Cazadores de fantasmas

All Rights Reserved ©

Summary

Makai es un cazador que adora viajar solo, pero termina obligado a viajar con Hanako, otro cazador, que por giros del destino, terminó poseído por el fantasma de una mujer enamorada de él.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
16+

Mejor solo que mal acompañado capítulo 1

Cabello negro, ojos agudos como espadas, y un kimono con un haori (chaqueta) negro de bordes rojos. Una ropa inusualmente oscura para la cara que tenía.

Si alguien así apareciera en la noche, cualquiera pensaría que era un fantasma que vino a asesinarlo.

No debería acercarme a él.

Pensó con pena el joven camarero que servía alcohol en la taza del mismo hombre y trataba de no mirarlo a sus enigmáticos ojos naranjas.

Parece capaz de matar bebés sin parpadear, ¿qué pasa si lo molesto y me mata?

No, con ese aspecto, ¿siquiera necesitaba ser provocado? ¡Podría apuñalarlo por simple diversión!

Debo terminar rápido e irme.

Sirvió el sake, preparándose para irse a servirles a otros clientes más mucho más seguros. Se aseguró de que todo estuviera bien y se dio la vuelta.

— Ey…

— ¡…!

Su corazón casi se sale de su pecho.

Giró, temblando un poco mientras hacía una sonrisa forzada.

— ¿S-Sí, querido cliente?

— ¿Por qué tiemblas tanto? ¿Te parezco alguien peligroso?

Bastante, señor.

— C-Claro que no, es solo que temía haberlo molestado de alguna forma…

— Por Dios, ni que pareciera una mala persona.

Se bebió su sake con alegría. Su sonrisa le pareció aterradora.

— Solo quería preguntar si has oído de alguna historia de fantasmas últimamente.

¿Qué?

Inclinó la cabeza ante la pregunta.

— ¿Historia de fantasmas?

¿Por qué quería saber eso? ¿Era un fanático de esas cosas?

No, eso no debería importarme. Si no respondo, ¿no me cortará la cabeza con su espada?

Decidió cooperar como buen ciudadano. Casualmente tenía una historia local que podría interesarle.

(…)

Se oyó la tierra crujir ante la llegada del guerrero vestido de negro.

— Debería ser por aquí, justo en este árbol…

Miró el gran árbol de cerezo muerto. Sus ramas rascaban el cielo, sin una hoja o flor a la vista.

Rodeó el tronco y volvió al mismo lugar, analizando cada detalle.

— Según lo que dijo ese chico, si alguien pasa cerca de este árbol a media noche y se apoya en él, una mujer de pelo blanco aparecerá y le preguntará si la ama. Si dice que sí, ella se alegrará durante unos segundos, pero luego cambiará de parecer y lo matará con furia, sacando sus intestinos y amarrándolo con ellos. Si dice que no, entonces solo le arrancará la lengua o los ojos.

Que historia más horrible. Nunca terminaba bien.

— Además, durante su aparición, el cerezo florecerá aunque hace tiempo que no lo hace…

— Sí… ¿…?

¿Quién había dicho eso hace un momento?

Giró, encontrando una persona a su lado.

Un joven de yukata blanco sin detalles intrincados, con su cabello oscuro amarrado en una cola de caballo que caía sobre su espalda. Tenía ojos fríos y casi sin emociones.

— ¿Qué?

No saludó, solo le dio una mirada huraña.

El joven agitó una mano, suspirando.

— Deberías irte, señor. Este lugar es peligroso.

— ¿Qu—

— Puede que tengas curiosidad por las historias de fantasmas, pero ésta en particular ha provocado victimas reales, así que deberías marcharte antes de que anochezca.

E-Este chico… ¿Pensaba que era un ciudadano común?

— No me gustaría tener un estorbo en mi camino—

Una mano salió a sostener su rostro, apretando sus mejillas y parando sus palabras.

Las sienes de Makai palpitaban de ira.

— ¿Cuándo piensas dejarme hablar, mocoso?

Y no era un señor, ¡apenas tenía 25 años! ¡Aun no podía contarse como señor!

— Has dicho un montón de tonterías desde hace rato, como si fueras a cazar ese fantasma...

El joven apartó su mano de un manotazo, frunciendo el ceño.

— Pues eso mismo haré.

El otro tiró una risa seca.

— No, yo lo haré. Déjale estas cosas a los profesionales, niño.

El chico reaccionó, afilando su mirada.

— ¿Acaso… también cazas fantasmas?

