Infierno de Pobres

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Summary

Primera parte de Infierno de Pobres, iré subiendo a pocos a medida que vaya escribiendo, espero que os guste porque hay mucha cosa.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Sangre, sudor y alcohol

La luz de la luna iluminaba los callejones oscuros de la ciudad, el frío viento movía los papeles del suelo junto a las colillas, hasta formar montañas al borde de la acera. En las calles principales, la luz de la luna era sustituida por la de las siempre parpadeantes farolas, aunque a nadie le importaba realmente la mala iluminación de la calle, ya que a esa hora todo el mundo estaba de copas o bailando en un club o bar.

Por una de las calles principales de aquella ciudad pasaba un hombre de 1,82 m de alto. Arrastraba su chaquetón sobre el hombro, tapando así su alargado torso y sus flacos brazos. Sus pantalones sueltos como sacos barrían el suelo de la calle manchando a su vez sus botas. Soplaba el humo de su cigarrillo dejando que le golpeara en la cara, sintiendo así como le acariciaba la cicatriz que le llegaba del lado derecho de la barbilla a la parte inferior del ojo. Su pelo largo tapaba la mayoría de su esquelética cara, pero aún así dejaba brillar sus ojos marrón claro.

A medida que caminaba entre las fiestas, se paraba a observar de vez en cuando, pensando en entrar, aunque lo rechazaba.

—Tch, Molian me mataría si llego tarde por estar en una fiesta —dijo mientras rebuscaba en el bolsillo de su chaquetón un reloj atado a una cadena.

Cuando estaba por sacar el reloj, sintió algo presionar su espalda.

—¿Aston García? —preguntó una voz rasposa detrás de él.

—¿Siempre preguntas por un nombre así? —respondió burlón con la intención de girarse.

—Ni se te ocurra, estoy apuntando a tu columna. Respóndeme, ¿eres Aston García? —dijo el hombre, presionando con más fuerza en su espalda.

—Digamos que sí, soy Aston García, aunque solo uso ese nombre cuando quiero que una mujer no me encuentre. Te haré una pregunta ahora que he respondido la tuya —esperó un momento por si el hombre le respondía, pero aun así continuó—. Me está empezando a quemar los dedos el cigarrillo, ¿te importa si lo suelto?

El hombre detrás suya presionó con más fuerza el arma.

—Camina hasta donde te diga.

Aston hizo caso y mantuvo el cigarrillo en sus dedos mientras que rozaba el cristal del reloj con los de la otra mano, sintiendo el tic-tac constante. Cuando estaban por llegar a un callejón, Aston se detuvo e hizo el amago de girarse, pero rectificó.

—No sois muchos, ¿verdad? —preguntó con tono burlón—. O te han mandado a ti solo a acercarte, han debido de rifar boletos y parece que los has comprado todos.

—Cállate —dijo el hombre, notablemente nervioso—. Sigue andando —añadió, presionando con más fuerza la boca del cañón.

—No me vas a disparar —dijo girándose para confrontar al hombre—. Seguiría andando, pero no puedo llegar tarde. Tengo una mujer esperándome con la comida hecha y me da más miedo enfadarla que molestaros. Da igual cuántos seáis, no cambiaré de parecer —agachó la cabeza para acercarse al hombre—. Aunque sinceramente, cuántos más, mejor, ¿no?

El hombre no esperó un segundo tras la amenaza y trató de apuntar la pistola a la cabeza de Aston, pero él agarró su muñeca y le hizo apuntarle al abdomen, dejando que una a una las balas lo atravesaran. Escupió sangre e hizo muecas de dolor, pero se mantuvo firme hasta escuchar a la pistola quedarse sin balas, entonces trató de golpear al hombre, pero sintió un pinchazo en el hombro: tenía a otro hombre detrás atravesándolo con un cuchillo. Pateó al que tenía de frente y se sacudió al de su espalda para salir corriendo hacia el local de enfrente. Al ver lo que sucedía, la gente abandonó automáticamente el establecimiento. La mayoría de los disparos fallaron, impactando en cristales; unos cuántos alcanzaron a civiles y unos pocos alcanzaron a Aston hiriéndole gravemente. En cuanto entró en el establecimiento, se escondió en el baño frente a la puerta de entrada, dejándose caer frente al lavabo.

—Hijos de puta..., no son para nada unos aficionados, tendré que ponerme serio —dijo mientras dejaba que la sangre cayera de su boca al lavabo—. A la mierda.

Tiró de la cadena del reloj de su bolsillo, apretó uno de los pulsadores y las manivelas dentro empezaron a moverse más rápido.

—Vamos a darles un espectáculo —dijo mientras se quitaba el chaquetón sacando de uno de los bolsillos interiores el mango de una katana con un pequeño filo.

—¡Aston!, sal de una vez. Te estás desangrando, morirás igualmente y tú eres el tipo de persona a la que le da igual eso, ¿no? —gritaba el mismo hombre de antes—. Vamos, no nos hagas esperar.

