Untitled chapter 1
Espíritu guardián.
(…)
Habían pasado 3 años desde que vio a Nagumo.
No pensó volver a verlo ahora.
El adorable chico de pelo revuelto y ojos de Golden retriever se había ido, ahora con una nueva apariencia.
(…)
Las masas de vacío eran cúmulos de malos espíritus que causaban desde incidentes, hasta contiendas entre humanos por su mera presencia. Conforme crecían, su influencia en el mundo aumentaba, haciéndose rápidamente un problema.
Por ejemplo, el Triángulo de las Bermudas tenía una masa de vacío que abrazó tanto poder que ahora era un área intransitable por cielo y agua. Ni hablar de erradicarla a estas alturas, ni siquiera los mejores empleados podrían acercarse sin morir.
Así de problemáticas eran las masas de vacío. Solo un numero bajo de personas podían verlos, y por lo tanto, lidiar con ellas.
Tomoe era uno de ellos, siendo un empleado que se encargaba de borrarlas.
Por supuesto, enfrentar cosas sobrenaturales solo era sinónimo de estupidez, por lo que a cada empleado se le asignaba un “espíritu guardián” que los ayudara con la tarea. La invocación se hacía inmediatamente después que el empleado era aceptado en la empresa después de pasar el examen de admisión.
A Tomoe nunca se le olvidaría cuando invocaron su espíritu guardián.
— Por favor, pinche su dedo con esto y gotee la sangre en la taza de agua.
— ¿Una gota basta?
— Sí.
— Hmm.
Hizo tal como le indicaron, pinchando el centro de su dedo con la aguja. Un pequeño escozor arribó, dejando que una gota roja brotara hacia afuera.
Lo suspendió sobre la taza de agua limpia, permitiendo que cayera en medio.
La sangre se mezcló con el agua.
No iba a mentir, tenía los nervios a flor de piel, pero hizo lo mejor que pudo para mantenerse firme.
Dijo las palabras que había ensayado de antemano.
— Ruego a los habitantes del más allá que escuchen mi plegaria por ayuda. Ofrezco mi sangre y carne como ofrenda, ¡por favor, ayúdenme a combatir la oscuridad que asola este mundo!
Una vez terminó, abrió los ojos que había cerrado mientras cantaba.
No vio cambios en el agua.
Se alargó el silencio, haciendo que sudara.
No fue agradable.
— Ehh… ¿Fallé? ¿Debería intentarlo de nuevo—¿¡Mmm!?
El agua explotó hacia afuera, sacándole un grito. El remolino subió, formando una figura humana más pequeña que él. Contuvo el aliento conforme tomaba nitidez y volumen.
Minutos después, pudo verlo tomar una forma completa.
— ¡Hola!
— Ah…
El espíritu que atendió su ruego fue un chico joven de al menos 13 o 14 años, pelo negro y desordenado y una mirada gris rebosante de energía.
— Ejem.
Oyó detrás de él, cayendo en cuenta en lo mudo que se había quedado.
¡Cierto, el saludo formal al espíritu…!
Puso una mano en su pecho, inclinándose como dictaba el manual.
— Es un gran honor tener su presencia aquí—
— ¡Wow, tienes ojos azules! ¡Eso es raro!
— ¿¡Mm!?
El espíritu apretó su cara entre sus manos, revisando sus ojos extraños para un japonés con una expresión maravillada.
— A-Ah, mi padre era americano.
— ¿¡Americano!? ¿También era rubio?
— No…
Contrario a lo que creían muchos, no todos los americanos eran rubios de ojos azules. Su padre tampoco era excesivamente rico ni guapo.
De todos modos, ¿este espíritu no era muy amigable?
Por lo que sabía, infundían respeto con su mera presencia y no eran tan cercanos a los humanos. ¿Se equivocó en algo?
— ¡Es un placer conocerte, mi nombre es Nagumo! ¿Cómo te llamas?
— T-Tomoe.
— ¡Un placer conocerte, Tomoe-Senpai!
— Ah, no, yo debería llamarte senpai. Eres mayor que yo.
— ¡Que va, si apenas morí hace días, soy menor que tú!
Espera…
¿Eso era cierto?
¿No que los espíritus que murieron recientemente no podían acudir?
Miró a sus superiores, estos negaron, tan sorprendidos como él. Nagumo siguió hablando.
— Pero oye, la competencia fue difícil. ¡Tuve que empujar un montón de gente para llegar a ti!
— ¿Eh?
¿Competencia?
¿Entre los espíritus?
— ¿Para hacer un contrato conmigo?
— ¡Sí! ¡Apenas vimos la luz y tu voz pidiendo un contrato a lo lejos, la mitad de nosotros salió corriendo para llegar! ¡Fue todo un espectáculo!
¿Eso era posible? ¿Qué tenía de especial alguien como él?
— ¡Eres buena persona! ¡Por supuesto que nos gustarías!
— Ah…
Miró a los empleados atrás de él. Estaban igual de asombrados, anotando esto en una libreta.
— ¡De todos modos, concertemos el contrato ya mismo!
Nagumo no parecía capaz de contener la emoción. ¿De qué se murió un chico tan enérgico como él?
— Ah, sí.
Para concertar un contrato, se debían juntar las frentes del empleado y el espíritu y trazar un conexión de alma.
— Entonces, yo—
— ¡Sí!
— ¡Auch!
Pero Nagumo usó mucha fuerza al atraer su cabeza y golpeó su frente. Se sintió igual a golpear un poste de luz. Quedó viendo estrellas.
—…
Atrás, los empleados no pudieron evitar soltar una gota de incredulidad. ¿Por qué tanta prisa?
Nagumo se rio, avergonzado.
— Ah, lo siento. Me emocioné mucho, ¿estás bien?
— S-Sí.
Creo que veo doble…
¡Que cabeza más dura!
Por supuesto, volvieron a intentarlo, ahora con más calma. Una luz surgió del área de contacto, concertando el contrato entre ellos.
Sus almas estaban enlazadas una a la otra.
— ¡Yuju! ¡Ahora somos socios!
— Sí.
— ¡Cuida bien de mí, senpai!
— Yo debería decir eso…
Que sonrisa más radiante…
Pero no le molestaba.
(…)
Por supuesto, tampoco podía olvidar su primer trabajo con Nagumo.
— ¿Esa es la masa de vacío?
— Sí.
Nagumo parpadeó, observando la masa que arremolinaba caras de agonía y chillaba en una esquina del techo de la tienda.
— Ha pasado del nivel 1 al 2, y ahora causa accidentes menores como caídas o cortes. Sin embargo, recientemente un trabajador se quemó el brazo, por lo que podría volverse un nivel 3 muy pronto.
En donde podría causar víctimas mortales.
Guardó el archivo en su teléfono, mirando a Nagumo.
— ¿Estás listo?
— Si senpai lo está, ¡yo también!
— Ok.
Esperaron a la hora acordada en donde se cerraría la tienda, habiendo hablando de antemano con el jefe para hacer una intervención para esfumar malos espíritus. Como habían pasado cosas terribles desde hace tiempo, el dueño no tardó en aceptar.
Una vez el lugar estuvo vacío, fue hora de actuar.
Cada espíritu tenía su modo de hacer las cosas a base del poder que desarrolló al morir.
El poder que manejaba Nagumo eran las llamas.
Por supuesto, no son llamas normales.
De ser así, quemarían el lugar.
Era un fuego que solo podía afectar seres vivos.
— ¡Es hora de trabajar!
Prendió sus manos como antorchas, haciendo que Tomoe retrocediera ante la ola de calor. Sin esperar mucho, avanzó hacia la masa de vacío de vista espeluznante.
— ¡RYAAAAAAAH!
La masa de vacío, presintiendo el peligro, chilló como miles de bebés sufriendo. Extendió tentáculos negros para detenerlo.
Si no fuera por los disparos que partieron sus extremidades, podría haberlo hecho.
Humo subió del cañón de la pistola de Tomoe, quién cubría el avance de Nagumo.
— ¡Gracias, senpai!
Me alegra haber tenido una alta puntuación manejando armas.
Una vez estuvo a poca distancia, Nagumo golpeó la masa de vacío con sus manos cubiertas de fuego.
— ¡…!
Un grito sordo y una nube de vapor explotaron hacia afuera. Se removió con gran pánico y agonía, sintiendo como su existencia era exorcizada a la fuerza.
Una de sus mayores debilidades, era no poder moverse del lugar en donde estaba plantado.
Por eso no pudo huir, atrapado por las llamas blancas.
Así fue borrada de forma definitiva.
— Uff…
Limpiándose el sudor, Tomoe avanzó aun con la guardia en alto.
Por como siento la mejora del ambiente, parece que lo logramos borrar…
Menos mal, temía que fuera demasiado para ellos.
— ¡Tomoe-Senpai!
— ¿…?
Nagumo levantó ambas manos, con sus ojos brillando.
— ¡Lo logramos!
— Ah… Ja… Sí.
Contagiado, también sonrió, correspondiendo el gesto con un choque de manos.
— ¡Nuestro primer trabajo juntos fue todo un éxito! ¡A este paso seremos ascendidos…!
— ¿No estás apuntando muy alto tan pronto?
— ¡Apuntar alto desde el principio es la clave del éxito, senpai!
