Capítulo 1
En una aldea pequeña, la algarabía resaltó en medio de la noche, así como la luz de varias hogueras encendidas.
— ¡Muere, maldita bruja! ¡Regresa al infierno de donde viniste!
— ¿¡Cómo pudiste engañarnos todo este tiempo!? ¡Maldita!
— ¡SOLO MUERE Y HAZTE CENIZAS!
Maldiciones y acusaciones atestaron el aire caliente. Mientras otros gritaban, otros miraban en silencio el destino inevitable de esas mujeres.
Mirando cómo las mujeres eran devoradas por las llamas ardientes, Bleach tragó saliva.
Tenía miedo.
No de las brujas.
Sino de los humanos.
Tenía miedo de ser descubierto por ellos y acabar como ellas…
(…)
Desde que la tierra tenía memoria, existía el continente humano, el semi-humano, y el demoniaco.
El primero era ocupado mayormente por humanos, el segundo por semi-humanos, y el tercero por demonios, con su líder al frente, el Rey demonio Claytan, el demonio más poderoso entre ellos.
Bleach nació en el continente humano. Sin embargo, no era un humano corriente como el resto.
El nació siendo capaz de usar magia.
Sin embargo, los únicos que podían usarla de tal manera eran los demonios.
Para que un humano pudiera usar magia, debía ser bendecido por la diosa Alea mientras le servía.
Los humanos capaces de usar magia fuera de ella, eran llamados herejes, no…
…brujas, para ser más exactos.
Como la mayoría eran mujeres, se les apodó “brujas”.
Él fue una extraña posibilidad entre miles.
Un brujo.
Algo fuera de lo común.
Las brujas lo alabaron por ser un milagro que rara vez sucedía de tiempo en tiempo.
Esas mismas brujas ahora ardían en la hoguera.
— Ah, Bleach, no deberías estar a esta hora afuera. Vete a casa…
Una mujer lo empujó fuera, como si el único problema fuera la hora.
Como vivía en un orfanato, ya deberían estar preguntando por su paradero.
— Pensar que Euclides-San sería una bruja…hah, era tan bonita…
— Seguro conjuró magia para hacerse hermosa y atrapar hombres…
— Esa amabilidad también debía ser falsa… Me pregunto si el fuego mostrará su verdadero ser.
No saben nada. Solo cierren la boca.
Nada de eso lo hizo con magia o por interés.
Era una mujer amable, la cual le sonreía y daba dulces en cuanto lo veía.
Pero ahora, ella…
Tengo miedo.
Llegó a orfanato, huyendo de la plaza. Los gritos y maldiciones seguían resonando dentro de sus oídos, como estacas enterradas en su piel.
No pudo salvarlas.
A ellas, que le enseñaron lo básico de la magia.
No pudo…hacer nada por ellas.
El miedo le ganó. Ni siquiera pudo intentar nada.
Tuvo miedo de ser señalado como parte de ellas. Tenía miedo de morir. De ser quemado hasta quedar negro como un carbón…
Soy un cobarde.
Se dijo, acostado en su cama de colchón tieso del orfanato.
Mientras el resto de niños dormía tranquilamente, ya acostumbrados a la incomodidad del colchón y el aire algo viciado, él siguió despierto.
La razón porque ellas fueron descubiertas, fue por culpa de un sacerdote de la iglesia de Alea.
Ellos podían saber si un humano podía usar magia.
Aunque los de un rango bajo no podían detectar brujas, los puestos más arribas podían hacerlo.
Eran detectores andantes de brujas.
En otras palabras, sus peores pesadillas.
Un sacerdote vino de pasada a la aldea, ni siquiera se supo quién lo llamó…
…y descubrió a sus hermanas.
Él solo se salvó porque estaba en el bosque en ese momento, atrapando bichos para jugar.
Cuando volvió, encontró a sus amigas siendo incendiadas en grandes estacas.