Cazar…

Miró la espada envainada ajustada en su cintura. Sintió un ligero poder fluir por ella.

Entonces…

— ¿Tú también?

—Sí.

Maldición.

Se llevó una mano al rostro. Encontró competencia.

(…)

Apenas retomó la energía después de descubrir a alguien del mismo negocio, decidió ser amable.

Pero el otro habló antes, cortando todo intento de diplomacia.

— De todos modos, solo vete, este fantasma es mío.

¿Acababa de llegar, y ya se quería llevar todo el crédito? ¿Existía mayor descaro?

— ¿No debería decirte yo eso a ti?

— Vine esta mañana para revisar, así que por orden de llegada, el fantasma es mío.

Era la primera vez que conocía alguien tan terco. Su buen humor por el alcohol de antes se esfumó.

— Si tanto quieres competir, ¿por qué no intentas cortarme para quitarme de tu camino?

El otro hizo una mueca. ¿Hablaba enserio?

Aunque no le agradaba el tipo, tampoco estaba tan loco para atacarlo de buenas a primeras.

Lo más extraño era que el otro no bromeaba.

Al igual que él, llevaba una espada, pero de un aspecto más caro y pulido.

Podríamos salir gravemente heridos si luchamos aquí…

Y la noche se acercaba, ¿valía la pena herirse de gravedad antes de que el fantasma apareciera?

¿Debería rendirme con el fantasma? Pero llevo días buscándolo… Sería un desperdicio irme sin obtener nada.

Más adelante, el hombre vestido de rojo y negro estrechó sus ojos. Extendió su mano hacia él joven, confundiéndolo.

El chico miró su mano sin entender, ¿qué pretendía?

— Propongo un trato.

— ¿Trato?

¿Qué tipo de trato?

— Sí. Esperemos a que aparezca el fantasma, y ataquémoslo cuando lo haga. Quien dé el golpe final se llevará el orbe.

Los cazadores de fantasmas ganaban dinero al recolectar orbes espirituales que quedaban al exorcizar fantasmas. Dependiendo de su nivel, estos orbes podían valer muchos yenes (moneda).

— ¿Qué pasa si ambos lo golpeamos al mismo tiempo?

— Dudo mucho que eso pase, pero si ocurre, entonces dividamos las ganancias.

—…no pareces alguien que haría eso.

Tenía la cara de un donjuán estafador.

— No creo que puedas hablar, pareces el tipo de persona que se escaparía de sus responsabilidades por simple terquedad.

Se alargó un silencio pesado. Las ganas de sacar sus espadas y apuñalar al otro eran insoportables.

Pero se contuvieron. No querían demostrar inmadurez y perder el juicio.

— Está bien, acepto.

Pero no estrechó su mano, dejándola colgada.

El hombre retiró la mano, guardándose un insulto por su falta de cortesía.

— Mi nombre es Makai, ¿cuál es el tuyo?

El otro hizo una cara de extrañeza. Era de esperar, ese nombre literalmente significaba “inframundo”. ¿Qué padres le pondrían un nombre así a su hijo?

— Yo…me llamo Hanako.

— ¿Qué—

— Te apuñalaré si te burlas.

—…

Makai no habló… no podía si quería ocultar la risa que intentaba contener.

Ese era…un nombre comúnmente de niña. ¿Sus padres esperaban una hija, en vez de un hijo?

— Mis padres querían una niña.

No esperaba que se lo confirmara tan pronto. Le dio una mirada de lástima.

Hanako apretó los dientes.

— ¡Te dije que no te rieras!

— No me he reído.

Pero ganas no le faltaban.

— Está bien, está bien, “Hanako”. Sin importar quien gane, separémonos una vez esto termine, ¿ok?

— Sí.

Sería lo mejor para ambos. Eran totalmente incompatibles.

(…)

Esperaron apoyados en el gran árbol de cerezo a que llegara la media noche. Este en particular nunca salía de día.

Hanako miró a Makai, trayendo a colación una pregunta que lo tenía ansioso.

— Ey… ¿Quién se quedará a responder?

— ¿No íbamos a quedarnos los dos?

— En la historia se recalca que es un hombre quien debe apoyarse en el árbol. Si son más, no creo que ella venga.

— Ya veo…

Sonrió, y levantó el dedo para señalarse.

— Entonces supongo que seré yo.

Hanako se irritó.

— ¿Por qué… por qué debes ser tú?

Así tendría más posibilidades de darle un buen golpe.

— ¿Entonces qué sugieres?

