Chapter 1
“Algún día, en un futuro no muy cercano, no en uno ni dos, tal vez 10 o 20 años, te enviaré un mensaje, - te veo en algún lugar, tal vez una estación de tren, un aeropuerto o quizás una terminal de autobús. lleva solo lo indispensable, ya resolví el resto. te veo a tal hora, esperare 10 minutos y luego me iré y, será esa la última ocasión en que sepas de mi o en que nos separemos”
Recuerdo muy bien cuando le escribí ese mensaje, hace algunos años, en aquel entonces no era más que un joven con la romántica idea de escaparnos y ser felices, pero la vida desde que la conocí, nunca nos había querido dar la oportunidad de ese tipo de relación. nada en nosotros fue normal, ni el primer ni el último día que nos vimos. Hace unas semanas me llegó la invitación su boda, teníamos varios años de conocernos y aunque nunca dejamos de estar en contacto, no estoy seguro de que éramos a veces amigos, a veces amantes, tantas cosas y al mismo tiempo nada en realidad, un amor que existía en el umbral de nuestros corazones. No soportaba la idea de verla vestida de blanco llegar al altar y no ser yo el que estuviera al otro lado, pero tampoco quería perderme el que sería tal vez el momento más feliz de su vida. Fue inevitable ver la invitación cubrirse de mis lágrimas, una extraña mezcla de felicidad y tristeza, de orgullo y también celos, pero logré sobreponerme afrontarlo ya no como el joven que seguía enamorado de ella, hice lo más sensato que podría haber hecho y en una de esas pocas ocasiones que mi mente y mi corazón están de acuerdo hice lo más arriesgado que haya pasado en nuestra extraña y confusa relación. compre 2 boletos de avión a Italia.
Faltan 10 minutos para la hora acordad, y estoy en la entrada principal con un ramo de violetas mirando impaciente la hora del reloj, cada segundo el tic tac y el pasar de cada manecilla se lleva conmigo un suspiro, un aliento, no quiero que el reloj avance porque no sé si vendrá, pero al mismo tiempo que llegue ya la hora y verla entrar por esa puerta, escucho mi corazón latir con tanta fuerza e intensidad que el ruido de la calle y la gente queda cubierto por mis propios latidos y mientras cada segundo arrastra consigo mi alma, mis recuerdos vuelven un a uno, cada palabra está ahí, cada sentimiento desde que la conocí, cuando éramos adolescentes, cada salida, cada beso, cada sol de los amaneceres en nuestro idilio y, cada luna en nuestras noches de llanto. Cerré mis ojos tratando de controlar mi corazón, pero en su lugar todas las imágenes fueron más claras un desfile de postales comenzando por la razón de estar hoy aquí. Llegué mucho antes a la iglesia donde sería su boda con un nerviosismo peor de lo que imaginaba, un traje azul, color que siempre fue su favorito. En la mano unas flores y me quede en una esquina del atrio de la iglesia, lejos de las miradas, un lugar desde donde yo podía ver claramente, pero era difícil para los demás reconocerme a la distancia. Llegué tan temprano que aún estaba vacío todo el lugar. Ahí solo imaginando o más bien recordando todos y cada uno de los actos, de los caminos y las decisiones que nos llevaros hasta ese momento, hasta este punto. Pero como era de esperar, con un inicio como el de nuestra historia, no me extraña que llegáramos a esta situación, hace ya varios años cuando no eras más que adolescentes incapaces de ver un futuro más allá del día siguiente, un día de algún festival escolar, cuando todo parecía normal, ahí, justo en ese momento fue la primera gota del mar que es hoy, en ese momento recuerdo bien ella era pareja de alguien un sujeto que debo decir tenía cuentas, asunto pendientes que resolver con él, quizá si no huera sido ella su novia nunca me habría fijado de manera romántica, pero paso, por lo motivos que fuera, pero sucedió, un mensaje un saludo. Poca poco las tardes, las noches se volvieron más y más cercanas, fue rápido, como lo es el amor de jóvenes, fugaz, - si el no fuera tu novio, yo quisiera estar contigo- le repetía mil y una veces cada día. mi desesperación por verla por estar con ella era cada vez mayor. y una buena tarde de un día común al salir del colegio, antes de que el transporte no tuviera que separar al tomar rutas diferentes, un pequeño beso, el rose de sus labios fue el primer clavo en mi ataúd, le fui en seguida sin dar oportunidad de respuesta. Con el corazón a punto de salírseme del pecho y con una enrome sonrisa en el rostro. Días antes se lo había advertido, - un día de estos te robaré un beso- pero jamás me había creído. Aquella tarde hico como que nada había pasado y seguimos hablando con normalidad, pero cuando menos me di cuenta comenzaos a llegar más temprano al colegio, antes de que todos los demás llegaras solo para estar unos minutos juntos el umbral antes del amanecer era solo de los dos y de nuestro amor. Y un beso robado se convirtió en una rutina de cada mañana se convirtió en nuestro secreto, ante las miradas del resto de alumnos éramos amigos. Pero cuando todos se apartaban no dejaba pasar ni una solo oportunidad para posar mis labios sobre los suyos. besos de contrabando, besos prohibidos que más y más nos unían.