Aston giró el mango de la katana y se apuntó al abdomen sangrante

—¡No tengo ni zorra idea de por qué me queréis matar, pero sinceramente, me la suda! —respiró un segundo y se atravesó.

Una explosión de sangre brotó de la herida, pero no cayó al suelo, toda la sangre de las heridas en su cuerpo, fluyó en dirección al pequeño filo al mismo que retiraba la katana, se formaba una hoja de color rojizo apagado. El tic-tac del reloj llenaba la habitación como si no hubiera otro sonido existente. La puerta del baño se abrió lentamente y una pistola asomó, disparando en dirección a Aston, fallando. La mano y la pistola cayeron al suelo tras un silbido cortante. El hombre que le disparó quiso gritar, pero su cabeza terminó rodando hasta la puerta de la entrada. Aston caminó con pasos largos y pesados, mientras arrastraba el cuerpo del hombre y lo soltaba en la entrada, confrontando con la katana a todos los hombres fuera. El sonido de los disparos ensordeció hasta el final de la calle mientras que el destello lo cegó momentáneamente, recordándole a una escena familiar..., una en la que hombres como ellos le arrebataron su vida sin piedad y él se dispuso a hacer lo mismo. Tras un agudo silbido los hombres dejaron de disparar. El silencio se hizo en toda la calle, como si uno de los cinco sentidos hubiera desaparecido. Aston salió andando del establecimiento, fuera el frío empezó a golpear más fuerte, aunque los cuerpos de los hombres ni se inmutaron. Miró el reloj y volvió las manivelas a su velocidad normal mientras caminaba por la calle. Detrás suya los cuerpos por fin se movieron, pero con el único propósito de caer uno a uno en seco contra el suelo.

.

—Lo voy a matar, lo voy a matar, lo voy a matar —decía desesperada la mujer mientras caminaba de un lado a otro del desordenado dormitorio—. Me da igual, voy a buscarle —dijo, saliendo de la habitación y caminando por el pasillo hacia la entrada.

Del otro lado de la puerta llegaba Aston, caminando apoyado en la pared mientras dejaba un rastro de sangre. Al llegar a la puerta, acercó la mano al manillar, aunque ésta se abrió antes de alcanzarla. Detrás estaba la mujer. Su pelo marrón oscuro estaba medio desordenado, como si hubiera estado tocándoselo con nerviosismo, mismo nerviosismo que se mostraba en sus ojos negros temblorosos o en la sangre que brotaba de su labio atrapado entre sus dientes. Aston, al verla, se dejó caer hacia ella esperando que, a pesar de su menor estatura en comparación con él, pudiera cargarlo. Ella, por su parte, se apresuró a agarrarlo de la cintura, manchándose el camisón verde del carmesí de la sangre. Los dos se quedaron quietos por un instante, sintiendo sus olores. El dulce y cálido aroma de la mujer se unía con el seco olor a tabaco de Aston.

—Hukert... ¿qué te ha pasado? —preguntó asustada.

—Perdón por llegar tarde... tengo una excusa perfecta —dijo con intención de soltarle una burla de lo sucedido, pero se detuvo al escucharla sollozar—. Molian...

—Que te jodan... entra a darte una ducha, estás horrible —dijo, tirando de su mano para hacerlo pasar.

Mientras Aston se quitaba la ropa y entraba a la ducha, Molian le buscaba ropa limpia y una toalla.

—Te dejo la ropa encima del retrete —dijo un par de minutos después—. Venga, deja ya de ducharte, que no somos ricos.

El agua dejó de correr y la mano de Aston asomó de la cortina de la ducha, sacándole el dedo del medio a Molian por un segundo y luego agarrando la toalla.

—¿No me vas a ayudar a cambiarme?, no me importa que me veas desnudo —dijo con tono burlón mientras se secaba, aún detrás de la cortina.

—Hukert, me cago en la madre que te parió. Llegas tarde a casa, lleno de heridas y sangre, y has destrozado toda tu ropa —le respondió con un tono cortante.

—Molian.

—¿Qué coño quieres ahora? —dijo más molesta mientras se giraba en dirección a la cortina de ducha.

Aston salió de la ducha, soltando la toalla en el suelo y quedándose a pocos centímetros de ella desnudo.

—No era broma —dijo, sonriéndole con picardía y malicia.

Ella dio un paso hacia atrás sorprendida por la repentina acción.

—Me gustan las mujeres nerviosas —bromeó Aston, acorralándola contra el lavabo con el amago de besarla.

Molian se quedó embobada por un momento, pero al sentir los labios de Aston, apartó la cabeza y le miró con una mezcla de enfado y duda interna.

—Eres un capullo, Hukert...

—¿Sí? puedes dejarme cuando quieras —dijo, acercando de nuevo los labios—. Estás igual de confusa que cuando te vi por primera vez —dijo, mirándola a los ojos.

Molian quiso decir algo, pero sin darse cuenta ya lo estaba besando y no tenía la más mínima intención de detenerse. Esa fue una linda noche.