Su primer instinto fue ir a ayudarlas, pero…
— ¡Aléjate de ellas, Bleach!
— ¡Son brujas! ¡Son monstruos que usan magia aunque no son parte de la iglesia!
—…
En ese momento, supo con total certeza…
Si insisto, ellos trazarán una conexión y sospecharán.
Debo actuar impresionado, asqueado, enojado…
Pero… ¿cómo se supone que haga eso? ¡No después de haber pasado tanto juntos!
Rosa-San siempre conseguía zapatos nuevos cuando los suyos se rompían.
Tyana recortaba su cabello cuando crecía demasiado.
Susana le daba medicina cuando enfermaba.
Euclides le daba dulces…
¿Cómo podía negarlas en un momento así?
Sus ojos se encontraron con los de Euclides.
— ¡Ah, tú…!
Euclides-San…
Su boca se abrió…pero no para pedirle ayuda.
— ¡Así que ya lo descubriste! ¿¡Eh!?
Lanzando una carcajada maligna, se rio en medio del fuego.
— ¡Y eso que pensaba comerte cuando crecieras lo suficiente! ¡Qué lástima! ¡Una verdadera lástima! ¡Seguro habrías sido delicioso como el infierno! ¡DEBERÍA HABERTE COMIDO ANTES!
Ah…
— ¡Esas malditas brujas!
— ¡Jajajaja! ¡De haber sabido que esto pasaría, lo habríamos cortado en pedazos y comido entre todas!
Habló Susana.
— ¡Ustedes…monstruos…!
Rosa lanzó una risa seca.
— Realmente eres suertudo, ¡muy suertudo, niño! ¡Jajajaja! ¡El mundo debe amarte demasiado para dejarte ir!
A-Ah…
Todas ellas…le dieron un mensaje.
“Eres un niño que estuvo a punto de hacerse nuestra víctima, nada más. Uno que tuvo la suerte de sobrevivir…”
“Vive”
Las lágrimas bajaron tras el desborde.
Alguien tomó su hombro.
— Debe ser chocante descubrir lo podridas que están por dentro. Es una lástima que hayas tenido que conocerlas.
— Menos mal que no fuiste devorado por ellas.
— Es más, si no fuera por ese sacerdote de antes, ¡todos habríamos seguido siendo engañados!
—…
Si hubiera estado en la aldea cuando él vino, también estaría allí…
Sus ojos una vez más se encontraron con los de Euclides.
Ella sonrió como una demente…
Pero por un segundo, pudo ver una sonrisa tierna, cubierta de dolor y ternura.
El dolor en su pecho creció.
Lo siento…
Lo siento…
Por no poder sacarlas de allí…
Lo siento, todas…
……
…
.
Volvió a abrir los ojos. El techo del orfanato seguía igual, no, ahora estaba nublado por las lágrimas que seguía derramando al recordar.
Tengo miedo.
Si un sacerdote viene otra vez, y él se encuentra con él, entonces…
Incluso si los sacerdotes no están en todos lados, es algo que puede suceder de repente, justo como hoy.
Se abrazó, sintiendo el frío miedo a la muerte.
Necesito protegerme.
Necesitaba una manera de protegerse, de poder escapar si era descubierto.
Pero primero necesitaba alejarse de los humanos, vivir en un lugar remoto.
Y necesitaba mejorar su magia lo antes posible. Lo suficiente para huir.
Hace mucho tiempo, existió una bruja tan poderosa que conmovió los tres continentes por sí sola.
La bruja de los 6 elementos.
Ella manejaba el fuego, hielo, aire, tierra, oscuridad, y luz.
Al principio fue perseguida por la iglesia y buscada por los demonios para hacerla una aliada.
Pero ella se sobrepuso a todos ellos, negándose a ser sometida.
Aun ahora, era un signo de resistencia y adoración para las brujas. Le contaron cosas increíbles de ella.
