¿Nuevo novio?
El regreso no fue silencioso.
Nunca lo es cuando tienes personas esperándote.
Apenas crucé la puerta de llegadas, todavía con el cuerpo cansado por el vuelo y la mente flotando entre husos horarios, escuché mi nombre pronunciado como si fuera una celebración.
-¡NICOLE COOPER, POR FIN!
Ryan apareció primero, brazos abiertos, sonrisa descarada, energía intacta como si el tiempo no hubiera pasado. Detrás de él, Eva aplaudía como si estuviera en un concierto, y más atrás, apoyado en una baranda con las manos en los bolsillos, Noah.
No corría.No gritaba.No hacía falta.
-¿Siempre haces este show? -le dije a Ryan cuando me envolvió en un abrazo que casi me saca el aire.
-Solo cuando alguien importante vuelve a casa.
-Qué exagerado -intervino Eva, abrazándome también-. Aunque... sí. Te extrañamos.
-Habla por ti -respondí-. Yo estaba muy ocupada siendo sofisticada en otro continente.
-Ajá -dijo Ryan-. ¿Sofisticada o peligrosa?
-Ambas -contesté sin dudar.
Entonces Noah se acercó.
-Pensé que no volverías hoy -dijo.
-¿Decepcionado? -pregunté.
-Un poco -admitió-. Me gusta saber cuándo vuelves.
Nos quedamos mirándonos un segundo más de lo necesario.
Ryan chasqueó los dedos frente a nosotros.
-Ey, ey. No se desconecten todavía. Tenemos planes.
-¿Planes? -arqueé una ceja.
-Celebración oficial de tu regreso -anunció Eva-. En casa. Sin excusas.
-No estoy tan cansada -dije-. Solo no prometo sobriedad.
-Nunca lo haces -sonrió Noah.
---------------
-Bueno -dijo Ryan mientras manejaba-. Actualización rápida del mundo mientras estuviste fuera.
-Adelante -respondí-. Prepárame psicológicamente.
Eva se giró hacia mí, sonrisa cómplice.
-Emily tiene novio.
Eso sí me hizo girar la cabeza.
-¿Emily... Emily?
-La única -asintió Eva-. Y antes de que preguntes: no es como los otros.
-¿Más tóxico o menos? -pregunté.
-Menos -respondió Ryan-. Y eso es lo raro.
-Es callado -añadió Eva-. Educado. No grita, no arma escenas. Se llama Jason.
-No encaja con ella -dijo Noah desde mi lado, con voz tranquila.
-¿Y por qué está con ella entonces? -pregunté.
Noah se encogió de hombros.
-Algunas personas confunden calma con debilidad.
Sonreí.
-Eso siempre termina mal.
Esa noche en casa de Bryan la pasamos bien, contando cómo había sido estudiar en el extranjero, nada especial pero se sentía de esa manera, había regresado a su lugar con ellos.
-------
El primer día de regreso siempre tenía algo de espectáculo, pero esto era distinto. No era solo que me miraran; era el murmullo constante, la manera en que los grupos se giraban apenas pasábamos, las sonrisas que se armaban como si mi presencia fuera una anécdota que necesitaban confirmar con sus propios ojos. Eva iba a mi lado riéndose de todo, exagerando cada gesto como si estuviera disfrutando demasiado el caos, Ryan saludaba a medio mundo con esa energía suya que rozaba lo escandaloso, y Noah... Noah caminaba apenas detrás de mí, atento sin parecerlo, como si su cuerpo ya supiera dónde debía colocarse para que nadie me invadiera demasiado.
-Te fuiste tres meses y volviste convertida en leyenda urbana -dijo Ryan, señalando discretamente a un grupo de chicas que nos observaban sin disimulo-. Estoy orgulloso.
-Exageras -respondí, aunque no pude evitar sonreír.
-No, exagera la universidad -intervino Eva-. Lo de Emily ayer fue glorioso.
La miré de reojo.
-¿Qué hizo ahora?
-Nada nuevo -respondió Noah con calma-. Lo que te contamos ayer, que tiene novio.
Lo sabía. Me lo habían contado la noche anterior, entre risas, copas y comentarios venenosos. Emily siempre había tenido novios ruidosos, posesivos, tipos que llenaban la habitación solo con entrar. Por eso, la curiosidad me había picado desde el inicio.
-Dicen que es raro -añadió Eva-. Muy callado. Demasiado educado para ella.
-Eso sí me interesa -dije, más divertida que intrigada.
Entramos a la cafetería y el ambiente cambió. El ruido subió un nivel, las bandejas chocaban, las conversaciones se mezclaban, y fue ahí cuando lo vi por primera vez.
No necesitó hacer nada para destacar, era el nuevo del grupo y tan diferente que se notaba a kilómetros.
Era alto, de hombros anchos, con una presencia que no buscaba imponerse pero lo hacía igual. No estaba relajado como los otros; su postura era rígida, como si no supiera exactamente qué hacer con su cuerpo. Llevaba una camisa simple que marcaba un físico trabajado sin pretenderlo, y aun así había algo en él que desentonaba: la forma en que evitaba el centro, cómo escuchaba más de lo que hablaba, cómo sus manos se movían con cierta torpeza cuando no tenía dónde apoyarlas.