Hanako alzó la mano. El otro miró atentamente. No entendía el propósito de esa mano, ¿quizás proponía pelear a puño limpio?

— Piedra, papel y tijera.

— ¿…?

¿Qué diablos era eso?

— ¿Por qué haces esa cara? Hablo de jugar piedra, papel y tijeras para decidir quién se quedará.

—…

— Espera, no me digas…

“¿No sabes cómo jugar…?”

—…

Ok, esto será pan comido para él. Hanako saboreó la victoria al confirmarlo como un novato.

Cinco minutos después.

— ¡Maldita sea!

Pateó una piedra y la envió a volar.

¿¡Cómo pudo vencerlo un maldito principiante que jugaba por primera vez!?

— ¿Me confié demasiado? ¿El cielo me resiente o algo?

Atrás, estaba Makai alzando los brazos tras ganar y haciendo el baile de la victoria.

Así se decidió quien la atraería. El otro esperaría escondido el momento exacto para atacar, en este caso, Hanako.

No me puede culpar si lo apuñalo por accidente cuando ataque el fantasma.

(…)

Llegó el momento. La hora pico de la noche.

Como hicieron las anteriores víctimas, Makai se apoyó en el árbol como si esperara la aparición de alguien. El viento gélido acarició sus mejillas, moviendo su cabello.

El sonido de los grillos e insectos se detuvo, dejando todo en silencio.

El viento se estancó.

Ya está aquí.

El aire olía a muerte y flores.

Unas sandalias de madera pisaron suavemente la tierra sin provocar ruido.

Una mujer de yukata rosa apareció.

Su largo cabello blanco ondeaba bajo el brillo de la luna, y los dobladillos de su ropa imitaban las olas del mar. Su rostro no podía verse, pero los bordes dieron a entender lo hermosa que era.

— Ah…

Makai se hizo el sorprendido.

— ¿H-Hola, señorita…?

Imitó la voz de alguien confundido.

Si se mostraba demasiado confiado, ella podría sospechar. Debía parecer asombrado por su aparición, como alguien no acostumbrado a espectros.

La mujer se aproximó a él. El aroma dulce de su cabello hizo cosquillas en su nariz y relajó sus músculos tensos.

Por supuesto, él se mantuvo en guardia, negándose a adormecerse bajo el dulce aroma que ella usaba para atontar sus víctimas.

Ella siguió acercándose…

…pero después de pocos pasos, se detuvo de golpe.

¿Por qué se detuvo?

¿Notó algo sospechoso? ¿Supo que vino a cazarla?

¿Debería atacar primero?

Sus dedos se acercaron al mango de su espalda.

Ella levantó su rostro. Sus labios se movieron lentamente.

— ¿Makai-Sama?

— ¿Eh?

Dijo su nombre real. Nunca se lo dijo.

Miró otra vez. El rostro velado se reveló ante sus ojos.

Aunque no reconocía el color sangre de sus ojos, la forma le resultó familia. Un lunar debajo de sus labios, justo a la derecha.

Algo hizo clic dentro de su cabeza.

— ¿Hachiko-San?

— ¡…!

La energía alrededor de la mujer cambió. Se apretó las mejillas entre sus manos.

— Ah, entonces volviste… ¡Finalmente volviste!

— ¿E-Eh?

Makai no entendía. El escondido Hanako tampoco.

— ¡Regresaste por mí! ¡Para estar conmigo! ¡Lo sabía, sabía que si esperaba lo suficiente, volverías a mí! ¡Mi espera no fue en vano!

El cerezo floreció. Comenzó a llover sangre, todo mientras cientos de grotescos brazos brotaban de la espalda de Hachiko y se extendían hacia Makai.

— ¡Finalmente podremos estar juntos! ¡Casarnos, formar una familia, envejecer hasta hacernos cenizas…!

Makai, viendo cómo se acercaban las manos, intentó retroceder, pero sus pies no se movieron.

— ¿Q—

Al mirar abajo, se fijó en sombras que lo ataban su sombra. ¿En qué momento ella lo inmovilizó?

¡Maldita sea! ¡Ya muévete!

Los brazos llegaron a él, a pocos centímetros de rozar su cabello.

— ¡…!

Pero un halo de luz blanca cortó los brazos, haciendo que rebotaran en la tierra como peces fuera del agua.

Hanako apuntó la espada contra el fantasma, mirándola fieramente.

La mujer abrió la boca, estupefacta. La furia deformó su hermoso rostro.

