Prólogo
2017
La ética es el escudo de cartón de los débiles, este mundo está estrictamente diseñado por y para los fuertes.
El grande aplasta al pequeño, el león mutila a la gacela, el adinerado desangra al pobre y lo usa cual marioneta en sus fines; política, religión, ideología, guerra, diversión, etc. Los fuertes son superiores, los débiles son perdedores, así ha sido y así será por la eternidad. Quien se atreva a nadar contra la corriente del río de la vida es un salmón que acabará en las fauces del oso, destripado y humillado.
Es lo que mamá me enseñó. Si no acabo a mis enemigos, ellos acabarán conmigo.
Tomaría mi mochila y saldría de esta aburridísima clase de ética, lo haría si mis párpados no fueran igual de pesados que cinco camiones. Por fortuna, elegí uno de los asientos al final de la sala, lo que me permitirá dormir hasta que esta marea de sermones se acabe. Emito un bostezo sin discreción y mi amiga Rachel, ríe entre dientes. Los maestros han estado insistiendo en separarnos, dicen que somos muy ruidosas. Ya se me ocurrirá algo y fastidiaré a esos cincuentones miserables y divorciados.
—Mr. Apaza debería jubilar —cuchichea Rachel en el asiento de al lado, no ha hecho otra cosa que peinarse y maquillar sus envidiables ojos verdes—. Es tan aburrido y feo. ¿Cómo permiten a esos fósiles?
—Mr. Tylor era peor y más aburrido que este nuevo fósil. —Encojo los hombros, la risita de mi “amiga” me hace espabilar.
—Pero Tylor era americano y era blanco —asevera ella entre susurros—. Este tiene apellido mexicano, su color es como el de la basura. Te apuesto que no es legal. —Guiña.
—Él es boliviano, no mexicano.
—¿Cuál es la diferencia? Son todos feos, ladrones, ilegales e invasores. Parasitan nuestro oxígeno, no saben pronunciar bien el americano. Además, ¿sabías que en Bolivia no hay mar? —Ríe— En qué clase de país mexicano no hay mar. Qué horror.
Si hay una ignorante, supremacista y radical en este mundo, esa es Rachel Miller, hija consentida de Alexander Miller, dueño de la mitad de Oregón, incluso de este instituto, su familia es la más poderosa del estado. El racismo no es lo mío, me da igual de donde venga la gente que me rodea, siempre que pueda utilizarlos a mi antojo, claro. Y Rachel… Ella es usable, basta que sonrías ante sus ideas delirantes o le des corazones a sus fotos de Instagram y la tendrás a tus pies; en su cerebro no hay materia gris, hay montañas de dólares. Pese a que siempre ha sido racista, un criminal de origen latino la hizo aumentar esas ideas a niveles enfermizos. Robaron su Bentley Continental y no lograron capturar al ladrón. Ella lloró a mares, su padre le compró otro coche a la semana siguiente, pero no era del mismo color, así que la niña mimada decidió arrojarlo al río, culpar a su propio hermano —mi ex— y continuar su lloriqueo.
Mi amiga es aún peor que yo. Y es exactamente lo que requiero, si pones a las personas adecuadas a tu favor, endulzas sus egos y sonríes ante todas sus palabras, nadie podrá contigo. El propósito de este año es arruinar a Lynn Jones, quien es enemiga predilecta de Rachel Miller, esas dos se aborrecen de una manera inexplicable y a diario luchan por arrancarse la cara.
—No me estás poniendo atención, Lisa —regaña ella.
Comienza a revolver su estuche repleto de delineadores lujosos, luego enseña su Iphone y filma en dirección a un compañero.
—¿Qué pasa? Tengo sueño… —mascullo.
—¿Ya viste a William? Tiene una erección.
Cubro mi boca con ambas palmas. Casi no consigo callar mi arranque de risa.
—Qué asco. —Esboza muecas exageradas—. Mira, se está avergonzando.
William está sentado al otro lado del salón, no es primera vez que descubrimos sus momentos de percance. Es un chico tan tímido, escuálido, callado y patético, que merece ser humillado en público. Le haríamos un favor, el instituto sabría de su existencia por fin.
Mi amiga no es nada discreta. La víctima, roja por la vergüenza, nota de inmediato que lo están grabando, así que agarra su mochila y se la pone encima.
—Muy tarde, ya te grabé. —Se burla ella y textea en su móvil, me temo que William será el hazmerreír esta semana.
Nuestras risitas atraen vistazos, los chicos que están conectados en las redes, también empiezan a reír y se arma un barullo tan grande, que Mr. Apaza se ve obligado a intervenir. Sin embargo, el ruido en el salón no acaba hasta que la puerta se abre y la presencia de la directora, deja a todos en un estado de silencio absoluto.
Es extraño. La señorita Scott, autoridad máxima en el instituto, no se presenta en los salones de clases, salvo que sea para informar algo de suma importancia o gravedad. Ella intercambia murmullos con el aburrido maestro de ética y después se dirige a nosotros.
¿Qué pasó? ¿Van a expulsarme? Mamá dijo que me mandaría al otro lado del planeta si me volvían a expulsar, así que, al fin de cuentas, no me importa.
—Jóvenes, solicito silencio, por favor —habla con voz imponente y segura—. Esta mañana recibimos una noticia muy delicada —su tono cambia de pronto, volviéndose melancólico—: Nos informaron que vuestra compañera, Lynn Jones, lamentablemente ha fallecido.
El salón se llena de murmullos saturados de tristeza y chisme, algunas chicas empiezan a gimotear.
—Para sus amigos y familiares aquí presentes, doy mi más sincero pésame, esta noticia nos ha dejado a muchos con el corazón roto. La información sobre su velatorio será dada en las próximas horas. Me despido.
***
Risa. Olas y olas de carcajadas salen de mi boca como el veneno de diez víboras, mi estómago duele, mi cuerpo se encorva presa del ataque de gozo y excitación. Lynn Jones está jodidamente muerta, ya no tendré que soportar su voz aguda, su egolatría y sus fotos de puta, acompañada de chicos que debían ser míos. No escucharé sus insultos ni sus mentiras, no veré sus tetas punzantes ni sus actuaciones de gimnasta barata. Ella no volverá a robar lo que me pertenece.
Me tomo un largo respiro, la risa me ha dejado cubierta de lágrimas y punzadas en el abdomen. Por suerte, todavía nadie entra al baño, así que apoyo mi espalda contra la pared de cerámica, enciendo un cigarrillo y me dedico a lanzar humo. Entonces la incertidumbre taladra mis sienes.
¿Quién me envió el video? ¿Fue uno de sus novios?
Si es así, quisiera lanzarme a besarlo. Gracias a él o ella, Lynn Jones pronto estará enterrada, será comida por gusanos y yo me alzaré como la más hermosa y popular de esta institución. Nadie se meterá conmigo. Lo mejor es que no necesitaré a Rachel, ya no me es necesaria y podré ser libre de sus garras xenófobas, había estado evitando salir con chicos latinos solo por ella, porque ella los odia y le dan asco. Pero a mí me gustan mucho los latinos, México es mi tierra de origen y se lo gritaré a la cara a esa perra cuando se presente la oportunidad.
Saboreo mis planes futuros, disfruto mi camino libre de piedras y apago el cigarrillo.