Estaba con Emily.
Ella reía demasiado alto, colgada de su brazo como si necesitara recordarle al mundo -y a él- que le pertenecía. A su lado estaban Mónica, Mark y Lucas, ocupando espacio, burlándose de algo que no alcanzaba a oír. Él sonrió apenas, una sonrisa contenida, educada, que no tenía nada que ver con el resto del grupo.
-Ese es -murmuró Ryan-. El famoso.
Lo observé sin prisa. No con deseo. Con curiosidad.
Él levantó la mirada justo en ese momento.
Nuestros ojos se encontraron entre el ruido, las mesas, la gente pasando. No fue un choque, fue una pausa incómoda, como si ambos hubiéramos notado algo que no sabíamos nombrar. Él no sonrió, pero tampoco apartó la mirada enseguida. Había algo en su expresión: concentración, desconcierto, una tensión mínima que no sabía esconder del todo.
-Es guapo -comentó Eva sin ningún pudor-. Demasiado para parecer tan perdido.
Antes de que pudiera responder, el murmullo creció. Alguien dijo mi nombre. Luego otro. No tardó mucho en convertirse en un eco que cruzó la cafetería como pólvora.
Emily se giró.
No fue inmediato, pero cuando me vio, su sonrisa se tensó apenas. Lo suficiente para que yo lo notara. Se inclinó hacia su novio y le dijo algo al oído. Él frunció el ceño, confundido, y entonces ella empezó a caminar en nuestra dirección, arrastrándolo consigo.
Ahora sí, el escenario estaba completo.
-Bueno -dijo Ryan, apoyándose en la mesa-. Aquí viene el circo.
Emily se detuvo frente a mí, cruzándose de brazos con una sonrisa afilada que conocía demasiado bien.
-Vaya, Nicole -dijo-. Pensé que te habías enamorado tanto del extranjero que no volverías.
-Y yo pensé que habías aprendido a variar -respondí, mirando brevemente al chico a su lado-. Pero veo que sigues sorprendiéndome.
El ambiente se tensó. Mónica rodó los ojos. Mark soltó una risa burlona.
-¿Este es el comité de bienvenida? -preguntó Lucas-. Pensé que sería más... elegante.
-Cállate -dijo Noah con voz tranquila, sin levantarla, pero con suficiente peso para que Lucas lo mirara-. Nadie te preguntó.
Emily chasqueó la lengua.
-Siempre tan protector -dijo-. ¿No te cansas?
-Nunca -respondió Noah, sonriendo apenas-. A diferencia de otros.
El chico -Jason, que ahora lo sabía- dio un paso adelante. No fue agresivo, pero sí firme.
-Emily -dijo-, vámonos. No vale la pena.
Su voz era grave, más segura de lo que su postura indicaba. Eso me llamó la atención. Emily lo miró, sorprendida por medio segundo, antes de recuperar el control.
-No -respondió ella-. Vale mucho la pena.
Me miró directo.
-Solo quiero dejar claro algo -continuó-. Él está conmigo. Así que te agradecería que no juegues a lo que siempre juegas.
Sonreí, ladeando la cabeza.
-Tranquila -dije-. No colecciono lo que no me interesa.
Eso fue suficiente para que Mark explotara.
-¿Y quién te crees para hablar así?
Noah dio un paso al frente, ahora sí claramente interponiéndose.
-La persona que no necesita permiso para existir.
Jason levantó la mano, incómodo.
-Basta -dijo-. Ya.
Emily apretó los labios, molesta, pero terminó girándose.
-Vamos -ordenó.
Antes de irse, él volvió a mirarme. No con descaro. Con una mezcla de confusión y algo más que no supe identificar. Curiosidad, tal vez. O inquietud.
No sonreí. No hizo falta.
Pov Jason
Estar con Emily era como caminar siempre un paso detrás de una explosión. La quería -o al menos eso creía-, pero su mundo era ruidoso, invasivo, lleno de personas que hablaban sin pensar y se reían de cosas que a mí no me hacían gracia. Mark y Lucas no perdían oportunidad de burlarse, de insinuar cosas, de empujarme a situaciones que no entendía del todo, y aun así me quedaba porque Emily me hacía sentir elegido, aunque a veces también me hiciera sentir pequeño.
Cuando discutieron, sentí la necesidad de intervenir, no por heroísmo, sino porque la tensión me estaba asfixiando. Defender a Emily fue instintivo, pero algo dentro de mí no dejó de preguntarse por qué la chica no parecía afectada en absoluto, como si aquel enfrentamiento hubiera sido solo una pieza más de un juego que ella entendía mejor que todos nosotros.
Ella seguía apareciendo en mi cabeza sin que yo lo buscara. No por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. No levantó la voz, no necesitó imponerse, no perdió el control ni siquiera cuando Emily fue directamente provocadora. Se mantuvo ahí, firme, tranquila, como si supiera que no tenía nada que demostrar. Eso me descolocó más que cualquier insulto.
