⸙Prólogo⸙
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Jungkook siempre había destacado que se consideraba una persona feliz, una que no necesitaba más en la vida, no más de aquello que ya poseía en aquellos momentos.
Tenía una familia que lo amaba, amigos que siempre se mantenían cerca de él, un trabajo que amaba y realmente se le daba bien y una economía lo suficientemente cómoda para no preocuparse demasiado por su estabilidad.
Sin embargo, sentía que la monotonía del día a día había comenzado a consumirlo, siendo un abrazo lento, pero profundo que le brindaba el cansancio mental y la búsqueda de algo que le generara mayor interés en su vida.
Había intentado todo aquello que le recomendaron; el iniciar un nuevo hobby, salir más a menudo consigo mismo, salir con sus amigos e incluso conseguir una pareja.
Las primeras cosas habían salido muy bien, sin embargo, la última había preferido saltársela al no encontrar el momento adecuado de llevarla a cabo. Además del desinterés sobre buscar una relación solo para llenar un vacío que ni él comprendía.
El trabajo había sido la excusa perfecta para no indagar demasiado en el tema, siendo uno de los dueños de tres sucursales veterinarias “Chungsilhan Vet” con significado de “fiel” ante la fidelidad que los animales siempre presentaban a sus dueños.
Min Yoongi y Kim Namjoon eran sus dos mejores amigos y los otros dueños de las veterinarias, los tres tomando la decisión de comenzar el negocio, hasta que logró expandirse en distintas zonas de Corea del Sur.
Hasta ese momento, no trabajaba como veterinaria todo el tiempo, solamente cuando supervisaba su sede en el centro de Seúl.
Sus amigos y socios eran sus mayores soportes en ese entones, además de su familia, ambos teniendo relaciones amorosas estables y extensas, mientras él se mantenía concentrado en sí mismo.
Les tenía un poco de envidia, pero sabía que él no ponía de su parte para cambiar aquel descontento.
―Jungkook ¿Te volviste a dormir con los ojos abiertos? ―escuchó una voz a su lado, haciéndolo sobresaltarse.
Se giró sobre su silla, viendo el rostro sonrojado de Yoongi, quien se mantenía con sus brazos cruzados.
Jungkook lo vio confundido, porque solamente había un motivo por el cual Min Yoongi se sonrojaría.
― ¿Qué apodo nuevo te inventó Jiminie? ―preguntó con una sonrisa de lado, ignorando sus pensamientos anteriores―Pareces una fresa.
El pálido bufó ante aquello, sabiendo que su color rosa difícilmente pasaría por desapercibido en su rostro, pero teniendo que preguntarle algo a Jungkook.
―Bueno ¿Te acuerdas cómo te cuidé cuando estabas terminando la universidad? ―preguntó directo, apretando las manos cuando vio la confusión en el rostro contrario.
― ¿Uh? ¿A qué viene eso?
Yoongi se había graduado de veterinaria y había comenzado su especialidad en administración, Jungkook siguiéndole los pasos un año después.
―Necesito que me devuelvas el favor. Será algo sencillo y solo es un día―habló rápidamente, ambos desviando sus miradas cuando escucharon la puerta abrirse, Namjoon entrando con una sonrisa.
―Hola ¿Por qué esas caras confundidas? ―preguntó y se sentó en una de las sillas frente al escritorio de Jungkook.
―Necesito que me acompañen a un lugar. Jimin me hizo prometerle que iría a su trabajo, pero no quiero ir solo―las mejillas del pálido parecían poder explotar en cualquier momento, ambos alfas contrarios viéndose entre ellos.
A pesar de que eran muy cercanos a Yoongi, aún no estaban del todo enterados del trabajo de su omega, porque lo había adquirido meses atrás.
―Son clases de baile fitness y es el día de lleva a tu alfa.
Jungkook y Namjoon apretaron los labios, ambos soltando carcajadas al imaginarse a Yoongi en esa situación. El alfa con aroma a piña y mango gruñó y les dio un golpe en la cabeza a cada uno, apenado al pensar que tendría que bailar entre muchas omegas.
―Pues se joden, porque ustedes irán conmigo―habló molesto, haciendo que Namjoon y Jungkook lo vieran con gracia.
―Ni lo pienses, no quiero perder mi sábado de esa forma―dijo Namjoon mientras se limpiaba una lágrima, consecuencia de la risa.
―Entonces olvídate de la cita que iba a conseguirte con Jin―fue firme, sonriendo al ver el rostro contrario deformarse, levantándose de su silla de golpe.
―Iré, será divertido.
Jungkook los vio con las cejas alzadas. Le gustaba bailar, pero no de esa forma y menos entre tantas personas.
―Yo paso.
―Tú no tienes opción, te crie y cuidé de las mujeres que querían pedirte tu número y una cita. Me lo debes―el sonrojo en sus mejillas comenzaba a disminuir, sintiéndose menos avergonzado.
El tatuado bufó, odiando el sentirse en deuda moral con sus hyungs.
―Bien, pero ni pienses que me quedaré la clase completa―rodó los ojos mientras retomaba su mirada a su computadora, pensando en que se arrepentiría tanto de aquella decisión.
O al menos eso pensaba.