— Tú… ¿Quién te dio permiso para interrumpir nuestro momento? ¡No estorbes!

Invocó más brazos, quienes asaltaron el aire con intenciones asesinas.

— Tú eres quien estorba, fantasma.

La espada de Hanako se movió con gracia, rebanando los brazos mientras mantenía su posición delante de Makai.

Lo miró de reojo. Las sombras seguían atándolo…de ser así…

Plantó un talismán de letras brillantes en el suelo. Las sombras que ataban a Makai se cortaron justo allí, liberándolo, enfureciendo la mujer por su osadía.

— ¡Finalmente…!

Makai se apartó, desenvainando su espada, hasta el momento oculta.

Un círculo de llamas protegió a ambos cazadores, manteniéndolo los brazos fuera.

Hachiko se volvió loca de ira y tristeza al ver esto.

— ¿¡Qué!? ¿¡Por qué te alejas, Makai-Sama!? ¿No viniste por mí? ¿Acaso no me amas?

Su locura creció, aumentado su poder.

Los pétalos de cerezo ensangrentados se volvieron proyectiles aéreos, rodeando a ambos cazadores.

Aunque las llamas abatían una buena parte de ellas, algunas se colaron por el fuego y los cortaron. Los proyectiles también eran muy pequeños para poder golpearlos con la espada.

Estamos en desventaja.

Pensó Hanako, viendo el panorama.

— Tch.

— ¿¡…!?

No tenía sentido seguir intentándolo. Sabiendo esto, recogió la muñeca de Makai y comenzó a correr.

— ¡Abre el camino!

Aunque no le gustó recibir órdenes, Makai extendió una pared de fuego que bloqueó la visión del fantasma y les dio tiempo de huir.

El fantasma de Hachizo se sorprendió.

— ¡E-Espera! ¡Makai-Sama! ¡No te vayas! ¡MAKAI-SAMAAAAAA!

Una vez se alejaron del árbol de cerezo, pudieron ponerse a salvo del fantasma vengativo, quien no podía moverse más allá del lugar a donde estaba atado.

(…)

— Empieza a explicar, Makai-San.

Dijo mientras colocaba la taza de té sobre la mesa ya vacía. Fue bueno que la taberna estuviera casi totalmente vacía.

Makai guardó silencio. Hanako levantó la ceja.

— ¿No piensas hablar?

— No es eso…solo pensaba cómo empezar…

— Desde el inicio.

— Eres inusualmente molesto, ¿sabías?

Cerró los ojos, cruzando los brazos.

— Hace muchos años, conocí a una mujer llamado Hachiko.

Hanako asintió.

— ¿Qué pasó después? ¿La mataste?

Los fantasmas resentidos usualmente reconocían muy bien a sus victimarios.

— ¿Qué? No, ayudé a exorcizar su perro.

— ¿Exorcizaste su perro?

— De alguna manera se terminó haciendo un poderoso fantasma, no me preguntes cómo, yo tampoco lo sé.

Asintió, siguiendo el hilo.

— Una vez terminé, me fui y no la volví a ver, ¿pero ahora es un fantasma vengativo? ¿Exactamente por qué?

— Dijo un montón de cosas allá…

Todas con implicaciones amorosas.

Lo miró con ojos juzgones.

— Déjame adivinar, ¿te enredaste con ella y después la abandonaste?

El otro hizo una mueca de disgusto.

— ¿Qué? ¿Por quién me tomas?

—…

— No, ¿realmente crees que soy ese tipo de persona?

Hanako lo miró con más detalle. Cara guapa, actitud descarada, ropa cara…

— Veo que eres de los que juzgan en base a lo que ven, ¿no te da vergüenza?

— No soy yo quien está siendo perseguido por un fantasma obsesivo.

Ack.

Tenía un punto válido allí.

—En fin, no tuve ningún tipo de relación romántica con ella. La despedida fue normal y todo.

—Define normal.

—Le dije que fue un placer conocerla y me despedí, no hay más.

—Di las palabras exactas.

—Dije “Fue un placer conocerte, desde ahora vive bien. Si eres perseguida otra vez por otro fantasma, busca un cazador de fantasmas como yo que pueda ayudarte. ”

— Hmm.

Se echó sobre el asiento, mirando el reverso de sus párpados cerrados mientras trataba de encontrarle un subtexto romántico.

No. Todo era normal. No escuchó nada raro.

¿Pero entonces por qué ella se comportó así?

— De todos modos, parece reacia a dejarte ir. Está severamente enamorada de ti.

