Única Parte
El aire del estudio estaba cargado, denso con el calor de los focos LED que proyectaban un brillo suave y dorado sobre la piel pálida de Jeongin, haciendo que cada gota de sudor pareciera una perla reluciente.
Yacía en la cama king-size, las sábanas de satén negro acariciando su cuerpo desnudo con cada movimiento, su textura fresca y resbaladiza contrastando con el calor que ya empezaba a acumularse en su interior.
Detrás de la cámara, Hyunjin ajustaba el enfoque con manos temblorosas, el zumbido bajo del ventilador del equipo resonaba en sus oídos como un pulso constante. Llevaba trabajando con Jeongin por casi un año, capturando cada gemido ahogado, cada roce que hacía que la piel se erizara, cada clímax que dejaba un eco de jadeos en el aire.
Al principio, era solo un trabajo: encuadrar ángulos perfectos, asegurarse de que la luz capturara el sudor en la curva de la espalda de Jeongin, no podía dejar pasar por alto ningún detalle. Pero en algún momento, se había convertido en algo más. Cada vez que el pelinaranja entraba al set, Hyunjin sentía esa punzada en el estómago, el calor subiendo por su cuello mientras lo veía desvestirse con esa gracia natural.
—¡Acción! —gritó el director desde el fondo, y la escena comenzó.
El compañero de Jeongin se inclinó sobre él, besando su cuello con una urgencia ensayada, el aliento cálido y ligeramente mentolado rozando su piel y enviando escalofríos por su espina dorsal. El pelinaranja arqueó la espalda, sus labios entreabiertos dejaban escapar el aire de sus pulmones en un gemido bajo que vibraba en el pecho de Hyunjin.
Sus ojos, en lugar de fijarse en la lente fría de la cámara, se desviaron directamente hacia su camarógrafo. Detrás del trípode, el rubio tragó saliva, sintiendo cómo su pulso se aceleraba mientras Jeongin lo miraba fijamente. Era como si estuviera perforando el vidrio, ignorando al hombre que lo tocaba, y enfocándose solo en él, el aroma sutil de su colonia —una mezcla de cítricos y madera— flotando en el recuerdo de Hyunjin desde la última vez que se habían rozado accidentalmente en el set.
Hyunjin ajustó el zoom, intentando mantener la compostura, pero no podía evitarlo: la forma en que Jeongin gemía, bajo y ronco, no era para el público. Era para él. Y en la mente sucia del pelinaranja, imaginaba que esas manos grandes eran las de Hyunjin, suaves y curiosas, explorando su cuerpo con la misma precisión con la que manejaba la cámara. El tacto imaginado de sus dedos en su piel sensible, sujetando su cintura mientras lo empujaba contra el colchón. Su cabello rubio cayendo sobre los ojos, diciendo su nombre en gemidos suaves, como en esas noches de rodaje tardío cuando se quedaban solos revisando tomas.
—Más cerca —murmuró el director, pero Jeongin ya estaba perdido.
Sus caderas se movieron con un ritmo instintivo, el sonido húmedo de piel contra piel llenando el estudio, mezclado con el crujido sutil de las sábanas. Sus dedos se clavaron en la espalda de su compañero, sintiendo los músculos tensos bajo sus uñas, mientras sus ojos seguían clavados en Hyunjin.
El camarógrafo sintió el calor subiendo por su cuerpo, una excitación traicionera que lo hacía apretar los dientes, y el olor del sudor ajeno invadiendo sus fosas nasales.
¿Por qué no podía apartar la mirada? Su cuerpo no reaccionaba, o al menos no de una forma profesional. Pensó en la manera de disimular la erección que crecía dentro de sus pantalones, pero resultaba imposible no sentir nada al escuchar a Jeongin jadear cuando succionaban su pezón.
Hyunjin podía ver el sudor perlando la frente del pelinaranja, la forma en que su pecho subía y bajaba con respiraciones entrecortadas, y se imaginó a sí mismo en esa cama, reemplazando al actor anónimo, saboreando la sal en su lengua al lamer el cuello de Jeongin.
El pelinaranja soltó un gemido más alto, uno que sonaba crudo, vulnerable, el vibrato en su voz enviando vibraciones a través del aire. No era actuación, solo su imaginación tomando las riendas de nuevo. Su compañero lo penetró con más fuerza, el impacto enviando ondas de placer que lo hacían morder su labio, un leve sabor a sangre mezclándose con el dulzor de su saliva. Cerró los ojos por un segundo, solo para abrirlos de nuevo y buscar a Hyunjin.
