🍑Prólogo🍑

Nadie se atrevía a mirarlo a los ojos por más de tres segundos.
Kim Taehyung era un alfa hecho de problemas: nudillos marcados, labios partidos, el uniforme siempre mal puesto y esa mirada indomable que advertía peligro incluso cuando sonreía. El aroma a vino tinto y grosella lo precedía como una amenaza silenciosa, denso, embriagante, imposible de ignorar. Decían que pertenecía a una pandilla, que peleaba como si no tuviera nada que perder, que no creía en reglas ni en futuros largos.
Y quizá todo eso era cierto.
Hasta que apareció Jeon Jungkook.
Bajito, de piel blanca casi irreal, cabello rubio suave y labios color cereza, Jungkook era un omega superior que parecía sacado del lugar equivocado. Siempre con libros contra el pecho, notas perfectas y una sonrisa tímida que desarmaba más que cualquier golpe. Su aroma a durazno —no artificial, no suave— sino durazno real, dulce y vivo, llenaba el aire cada vez que pasaba, como si la fruta acabara de partirse entre sus manos.
Eran opuestos en todo.
Taehyung vivía de noche, Jungkook de mañanas ordenadas.
Taehyung rompía cosas, Jungkook las reconstruía.
Taehyung era caos… y Jungkook, calma.
Nadie entendía por qué el alfa más temido del instituto se detenía cada vez que ese omega cruzaba el pasillo. Nadie sabía que, detrás de la mirada dura y el cuerpo lleno de cicatrices, Taehyung estabaperdido por el omega. Que el pandillero rebelde, el “malo” de la historia, encontraba su única rendición en el aroma a durazno.
Porque Jungkook no lo veía como un monstruo.
Y Taehyung, por primera vez en su vida, quería ser algo más que uno.