El Eco Del Silencio

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Summary

Tres jóvenes se oponen a ser reemplazados por tecnología , sienten el peso , el dolor , las mochilas , las mentiras de la ciudad . No es un poder , sino una condena .

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo # 1

El aliento de Renán se condensaba en el aire frío de Crystalia, una ciudad que parecía construida con las mismas nubes de hollín que cubrían su cielo. Cada mañana era igual: el chirrido monótono de los engranajes gigantes de la Corporación Ónix marcaba el inicio de una jornada más en los muelles de carga. Para Renán, los objetos no tenían peso, la gente sí. Él no levantaba cajas, levantaba la tristeza de sus compañeros, la ansiedad del supervisor, el miedo silencioso de todos. Eran cargas invisibles, pero más reales que las de acero. A sus dieciséis años, Renán no era un esclavo, era un portador.

Vestido de negro, como si intentara mimetizarse con las sombras de la ciudad, se movía entre los contenedores. Cada paso era una batalla. Cuando un compañero de trabajo se quejó de una deuda, Renán sintió un nudo apretarle el estómago, como si él mismo cargara con el crédito impagable. Cuando el supervisor le gritó, el peso de la rabia ajena lo inclinó, obligándolo a apoyarse en una pila de cajas. Renán no lo entendía; ¿por qué sentía las emociones de los demás tan intensamente? No era magia, no era un poder, era una condena. Era como si cada persona llevara una mochila invisible, y él podía sentir el peso de todo lo que había dentro.

Al final del día, con el cansancio no solo físico sino emocional, Renán buscaba su refugio: el Centro Cultural "El Cénit". Era un viejo edificio de ladrillo rojo, una mancha de color en el lienzo monocromático de Crystalia. Los rumores decían que el implacable Sr. Sterling, un empresario sin alma, quería demolerlo para construir otro estacionamiento. La sola idea le puso un peso insoportable en el pecho.

Esa tarde, al entrar al Cénit, el ambiente era diferente. Una melodía errática, desafinada pero llena de una extraña belleza, flotaba en el aire. Provenía de la vieja sala de música. Renán se acercó. Allí, sentada al destartalado piano, estaba Mila. Llevaba una gorra gris calada hasta los ojos y un vestido blanco que parecía un rayo de luz en la penumbra de la sala. A su lado, su sombrilla negra descansaba en el suelo, como un centinela de su propia soledad. Mila tocaba con una intensidad que casi dolía. Renán, que nunca había "visto" colores en el mundo, notó que cada nota que salía del piano de Mila parecía pintar el aire con tonos violetas y azules brillantes. No era un efecto visual, era una sensación que se expandía desde el centro del pecho de Renán, aliviando por primera vez el peso constante que lo oprimía. Era la primera vez que sentía que algo ligero, algo hermoso, flotaba a su alrededor, liberándolo de la gravedad mental que lo atormentaba.

Mila detuvo el piano y lo miró. Sus ojos eran tan grandes y expresivos que Renán sintió que la observaba por primera vez de verdad. Mila no veía un chico cansado, ella veía una tormenta gris y pesada en el alma de Renán, y en ese instante, el violeta de su propia tristeza se mezcló con el gris de la de él, creando un se mezcló con el gris de la de él, creando un nuevo color en el aire. Ambos, sin saberlo, acababan de encontrar un eco en el silencio de sus propias batallas.