Por eso se hizo el doble de poderosa cuando lo reconoció.

¿Eso significa que mató toda esa gente porque no era él?

— ¿Ahora qué hacemos?

— Tomando en cuenta que ya te vio, su poder no disminuirá así te deje por fuera, pero también debe existir un modo de poder usarte a favor-

El otro se rio, incrédulo.

— ¿Me quieres usar como cebo?

— ¿Entonces no ayudarás?

Makai aguantó una sonrisa rígida. Aunque le disgustaba lo que proponía, no podía dejar a Hachiko abandonada.

—Cooperaré.

(…)

Aunque habían pasado 3 años, el ardor en su pecho seguía palpitando con la misma intensidad.

El día que lo conoció, el resto dejó de importar.

— Oí de los otros aldeanos que tienes problemas con un fantasma, ¿me hablarías de eso?

Llegó a su vida con una sonrisa galante y confiada, una que llenó su pecho de múltiples emociones.

— Es la primera vez que sé de un animal doméstico que se hace con tanto poder. ¿Lo alimentaste con orbes espirituales o talismanes?

A veces bromeaba con algo de dureza, pero siempre se concentró en cuidarla.

— Esta medicina te ayudará a dormir. Déjame el fantasma a mí.

La trató con amabilidad, a ella, una aldeana común.

El calor aumentó, haciéndose un fuego incontrolable.

Pero…él se fue.

“Claro que debo irme. Aquí no hay más fantasmas por cazar, así que mi negocio ya terminó.”

Recordaba sus palabras antes de irse.

“Si necesitas mi ayuda puedes buscarme, aunque tendrás algunos problemas para encontrarme específicamente a mí, pues viajo mucho.”

Dijo que lo buscara si lo necesitaba.

Lo necesito, ¡ya mismo!

¡Si lo encuentro, entonces puedo estar con él!

Pensando eso, dejó su hogar para buscarlo.

Pasaron semanas, luego meses, hasta que finalmente cumplió un año sin poder encontrarlo.

¿Dónde estaba? ¿Dónde se había metido?

Aunque le seguía el rastro, nunca llegaba a tiempo.

¿Estaba maldita? ¿Estaba destinada a nunca encontrarlo? ¿A nunca tomar su mano, a besar sus labios…?

Miró el cerezo seco, el último lugar al que había llegado. ¿Ella no estaba igual de consumida?

— Pensar que terminaría contrayendo una enfermedad en el camino…

Tosió sangre, apoyándose en el tronco áspero.

Al final, fue esa misma enfermedad que acabó con su vida. Su chispa se apagó sobre las raíces de ese árbol reseco.

Pero su amor perduró.

Esa misma noche, un hombre se apoyó en el árbol después de salir de beber con sus amigos.

Pensó que era él.

¡Su amado había vuelto! ¡Vino por ella!

¡Vino por mí!

Efusiva, salió y lo llamó.

Pero se equivocó, no era él…no era Makai-Sama, sino un hombre que apestaba a alcohol y que se tambaleaba como una rama lánguida.

Oyó un comentario sobre lo bella que era, pero ella no recibió el halago.

¿Cómo se atreve a engañarme?

Se puso tan furiosa que lo mató allí mismo. No se sintió mal hacerlo, aun cuando sus gritos resonaron un buen rato y su ropa de empapó de rojo. Las emociones negativas que trajo el cuerpo al día siguiente alimentaron su poder y obsesión.

Así pasó algún tiempo…

Pero finalmente lo encontró otra vez, aunque la noche anterior huyó.

— ¡…!

Sintió algo…una presencia rozando el árbol.

¡Su amado! ¡Volvió…!

Se apresuró a aparecer, olvidando las numerosas decepciones que ya había tenido.

Ah.

Allí estaba, apoyado sobre el tronco del cerezo. Su cabello negro se movía con el viento, acentuando su atractivo natural.

Sus mejillas se calentaron.

— ¡Ah~! ¡Makai-Sama, volviste…!

— Sí, volví, Hachiko-San…

Le sonrió, avanzando hacia ella con paso confiado, muy diferente a la noche de ayer. Se encontró extasiada. Su rostro era aún más atractivo que cuando lo conoció. Quiso fundirse con él y nunca separarse…

Intentó tocarlo, extendiendo sus manos.

Pero un pensamiento la asaltó. Sus manos se detuvieron.

— ¿Qué… qué pasó con el joven de ayer?

Dijo sin sonreír.

— Ah, hablas del tipo de ayer, ¿no?