Hace años que murió, pero eso no la hizo menos a ojos de nadie.
Para los humanos, era un monstruo sin precedentes. Para los demonios, una humana que pudo haber sido una aliada.
Pero para las brujas…un símbolo de esperanza.
Puedes que nunca logre ser tan increíble como ella, pero al menos quiero llegar al nivel en donde pueda cuidarme solo.
Viviría, tal como Euclides y las demás le dijeron que hiciera.
(…)
15 años después.
— ¡Ha, ha, ha!
— ¡Ven aquí, maldita bruja!
Traspasando árboles en medio otoño, siguió corriendo fuera del alcance de los soldados que venían siguiéndolo desde hace media hora.
Fue un error salir ese día. ¡Debería haberse quedado tranquilo en casa!
Pero, le faltaban granos de café, y no podía vivir sin él. No era su culpa.
— Tch, maldición…
¿Por qué no desistían?
— ¡Te tenemos!
— ¿¡…!?
Alguien tiró de su capucha. El pánico subió hasta su cabeza, sabiendo que no se detendrían con solo atraparlo.
— ¿Pensaste que podrías escap— ¿¡Uah!?
La persona encapuchada que había atrapado se desvaneció, formando un cuervo blanco. Emprendió vuelo por encima de sus cabezas.
— ¿¡También puede transformarse!? ¿¡Cuánto ha avanzado!?
Pocas brujas podían transformar sus cuerpos.
Necesitaba perderlos, o nunca podría volver a su casa.
Afortunadamente, no sabían volar…
— ¿¡Muh!?
Un rayo fino de luz atravesó su ala. Magia que solo los sacerdotes podían usar.
Cayendo en picada, pudo dar un atisbo breve al que hizo el disparo.
Un hombre de ropas blancas e inmaculadas. El responsable de descubrirlo cuando fue a la aldea más cercana a conseguir café.
¡Maldita sea!
Antes de tocar el suelo, deshizo la transformación, cayendo sobre sus dos pies.
— ¡Uck!
Rodó, justo a tiempo para sentir la humedad en su brazo herido por el disparo. Ahora no podía moverlo, aunque podía sanarlo con magia, no es que tuviera tiempo ahora…
— ¡Lo tenemos rodeado!
Maldición…
Con todas sus rutas de escape ocupadas por soldados, no pudo moverse en ninguna dirección.
Las espadas apuntaban a él, portando odio y miedo en partes casi iguales.
Alguien entró en el círculo. Su sangre estuvo cerca de hervir al verlo pavonearse como alguien importante.
— Fue tonto intentar huir, bruja…
—…
Sosteniendo su brazo herido, maldijo en sus adentros.
Pero no permitió que la capucha cayera fuera de su cabeza. Necesitaba esconder su rostro, o sabrían que no era una “bruja” normal.
Si piensan que soy una mujer, la búsqueda no será tan exacta, pero si saben que soy un hombre…
Además que tenía rasgos bastante reconocibles. Solo sería una desventaja ser descubierto ahora.
— A él.
— ¡…!
Los hombres se lanzaron apenas oyeron la orden del sacerdote, colocando a Bleach en una posición comprometida.
— ¿¡…!? ¿¡Otra vez se transformó!?
Encogiéndose, tomó la forma de un ratón blanco. Corrió bajo los pies de los soldados, confundiéndolos sobre cómo cazarlo.
Si seguía así, podría perderse en el bosque.
Lo malo de usar una forma demasiado pequeña era el gasto de poder mágico. Solo podría mantener su forma unos cinco minutos como máximo.
¡Casi lograba huir!
— No tan rápido.
— ¡…!
Pero una barrera dorada lo detuvo.
— ¿Crees que es mi primera vez cazando brujas?
El bastardo colocó una barrera para evitar que huyera… ¡maldición!
El sacerdote reclinó la cabeza.
