderían los rondines
y la carpeta sería cerrada. Quedarían como un par de locos paranoicos, y su
amigo se sumiría más en el bendito miedo, en la desesperación y en la
confusión.
—Vayamos a dormir, mañana pensaremos en algo ¿sí? —Baekhyun asintió,
frotándose la frente mientras se metía bajo las sábanas de su cama. —Escucha
tonto, no te dejaré solo ¿de acuerdo?, encontraremos una forma y te juro que
estaré para ti por siempre.
El bajito sonrió, pero no dijo nada. Las luces se apagaron y, ambos decidieron
intentar dormir. Solo intentarlo, porque Sehun no podía sacarse de la cabeza
todo aquello. Lo asustado que Baekhyun se ponía era una prueba más que
creíble de que todo aquello sí estaba sucediendo, la llamada también, solo
faltaba ver al hijo de perra que había estado hostigando a su amigo, juraba que
si lo veía, no llamaría a la policía, directamente le rompería la cara y lo
atraparía, fuese quien fuese. Estaba más que claro que era un loco. Entre esos
pensamientos, logro quedarse dormido hasta que sintió como si lo empujaran.
Adormilado, estiro los brazos mientras esbozaba un quejido, parpadeando
suavemente antes de abrir por completo los ojos, la luz del poste de luz de la
calle colándose por la ventana del cuarto de Baekhyun le hizo ver un poco de
la habitación del chico, la cual recorrió con la mirada cuando sus ojos se
adaptaron a la oscuridad de la misma, creyendo que quizá alguien sí estaba ahí
o que el mismo Baekhyun se había levantado para ir al baño.
Pero estaba vacía. No había nadie. Volvió a recostarse, acomodándose de lado
mientras soltaba un bostezo, sus ojos dirigiéndose sin querer debajo de la cama,
pues estaba a la altura, solo para ver la silueta de alguien ahí. Un cuerpo, una
persona estaba debajo de la cama de su amigo, por lo que pegó un grito,
moviéndose rápidamente fuera de su cama improvisada, todavía de rodillas en
búsqueda de su teléfono para aluzar ahí debajo; en cuanto lo encontró, ya no
había nadie. El suave movimiento en la cama de Baekhyun hizo que aluzara al
lugar, su amigo cubriéndose la cara cuando la linterna del teléfono de Sehun le
dio justo en la cara.
—Sehun, quítame eso... ¿Qué pasa?
—Había alguien. —alcanzó a formular. —¡Alguien debajo de tu cama!
Al escucharlo, Baekhyun abrió los ojos, poniéndose de pie rápidamente para
encender la luz de la habitación, tembloroso, colocándose sobre sus rodillas
para mirar bajo la cama, encontrándose con los pies de Sehun del lado opuesto,
los mismos que caminaron hasta situarse detrás de él.
—No hay nadie.
—Mierda, te juro que había alguien, joder. —el alto se mordió los labios,
apretando sus manos en puños
No sabía que más hacer. Estaba claro que su amigo no mentía, pero ¿Qué había
sido eso?, si hubiera sido un puto extraño, no hubiera tenido tiempo de salir de
la habitación o la casa de su amigo sin que ellos se dieran cuenta luego de
revisar la casa de pies a cabeza. Llamaron a la policía solo para recibir las
mismas palabras que ya sabían, en la casa de Baekhyun no había nadie, ni
siquiera en el resto del edificio. Los vecinos habían salido por el alboroto, pero,
aunque se les hicieron preguntas, nadie vio o escucho nada sospechoso, lo que
los dejo como jóvenes paranoicos.
Era increíble, ahora Sehun también estaba viendo cosas. No quería decirlo,
porque de nuevo, el miedo en los ojos y el cuerpo de Baekhyun era real, la
llamada la recibió justo cuando él estaba presente, pero ahora también había
empezado a ver cosas y aunque sabía que sonaba como la mierda, se refugiaba
en que quizá estaba siendo contagiado por la locura de su amigo. No podía
quedarse ahí.
—Lo lamento de verdad. —habló cuando salió el sol, ambos quedándose en la
sala de estar en cada esquina del sofá, viendo en la TV comerciales de productos
inútiles hasta que amaneció. —Es horrible, yo... en verdad lo siento Baek.
El bajito no dijo nada, solo cerró la puerta cuando Sehun se marchó directo a
las escaleras del edificio. Entendía, y aunque le aseguró que podía llamarlo en
cualquier momento, ya no se sentía protegido. El fin de semana apenas
comenzaba, y por experiencia, sabía que solo era el comienzo. Había sido así
durante semanas, y ahora que alguien le había creído y que ya no se sentía solo,
de alguna manera ese sujeto se las había arreglado para volver a aislarlo. Se la
paso todo el día sobre el sofá, celular en mano, asomándose de vez en cuando
por la ventana para ver a la patrulla ahí afuera un par de veces, y cuando la
noche comenzó a caer, se aseguró de encender todas las luces de su casa, aun
si el recibo llegase carísimo, no iba a quedar ni un solo rincón sin ser aluzado.
En medio de su miedo, también tomo valor y estaba convencido de que iba a
confrontarlo.
Sacó una libreta y una pluma, comenzando a escribir recuerdos con aquel
extraño, desde la primera vez que lo notó caminando de forma pesada detrás
de él, la complexión de su cuerpo, las llamadas a la misma hora todos los días,
las cosas diferentes en su casa, las voces, y ahora lo que había sucedido con
Sehun. Llegó a la conclusión de que lo conocía.
Le era tan familiar ahora que lo analizaba detenidamente, pero no lograba
aclarar de quien se trataba. Tenía que ser alguien que fue cercano, porque sabía
dónde vivía, sabia la hora de llegada a su casa ciertos días cuando lo seguía de
noche, sabia su número de teléfono, sabía que Sehun era su amigo, seguramente
hasta conocía mejor su casa que él mismo.
—El ático. —hablo para sí mismo, mirando directo al techo.
Baekhyun vivía en un edificio viejo, de 6 pisos donde él era el residente de este
último piso junto a una viejita que siempre lo saludaba, imposible que la señora
tuviera algo que ver, pues se la pasaba todo el tiempo ahí, sus hijos visitándola
cada día. Los había visto a todos, la mayoría eran chicas bajitas, y un hombre
alto, pero no de cabellos rojos. El sujeto solía vestir bermudas y sandalias,
incluso en temporada de lluvia, por lo que dudaba que sus vecinos tuvieran
algo que ver. El ascensor no servía, y al final del pasillo había unas escaleras
de emergencia que daban a la azotea, una puerta que estaba cerrada siempre, o
eso creía. Conocía al dueño del edificio, un viejo cascarrabias fumador; no
estaba casado ni tenía hijos, pero si le faltaba una pierna, por lo que tampoco
creía que ese hombre tuviera algo que ver. Alguien tuvo que haberse infiltrado
a su casa, alguien lo asechaba desde su propio hogar y él iba a descubrir quien
estaba detrás de todo eso.