El camarógrafo lo sintió, esa necesidad compartida como una corriente eléctrica entre ellos, el calor del set haciendo que su propia piel pícara bajo la camiseta. Hyunjin hizo zoom out, intentando romper el contacto visual, pero no podía. Su excitación era palpable, un pulso insistente que lo hacía sudar, el roce de su ropa contra su piel sensible amplificando cada sensación. ¿Cuántas veces había repasado esas tomas en casa, solo, imaginando que era él el que follaba a Jeongin, el eco de esos sonidos en su mente mientras su mano se movía con urgencia?
—¡Corten! —gritó el director al fin—. Terminamos por hoy, buen trabajo chicos.
Jeongin se incorporó, su cuerpo aún temblando por el clímax fingido —o real, ¿quién sabía?—, el sudor enfriándose en su piel y dejando un rastro pegajoso. Se envolvió en una bata, la tela suave y mullida contra su cuerpo sensible, pero antes de alejarse para tomarse las respectivas fotos promocionales con su compañero, le guiñó un ojo a Hyunjin, acercándose un poco.
—Buena toma, ¿no? —dijo con una sonrisa juguetona, y su voz ronca por el esfuerzo.
Hyunjin asintió, apagando la cámara con manos inestables.
—La mejor hasta ahora.
El estudio se vació, pero la tensión quedó flotando en el aire, espesa, con el eco de gemidos y el aroma persistente de deseo. Jeongin se vistió despacio, sabiendo que Hyunjin lo observaba.
—¿Necesitas ayuda con eso? —preguntó, bajando la mirada por un segundo.
Aunque Hyunjin quisiera negarlo, su erección comenzaba a doler, exigiendo atención inmediata. Necesitaba apresurarse a guardar el equipo y huir a casa, donde podría liberarse por fin.
Jeongin volvía a acercarse, esa mirada cautivadora fija en él, convirtiéndolo en el único centro de atención del pelinaranja.
—Aquí no… —susurró Hyunjin, sintiendo la mano contraria acariciar su pene por encima de la tela.
Ignorando las palabras del rubio, Jeongin desabrochaba el pantalón con agilidad y metía su mano dentro de los boxers, rodeando el pene de Hyunjin y comenzando a masajear. El camarógrafo sintió un escalofrío recorrer su espalda, el toque directo sobre su piel lo hizo jadear, el pulso de su excitación latiendo con fuerza bajo los dedos hábiles que lo rodeaban y comenzaban a moverse con un ritmo lento pero firme.
El estudio vacío amplificaba cada sonido: el roce de la tela, su respiración entrecortada, el leve susurro del pelinaranja contra su oído diciéndole "Shh, solo déjame…”
Jeongin presionó su cuerpo contra el de Hyunjin, su aliento cálido rozando el cuello del camarógrafo mientras su mano aceleraba el movimiento, la expresión en su rostro era una mezcla de ternura y urgencia que hacía que las rodillas de Hyunjin flaquearan.
La tensión era palpable; el rubio luchaba por no ceder del todo, pero su cuerpo traicionaba su deseo, arqueándose instintivamente hacia el toque.
—¿Ves? Lo quieres tanto como yo —murmuró Jeongin, sus ojos fijos en los de Hyunjin, cargados de esa misma hambre que habían compartido durante la grabación.
—Ah… Mierda. Jeongin, detente.
—¿Por qué? Prometo que seré rápido.
—¿Ya olvidaste la última vez que casi nos descubren? —preguntó, obteniendo un beso en los labios como respuesta del pelinaranja.
—¿Prefieres masturbarte viendo mis vídeos solo en lugar de que yo te ayude? —su mano se movía con rapidez, mientras Hyunjin levanta ligeramente la cabeza, entreabriendo sus labios al sentir la lengua de Jeongin delinear cuesta arriba sobre su cuello hasta llegar a sus labios.
Sus bocas se encuentran en un beso suave al principio, un roce que se intensifica con lentitud. Sus labios se separan apenas antes de volver a unirse, y las lenguas se entrelazan en un baile sutil y apasionado, con succiones gentiles y lamidas que exploran con creciente voracidad.