— Solo acepta la muerte de una vez, bruja. No tienes cómo escapar. Esa magia no durará por siempre.
“Volverás a ser humano, y serás atravesado por todos lados…”
— ¡Tch!
A punto de caer en desesperación, sintió algo venir.
Ah, era él…
Se oyó un rugido, como un retumbar tempestuoso.
Antes que los soldados entendieran el origen, la cabeza de uno fue destrozada por una garra.
— ¿¡…!? ¿¡Un lobo!? ¿Por qué ahora…?
Un gran lobo blanco apareció, devorando varios soldados entre sus dientes. La armadura no les sirvió contra una bestia así de fuerte y mortal.
No tenía sentido que un lobo viniera a atacarlos por casualidad, a menos que…
— ¿¡También tiene una bestia con él!?
Para cuando lo pensó, ya era tarde. Fue empujado por las garras del lobo. Pudo salvarse a tiempo, pero la barrera desapareció.
Bleach saltó sobre la espalda del lobo, regresando a su forma original.
— Adiós~.
Sacó la lengua, enraizando malicia de sus ojos fucsias. Dio un golpe a la cabeza de la bestia. El lobo escupió escharcha en todas direcciones, congelando todo con lo que hizo contacto.
— ¿¡Hielo también!?
Con la mayor parte de los soldados congelados, y su movilidad disminuida, solo pudo mirar a la bruja marcharse en el lomo del gran lobo.
(…)
Una vez llegó a donde quería, se bajó de Oki.
El gran lobo se encogió en un cachorro blanco, muy parecido a un perro común y esponjoso. Si tan solo no tuviera su hocico con sangre…
Lo tomó en brazos, y metió su mano dentro de un tronco. Atravesó como si nada la ilusión, adentrándose a lo que llamaba hogar.
— Ah…
Cuando se dio cuenta, estaba en una casa de madera.
Esta casa estaba dentro del tronco. Él ahora era del tamaño de una nuez. Tal vez incluso más pequeño.
Bajó a Oki, quien correteó por todos lados, moviendo la cola.
Se rascó detrás del cuello, retirando la capucha y revelando su cabello blanco.
— Tontos…
Aunque es cierto que solo puedo mantener una forma pequeña por poco tiempo, si hago una formación mágica, siempre que entre me haré pequeño sin ningún problema…
Con algo de magia podía preparar este hogar oculto, que ni los más grandes sacerdotes lograrían encontrar.
— Por su culpa ya no podré usar la ilusión de Erika para conseguir comida en la aldea…
Como necesitaba esconderse lo mejor que podía, se transformaba por fuera como una bella mujer, en este caso, Erika, una amable mujer que adoraba las flores.
Tenía parte del aspecto de Euclides y otros rasgos basados en sus hermanas brujas.
—…
Se tiró sobre un sillón, no sin antes colgar su abrigo largo.
— Usaré otra apariencia, quizás la de una mujer menos llamativa…
Por ahora, no debería salir de aquí.
Abrió su bolsa, una que había alterado para contener cosas más allá de su tamaño.
Sacó una bolsa llena de granos de café.
Sonrió, satisfecho.
— Al menos conseguí traerme lo más importante…
Con esto podría durar un buen tiempo sin salir.
Cruzó las piernas por encima de la mesa, suspirando.
— Aun cuando he mejorado mi magia, sigo siendo perseguido como un animal…
— ¡Au!
— Pero llegaste y me salvaste, gracias, Oki…
Frotó sus orejas, sonriendo complacido. Usó su magia para limpiar su hocico sucio.
Con el ADN de un lobo feroz del bosque, logró crear a Oki como su bestia vasalla. A diferencia de él, la magia de un sacerdote no le era veneno.
Oki recostó su cabeza en su regazo, siguió acariciándolo.
Abrió el periódico que consiguió esta mañana antes de ser descubierto.