— Sí…
Aunque estaba feliz de que todo saliera bien. Su compatibilidad con Nagumo también parecía buena. Oyó de otros empleados que no tuvieron la misma suerte, obligados a lidiar con espíritus caprichosos o difíciles de tratar.
Me alegro que haya sido él quien acudió a mi llamado.
(…)
También tuvo días libres en donde no hizo nada fuera de lo común.
— ¿Quieres ver una película, Nagumo?
Nagumo, partiéndose la cabeza resolviendo un rompecabezas de 1.000 piezas, levantó su rostro con rapidez.
— ¿Eh? ¿Una película? ¿Podemos?
— Es mi día libre, y pensé que podríamos salir a hacer algo en vez de quedarnos en casa
— ¿¡Aunque estoy muerto!?
— No vas a molestar a nadie.
Nadie aparte de los empleados y otros seres humanos sensibles a lo sobrenatural podrían verlo.
— ¡Yuju!
Levantó los brazos, todo feliz.
— ¿Qué película vamos a ver?
— ¿Quieres elegir?
— ¿Puedo?
— Sí. No soy exigente.
— ¡Bien! ¡Tiene que ser una de acción!
Rápido comenzó a buscar recomendaciones de películas en internet. Su energía le trajo una sonrisa.
Allá en el cine, pidió dos asientos. Nagumo eligió una película de acción y comedia tipo Indiana Jones. Tiró de su ropa como un niño mientras compraba palomitas, haciendo que hubiera algunas miradas extrañadas por la manga de su ropa que se movía sola.
Una vez llegaron, tomaron asiento y se concentraron en la pantalla que comenzó a brillar.
La película comenzó.
Comió unas palomitas.
Tiene buen gusto…
Era entretenida…
Conforme avanzaba, se metió de lleno en la trama, riéndose cuando aparecía una situación cómica o sintiendo el corazón en la boca cuando las cosas iban mal.
Sintió un apretón a su brazo. Era Nagumo, aferrado como un koala por la emoción del momento.
— ¡Ahh, ahh! ¡Están a punto de atraparlo!
Apretaba bastante fuerte. ¿Su brazo aguantaría el resto de la película?
Además, agradecería si dejaras de moverme.
— Hik…
— ¿…?
Fue en ese momento…
De forma inesperada, oyó el lloro de la chica a su lado, una adolescente de pelo liso y uniforme de secundaria.
Al darse cuenta, se quedó paralizado, sin saber cómo reaccionar.
¿E-Está llorando? ¿Por qué? ¿Por la película?
Pero ella parecía llorar por algo más profundo.
Quizás solo debería ignorarla.
Los sollozos siguieron.
…
— Eh, disculpa…
— ¿…?
Un pañuelo entro en el campo de visión de la chica. Se lo ofrecía Tomoe, temiendo ser acusado de acoso.
Sin embargo, fue una preocupación tonta. Ella lo miró, y después de sentir su buena intención, aceptó el gesto.
— Gracias.
— De nada. Supongo que todos hemos llorado por alguna escena de película al menos una vez…
— No es por la película.
— ¿No?
Tal como pensé… ¿Entonces por qué?
Sintió un ligero apretón en su brazo contrario. ¿Nagumo seguía emocionado?
Terminó la película, y salió de la sala. La chica seguía a su lado, respirando hondo.
— Gracias por el pañuelo, señor.
— No hay problema, puedes quedártelo.
— Pero yo—
— Mira.
Alzó su ropa. Tenía un montón de pañuelos en el bolsillo.
— ¡Estoy preparado!
— ¿Por qué tendrías tantos pañuelos?
— Mi mamá no dejaba de insistir en que llevara por si alguna dama lloraba.
— ¿De verdad?
— De verdad.
— Pff… Jajaja…
Le arrancó una sonrisa amena a la chica.
— Eres raro.
— Culpa a mi madre.
— No creo, tú ya eres raro.
Apretó el pañuelo.
— Pero gracias, ahora me siento mejor.
— Dijiste que antes no llorabas por la película, ¿por qué entonces?
— Ah, eso…es por mi hermano.
— ¿Hermano?
— Sí. Él…murió hace un mes. Salíamos a menudo a ver películas, y siempre en los momentos emocionantes él se aferraba sin remedio… Al notar que no estaba para hacerlo, las lágrimas salieron solas…
— Ah… ya veo.
Nagumo también lo hacía. ¿Era un gesto normal entre jóvenes?
Fue entonces que notó un temblor.
Nagumo aún estaba aferrado a él, escondido tras su espalda.
— ¿…?
Nagumo tenía su rostro oculto.
— S-Senpai…
— ¿…?
— Ella…yo…yo soy…su…hermano.
¿¡…!?
¿¡Lo era!?
Ah, cierto, olvidó que era alguien que murió hace poco.
Es raro encontrar personas contemporáneas a los espíritus guardianes, pues la mayoría llevaba más de 50 años en el más allá antes de formar un contrato.
Y él terminó viendo un caso muy reciente.
Eso explica porque es algo parecida…
Aunque todo lo demás era distinto.
Era pulcra de uniforme, con su cabello arreglado y de comportamiento comedido, mientras que Nagumo era más salvaje, como un perro que saltaba sobre su dueño.
— Yo, lamento lo de tu hermano.
— No hay nada que hacer sobre ello.
— ¿Exactamente cómo—
Se detuvo. Era de mala educación preguntar eso.
Pero ella sonrió.
— No te culpo por tener curiosidad. Murió de un golpe en la cabeza.
— ¿De un golpe?
— Sí. En la escuela había un chico que me acosaba, así que lo encaró y empezaron a pelear. Por supuesto, mi hermano ganó, pero cuando se retiraba el otro lo pateó y cayó, golpeándose la cabeza con una roca.
— Oh…
— No pongas esa cara, el chico fue expulsado, así que al menos ya no tengo que verlo…
Sus ojos volvieron a lagrimear. Se limpió las lágrimas con el pañuelo.
— Sé que no volverá, pero igual me gusta hacer las mismas cosas que cuando estaba conmigo aun cuando me duele. ¿Seré masoquista?
— No. Algunos les gusta olvidarlos, pero a otros le gusta recordarlos…
Aun así…
Aunque están tan cerca, no pueden hablar como antes.
Porque uno estaba muerto, y la otra no podía verlo.
Se mordió los molares.
— Sabes…
— ¿…?
— Yo…soy un…un médium.
Nagumo se quedó sorprendido por la mentira descarada.
— ¿¡Nagumo-Senpai!?
— ¿Eh? ¿Un médium? ¿Esos que se comunican con los muertos?
— Sí, aunque no soy muy bueno.
La miró a los ojos.
— ¿Te gustaría intentar comunicarte con tu hermano?
—…Ah…
Negó cortésmente.
— Eh, yo…no soy fanática del ocultismo. Temo que pasen cosas malas al relacionarme con ese mundo.
— Oh, no tienes que hacer nada.
Sacó un papel y bolígrafo y se lo entregó.
— Solo escribe algo que quieras decirle. Veremos si responde o no.
—…
Miró el papel.
— Si no funciona, no hay nada que pierdas.
— Eh…
Tomó el papel y el bolígrafo.
— Está bien. Supongo que sirve para sacar lo que siento.
Escribió algo corto.
Un simple “Hermano, ¿te va bien en el más allá?”
— ¿Es como algún tipo de terapia donde digo lo que siento— ¡…!
Detuvo toda incredulidad. El bolígrafo comenzó a moverse sobre el papel sin que ella lo tocara.
Una respuesta.
“¡Mucho! ¡No tienes idea de cuantas acrobacias hice en las nubes!”
Los ojos de la chica brillaron como un lago en movimiento.
— A-Ah…
Escribió sin pensar.
“¿De verdad? ¿Has conocido alguien divertido?”
Volvió a ver una respuesta.
“¡Claro que sí! ¡Desde escritores, chefs profesionales, hasta atletas olímpicos! ¡Incluso conocí ese autor que tanto te gusta por el que lloraste cuando supiste que se murió!”
— Uh….
“Me alegro. Mamá y papá están luchando para superar el dolor de perderte. Yo…yo también hago lo que puedo.”
“Lo siento, hermana, por no haber tenido más cuidado ese día. Al menos puedo agradecer que ese delincuente haya sido expulsado, de todo modo, habría tenido que atormentarlo en sus sueños.”
“Pff, eso habría sido divertido de ver.”
El papel se quedó corto. Tuvo que darle uno más grande para que siguieran hablando.
Escribieron durante varios minutos, intercambiando lo que se habían perdido del otro. Las lágrimas de Shiko ya no eran de tristeza.
Finalmente hizo la pregunta.
“Dime, ¿eres feliz, Nagumo?”
Nagumo tardó un poco en responder.
“Lo soy, ahora tengo un trabajo increíble, ¡junto a un compañero increíble! ¡Me enfrento al mal como los superhéroes de las películas!”
“¿No es peligroso?”
“Un poco, pero ¿no todo en este mundo lo es hasta cierto punto?”
“Ya veo, tienes razón. Procura cuidarte, ¿ok?”
“¡Lo haré, hermana!”
“Te quiero, Nagumo.”
“Yo también te quiero, hermana.”
Cuando ella abandonó el bolígrafo y se lo regresó, le dijo con aires cómplices:
— Cuida bien de mi hermano, “senpai”.
Ah…
Ese granuja habló más de la cuenta.