En buena mediad movido por la venganza hacia él, y en otra buena por algo extraño que manaba de mi pecho al verla. - cuídala - me decía aquel sujeto sin imaginar ni un poco que ponía en mis manos la oportunidad perfecta de demostrarle que era mejor que él. Fueron varios los meses en que vivimos un amor a escondidas, hasta que la mentira fue insostenible y las máscaras se cayeron. pensé que la ruptura entre ella y el sería también el final entre nosotros puesto que ese era mi objetivo inicial. pobre niño iluso pienso ahora, sembré algo más grande, algo que no pude controlar, sembré amor algo que va más allá del bien y del mal.
Han pasado muchos años desde ese entonces y ahora cada segundo parece una eternidad, faltan 5 minutos para la hora y 10 más que voy a esperar, ojalá no sean necesarios, pero ahora toda mi vida se reduce a esto, todo bien todo mal, todo rencor y amor se reduce a 15 minutos, ella ha sido mi principio y también será mi final, fue mi vida y hoy tal vez sea también mi muerte.
Cada segundo parece una espina en mi corazón, pensé que no me sentiría así o peor después de verla en su boda, pero estaba equivocado la incertidumbre de saber que pasará al llegar a la hora límite. Justo como cuando sonaron las primeras campanadas de la iglesia y la vi entrar, mis ojos, mi alma, todo mi ser voló junto a ella desde la lejanía e imaginé un mundo donde solo éramos ella y yo ¿Qué nos faltó para poder hacerlo realidad? me cuestioné.
Su vestido blando ceñido a su cintura, con esa delgadez que tanto amé en estos años y sus ojos, sus labios, su cabello, no podía creer, no era capaz de procesar que ya hacía más de una década cuando al había visto por primera vez y ahora aquí con el corazón en la mano, mirándola entrar a la iglesia con un extraño mientras moría de ganas por salir corriendo y tomarla de la mano e irnos los dos a un nuevo mundo para vivir nuestro amor.
Pero nada de eso ya es posible estamos destinados a amarnos entre sombras, a escondidas entre líneas.
Pensé que no me vería pero se percató rápido de mi presencia, me conoce como la palma de su manos algo que no es otra cosa más que producto del tiempo que nos ha tenido juntos algo que solo un amigo, un amante, una pareja puede saber, algo que solo ella y yo compartimos, me acerqué con calma por fuera pero con el llano más profundo en el ama, en todos los años de conocerla, quizá jamás había llorado de esta manera y quizá jamás me había sentido así salvo tal vez por la vez que comprendí el daño que le había hecho y como aun así me había logrado perdonar. Me detuve a la distancia para no levantar sospechas, sabía que entre los presentes más de uno conocía nuestra historia, me miró y aunque escondí el ramo de flores que llevaba en la mano estoy seguro que lo podo ver de reojo y entonces me mostró algún un pequeño destello que devolvió la esperanza de golpe. No era mucho, pero entendí el mensaje; ahí en su cabello, su peinado un tocado discreto de pedrería azul, lo sabía era por mí, era su manera de decirme que aun sentí algo por mí o no lo sé, quizá solo fue mi imaginación y la desesperación de un corazón hablando. Porque aquí de vuelta a mi realidad y a menos de 15 minutos de que se cumpla la hora límite y cada segundo que transcurres sin verla me deja más en claro que ahora sí, soy asunto de su pasado y otra vez mis ojos de agua salda se llenaron.