Leyó con calma las noticias normales que circulaban alrededor del reino, sin saltarse ningún párrafo.
Una bruja necesitaba “creatividad” e “imaginación”, además de otras cosas, para crear y mejorar sus hechizos. Sin ellos, su magia ni siquiera propasaría la magia más básica.
Por eso leía tanto como podía. Compró libros, recortes, escritos históricos, todo lo que consiguió.
El periódico nacional era parte habitual de sus compras a la aldea. Gracias a él podía mantenerse informado de lo que sucedía afuera.
— ¿…?
En medio de las noticias normales, sucesos y demás, encontró algo que no le gustó.
Sus manos temblaron.
— ¿Es probable que estalle la guerra entre el continente demoniaco y el humano?
Durante años los roces fueron naturales, pero ningún grupo consiguió exterminar al otro. A veces conquistaban algo de tierra, otras veces perdían otras. Así se llevaron durante años.
Los demonios nacían capaces de usar magia, y su poder físico era superior al de los humanos.
El odio entre ambos bandos era incluso más antiguo y pesado que entre los humanos y los semi-humanos, quienes tenían un grado un poco más alto de aceptación.
Por eso, esta noticia de una posible guerra era algo terrible.
— Si ya es difícil sobrevivir de los humanos, los demonios me exterminarán…
La relación entre humanos y demonios era de odio y miedo unilateral. Se sabía que los demonios eran extremadamente crueles con los débiles.
Por ende, respetaban con toda su alma al único demonio capaz de someter a todo el continente; el rey demonio, Claytan.
Atrajo unas galletas con su magia. Las mordió, buscando calmar su ansiedad.
— ¿Au?
Miró a Oki, su bestia vasalla.
— Eres mi bestia más fuerte, pero si nos topamos con un demonio poderoso del ejército del Rey demonio, ambos estaremos perdidos.
¿Qué hacía? ¿Huía a otro continente?
Pero…el continente semi-humano tampoco era bueno. Ellos menospreciaban los humanos, y, aunque no lo buscarían por ser brujo, lo acosarían por no ser como ellos.
Al final, nada cambió.
Para poder sobrevivir en cualquier parte, necesitaba ser fuerte.
Pero mejorar su magia no era algo de un momento para otro. Necesitaba otra medida más fácil de llevar a cabo.
Miró al chico en su regazo.
Algo como Oki.
Necesitaba un familiar abrumadoramente fuerte. Uno que pudiera resguardarlo de sus enemigos y de quien quisiera hacerle daño.
— Sin embargo, para eso necesito material genético de alguna bestia impresionante.
Originalmente fue acorralado por un lobo feroz de las montañas nevadas, y estuvo cerca de morir. A último minuto logró ganarle, ganando así el material que necesitaba desesperadamente para hacer una bestia vasalla. El material que consiguió, era de hecho un corazón.
Con él, crear una bestia el doble de fuerte no era problema. Por supuesto, le tomó algo de tiempo hacer tal cosa, pero valió la pena obtener a Oki.
— Entonces necesito obtener el corazón de una bestia aún más fuerte, pero ¿cómo?
No es que fuera un brujo abrumador. Si tuviera la fuerza para derrotar bestias de forma tan fácil, entonces no necesitaría bestias vasallas en sí para defenderse.
Necesitaba usar estrategia.
— Espera… No es que necesite matarlas yo mismo. Conque alguien más lo haga y me deje el corazón, estará bien…
Sonrió, ganando impulso.
— Las bestias más peligrosas están en el continente demoniaco. Debido al posible estallido de la guerra, es seguro que enviarán muchos sacerdotes de la iglesia, y por ende, asesinen muchas en su camino…
Esa sería su oportunidad. Si conseguía el corazón de una bestia poderosa, entonces…
¡Podré hacerme un ejército de monstruos bajo mi mando!
Bueno, no tantos. Alimentarlos sigue siendo necesario.