(…)
— ¡Iaaaaaaaah!
Las caras que gritaban de agonía acabaron de derretirse bajo las llamas, dando fin a sus ruegos.
Nagumo se alzó, sintiendo la mano de Tomoe despeinando su cabello.
— Bien hecho, otro borrado sin complicaciones.
— ¡Jaja, gracias! ¿Significa que puedo elegir la cena de hoy?
— Mientras no sea pizza.
— ¡…! ¿Por qué? ¡La pizza es deliciosa!
— Pero no saludable. Y es lo único que pides.
Aunque podía comer, nada podía afectarlo de forma negativa, pero la misma regla no se aplicaba a él, un humano.
— ¡Esta última vez! ¡Vamos! ¡Esta última! ¡Al menos una pequeña!
Era difícil rechazar un Golden retriever aferrado a su pantalón.
— Veo que aquí ya todo está controlado.
— Ah.
Otro empleado llegó.
Su espíritu guardián era una mujer de rasgos finos y serios como roca, regia como una reina.
El emplado con quien hizo el contrato era un tanto similar, pero más petulante.
— Pensé que tendría que ayudar, tomando en cuenta lo novato que eres, Tomoe-San.
¿Novato? ¿¡Novato!?
— Tal cosa no es necesaria, llevamos 4 meses trabajando sin incidentes que reportar.
— ¿Aunque estuvieron dos horas tratando con una masa de vacío la vez anterior?
Ese maldito…
— Fue inevitable. Solo podíamos acercarnos a esa masa de vacío cuando parpadeaba, pues tenía ataques realmente precisos. No es que eso haya sido problema para borrarla…
— No creo lo mismo. Mi Tara habría borrado esa masa de vacío en cuestión de minutos…
Realmente quería enterrarle el puño en las costillas…
— ¡Oh! ¿Es así? ¡No pensé que fueras tan asombrosa!
— ¿…?
Tara fue abordada por un emocionado Nagumo.
— ¡Incluso podrías con una masa de vacío tan problemática! ¡Eres impresionante, Onee-san!
— Uh…
— ¡Me gustaría aprender a ser como tú algún día! ¡Tan increíble y poderosa que ninguna masa de vacío pueda serme problema!
—…
No hubo respuesta…
…pero si un rubor en sus mejillas.
— ¡…!
Ryousaki abrió los ojos, habiendo presenciado una reacción tierna del guardián que nunca había mostrado tales emociones con él.
— ¿Puedo llamarte Tara-Onee-san?
— Hum.
Asintió.
— ¿De verdad? ¡Gracias! ¡Estaré a tu cuidado desde ahora!
— Hum.
Terminó llevándose bien con otro espíritu guardián, el de su rival, además.
Nagumo no para de sorprenderme.
(…)
Tener un adolescente no era del todo fácil, pero supo lidiar con su inagotable energía.
Las luces apagadas no evitaron que la voz de Nagumo se oyera nítidamente en la habitación.
— ¿Qué haremos mañana, senpai? ¡Es nuestro día libre!
— ¿Sabes contar?
— ¿Sí?
— Pues no cuentes conmigo.
— ¡…! ¡Senpaii! ¡Vamos, salgamos a hacer algo divertido!
— Bromeo…
Sacó un folleto de su bolsillo.
— Iremos a un parque de diversiones a pasar el rato.
— ¡…!
— ¿Qué pasa?
Vio sus ojos lagrimear.
—
— Ah, lo siento. Recordé que a mi hermana no le gustaban mucho estos. ¿Seguro que quieres ir, senpai? Es un lugar muy ruidoso.
Sonrió, despeinando su cabello.
— Estoy dispuesto a ir si es por ti.
Aun cuando no le gustaban mucho las multitudes.
(…)
Aunque la mayoría de trabajos no tenían un peligro más allá del nivel 3, existían masas de vacío que requerían la colaboración de varios empleados y espíritus guardianes.
Como este.
— Es la primera vez que veo una masa del vacío tan enorme.
Tenía al menos 10 metros de alto, apretujado en un callejón solitario de la ciudad. Cientos de espíritus malignos gemían y estiraban sus brazos afuera, buscando atrapar algo. Una de las numerosas manos atrapó un ave que iba de paso, llevándola a una de sus innumerables bocas y masticándola en bocados hambrientos.
Las 20 personas que entraron en ese callejón murieron devoradas de forma similar.
Tomoe apretó su arma.
El supervisor a cargo reunió a todos los empleados y comenzó a explicar el plan.
— Según sabemos, esta masa de vacío pasó del nivel 2, así que ya formó un núcleo.
Necesitaban romperlo si querían borrarla.
— Sin embargo, no sabemos en qué lugar lo tiene, así que tendremos que exponerlo con suficiente potencia de fuego.
“Por eso están aquí…”
Cinco dúos de empleados y espíritus guardianes. Entre ellos estaba Tara y Ryousaki.
(…)
El ataque lo empezó Tara, enviando una lluvia de sierras plateadas que cortaron los primeros brazos de la masa de vacío.
Un grito gutural salió de sus gargantas. Escupió murciélagos de barro con una brillante panza amarilla.
— ¡Nagumo!
— ¡Sí!
Nagumo barrió los murciélagos con una cortina de llamas. Las explosiones corrieron como pólvora, haciendo que los oídos de Tomoe dolieran.
Otro espíritu guardián atacó los brazos que se estiraron para alcanzarlos, no presentando problema para romperlos con sus manos desnudas.
Todos se mantuvieron atacando sin descanso, cortando y royendo su superficie.
Por supuesto, la fogosidad de la masa del vacío provocó algunos heridos.
— ¿¡Mmm!?
Tomoe disparó y destrozó la mano que venía por él, pero el muñón no se retiró y golpeó su hombro izquierdo, haciendo que el hueso se desencajara.
El dolor fue espantoso.
— ¿¡Senpai!?
— ¡E-Estoy bien! ¡Sigue atacando, Nagumo!
Apretó los dientes y desestimó su propia lesión. Se retiró más atrás, forzando su vista a aclarar las manchas negras.
Las llamas de Nagumo eran necesarias para debilitar la regeneración de la masa del vacío. No podía retirarse hasta vencerla.
Nagumo lo entendió, y se forzó a continuar el asalto.
Después de varios minutos, finalmente vieron su núcleo exponerse. Un corazón semi-podrido que latía.
— ¡Allí está! ¡A él!
Los espíritus guardianes cayeron sobre la masa del vacío, exprimiendo sus fuerzas a fondo para acorralarla y acabar con esto.
— ¡Tara-Onee-San!
De los brazos de Tara fluyó una hilera de sierras que abrieron el camino para el resto.
Una explosión de brazos afilados surgió como última defensa.
Nagumo quemó los que venían, dejando que el resto de espíritus guardianes golpeara el núcleo de la masa de vacío.
— ¡…!
Sucedió lo inevitable.
La existencia de la masa del vacío comenzó a destruirse.
— Finalmente…
Tomoe se limpió el sudor, mucho más aliviado. Vio a Ryousaki caer sobre su trasero mientras gritaba que necesitaba un aumento. El resto también se vio feliz porque esto terminara.
Pera la criatura se negó a morir sin intentarlo todo.
— ¿¡…!? ¿¡Eso es…!?
Una de las pocas manos restantes rasgó el espacio, abriendo un abismo de oscuridad que rezumó vacío.
— ¿¡Abrió un pasaje al abismo!?
¡Ese era el lugar de donde venían todas las masas de vacío!
¡Pero incluso si podía abrirlo, no podía moverse…!
— ¡Ah!
La masa de vacío cortó sus extremidades adheridas al callejón, arrastrando lo que quedaba de ella a la boca del abismo.
¡Esa maldita…!
— ¡Piensa escapar y recuperarse en el abismo!
¡Era la primera vez que algo así sucedía!
¡Al parecer desarrolló mucha inteligencia al devorar humanos…!
— ¡Deténganlo!
— ¡…! ¡Sí!
Los espíritus y empleados se sumaron para evitar que escapara.
— ¡…!
— ¡Es malditamente bueno escapando!
La masa de vacío se hizo una pelota, rebotando contra el concreto y evitando los disparos y ataques que venían sobre ella. Tiró por la borda cualquier intento de ataque y se concentró en escapar.
Solo faltaba un poco para que lograra entrar…
— ¡Maldita sea!
— ¿¡Tomoe!?
— ¿¡Senpai!?
Tomoe saltó sobre la pelota negra, agarrándola con sus manos.
— ¿¡…!?
La oscuridad quemó sus manos, pero no la soltó.
— ¡Mátala, Nagumo!
— ¡…! ¡Pero…!
— ¡Solo hazlo!
— ¡Hk!
Nagumo dudó, pero ante la orden se apresuró a quemar la masa de vacío atada por sus manos. El fuego frio su piel, sacándole un alarido ahogado de dolor.
Aunque no podía afectar los objetos, podía dañar humanos, por eso siempre se mantenía atrás y nunca se acercaba al fuego.
¡Pero ahora no tuvo opción!
— ¡KYAAAAAAAA!
La masa de vacío se removió, gritando de agonía. Su existencia se quemó por completo.
La masa negra desapareció.
— A-Ah…
¿Finalmente…?
— S-Senpai…
Nagumo miró sus manos quemadas. Le sonrió como pudo.
— No es tan grave. No pongas esa cara…
—…Pero… ¡…!