— Ese joven…parecía conocerte…

— Ah…

Le dio una sonrisa despreocupada.

— No te preocupes por ese niño. Lo conocí de casualidad, pero ya no interferirá con lo nuestro.

— ¿Es así?

Su pecho se relajó, volvió a acercarse a él.

Pero poco después se volvió a detener.

— ¿…? ¿Hachiko-San?

Ella lo miró a los ojos, totalmente quieta.

— Si… si lo que dijiste es verdad…

“¿Por qué hueles a él?”

— ¿Eh?

¿Oler a él? Apenas y se habían acercado…

Pero Hachiko no parecía pensar lo mismo.

Su cabello creció y se agitó como miles de látigos, su boca se desgarró hasta las orejas.

— ¿Acaso…ese niño piensa quitarme a Makai-Sama?

Makai sudó, riéndose.

— E-Estás pensando cosas extrañas, de verdad lo conocí de casualidad…

¿¡Un simple niño se me adelantó!?

Pero ella no oyó sus palabras. Ya lo creía desde el fondo de su corazón.

Los pétalos se alzaron, bloqueando la espada que apuntó a su cabeza desde el costado.

Ella sonrió, mirando al joven de ojos jade que intentó golpearla por sorpresa.

— Oh, ¿creíste que te dejaría interrumpirnos como antes?

— ¡…!

Los pétalos explotaron en su cara, arañando su piel, provocando que la sangre pintara su ropa.

Debo alejarme… ¡…!

Pero sus pies fueron atrapados por los brazos del fantasma ante de tocar tierra. Lo jalaron y forzaron contra el suelo.

— ¡Ugh!

Ella se rio de él, pisando su espalda.

— ¿Solo porque viniste antes te crees ganador? ¡Abre los ojos! ¡La única que lo merece soy yo! ¡Abandoné todo lo que tenía para buscarlo, todo para que tú…te metieras en medio!

— ¡Hk!

Su pie presionó su cráneo, buscando romperlo en miles de trozos.

Ella sonrió, aumentando el peso. ¡Se haría un lindo collar con los fragmentos de su cabeza!

— Tú papel se acaba aquí, despídete de tu vi—

— ¡Hachiko-San!

— ¿…Eh?

Miró a Makai, quien gritó de la nada. ¿Pensaba defender al intruso?

— ¡…!

Este…tenía los brazos extendidos. Abiertos…solo para ella.

— Ven.

— Ah…

Se olvidó de todo.

Del ladrón, de su pasado, de lo que dejó atrás… incluso del sudor frío que sudaba su amado.

Su único pensamiento fue hundirse en esos brazos.

Se apartó de Hanako, corriendo a los brazos que le daban la bienvenida.

— ¡Makai-Sama!

Saltó a su cuello, abrazándolo entre lágrimas.

— ¡Makai-Sama…!

Finalmente estaban juntos. ¿Cuánto soñó con este momento?

La emoción llegó hasta arriba, paralizándola…

No… ¿realmente no podía moverse?

Sus ojos vieron el pecho de su amado…debajo de la ropa sobresalían algunos papeles con escritos brillantes. Creyó haberlos visto cuando Makai-Sama le ayudó a exorcizar su perro.

¿Cómo los llamaba? Ah, sí…

— ¿Talisma—

ZUIN.

Un corte la golpeó desde atrás, desgarrando su centro de forma quirúrgica.

Lo último que vio fue el rostro de su amado, quien movió los labios conforme moría una segunda vez.

— A-Ah…

Finalmente lo oyó decirle estas palabras…

Ah… Jaja, yo… también te amo, Makai-Sama.

Su existencia se deshizo en cenizas.

(…)

Hanako recogió el orbe brillante de color carmesí que rodó después de la muerte del fantasma.

— Mentiste.

Makai se alzó de hombro.

— Era lo que quería oír. Quería al menos darle eso.

— ¿Aunque asesinó gente?

— Aunque asesinó gente.

—…no entiendo.

Le tiró el orbe. El otro se sorprendió.

— ¿Me lo das? ¿Cuándo entonces tú…

— Hiciste la mayoría del trabajo, yo solo la golpee desde atrás cuando la distrajiste.

— Aun así…

Todo su cuerpo sangraba, y cojeaba un poco después del maltrato causado por Hachiko. No le hizo sentirse ganador.

— Yo…preferiría dividir las ganancias.

Hanako abrió más los ojos.

— ¿Realmente?

— No soy tan sinvergüenza.