Era peligroso, pero tenía que tomar riesgos si quería una oportunidad.
Si el continente humano era invadido, existía la posibilidad de que varios lugares fueran conquistados por demonios. Así nunca estaría a salvo. Si por casualidad, el lugar donde residía era atacado por demonios, no dejarían piedra sin voltear, y sería asesinado.
Por supuesto, aun si no lo hacían, los humanos tampoco eran mejores.
Si los humanos enviaban gente en respuesta a la guerra, entonces podría aprovechar su redada contra los monstruos para conseguir algunos corazones de monstruos.
— Debo conseguirme algunas bestias poderosas, y luego irme a algún lugar donde no viva mucha gente.
— Está decidido. ¡Nos vamos al continente demoniaco!
(…)
Se oyeron tres golpes detrás de la puerta.
— Pasa.
— Con permiso, su majestad.
El sirviente de piel cenicienta se topó con una vorágine de negrura espesa de hostilidad y asco.
— ¿Vengo en mal momento, su majestad?
— ¿Lo parece?
El aire que lo rodeaba era viciado de emociones que prefería no mencionar en voz alta.
— Un poco.
Mintió, sobrellevando la verdad con algo de suavidad. Terminó de entrar a la oficina, en respuesta a su obligación de informarle.
Necesitaba actuar con moderación. El ánimo del rey yacía en un lugar delicado. No podía hablar sin pensar.
Después de todo, su hijo murió hace poco.
Incluso si no compartían sangre, y solo era un bebé adoptado, seguía siendo alguien que decidió acoger bajo su ala.
Pensar que un humano se colaría al castillo en busca de documentos prohibidos y envenenarían al príncipe en su huida…
Si hubiera sido veneno normal, un demonio como el no habría sido afectado tan mal.
Pero era una gota dorada.
Para los humanos, era una gota capaz de sanar partes perdidas del cuerpo e incluso arreglar partes totalmente dañadas.
Para los demonios, era veneno puro.
Un niño de solo 1 año no tuvo cómo sobrevivir.
Después de tres días, el niño falleció.
La persona fue atrapada antes de escapar del continente. Su destino fue más que evidente.
Poco después de su muerte, el Rey demonio hizo un anuncio a cada rey del continente humano.
“En un mes, marcharé a destruir cada una de sus tierras; el orden será decidido al azar”
Suspiró, pensando en lo que habría de venir.
Sería bueno si pudiera salir a matar algunos humanos. Hace tiempo que no tenía algo de acción fuera de este palacio.
— Su majestad, ¿desea beber algo?
— No me apetece nada.
Picoteando la mesa donde estaba, el rey demonio recargó su cabeza sobre su mano.
Sus ojos de escleróticas negras parpadearon brevemente, fijándose después en su subordinado.
— ¿Qué noticias trajiste?
— Cada reino del continente humano está invocando héroes.
— Héroes, eh, Hace años que no hacían eso…
Porque siempre era lo mismo.
Las guerras a gran escala nunca llegaban a nada.
Como tal, el Rey demonio y el héroe anulaban sus poderes.
Por lo tanto, debieron pensar que convocar varios héroes les daría la ventaja que tanto necesitaban.
Pero es un engaño. El mundo nunca hará las cosas desequilibradas. Si su lado tiene muchos héroes, este lado producirá guerreros igual de fuertes.
Bueno, no es que no tuviera medidas para tratarlos.
— Hace años que no combato a esta escala. Será divertido.
Sonrió, mostrando sus colmillos.
— Su majestad, también se sabe que reúnen fuerzas en secreto para enviarlas de antemano a nuestras fronteras. ¿Qué deberíamos hacer?
— Podríamos enviar nuestros ejércitos a recibirlos, pero…eso no sería entretenido.
— ¿…?
— Quin.
— ¿Sí, su majestad?
“Llama a Xena, dile que traiga a tantas de su gente como pueda”