Oh, vamos, no caigas en pánico como si me hubieras cortado las manos… ¿Eh?
Algo tiró de su ropa.
Un tentáculo negro proveniente del abismo abierto a su espalda.
Ah, cierto, lo olvidé…
De allí salen masas de vacío…
— ¡Tomoe-Senpai!
Maldición.
Nagumo tiró de él, compitiendo con el tentáculo
Tara se apresuró a ayudar, pero…
— ¡Ng!
Cayó sobre sus rodillas, incapaz de seguir moviéndose. Estaba demasiado agotada. Usar más poder la haría desaparecer.
El resto de espíritus tampoco estaba en condiciones de intervenir. Los empleados estaban demasiado lejos para ayudar.
Nagumo también estaba cansado. A este paso caería con él…
Antes de que eso pase, yo…
— ¿¡…!?
Empujó a Nagumo antes de ser engullido por el abismo.
No tiene sentido intentar salvarme.
Olvídate de mí, Nagumo.
— ¡SENPAI!
Entró en el abismo.
Guh…
Apenas entró, notó el cambio abrupto de ambiente. Fue ahogado por el mar de petróleo que derramó una sensación asquerosa de contaminación por todo su cuerpo. Los tentáculos apretaron su cuerpo, enterrando espinas.
Vio numerosos ojos blancos parpadear bajo el agua negra. El más grande fue el responsable de traerlo.
Que horrible vista antes de morir…
Incluso sintió un calor desagradable que lo hizo maldecir su propia existencia…
Un humano no era más que comida para ellos. Su destino ya estaba decidido.
— ¡Senpai!
— ¿¡…!?
Algo tiró de su brazo.
Nagumo estaba allí, con el agua negra aferrándose a su alma. Su cuerpo entero estaba rodeado de las llamas blancas que evitaban que fuera engullido por la oscuridad del abismo.
— ¡…!
¿¡Qué haces aquí!? ¡Este lugar es demasiado contaminante…! ¡Un alma sin cuerpo está predispuesta a ser corrompida!
— ¡Perdóname, senpai!
— ¿Eh? ¿¡…!?
Nagumo lo arrancó de los tentáculos y lo empujó fuera del abismo.
Las llamas que cubrían su cuerpo se esfumaron, habiendo agotado todo su poder.
Extendió la mano antes de salir, viéndolo ser devorado por el vacío.
Le sonrió una última vez.
— ¡…! ¡NAGUMO!
— Adiós, senpai.
La grieta se cerró.
(…)
………
……
…
.
— ¡Tomoe, Tomoeee! ¡Oe!
— ¿Mm?
Abrió los ojos, con el sueño aun pegado a sus párpados.
Una niña de pelo blanco tiraba de su ropa, haciendo mohines.
— ¡Ya es hora de la cena, la cena! ¡Me muero de hambre!
Frotó sus ojos cansados, sacudiendo la cabeza.
— ¿Uh? ¿No comiste cereal hace poco?
— ¡No me llenó!
— ¿No te llenó?
¿Aunque te zampaste toda la caja?
Esta niña se comía su salario con una rapidez preocupante. ¿Esto no era igual a tener hijos, en este punto?
— ¿Qué prefieres? ¿Panqueques o pan?
— ¡Panqueques!
— Bien.
Tuvo que preparar unos panqueques para Hina, levantando una torre alta para complacer su estómago insaciable. Él se conformó con dos, puesto que no necesitaba mucho para sentirse lleno.
Fue sorprendente ver una niña zamparse dos panqueques por bocado. Lo hacía parecer tan fácil y pequeño…
— Recuerda masticar.
— ¡Lo estoy haciendo!
Pues no lo parece.
Bueno, su poder era digerir cualquier cosa, incluso las masas de vacío.
Aunque sigo pensando que no se ven nada apetitosas…
— ¿…?
Mientras comía, Hina tiró de su manga.
— ¿Qué pasa?
— ¿Tenías una pesadilla, Tomoe?
— ¿Eh? ¿Yo?
Ella asintió.
— Parecías sufrir mucho, además…
Señaló sus ojos.
— ¡Tienes los ojos rojos…!
— Ah…
Eso explicaba porque le picaban.
Sonrió, tomando una servilleta para limpiar sus mejillas.
— Solo…recordaba algo del pasado.
— ¿Hablas de tu anterior espíritu guardián?
— ¿Eh? ¿Cómo—
Ella posó con sus brazos en alto.
— ¡Tara-Onee-Chan me lo contó!
Esa chismosa…
¿Cuánto sabía exactamente?
— Oí que eras muy cercano a él, ¡y que era mejor que yo! ¡Kya!
Dio un golpecito en su frente.
— No era mejor ni peor que tú.
— ¿De verdad? ¿Entonces si regresara, no me abandonarás?
— Eso nunca pasará…
Porque nunca volverá…
Un alma en el abismo acabaría siendo corrompida, para luego desaparecer cuando su esencia no soportara más los cambios.
Por eso aún tenía activo el contrato…
Aún debe estar vivo…
Claro, sin cordura alguna…
A veces no podía dormir pensando en lo mucho que sufría.
Solo deseo que este contrato desaparezca.
Al menos así sabría que ya descansaba en paz.
Pero llevaba 3 años sin que eso pasara. ¿La existencia de Nagumo se negaba a desaparecer pese a todo?
Si pudiera ingresar al abismo para intentar salvarlo, lo haría…
Pero nadie podía entrar al abismo y regresar…al menos cuerdo.
En el pasado, un agente se expuso 20 minutos al abismo accidentalmente. Cuando regresó, tuvo que ser asesinado por su propio espíritu guardián debido a la gran contaminación que mostraba.
Incluso yo terminé bastante mal con solo haber estado dos minutos allí…
A veces tenía unas insaciables ganas de matar a alguien…de devorar carne humana mientras disfrutaba su agonía…
— ¡Ah! ¡Ya no pensamientos malos, Tomoe!
— ¡Ek!
Hina estiró sus mejillas, refunfuñando. Sumó una mordida a su brazo.
Los malos pensamientos se esfumaron.
— Ah…
— ¡Mejor así…! ¡Nada de malos pensamientos!
—…
Ella tenía la capacidad incluso de comer cosas como esta…
Gracias a ella aún se mantenía cuerdo…
Tenía mucho que agradecerle.
Y aun así…
Sigo extrañando ese niño.
(…)
— Hina…
— ¿Mm?
Ella giró la cabeza, con sus mofletes llenos después de morder la masa de vacío. No fue una vista agradable ver como aparentemente lo disfrutaba.
— Termina rápido, recuerda que íbamos a ver una película después de esto.
— ¡…! ¡Cierto!
Se metió el resto de la masa de vacío a la boca, tragando sin masticar. No supo cómo entró todo eso en su estómago, ni cómo podía saberle bien.
— ¡Vamos a ver My Little pony!
— Sí…
Estaba obligado a verlo con ella, lastimosamente.
Tampoco admitiría que su pony favorita era Luna.
— ¡Vamos, vamos!
Tiró de su brazo, remolcándolo afuera de la empresa después de informar sobre el borrado exitoso de la masa de vacío.
— Están aquí…
— Ah, ¿Ryousaki-San?
Justo cuando salían, se encontraron con Ryousaki y Tara.
— ¡Onee-Chan!
Apenas la vio, Hina saltó sobre ella y se aferró como un mono a su falda. La peli-plateada la cargó sin quejarse.
— ¿Lograron lidiar con la masa del vacío?
— Sí. ¿Viniste porque estabas preocupado?
— ¡…! ¡C-Claro que no! Solo pasaba por causalidad…
Escupió sin mirarlo a los ojos.
— Si no haces tu trabajo correctamente, solo nos provocarás problemas, por eso vine a supervisar…
Aunque me he topado contigo tantas veces esta semana…
— Gracias, Ryousaki-San.
— ¡Dije que no es eso!
Después de perder a Nagumo, Ryousaki se comportó de una forma empática, viniendo a visitarlo cada cierto tiempo para ver cómo estaba.
Agradeció mucho esas visitas.
— Además…
Le pasó unos onigiris.
— Tengan, de camino aquí compré demasiadas.
— ¡Oh! ¡Comida!
— ¡Ah! ¡Tú…!
Hina engulló ambos onigiris junto con la mano de Ryousaki. Él se la sacudió, rojo de ira.
— ¡Mocosa, también te comiste el de Tomoe! ¿¡Cómo pudiste!?
Tiró de sus mejillas, maldiciendo el hecho de haber perdido ambos onigiris.
Esto arrancó una risa de sus labios. La cara de Ryousaki se sonrojó.
— ¡A-Ah! ¡No te preocupes, aún tengo otro…!
Buscó en sus ropas otro onigiri, ofreciéndoselo sin preocuparse por las apariencias.
Lo tomó de su mano.
— Gracias, Ryousaki-San.
— ¡…!
Bajó la mirada.
— No es…nada, ¡aghh!
Se dio media vuelta, tirando de Tara.
— ¡Nos vamos!
Hina los despidió con la mano, arrastrada.
— Chao, gracias por lo onigiris.
Aunque prácticamente ni los masticó.
Una vez desaparecieron, decidieron seguir su camino al cine. Se comió su onigiri, ignorando los ruegos de Hina para compartir.