Así que tenía sentido de responsabilidad. Era toda una sorpresa para él.

Brr.

¿Eh?

Makai sintió una vibración en su mano. Miró abajo, con Hanako siguiendo sus ojos.

El orbe se iluminó como un sol rojo, palpitando como un corazón.

— ¿¡…!?

¿Se movía? ¿Por qué? ¡Hachiko debería haber sido exorcizada!

— ¿¡Por qué—

Antes de poder seguir hablando, el orbe saltó sobre Hanako. Él se apartó, pero el orbe se movió rápido, entrando en su boca.

— ¿¡Mm!?

Sin querer terminó tragándolo.

Ambos se miraron en total pánico. Era la primera vez que algo así sucedía. Después de todo, los orbes eran la esencia misma del fantasma.

— ¿¡Qué esperas!? ¡Vomítalo!

— ¡C-Cierto!

Hanako se golpeó el estómago, tratando de vomitarlo. No funcionó. Inducirse al vomito tampoco ayudó a expulsar el orbe.

— Ugh.

Algo vibró dentro de Hanako, una voz taladró su mente, haciéndolo caer de rodillas por el ruido incesante dentro de su cabeza.

Sintió cómo su ego era empujado por algo más.

— ¿¡Hanako!?

Makai, viéndolo caer, intentó ayudarlo, pero…

— ¿Qué demonios?

La imagen de Hanako cambió. Su cabello negro se soltó, haciéndose blanco nieve.

Levantó su rostro, con sus ojos brillando en rojo.

Muy similar a cierto fantasma que acababan de llevar al más allá.

Una sonrisa extasiada pintó sus labios, contrastando con su usual expresión severa.

— ¡Makai-Sama!

— ¿¡…!?

Se echó a su cuello, atrapándolo en un abrazo casi asesino.

— ¡Después de todo, no puedo dejarlo! ¡Necesito estar con usted! ¡No es un capricho, es una necesidad!

— ¿¡…!? ¿¡Hachiko-San…?

¿Poseyó el cuerpo de Hanako a través del orbe? ¿Aún tenía remordimientos?

Ella se rio, mirándolo mientras buscaba qué hacer.

— ¿Confundido, mi amado? No te preocupes por cosas vanas, ¡nuestro futuro apenas empieza! ¡Nuestra propia historia! ¡Nuestro linaje eterno!

Intentó juntar sus labios, pero él empujó su rostro fuera de su camino.

Dio un golpe preciso sobre su frente.

— ¿¡…!? ¿¡Mm!?

Letras doradas se pintaron sobre su frente como una luz imborrable. Cadenas calientes aparecieron de la oscuridad, atándola desde todos lados.

Un hechizo de contención.

— ¡Amado, espera…! ¡Makai-Sama…!

Ninguna súplica lo hizo retroceder, efectuando el hechizo enseñando en su familia para tratar con poseídos.

Ella fue enterrada en lo profundo de Hanako, quien poco después volvió a la normalidad.

El sudaba frío, con su mente confusa por lo que acababa de pasar.

— ¿Qué…? ¿C-Cómo…?

— Tragar el orbe parece haberte contaminado de su alma.

Hanako se mordió el labio, mirándolo con rencor.

— ¿Tan loca está por ti?

— Eso parece. ¿La puedes expulsar?

— Eso quisiera, pero el orbe ya se fusionó conmigo, ¡maldición!

En otras palabras, el alma residía en él.

Se mordió la uña del pulgar, estresado por cómo el problema se hizo personal.

— En ese caso, tendré que eliminarla con otro método.

— Suena difícil.

— No hables como si no fueras el causante.

— ¿Fue mi culpa que ella se enamorara? ¿Qué tampoco quisiera irse al más allá? No lo creo. Ella es el problema aquí, no yo.

— Lo que nunca entenderé es cómo pudo enamorarse de ti. ¿No había hombres en su pueblo?

— Que sepas que soy muy guapo…

El otro no lo reconoció.

(…)

— Ese idiota aun no despierta…

Aun cuando muchos aldeanos ya caminaban afuera.

Se quedaron en una posada, esperando descansar para hablar las cosas al día siguiente. Él no tuvo una buena noche, tratando de acomodar la otra alma que residía dentro de él y que gritaba que la dejara tomar el control.

Gracias al hechizo de contención de Makai, pudo mantenerla bajo control, pero no tenía intenciones de dejarla vagando dentro de él hasta su muerte.

Sin embargo, él otro aun no llegaba.