Debo decir que soy culpable de cada una de las tragedias de este amor. El primer clavo de este ataúd fue conocerla en las condiciones que se dieron, pero ese robado estaba de más, pude haber buscado otra manera de obtener mi venganza, debía mantenerla alejada de todo esto, pero igual es cierto que algo en su alma, había un fuego en sus ojos que se encendía al verme y aquí mientras espero y veo cada paso de la gente, recuerdo cada momento, cada risa, cada beso y también cada grito. Luego de que ella terminara con su entonces novio y después también de que tuviéramos una no muy larga relación formal me tuve que enfrentar ante la complicada decisión, me percaté que lo que había comenzado como un juego ya no lo era más, todo se había salido de mis manos, no solo la situación sino mis propios sentimientos ya no me pertenecían, el corazón ya no me obedecía a mí, sino a ella y un día ya no lo pude soportar más, no podía seguir mintiéndole decirle la verdad fue ese día el primer acto de amor real y también el momento en que comprendí el mal que le hacía. La había hecho perder casi todo, no solo la dejé sin amigos hice que varios la odiaran y creyeran que era la mala de la historia, aún resuenan en mi cabeza cada una de las palabras de advertencia de los demás cuando le decían que debía dejarme que yo no era bueno para ella, como deseo que les hubiera hecho caso a esas advertencias, no pudimos haber ahorrado todo esto. Aun guardo en lo más profundo de mi ser esas lágrimas de odio, de rabia y rencor cuando le dije que ella no había significado para mí lo mismo, aún recuerdo cada de las palabras en mi garganta y me quema por dentro cada frase que le dije cuando confesé que ella solo era un pieza más, no esperaba su perdón, esperaba su odio, su desprecio, me lo merecía, pero lo había comprendido muy tarde, ya no podía enmendar el daño realizado y era irónico que el momento en que la comencé amar de verdad fuera cuando le hice daño.
Sumido en mis recuerdos cunado de nuevo el reloj me regresa al presente y ahora ya no es boda ya no es la adolescencia, es al aeropuerto y la es hora en punto, solo 10 minutos me separan de la muerte. No me queda más que mirar al cielo esperando con fe, con resignación que ella llegue o no en esos 10 últimos minutos.
Debí pedirle perdón antes, pero en mi joven cabeza todo lo que le había hecho estaba en cierta medida justificado, tardé algún tiempo en hallar el perdón, el camino nos había separado y ahora en colegios diferentes y grados distintos también era menor nuestro contacto, quizá también debí dejarla en paz y no escribirle de nuevo llevar yo la carga llevar yo la pena en mi corazón como martirio, como condena por todo el mal que le había, pero lo hice, no por mí, ella merecía saber que estaba verdaderamente arrepentido y una mañana como si un dios existiera me toco el alama, no fue necesario pensar en que decir, cada palabra brotó con una liberadora sensación en esa llamada y en aquel momento lo supe, me había perdonado a mí mismo y había encontrado algo que no creí fuera real, mi humanidad y desde aquel instante, mi vida cobró un nuevo sentido.
Al inicio, como ahora no era capaz de imaginar que sucedería fue solo con pasaos temerosos que comenzamos a restaurar nuestra amistad, comenzamos a salir nuevamente pero había algo, siempre hubo algo que no encajaba en esta relación de amigos, algo que se sentía incompleto, fuera de lugar, por momento miraba sus labios y la descubría igual mirando los miso, como incitando a que algo más pasara; pronto las miradas fueron más que eso, sentir la suavidad de sus labios me llenada de tantas emociones, tener su cintura en mi brazos era acariciar con las yemas el cielo.
No recuerdo bien, no entiendo, poque si era tanto nuestro amor en aquel momento no hicimos algo más que solo vernos a ratos, a veces a escondidas a veces en público, todo fue cambiando a nuestros entornos, ya no era solo el colegio, no era la universidad, no eran los trabajos, ni los amigos, parejas fueron y vinieron para ambos, pero esa chispa de sus labios no se podía borrar y así lo que eran encuentros casuales se volvieron algo rutinario por tiempo era nuestra forma de amar, el momento en que ambos podíamos ser libres y amarnos mutuamente. quizá nuestro destino era amarnos sin estar juntos y descubrir una nueva forma de amar hasta que los encuentros se fueron reduciendo y con ello pensé que el amor mismo también desaparecería y tal vez no era un amor sino un capricho, pero de nuevo ese tocado en el peinado de su boda me hacía soñar con algo más, algo que deshace muchos años veníamos imaginando.
Miré las manecillas del reloj y como si el tiempo se hubiera detenido apenas había avanzado un minuto, un infernal minuto, ni los más de 10 años de esperar anteriores habían sido tan difíciles como estos 9 minutos restantes.