—…
— ¿Uh? ¿Tomoe? ¿Por qué te detuviste?
Antes de llegar al cine, tuvo que pasar al lado de un callejón…
…el mismo en donde desapareció Nagumo.
Olvidó ir por la otra calle.
— ¿Tomoe?
— No…no es nada.
Ya debería superarlo.
Miró el lugar, sintiéndose estúpido por esperar algo del lugar en blanco.
No es que nada vaya a salir de allí…
Ni que una grieta fuera a abrirse…
— ¡Ah! ¡Mira eso, Tomoe!
— ¿…? Ah…
Tiene que ser una broma…
Una línea cortó el espacio, derramando tinta negra. Supo que era desde el principio.
¿¡El abismo se estaba abriendo!?
Si el abismo se abría, una masa de vacía saldría y se alojaría en ese lugar.
¿Ese callejón es propenso a albergar masas de vacío?
¡De ser así, la mataré en cuanto salga…!
Ninguna masa de vacío salía poderosa, ¡por lo que podría erradicarla sin complicaciones!
Por supuesto, tendría que esperar a que la abertura al abismo desapareciera. No quería arriesgarse a ser tragado otra vez.
Una masa negra salió. Tragó saliva, indicándole a Hina que se preparara para atacar. Ella se mantuvo en guardia, mientras él tocaba la pistola debajo de su ropa.
Afortunadamente, el abismo se cerró apenas escupió la masa de vacío, quitándole un peso de encima.
— Vamos.
— ¡Sí!
La masa de vació comenzó a tomar forma, pero eso poco le importó. Lo importante aquí era matarla antes de que tomara fuerzas y lastimara gente.
La forma de vació se estiró de una forma extraña. La negrura retrocedió, exponiendo partes… ¿humanas?
— ¿Eh?
Se detuvo en seco.
Ese cabello revuelto…no…
Hina inclinó la cabeza, extrañada por la apariencia de esta masa de vacío.
— ¿Uh? Esa no es una masa de vacío…
Tomoe no podía responder.
La figura se irguió. Sus ojos totalmente entintados se aclararon, dejando irises grises familiares.
Su boca se movió…
— ¿Tomoe-Senpai?
Después de 3 años, volvió a oír su voz.
(…)
Impo…sible…
¡Esto no puede ser real!
¡No puedo ser Nagumo! ¡Nagumo está atrapados en el abismo! ¡Nadie puede salir!
Pero lo que tenía adelante sonrió. Sus piernas temblaron, a punto de llevarlo lejos de esa imitación.
Además, él era mucho más pequeño.
Primero debía alejarse…
Pero la otra parte fue más rápida.
— ¡Senpai!
— ¿¡Mmm!?
Se lanzó sobre él, apretándolo entre sus brazos. Su nariz chocó contra su pecho.
…porque ahora era más bajo que él, aun cuando Nagumo solo parecía tener 18 o 19 años.
— ¡No sabes cuánto te extrañé! ¡Te extrañé mucho!
— ¿¡Mm!? E-Espera…tú…
¿Cómo…? ¿Por qué?
Esto era demasiado inesperado para analizarlo con calma. Su mente daba vueltas y no podía concentrarse.
— ¡Me alegra que estés bien…! ¿…?
Algo pateó su pantorrilla. Era Hina, refunfuñando desde abajo.
— ¡Ah! ¡Deja a Tomoe en paz!
—…
Nagumo se quedó en silencio. Su mirada escrutó a profundidad a Hina, con una mudez casi escalofriante.
Pero la deshizo con una sonrisa.
— Ah, ¿tú eres la nueva espíritu guardián de Tomoe-Senpai?
— ¡…!
Se le secó la garganta.
— Sobre eso…
— Jaja, no pongas esa cara, senpai. Es obvio que no podrías trabajar sin un espíritu guardián…
— Eso no…yo…
Intentó excusarse, tropezando con las palabras. Un nudo en su garganta le hizo difícil mirarlo a la cara, casi como si lo hubiera traicionado.
No… ¿Realmente estaba aquí?
¿Nagumo…había vuelto?
— Pero… ¿Cómo es que tú…?
— Ah, ¿eso?
“Solo tuve que matar un montón de masas de vacío…”
(…)
Fue un caso sin precedentes.
Por supuesto, el riesgo de contaminación fue altísimo, por lo que Nagumo fue analizado a fondo.
Sin embargo…
— Esto no tiene sentido.
Miraron los resultados, así como las respuestas a la encuesta.
— ¡Todo apunta a que está cuerdo!
¡Aun cuando su cuerpo había sido contaminado!
— ¿Es eso posible?
— Además, aun reconoce a Tomoe, con quien hizo un contrato. Tampoco parece ser hostil con nadie…
— No podemos estar seguro que no lo sea si es provocado… Quizás debamos esperar un poco más.
Así pasaron tres semanas con Nagumo en observación.
Nagumo no mostró ningún comportamiento extraño.
Más bien, les mostró todos los trucos que había asimilado al estar en el abismo, haciendo que los investigadores anotaran los cambios.
— ¡Ahora puedo crear bombas voladoras! ¡También me hice más fuerte!
Pequeños pájaros de fuego que explotaban al contacto, así como la fuerza para romper hierro. También podía mover las sombras a su antojo. No paró de sorprender a los investigadores, quienes no se perdieron ningún detalle.
Pero lo más extraño de Nagumo, fue…
Una llama blanca apareció en su mano.
…que aun podía usar su poder original, lo que indicaba que…
¡Aún era un alma buena…!
Después de recopilar un montón de datos nuevos, terminaron dándoselo de vuelta a Tomoe una vez concordaron que no era peligroso.
— ¡Estoy de regreso, Tomoe-Senpai!
Declaró a la entrada de su casa, con sus brazos levantados y una radiante sonrisa.
—…
¿Realmente…era él?
¿No era…una imitación?
Miró su sonrisa.
Regresaste… Realmente lo hiciste.
La emoción lo embargó con una creciente alegría y nostalgia. Abrió la boca, dispuesto a darle la bienvenida, pero Hina habló más rápido.
— ¡Ah! ¡El chico ruidoso!
Se pegó a su pantalón, cautelosa sobre el intruso y le siseó, un acto para declararle la guerra.
— ¡Tomoe es mío! ¡Fuera de aquí!
La mirada de Nagumo se estrechó.
— Jaja, no seas así. No deberías tratar así a tu senior. ¡Soy prácticamente tu hermano mayor! ¡El primer espíritu guardián de Tomoe-Senpai!
“¿No es así, senpai?”
El tono de voz causó una extraña sensación en su piel.
— Ah…
Asintió, afirmando.
— ¿Lo ves?
— Mm.
A Hina no le pareció bien tener que compartir, pero no es que pudiera quejarse cuando Tomoe no parecía molesto por la llegada de este espíritu guardián.
(…)
Debo ser el único que tiene dos espíritus guardianes.
Aunque en el pasado hubo empleados que intentaron tener más de uno, estos no acudían si ya tenían uno contratado. Hina acudió a él porque no sintió la presencia de Nagumo, pese a que su contrato aún estaba activo.
Por eso nadie sabía qué recomendarle para mitigar los roces entre espíritus guardianes.
— ¡Vamos a ver una película de princesas!
Hina tiró de su brazo izquierdo.
— ¡Eso es de niñas! ¡Que sea una de acción!
Nagumo tiró del derecho.
— C-Chicos…
¡Iban a partirlo en dos a este ritmo!
— ¡Eres mezquino! ¡Tomoe quiere ver princesas!
— Se nota que no lo conoces, ¡el adora la comedia y la acción, no esas niñerías!
— ¡Deja de llamarlas así!
— ¿Por qué? ¿Te molesta?
— ¡Dejen de pelear!
— ¡Ek!
— ¡Ah!
Picoteó sus frentes, harto del jaleo.
— Podemos ver ambas, ¡así que dejen de tratarme como un trapo!
— Uh, sí.
— Lo sentimos.
Necesitaba ahora el doble de paciencia para tratar con ambos.
(…)
Peinó el largo y esponjoso cabello de Hina, quien estaba sentada en la alfombra mientras comía unos snacks salados. Era su segunda bolsa, y probablemente no la última.
— Listo.
Alejó las manos, habiendo acabado. A la espalda de Hina una bonita trenza blanca caía con elegancia. En el extremo tenía un lazo rojo que hacía armonía con el blanco de su cabello.
Ella se rio, viéndose en el espejo de mano.
— ¡Lindo! ¡A la próxima hazme una corona, Tomoe!
— No te pases. Me pides cosas demasiado difíciles.
Cuando ella le pidió que le hiciera peinados, la tuvo difícil para aprender las cosas más simples. ¿Así se sentía un padre al tener hijas después de solo haber tratado con varones?
— Nada es imposible para Tomoe, ¡seguro puede hacer eso y más!
Piensas demasiado bien de mí.
Recostó su mentón en su pierna, soltando más alabanzas.
Él pasó la mano por su cabello, asegurándose de alisar los cabellos rebeldes.
— La siguiente bolsa de snacks será la última.
— ¿¡Qué!? ¿Por qué?
— Tres es tu límite.
— Muh… ¿¡…eh!?
Su cabeza fue empujada, para consternación de ambos. Otra cabeza se colocó debajo de la mano de Tomoe, apoyando su mentón en su pierna.
Era Nagumo.
Le sacó la lengua.