La mano de Jeongin no se detenía, moviéndose con firmeza sobre su pene, el roce cálido y resbaladizo por el pre-semen que facilitaba cada caricia. Hyunjin sintió cómo su cuerpo se tensaba, el pulso acelerado en su pecho resonando en sus oídos, mientras un escalofrío subía por su espina dorsal.
Con un gemido ahogado contra la boca del pelinaranja, llegó al clímax: un espasmo que lo recorrió entero, el semen caliente derramándose sobre los dedos del pelinaranja en pulsos irregulares.
Jeongin se apartó ligeramente, lamiendo sus labios con una sonrisa traviesa mientras observaba al camarógrafo recuperar el aliento.
—Ahora tengo el mismo problema que tú —murmuró, aludiendo a la erección evidente que presionaba contra su pantalón—. ¿Vas a ayudarme… o serás egoísta y vas a dejarme así?
Hyunjin se arregló la ropa con manos temblorosas, subiendo el cierre del pantalón y ajustando su camisa. Luego miró al pelinaranja con una mezcla de satisfacción y advertencia, antes de responder:
—Te espero en el estacionamiento.
Hyunjin salió del estudio con las piernas aún débiles, el eco del placer reciente latiéndole en el cuerpo mientras guardaba su equipo en el maletero del auto. Se sentó en los asientos traseros y esperó, los dedos tamborileando con nerviosismo mientras su corazón seguía acelerado por lo ocurrido.
Minutos después, un par de golpecitos en la ventana lo hicieron sobresaltarse. Jeongin apareció del otro lado del vidrio con una sonrisa ladeada en los labios y, sin esperar invitación, abrió la puerta y se deslizó en el asiento junto al camarógrafo.
—Todavía estás a tiempo de arrepentirte —dijo, girándose hacia Hyunjin, la sonrisa apenas insinuada.
La tensión regresó de golpe. Hyunjin no respondió; se inclinó hacia él y lo besó con urgencia, como si las palabras ya no hicieran falta. En cuestión de minutos, Jeongin estaba reclinado sobre el apoyabrazos entre los asientos delanteros, con la parte inferior de su cuerpo desnuda.
—Escupe —pidió Hyunjin estirando su mano, el pelinaranja obedeció. Sintió su entrada húmeda a la vez que era preparado por los dedos de Hyunjin con movimientos firmes y expertos, haciéndolo arquearse y gemir suavemente.
Con un empujón lento pero firme, el camarógrafo lo penetró, sintiendo el calor de Jeongin envolviéndolo. Un gemido bajo escapando de ambos al unísono, el pelinaranja se aferró a los hombros de Hyunjin en busca de apoyo.
—Más… por favor —gimió, sus caderas elevándose instintivamente para encontrarse con cada embestida.
El auto se mecía ligeramente con cada movimiento, llenándose de los sonidos obscenos de ambos hombres. Hyunjin sujetaba las caderas del pelinaranja para guiar las embestidas, inclinándose para capturar su boca en un beso feroz. Jeongin se sostenía de las varillas metálicas de los reposacabezas cuando el contrario aceleraba el ritmo, follando con más fuerza, cada embestida profunda golpeaba ese punto sensible que lo hacía ver estrellas.
Las piernas de Jeongin se abrieron más, envolviéndose alrededor de la cintura de Hyunjin tanto como el asiento estrecho permitía.
—Eres mío —gruñó el camarógrafo contra el cuello de Jeongin, mordisqueando la piel sensible allí—. No me importa con cuántas personas tenga que grabarte; cuando salgas de ahí, te voy a recordar que nadie te toca como yo.
—¡Mierda, sí! —Jeongin gritó primero, su liberación derramándose entre ellos en chorros calientes, su cuerpo temblando alrededor de Hyunjin.
La sensación de ello envió a Hyunjin al clímax, su propio orgasmo siguiéndole con un gemido profundo, llenando al pelinaranja mientras se derrumbaba en el asiento. Sin salir de él, tomó a Jeongin de la cintura y lo atrajo hacia su cuerpo.
Se quedaron así por un momento; respiraciones agitadas, la frente de Hyunjin descansando contra la de Jeongin, ambos buscando la cercanía del otro.
—Buen chico —murmuró Hyunjin, presionando un beso más suave en los labios de Jeongin mientras limpiaban el desorden con un pañuelo y ambos se arreglaban la ropa.