8 minutos restan y miro las flores de mis manos, como aquellas que llevaba para su boda. Claveles y violetas, nuestras flores favoritas y nuestro lenguaje de amor también. Fantaseamos muchas veces con tener un hijo y ponerle nombre de alguna flor y me partía el alma pensar que ahora tal vez no vendría pero estaba, estoy extrañamente tranquilo, porque sé que igual será feliz, esta es mi última oportunidad si viene, daré mi vida entrera para hacerla tan feliz como merece y si no, será el último clavo de mi ataúd esa última carta en su boda un adiós para siempre y dejarla ser, ser sin mí porque todo lo que ahora soy es en gran medida, por y para ella, y para amarla, no sé sin ella vivir.
Pero los hirientes segundos no se detienen, el tiempo no da tregua avanza su paso 7 minutos ya son los que faltan y me comienzo a poner nervioso como nuca antes. Me duele el corazón, la cabeza quiero correr de este lugar, correr tanto y regresar en el tiempo hasta donde nada de esto fuera necesario, un lugar, un momento donde pudiéramos juntos estar, un rincón en el cielo, un lugar lejos de todos y de todo.
Ahora solo quedan 6 minutos y resuena en mi cabeza el día que le escribí ese mensaje, durante mucho tiempo y con el insomnio como habito cada madrugada solía escribirle un mensaje a veces una frase de amor a veces un recuerdo a veces una canción y a veces también solo un buen deseo y así hasta ese día en medio de una madrugada oscura cuando tomé mi celular y escribí lo que ahora me trajo hasta acá:
“Algún día, en un futuro no muy cercano, no en uno ni dos, tal vez 10 o 20 años, te enviaré un mensaje, - te veo en algún lugar, tal vez una estación de tren, un aeropuerto o quizás una terminal de autobús. Lleva solo lo indispensable, ya resolví el resto. Te veo a tal hora, esperaré 10 minutos y luego me iré y, será esa la última ocasión en que sepas de mi o en que nos separemos”
5 minutos y no más, solo eso falta recuerdo ese mensaje y recuerdo el sobre del día de su boda, la ceremonia comenzó y naturalmente me quedé afuera casi todo el tiempo mirándoladesde la entrada a ella en el altar, desenado que solo fuera una pesadilla, pero quizá para ella era su sueño más feliz. La miré y suspiré, quizá mi alma la llamaba con desesperado anhelo porque echó una rápida mirada afuera y me vio, ahí lo supe, me fui, dejé en la entrada de la iglesia el ramo de flores y un sobre. - te veo en el aeropuerto de la ciudad a las 13: 00 lleva solo lo indispensable ya resolví lo demás, esperare 10 minutos y me iré y será esa la últimaocasión en que sepas de mi o la última en que nos separemos”
4 minutos me separaban de la realidad y el limbo estaba a punto de llegar de llegar a su final, dentro del sobre también estaba el boleto de avión, tenía como destino Italia, había mucho tiempo había adquirido un pequeño lugar al norte, nada ostentoso, pero era suficiente, una casa bonita cerca del mar y con un par de villeros, un lugar donde nadie nos conocía y poder así comenzar de nuevo.
Cada segundo del reloj arranca un trozo de mi alma y poco a poco a poco en cada paso de la gente veía mi esperanza desaparecer,
3 minutos, tan solo eso, un extraño y abrumador silencio sobre mis oídos de firma eso que escucho como pasa la sangre por mi cuerpo, casa besos, casa abrazo, que día junto a ella. Nada de eso es siguiente, estuve ahí, en todos los buenos y los malos ratos, estuve cuando me necesitó, cuando la necesité. Estuve en los días más felices de su vida, si graduación, su boda, y también los más tristes, la muerte de su padre o sus enfermedades siempre estuveahí en el corazón que una vez hubo roca fue labrado por su amor y con el tiempo le convertíen la mejor versión posible para ella esperando el día de mostrárselo.
2 minutos es todo lo que me queda de vida, 2 minutos bastan para meter mi principio y final, no para mí nada más allá de ella. Eternos amantes que hoy quizá debían separarse por fin.
1 minuto, levanto la vista una última vez esperando ver si silueta a lo lejos, esperando ver esa figura que noche a noche viene a mis sueños y que corra a mis brazos, pero mis ojos llenos de lágrimas ni pueden percibir más allá de un par de metros, transcurre el último minuto, 60 segundos en que se siente peor que la muerte y finalmente, se acaba, los 60 segundos llegan a su final quedo atónito.
Se llega el límite de la hora, vocean mi vuelo y es hora de abordar, esa esa voz de servicio lo que me trae de nuevo a la dolorosa realidad de dos amantes que separan su camino como dos gotas de agua en la mar, agacho la mirada para tomar mi maleta y en un suspiro profundo mientras veo una sombra en el suelo siento arder la llama de mi corazón de nuevo.