Una declaración de guerra.
Hina acabó pálida, para después ponerse roja como un tomate.
— ¿¡…!? ¡Ese es mi lugar!
— Ya no.
No dejó que los empujones lo sacaran de su lugar.
— ¡Ya eres grande, ese lugar es para mí!
Bueno, es cierto que antes parecía un niño. Ahora era un joven mucho más alto que Tomoe, así que no se veía como antes.
Pero Nagumo movió su cabeza debajo de su mano, sosteniéndola para que no la apartara.
— ¿Y qué? Solo crecí por fuera después de asimilar el vacío, ¡básicamente sigo teniendo la misma edad!
— ¡Mmmm!
Tomoe lamentó que la paz no durara mucho.
(…)
Llegó la hora de dormir, pero cierto espíritu guardián de pelo blanco tenía muchas cosas que decir.
— Hina, por favor…
— ¡No! ¡No lo quiero aquí! ¡Es molesto!
— Hinaa…
— ¡Él es malo! ¡No me quiere, y yo tampoco lo quiero a él! ¡Y no para de acaparar la atención de Tomoe! ¡Ya no lo soporto!
Ella abrazó un peluche, expulsando sus quejas con sus ojos húmedos. Él la entendió, pero…
— Entiendo que no es fácil para ti, pero pronto las cosas mejorarán. Tanto él como tú son importantes para mí. ¿Podrías tenerle un poco de paciencia? ¿Por favor?
—…
Ella lo pensó, mientras él la arropaba y le acomodaba la almohada.
Al final, asintió tímidamente.
— Bien… solo un poquito.
Besó su frente.
— Gracias.
Ella bostezó.
— Mientras no lo quieras más que a mí.
— Eso nunca.
(…)
Abrazando la almohada, arribó silenciosamente a la habitación de Tomoe. Las luces apagadas no le causaron problemas para moverse en la oscuridad.
Recuerdo esa vez que terminé pateándolo fuera de la cama…
Recordó con una sonrisa frugal.
Llegó al borde de la cama.
— Ey, senpai—Ah…
Pero al llegar a la cama, senpai no estaba solo.
Hina se aferraba a su brazo, aun abrazada a un peluche. Los ronquidos que había oído eran de ella, no de Tomoe.
—…
Sus dedos se prensaron sobre la almohada.
Se retiró sin hacer ruido.
(…)
— ¡Pizza!
— ¡Helado!
— ¡Pizza!
— ¡Helado!
— ¡PIZZA!
— ¡HELADO!
Nuevamente era jalado de sus brazos por ambos espíritus, quienes tenían una acalorada discusión para decidir qué comería.
Tomoe quería llorar.
¿No podían salir a pasear en paz? ¿Por qué siempre tenía que pelear sobre qué hacer o comer?
El resto de personas veían a un adulto ser tirado de un lado a otro sin razón aparente. Algunos pensaron que debió haber bebido mucho antes de venir al centro comercial.
Era inevitable, muy pocos tenían la capacidad de mirar al joven y la niña tirar de él.
En eso que seguían jalándolo, Tomoe chocó accidentalmente contra la espalda de alguien.
El hombre frunció el ceño.
— Tch, maldita sea, mira por dónde vas, estúpido…
— Ah, lo siento mucho, estaba distraído—
— Como siempre, creyendo que una disculpa resuelve todo. ¿No sería mejor entonces si te arrodillas y me pides perdón como se debe?
— ¡Ey!
— ¡Eso es demasiado!
Por supuesto, Nagumo y Hina lo defendieron, aunque sus voces no fueron escuchadas por el señor.
La sangre de Tomoe hirvió.
Se sintió ofendido.
Un cúmulo de enredaderas espinosas se agitó en su pecho.
¿Quién se creía él para hablarle así? No más fue un empujón que no lastimó, así que ¿por qué debería humillarse para pedir su perdón?
Si le arrancara la lengua, ¿no le haría un favor al mundo?
Esos ojos que lo veían como desprecio también deberían ser arrancados… No, ¿no debería hacer lo mismo con todas sus extremidades?
¿Qué lo detenía? Solo tenía que—
— ¡Ah, malos pensamientos fuera!
¿¡..!?
Ella mordió su mano, causando un poco de dolor. Le regresó la lucidez al instante, haciendo que respirara hondo y reconociera lo perdido que había estado hace unos segundos.
— Ah.
Estuvo a punto de llevar a cabo un crimen. Sus manos ya estaban preparadas para atacar.
— Gracias, Hina.
Le dijo con la mirada. Ella sonrió.
— ¡Cuenta conmigo!
—…
Nagumo lo miró de reojo. El hombre volvió a hablar.
— ¿Sin respuesta? ¿Cómo piensas compensarme?
Tomoe miró detrás de él.
— ¡…! ¿¡Esa mujer…no muestra demasiado…!?
— ¡…! ¿Qué?
El hombre giró, pero no vio a nadie atrás.
Ah…
Tomoe se había escaqueado.
(…)
El ambiente en la cafetería de la empresa era tranquilo, permitiéndoles hablar mientras sus espíritus guardianes eran revisados en busca de anomalías.
Ryousaki se echó atrás, relajando los hombros tensos.
— ¿Cómo han ido las cosas?
— Bastante bien.
Creo.
— ¿Nagumo-San se lleva bien con Hina-San?
— Supongo que sí.
¿Debería decirle que estoy a punto de suicidarme por el estrés?
Ryousaki bajó la taza de café ya vacía.
— ¿Nagumo-San no ha mostrado ninguna señal negativa estos días?
¿Señal negativa?
Negó rápidamente.
— No, no lo ha hecho.
Ryousaki no pareció convencido.
— ¿Seguro? Podría ser demasiado tarde si no se le presta la debida atención.
— Lo he observado, y parece ser el mismo.
— Aunque creció un montón, pese a que los espíritus no lo hacen.
— Eso…no lo puedo negar.
Ahora era mucho más alto que él.
Pero aun así conserva esa cara de Golden retriever.
Aunque…
Hay cosas que parecen haber cambiado…
(…)
Hace unos días, llegó la hora de trabajar y borrar una masa de vacío que provocaba accidentes viales y que se posicionaba en medio de la calle en las afueras de la ciudad.
La noche declaraba su presencia a través del oscuro cielo y el cantar de los insectos.
La masa de vacío tenía el rostro de una mujer de pelo largo. No tenía brazos, sino que su cabello se enredaba en los árboles y se arrastraba sobre la calle, probablemente siendo el causante de los 5 accidentes ocurridos aquí hasta la fecha.
Pero lo más preocupante era…
— ¿Esa es la masa de vacío que tenemos que derrotar? No se ve muy fuerte, ¡será pan comido!
…Nagumo también vino con ellos.
— ¡Juju! ¡Ahora verás las grandes habilidades de Hina-Sama!
HIna no perdió la oportunidad para pavonearse.
Pero Nagumo no paró en ella.
— ¡Ja! ¡Deberías dejárselo a un veterano como yo, niña! Ni siquiera tendré que usar el 10% de mi fuerza…
— En realidad…
Sostuvo su brazo ante de que avanzara. Él lo miró, interrogante.
— No es necesario que luches con la masa del vacío, Nagumo.
Su sonrisa se cayó.
— ¿No? ¿¡Por qué!? ¡Soy perfectamente capaz borrarla!
— No es que dude si puedes o no, es que Hina puede hacerlo sola.
— ¡Ja! ¿Qué te dije?
—…
Nagumo guardó silencio.
— ¿Dices que no soy necesario?
— Hina puede, y no me gustaría hacerte trabajar cuando apenas has vuelto…
— No me siento cansado.
— Insisto. Déjalo en sus manos…
—…
— ¿Por favor?
— Uh… Está bien.
Relajó la comisura de su boca.
— Está bien, encárgate tú, enana.
— ¡Me llamo Hina!
— Lo que sea.
Atrás, Tomoe se relajó.
Menos mal.
No quería que se relacionara más con las masas de vacío.
No después que fue engullido por el abismo por culpa de uno.
Ambos observaron a Hina arremeter contra la masa de vacío, arrancando los tramos de cabello que intentaban atarla. En este punto no sabían quién era más peligrosa, si la masa de vacío o Hina.
—…
La mirada de Nagumo fue particularmente distinta a la de Tomoe.
Totalmente negra y sin calor.
(…)
Después de entregar el informe a la empresa (ya podía llamarse profesional en eso) salió de la oficina y coincidentemente se topó con Tara y Ryousaki.
— ¡…! ¡Onee-Chan!
Hina se lanzó sobre el espíritu femenino, aferrada a su falda. Tara saludó, meciéndola por diversión.
Le tocó a Ryousaki saludar primero.
— Oh… Hola de nuevo, Nagumo-San. Te ves bien.
— Jeje, hola, Ryousaki-San, hace mucho que no lo veía. ¡Míreme, he crecido un montón!
— S-Sí. Ya estás de mi tamaño…
Aun no podía tratarlo con normalidad, probablemente por sus sospechas de contaminación.
Nagumo lo notó.
Afianzó una sonrisa astuta.
— Ah, pero Ryousaki-San, no tiene que ser tan rígido conmigo. Antes era mucho más suelto, casi descarado…
— Ah, ¿supongo que maduré? Eres un espíritu guardián después de todo.
