Capítulo 1: Hola, soy Carolina
Carolina es una chica hermosa, tiene una piel blanca como la nieve, un pelazo increíble, una mirada de ensueño, un cuerpazo envidiable, unos pies de ensueño (en resumen, una chica increíble a sus 19 años) y siempre es muy amable con la gente, salvo cuando toca andar descalza...
- ¡Te he dicho que te tienes que descalzar! - Dijo su maestro de educación física cada
vez más enfadado.
- ¿¡Pero por qué !? - Exclamó Carolina.
- Mira Carolina, no sé que problema tienes con ello, pero el caso es que las normas de esta pista profesional de voleibol que nos han prestado tiene esa norma. Para evitar llenarse los zapatos de arena y manchar todo al salir, las normas dicen que los jugadores deben descalzarse y luego limpiarse los pies con la ducha apropiada para ello en la esquina. - Dijo su maestro algo más calmado.
- Pero yo... odio andar descalza. - Dijo Carolina algo deprimida.
- ¿Te va a dar un ataque alérgico? - Preguntó su maestro con sarcasmo.
- No...
- ¿Le va a dar algo grave a algún compañero?
- No...
- Pues mira, hay que agradecer que nos hayan prestado esta pista sin necesidad de tener una deuda de por vida, de modo que te voy a dar 2 opciones. La primera, aceptas las normas y juegas con tus compañeros, o te quedas en el banquillo, la decisión es tuya de verdad. - Dijo su maestro antes de irse a supervisar el siguiente partido.
- (Odio estar descalza, lo odio, ¡lo odio!). - Pensaba Carolina.
Normalmente ella no tenía muchos problemas para acatar las normas, pero al tratarse de descalzar sus pies, era el ser más cabezota de la existencia, así que decidió quedarse en el banquillo.
Cuando terminó la clase, Lucía, su mejor amiga, se acercó a hablar con ella.
- Caro, en serio. ¿Cuál es tu problema? - Le preguntó.
- Es que odio la sensación que me da andar descalza, me siento muy desprotegida y me da mucho asco... - Le contestó Carolina.
- ¿Asco? ¿La arena?
- Asco en general, no soporto tener que estar descalza, lo primero que siempre tengo a mano al salir de la ducha son mis zapatillas de andar por casa, hasta duermo con ellas.
- Ni que tuvieras a alguien obsesionado con tus pies. - Le dijo Lucía a modo de broma.
- Ni falta que me hace Luci, simplemente esto no lo llevo bien y ya, no quiero seguir hablando del tema. - Le dijo firmemente Carolina.
- Bueno... La que se está perdiendo toda la diversión eres tú, yo puedo intentar ayudarte a intentar llevarlo mejor y...
- ¡TE HE DICHO QUE NO! - Exclamó Carolina.
Cuando quiso darse cuenta de lo fuerte que había gritado ya era tarde, ella y su amiga eran el centro de atención y Lucía, con una cara triste, se alejó y le dijo sin mirarla:
- Allá tú.
Carolina en seguida quiso disculparse con ella, pues ninguna de las 2 es mala persona, pero al levantarse Lucía aceleró el ritmo y se alejó, si había algo que Lucía odiaba al nivel que Carolina odiaba andar descalza, era llamar la atención innecesariamente, pues es una persona tímida.
Al terminar el día Carolina estaba terminando su tarea, se duchó y procedió a meterse en la cama. Su mente aún estaba dando vueltas a lo sucedido esa mañana, así que tomó su teléfono y le escribió a Lucía:
*¿Estás ahí? Quisiera hablar contigo.*
El mensaje se envió, pero pasada más de una hora seguía sin haber respuesta, cosa rara, pues ellas 2 se respondían los mensajes casi antes de recibirlos. Carolina se rindió y decidió dormirse y que al día siguiente se disculparía con Lucía fuera como fuera.
Con lo que no contaba es lo que estaba a punto de sucederle, y que le cambiaría la vida...