Su pie se movió debajo de la mesa, denotando su impaciencia a simple vista. Debido a eso los camareros no se acercaban, pues parecía a punto de morder a alguien.

— ¿Debería ir a golpearlo mientras duerme? Capaz no se da cuenta, ah…

Hablar de él lo motivó a aparecer, ¿era el diablo?

Bajó las escaleras de la posada, agitando su chaqueta negra. Aunque su cabello estaba algo despeinado, solo realzaba su atractivo natural algo salvaje. Sus ojos punzantes se fijaron en él, haciendo saltar su corazón.

No, aguarda un segundo…

Golpeó su pecho con fuerza, provocándose un gran dolor.

¿Qué fue esos pensamientos de ahora? ¡Él no pensaba así!

¡Lo único que debió haber sentido al verlo debería haber sido molestia, no esto!

¿Pasa algo raro conmigo?

— ¿Qué pasa? ¿Es parte de algún ritual al saludar?

Dijo Makai, viendo como se había golpeado antes de llegar a su mesa.

Pero el otro lo fulminó como un auténtico demonio enfurecido.

— Creo que Hachiko me está influenciando.

Y confesó apenas el otro tomó asiento.

— ¿Qué?

Se quedó sin palabras.

— ¿Hachiko-San?

Eso era algo serio. La mayoría de fantasmas eran vengativos, violentos y dados al asesinato. Debía ser el caso con Hachiko. ¿Le hacía querer asesinar? ¿Tomar venganza contra quienes le ofendieron? ¿Devorar humanos? ¿Flagelarse?

Hanako se tocó la frente, lamentando.

— Por un momento pensé que eras guapo.

Hubo silencio. No esperó esa información.

Y yo preocupándose sin motivo.

Apoyó el mentón en una mano, relajando su postura antes tensa.

— Lo dices como si no fuera natural pensar eso de mí.

Hanako hizo mala cara.

— No tengo tan mal gusto, así que no. Ella está transmitiéndome lo que siente, ¡es asqueroso!

— En ese caso, tenemos que expulsarla de ti cuanto antes. ¿Alguna idea?

— Deberíamos buscar un monje que ponga su alma a descansar. Son los mejores en eso.

— Suena bien. Espero que tengas éxito.

— ¿Piensas dejarme esto a mí solo?

— Ah, ¿entonces quieres ir conmigo?

Ah.

— No, olvida lo que dije. También sería lo mejor para ella mantenerse alejada de ti.

Lo mejor sería separarse, tal como propuso.

Solo que…

…¿por qué siento esta pesadumbre ante la idea?

(…)

Vieron ambos caminos que iban en otra dirección.

Llegó la hora de ir por caminos separados, tal como decidieron el día anterior.

Makai se giró y lo miró, tendiéndole la mano.

— Aquí nos separamos, espero que te vaya bien dándole descanso a Hachiko-San.

— Eso espero también.

Se dieron la mano como mínimo respeto. Aunque no se agradaban, esperaban que al otro le fuera decente.

Se movieron, separándose tras pensar esto.

(…)

¡Maldita sea todo!

Conforme la distancia se ampliaba, un calor ardió en el estómago de Hanako. Se llevó una mano allí, sintiéndose mal.

— Debo aguantar.

No podía dejar que ella lo presionara así. ¡Él era quien tenía el control de su cuerpo y mente!

Se dijo, caminando y aumentando la distancia con Makai, quien seguía el otro camino.

Su corazón comenzó a correr desbocado.

— ¿Qué? ¡Ugh!

Un dolor sin precedentes atacó su cuerpo, un dolor tan intenso que pensó que tosería sangre. Al tocar su garganta, esta palpitaba de calor y frío.

— Ng…

¡Maldito fantasma obsesionado!

Makai sonrió, silbando su melodía favorita. ¿A qué aldea debería ir ahora? ¿Quizás un lugar más concurrido y entretenido?

— ¿…Eh?

Sintió un jalón de su ropa, aun cuando caminaba solo.

Miró atrás, con un presentimiento subiéndole por la nuca…

Allí estaba Hanako, jadeando y viéndose peor que un enfermo terminal.

— ¿Hanako?

Este se mordió el labio.

— N-No puedo…

— ¿Eh?

— No puedo…alejarme de ti… Ella, esa perra no me deja.

Se veía demacrado, como si hubiera ayunado una semana. La cercanía lo hizo mejorar un poco.

— Parece que tendremos que viajar juntos.

Se llevó una mano al rostro. Su suerte no podía ser peor.