— Pero me parece extraño que ahora me trate con tanto respeto. ¿Teme que haya algo malo conmigo?
— C-Claro que no. Te ves de maravilla, así que eso no…
Le pidió ayuda a Tomoe con los ojos.
Tomoe removió el cabello de Nagumo.
— Deja de acosarlo. Ryousaki-San ha madurado mucho. Ahora somos amigos.
— ¿¡…!?
La cara del empleado se volvió roja. Nagumo se sorprendió.
— ¿Amigos? ¿Tú con él?
— Sí, también con Tara-San.
Nagumo miró a Tara juguetear con Hina. Esta le dio una sonrisa tímida, coincidiendo.
—…Ya veo.
“Las cosas les fue bastante bien…”
— ¿…?
— ¡Menos mal!
Sonrió radiante.
— Temía que te quedaras solo sin mí, ¡pero eso fue una preocupación innecesaria!
— No…
Realmente se sintió muy solo sin él.
Pero no pudo decírselo, pues Nagumo siguió acosando a Ryousaki con preguntas incómodas.
(…)
Recogiendo una bolsa de patatas fritas, se plantó en la sala y prendió el televisor a bajo volumen.
Me resulta difícil dormir…
Aunque los espíritus no necesitaban descansar, igual dormían en recordatorio de cuando vivían.
Sin embargo, él pasó mucho tiempo en el abismo.
Allí no tenía tiempo de dormir ni descansar, obligado a resistirme al vacío que buscaba devorar mi conciencia.
Los canales no mostraban nada interesante, aumentando su aburrimiento.
— ¿Uh? ¡Oh! ¡Aquí está…!
A un lado del televisor encontró un álbum, un objeto que contenía numerosos recuerdos de él y Tomoe.
Lo abrió sin dudar.
En la primera foto estaban ellos justo después que Nagumo fue invocado.
En la siguiente, estaban en una cafetería con una porción enorme de comida. Como eran dos y no uno, aceptaron el reto para comer gratis aquella vez.
Siguió viendo el resto de fotos, riéndose mientras recordaba el pasado. Su corazón se sintió cálido, como si flotara sobre una nube de algodón.
Hasta que las fotos dejaron de mostrarlo…
…en su lugar, apareciendo Hina.
—…
Pasó la página.
Solo vio a Hina.
Posando al lado de Tomoe, comiendo con Tomoe, riendo con Tomoe, yendo a un festival con Tomoe, jugando con Tara, en el cine con Tomoe…
Básicamente reemplazándolo.
(…)
— ¡SHIAAAAA!
La masa de vacío se rio de forma grotesca, azotando cuchillas negras por los alrededores en amenaza a los intrusos que venían por su vida.
Pero nada de eso intimidó a Hina, quien golpeó sus puños.
— ¡Ja! ¡Los más molestos suelen ser los más ricos!
Tomoe aún no entendía cómo podía decir eso de…esas cosas tan horrendas. ¿Su sentido estético era tan distinto al de un vivo?
— Ten cuidado, Hina.
El de hoy era nivel 2.
Hina avanzó unos pasos, respirando hondo, preparándose para arremeter.
— ¡Muy bien!
Se impulsó hacia adelante…
Pero alguien llegó ante la masa de vacío antes.
— ¿¡Sh—
Con su pie pisando su cabeza, ambas manos sujetaron ambos extremos. Un tirón lo partió en dos con fuerza bruta. La masa de vacío no tuvo ni siquiera tiempo de gritar, viendo cómo su existencia era pisoteada de esta manera tan cruda.
— Ah…
Tomoe no tuvo palabras para expresar su sorpresa.
Los restos de la masa de vacío rebotaron en el piso, esfumándose después de agitarse como gusanos.
Nagumo, después de girarse, sonrió.
— ¿Ves? Pan comido.
— Ah…
— ¡Ah, tramposo!
Por supuesto, Hina no dejaría pasar el robo.
— ¿¡Cómo pudiste robarme mi presa!? ¡Eres un tramposo!
Golpeó sus piernas con sus puños infantiles, totalmente ofendida por haber sido robada tan fácil. Tomoe se preparó para calmarla, pero…
— Deja de lloriquear, es molesto.
…Nagumo la empujó, derribándola sin miramientos.
— ¿¡…!? ¿Nagumo?
¿Por qué…?
Intentó levantarla, pero la mano de Nagumo sostuvo su muñeca antes de llegar.
— ¿Nagumo? ¿Por qué tú—¡Hk!
Sintió un dolor opresivo en la muñeca, casi como si se le fueran a partir los huesos.
— ¿N-Nagumo?
— ¿Por qué te sigues preocupando por ella?
El rostro de Nagumo lo encaró.
— ¿Qué?
El gris del iris fue reemplazado por negro.
— Ya volví, así que es innecesaria conservarla.
— ¿Qué?
¿Por qué de repente él…?
Trató de mantener la calma.
— Nagumo, retira lo que dijiste de Hina. Ella no es innecesaria.
Sostuvo su postura, aun cuando el dolor de sus huesos a punto de partirse le decían que se retirara.
— Además, ¿por qué actúas así de repente? Si estás insatisfecho con algo, puedes decírmelo sin necesidad de llegar a estos extremos—
— Entonces corta tu contrato con ella.
— ¿Qué? ¡No! ¿Por qué debería?
— ¿No dijiste que podía decirte lo que quisiera?
— No me refería a esto exactamente.
— ¡Ah, dejen de pelear! ¡Nagumo, no molestes más a Tomoe!
Hina, recuperándose del shock, se puso de pie y trató de separarlos. Lo que más odiaba además del hambre, eran los conflictos.
— Hina es madura, así que lo dejaré pasar por hoy, ¡pero no peleemos! Regresemos a casa.
— Ah…
Cierto, Hina tiene razón. No estamos actuando razonablemente. Tenemos que reorganizar nuestros pensamientos y hablar las cosas—
— ¿Quién diablos te preguntó, mocosa?
— ¡Kya!
— ¿¡NAGUMO!?
La volvió a empujar, ahora más fuerte. Tomoe no pudo quedarse de brazos cruzados.
— ¡…!
Ah…
Terminó abofeteando la mejilla derecha de Nagumo.
Nunca pensó que podría hacer algo así.
Solo así se soltó de su agarre. Rápidamente fue a levantar a Hina.
Miró a Nagumo, quien sobaba la mitad de su cara. Se sintió un poco mal por hacerle eso, pero necesitaba recapacitar.
— Nagumo… Hablemos las cosas en casa, pero no así…
—…
— Nagumo.
Intentó tocarlo, pero este se apartó.
Las sombras de sus pies crecieron.
— ¡Nagumo!
Nagumo desapareció de su vista.
(…)
Llevaba tres días sin verlo, ¡tres días en que no había vuelto a casa! ¡La ansiedad casi le hacía crecer canas en la cabeza!
— A-Ah… ¿Tendré que reportarlo como desaparecido otra vez?
Caminó de un lado a otro, tratando de no hacer mucho ruido.
¿No debería haberlo golpeado? Pero actuó hostilmente contra Hina, no podía dejar eso así…
¿Quizás fue demasiado fuerte? ¿Debería haber dicho algo más? ¿Elegí las palabras incorrectas?
— Mm…
— Ah… ¿Enserio?
Al seguir caminando por la casa, pasó al lado del sofá, encontrando una bola hundida en almohadas. Era Hina, abrazada a un peluche de oso blanco.
Suspiró.
— Le dije que durmiera en su habitación…
Debería llevarla. El único problema era que pesaba bastante…
Después debería informarle a la empresa sobre la desaparición de Nagumo, así podrían emplear esfuerzos en buscarlo…
Se escuchó unos golpes a la puerta.
—¿…?
Retiró sus manos de Hina, llegando a la entrada para abrir la puerta con algo de curiosidad.
Encontró a Nagumo del otro lado, el que estaba a punto de reportar.
— ¡..! ¡Nagumo!
¡Menos mal regresó!
— ¿Sabes lo preocupado que estuve estos 3 días? ¿Por qué te fuiste tanto tiempo?
—…
Ah, no debería haber empezado regañándolo.
— Mira, lo siento por haberte golpeado, pero entiende que no puedes hacerle eso a Hina por más molesto que estés…
Le sonrió suavemente, esperando demostrarle que había espacio para charlar.
— ¿Ya cenaste? Ordenaré una pizza para que cenes…
“Así que pasa por favor…”
— No es necesario.
— ¿Qué? ¿Aún…aún sigues enojado?
— No. Ya sé que debo hacer para arreglar esto.
Sonrió.
¿Ya…sabía qué hacer?
¿Quizás iba a disculparse con Hina?
Eso sería lo ideal…
Cuando volvió a mirar…
— ¡…!
…tiró esa posibilidad por la borda.
Las cuencas de Nagumo ahora eran totalmente negras. Las sombras a sus pies ampliaron numerosos brazos.
— Solo debo matarla.
“Así el único contrato que quedará será el mío…”
— ¡…! ¡No!
Se interpuso, sudando frío.
— ¡Regresa en ti, Nagumo!
Inclinó la cabeza a tal grado que parecía capaz de romperse el cuello.
— Hablas como si no estuviera en mis cabales, senpai.
Estrechó sus ojos.
— ¡Pero lo estoy, y lo único que quiero ahora es matar ese reemplazo de segunda mano!