Era muy guapa. Pensarlo me incomodó un poco, pero no tenía sentido negarlo. Cuando me miró, no sentí burla ni desafío. Fue algo más breve y extraño, como si estuviera observando una pieza que no terminaba de encajar en el rompecabezas que ya conocía.
No volví a mirarla.No tenía motivos.
---------
POV Nicole
La biblioteca estaba casi vacía a esa hora. Demasiado temprano para los desesperados, demasiado tarde para los responsables. El tipo de silencio que no imponía respeto, sino intimidad. Me gustaba así. Sin testigos.
Caminé entre los estantes sin buscar nada en específico, solo dejando que el cuerpo me llevara. Fue entonces cuando lo volví a ver.
Jason estaba solo, sentado en una de las mesas del fondo, con la espalda recta, los antebrazos apoyados sobre la madera y un libro abierto frente a él que claramente no estaba leyendo. Pasaba las páginas con disciplina, no con interés. Como si necesitara fingir concentración para no pensar en otra cosa.
En mí, por ejemplo.
No me acerqué de inmediato. Me quedé observándolo un momento más de lo necesario, sin culpa. Y esta vez lo miré mejor, era alto, más de lo que parecía cuando estaba rodeado de gente. El tipo de atractivo que no pide atención, pero la retiene igual. Cuerpo trabajado, mandíbula firme, pestañas largas que contrastaban con esa expresión seria, casi demasiado correcta para alguien de su edad.
Pero lo que más llamaba la atención era su incomodidad con el mundo.
No parecía fuera de lugar. Parecía fuera de sí.
Tomé un libro al azar del estante más cercano y caminé hacia su mesa. Mis pasos fueron suaves, medidos. No porque quisiera sorprenderlo, sino porque quería ver si me sentía antes de verme.
Lo hizo.
Sus hombros se tensaron apenas cuando me detuve frente a él. No levantó la vista de inmediato. Respiró hondo, como si se preparara para algo que no había pedido.
-¿Está ocupado? -pregunté, apoyando el libro sobre la mesa.
Alzó la mirada entonces.
Sus ojos se encontraron con los míos y por una fracción mínima de segundo perdió el control de su expresión. No fue evidente. No fue exagerado. Pero lo vi. Ese parpadeo lento. Esa pausa. Como si su cerebro necesitara un segundo extra para reaccionar.
-No -respondió-. Adelante.
Me senté frente a él, cruzando las piernas con calma. No coqueta. No defensiva. Natural. Él siguió cada movimiento con una atención que intentó disimular bajando la mirada de nuevo al libro.
-¿Psicología? -pregunté, inclinándome un poco hacia adelante.
-Sí.
-Tiene sentido.
Frunció el ceño apenas.
-Porque observas más de lo que hablas -respondí-. Y eso suele cansar.
No supe si fue mi comentario o mi cercanía, pero su respiración cambió. No se alejó. Tampoco se acercó. Se quedó justo ahí, suspendido en ese punto incómodo donde no sabes si estás a salvo o en peligro.
-No sabía que me observabas -dijo.
-No sabía que te importaría.
Silencio.
Uno denso. Cargado. No incómodo.
Jason cerró el libro lentamente, como si ya no tuviera sentido fingir.
-No me importa -dijo-. Solo... me sorprende.
Sonreí. No con burla. Con curiosidad.
-Te sorprenden muchas cosas, ¿no?
Asintió. Una vez.
-Demasiadas.
Nuestros ojos volvieron a encontrarse. Esta vez no bajó la mirada enseguida. Me sostuvo la mirada como si fuera un reto silencioso. Como si algo dentro de él quisiera decir más, pero no supiera cómo.
-Emily no suele traer personas interesantes -comenté, sin intención de provocar... aunque sabía que lo hacía.
Su mandíbula se tensó.
-Emily no es como parece.
-Nadie lo es -respondí-. Tú tampoco.
Eso lo desarmó un poco. Lo noté en la forma en que apoyó la espalda en la silla, como si necesitara distancia para pensar.
-No sé qué crees que soy -dijo-. Pero estás equivocada.
Me incliné un poco más hacia adelante, bajando la voz sin darme cuenta.
-No creo nada -susurré-. Solo observo.
Otra pausa.
El aire entre nosotros se volvió espeso. No había contacto. No había insinuaciones evidentes. Pero algo se estaba formando.
-Debería volver a estudiar -dijo al final, sin convicción.
-Claro -respondí, poniéndome de pie-. No quisiera distraerte.
Tomé mi libro y me alejé un par de pasos antes de detenerme.
-Jason.
Levantó la mirada de inmediato.
-Bienvenido a la universidad -dije-. No todos sobreviven al primer semestre.
No sonrió.
Pero algo en sus ojos cambió.
Y supe, en ese instante, que ese encuentro no se le iba a borrar fácilmente.
Espero les haya gustado el primer capítulo. 🩷