Las manos negras se adelantaron por las paredes, atrapando a Hina, quien apenas notaba que algo andaba raro.
— ¿¡…!? ¿¡Qué es es—
Le envolvieron en un capullo, rodeándola entera. No se oyó su voz.
— ¡…! ¡Nagumo!
Tomoe se aferró a las ropas de Nagumo.
— ¡Detén esto ya, Nagumo!
— No es que puedas detenerme, senpai…
— ¡Oh, claro que puedo!
— ¿…? ¡…!
El cañón de la pistola de Tomoe apuntó a su frente. Sus manos temblaban.
La garganta de Nagumo vibró.
— ¿Ese reemplazo es tan especial para ti que incluso me apuntas con tu arma? ¿A mí, tú espíritu guardián?
— Detén esto ahora mismo.
Suplicó.
Pero Nagumo solo se enfureció más.
— Es tal como pensé, ¡al final me reemplazaste con ella!
— ¡No te reemplacé con nadie! ¡Eso es imposible en primer lugar!
“¡Ella no ve películas de acción, y no le gusta mucho la pizza, cuando hace un berrinche, casi nada la detiene, ama los perros en vez de los gatos, y tiene muy mala memoria…!”
— ¡Es totalmente diferente a ti!
“¡Además…!”
Hizo una pausa.
— Reemplazarte es imposible.
—…
Nagumo entrecerró los ojos.
— ¿No lo hiciste ya?
— ¡Incluso si quisiera no podría!
Sus ojos ardían.
— Siendo honesto, pensé en renunciar después que te perdí.
El arma tembló en sus manos.
— Pero necesitaba el dinero para ayudar a mis padres, así que seguí. Pasó un tiempo para que pudiera pensar en hacer otro contrato…
El arma bajó.
Estiró sus manos a la cabeza de Nagumo, atrayéndolo y juntando sus frentes.
— Aunque me ayudó a superar la pérdida, no me hizo olvidarla.
Las sombras arañaron las paredes, agitadas por las emociones caóticas de Nagumo.
— Conservo tus fotos por eso mismo.
— ¡…!
Se separó, limpiándose la cara.
— En eso soy igual a tu hermana. Un masoquista total…
—…
Nagumo abrió la boca como un pez.
— El álbum…lo llenaste de sus fotos… Me dejaste atrás…
— No… Usé el mismo álbum para no dejarte atrás. Muerto o no, sigues siendo parte de mi vida…
—…
Lágrimas negras resbalaron de sus mejillas.
— ¿No…quieres reemplazarme con Hina?
— ¿Por qué querría eso?
“Hina es Hina, y tú eres tú. Ninguno puede reemplazar al otro…”
—…Ugh…
— ¿¡…!?
Nuevas lágrimas se desbordaron de los ojos negros de Nagumo, los cuales volvieron a la normalidad.
— ¿De verdad? ¿Sigue habiendo espacio para mí?
— ¿Q-Qué?
— ¿No soy innecesario…?
¿Podía seguir a su lado?
— Ah…
El pelinegro se aferró a él como un salvavidas, enterrando el rostro en su hombro. Fue un poco incómodo por la diferencia de altura, pero lo soportó y estrechó el abrazo.
— ¿Estuviste pensando todo esto durante estos meses?
— Lo siento, senpai… Me volví bastante egoísta…
Incluso ahora tenía unas ganas ardientes por atravesar el capullo con miles de cuchillas…
La calidez de Tomoe sepultó esos deseos.
— No… fue mi culpa no darme cuenta. Debería haberlo sabido.
Los celos cuando llega un hermanito nuevo…
Nagumo se separó, con sus ojos rojos. No se veía diferente a aquella vez que terminó perdiendo su helado en la calle.
Se rio entre dientes, apretando sus mejillas. El espíritu se dejó tocar, totalmente sumiso.
— Te ves terrible…
— Senpai no se ve mejor.
— ¿De quién es la culpa?
— ¡Ejem…!
— ¿…?
Hina estaba más atrás, habiendo devorado la parte superior del capullo negro como intento para liberarse. Los miraba con irritación, portando los aires de alguien cansado del drama.
— ¿Cuándo piensan bajarme de aquí?
— Ah…
Se habían olvidado de ella.
(...)
La masa de vacío fue despedazado, pisoteada sin miramientos. Sus restos sollozantes terminaron siendo consumidos por llamas blancas, sin oportunidad de redención. Dejó de gemir.
Atrás, Tomoe tragó saliva. No importa cuántas veces lo viera, seguía siendo brutal.
Nagumo se apartó de la hoguera encendida, llegando con él. Si mirada negra se volvió gris otra vez, sedienta de atención.
— ¿Qué tal lo hice, Tomoe-Senpai?
— Bastante bien. Casi no durante nada.
— Hmm, ya verás que el próximo lo acabo más rápido.
Hina hizo que la sonrisa del espíritu flaqueara.
— Entonces yo lo haré más rápido.
— Imposible.
Desde aquellos, decidieron variar las participaciones de cada uno por turnos. No quería que ninguno de sintiera desplazado.
Tocó el hombro herido de Nagumo, para luego subir a un corte en su mejilla.
— Si van a competir por algo, que sea por quién se cuida más. No quiero que sean impulsivos.
—...
Nagumo abrió los ojos, procesando su petición. Asintió como en trance.
— Sí
Poco después, cuando ya dieron el informe, quisieron visitar el parque para pasear un poco y respirar de la casa.
Pero la paz nunca fue una opción, no para Tomoe.
— ¡Ah, tú ya eres grande!
— ¡...!
Nagumo fue tomado por sorpresa intentando sostener la mano de Tomoe.
— Solo yo puedo tomar su mano, porque sigo siendo niña.
Se regodeó de su tamaño, apoyada sobre su brazo.
—...
Nagumo no respondió, asentando un silencio extenso.
Giró su cabeza lentamente, sin hacer ruido, provocando que la calma de Tomoe se esfumara.
— Ok, ya basta.
— Gh.
Pellizcó la nariz de Hina.
— El tamaño no importa. Si quiere tomar mi mano, que la tome.
— ¡...!
Nagumo boqueó, sorprendido. Hina hizo un puchero, murmurando que era injusto que pudiera hacer lo mismo.
Tomoe aceptó la mano de Nagumo, suspirando al sentir el aire más limpio.
— ¿...?
Nagumo apoyó la cabeza sobre su hombro. Hina también, pero sobre su brazo.
Nagumo miró el cuello de Tomoe, notando un rubor que terminaba ahí.
Incluso si dijo que el tamaño no importaba, Nagumo seguía teniendo el aspecto de un adulto. Tomoe agradeció que nadie pudiera verlos.
—...
Nagumo olfateó su vergüenza resignada. Sus ojos grises parpadearon en negro, surgiendo una chispa de comprensión.
A Senpai le gusta mi cara, ¿eh?
Ese descubrimiento lo hizo sonreír. Su enojo causado por Hina se esfumó.
(…)
Las cosas se hicieron más apretadas a partir de ese momento.
Ambas partes se disculparon, dejando en claro lo que odiaban del otro. Él tuvo que evitar que se lanzaran palabras hirientes, y en su caso, golpes. Solo después de una hora de puras críticas en contra del otro, pudieron aceptarse.
No es que le hubieran hecho las cosas más fáciles.
— Deja de tirarlo a tu lado, mocosa.
— ¡Eres tú quien se lo quiere llevar a su lado, no yo!
— La noche está fría y senpai está cálido, ¡por supuesto que lo voy a querer para mí!
— ¡…! ¡Sucio egoísta! ¡Y lo confiesas con tanto descaro! ¡Debería darte vergüenza!
— Oigan…
La hora de dormir era para descansar, no parar pelear quien lo tenía de su lado en la cama.
Además que Nagumo ya no parece un niño como Hina…
Por eso era algo incómodo tenerlo aferrado a su lado.
Además de que…
— Senpai prefiere estar conmigo, ¿verdad?
Le sonrió, suplicante y servil, provocando que su corazón casi se detuviera.
¿Por qué terminó haciéndose un tipo tan guapo? ¡Era demasiado injusto!
— ¡Ah! ¡No se vale seducir a Tomoe con tu cara!
— ¿Estás celosa porque tú no puedes hacerlo? Lástima~…
— ¡Mmmm! ¡Tomoe prefiere los niños!
— Uh, no sé, parece gustarle mucho mi cara…
Sus orejas enrojecieron al reconocer que tal cosa no era una mentira.
Si Hina creciera, ¿no se haría una belleza también?
— ¡A-Ah! ¡Ya verás que yo también me haré grande! ¡Haré a Tomoe caer ante mis encantos!
— Para ese entonces ya estará encantado conmigo, tampoco es que puedas crecer como hice yo…
— ¡Mmm!
Parece que fue un error dejarlos a ambos meterme en mi cama…
Sin embargo…
— Por favor, durmamos de una vez, me muero de sueño…
— ¡…!
— ¡…!
Frotó sus nucas gentilmente, deteniendo su discusión. Al no sentir más movimientos, dedujo que funcionó su medida de apaciguamiento.
Sonrió.
— Los quiero a ambos, así que dejen de pelear y descansemos.
No oyó objeciones.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Debería preocuparme más por seguir lo que tengo inconcluso, ¡pero mi cerebro no me deja! ¡Realmente lo siento!
Analyn se despide, ¡bye bye!