Cuestión de tiempo

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Summary

El libre albedrío nos deja la oportunidad de elegir, sin embargo, ya hemos elegido. No hay cambios, no hay excepciones. No importa quién seas, no importa cuando pienses que tienes elección de prevenir algo. ¿Esta todo escrito o es que el tiempo es algo que aún no comprendemos? Parece que en la vida de aquellos que se sienten perdidos hay más preguntas que respuestas.

Genre
Adventure
Author
Sofía
Status
Complete
Chapters
78
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo.

Dedicatoria: Para los que se atreven a sentir el desapego y el amor; luego de haber sido heridos, luego de haber perdido.




Cómo todos hemos escuchado... al inicio no había nada. No había tierra, ni cielo, ni luz. Sólo un vasto vacío cubierto de oscuridad. De pronto se hizo la luz, el firmamento se separó de las aguas, y por fin apareció el hombre. Este descubrió el fuego, el lenguaje, la agricultura, la rueda... pero esta historia comienza casi setecientos años antes de la época moderna.

Una mañana soleada de mayo del año mil cuatrocientos veinticuatro, Alessandro Bianchi y Caterina Da Firenze dan a luz a su primogénito, en Najac, un pequeño pueblo en la Francia antigua.

O tal vez la historia comienza veinticinco años después, depende a quién se le pregunte.

Aunque también podría comenzar una noche lluviosa de enero del año dos mil, donde Olivia Williams y James Bailey estaban recibiendo a su primera hija en el hospital principal de South Fields, Inglaterra.

El tiempo es un concepto creado por humanos y poco entendido por ellos mismos. Un concepto relativo y confuso que hace saber que hay un pasado, un presente y un futuro. Sin embargo, las historias no tienen realmente un inicio o un final.

De otra forma no podría ser posible lo sucedido... o lo que está sucediendo.

Comenzando por el nacimiento del pequeño niño, un año antes el joven comerciante Alessandro había migrado de Italia para conseguir una mejor vida, y huyendo de la furia de la familia de su mujer, a la que había robado de su padre—el barón Da Firenze—mientras ella estaba caminando por las afueras de sus tierras.

La joven abandono su casa en contra de su voluntad e intentando resistirse, pero sin muchas más opciones creó su nueva vida a lado del joven que la llevó a emprender un viaje de casi un mes hasta llegar a un pueblo llamado Najac en el reino Francés. Donde meses después de perder la esperanza de regresar a casa, estarían escuchando el llanto de un bebé al que llamarían Lorenzo. Cuando Caterina sostuvo a su hijo en brazos por primera vez, pensó en lo mucho que lucía cómo ella, y agradeció el cielo que no tuviera ni una sola característica que le recordara al hombre que la obligó a abandonar su hogar y a su familia.

Lorenzo comenzó a crecer, y su madre se dio cuenta de que la forma en que fruncía el ceño al hacer rabietas era el mismo gesto que ponía Alessandro antes de golpearla cuando hablaba sin permiso, o cuando encontraba a su hijo con alguna herida debido a un accidente que ella no pudo prevenir. Odiaba ver ese gesto en el niño, así que día y noche pidió al cielo que su hijo fuera siempre feliz para no tener que ver jamás esa mirada.

Al cumplir siete años sus plegarias fueron escuchadas, y el niño ya inundaba la pequeña casa de los Bianchi con sus risas y buen humor. Su padre salía por trabajo seguido, y nunca les faltaba nada, pero lo único que hacía feliz a su madre de vez en cuando era su risa. A pesar de la aversión que sentía los primeros meses hacía el niño, ya había aprendido a amarlo. Al igual que al silencio; prefería estar con su hijo a solas que recibir a su esposo con las joyas y los regalos de sus viajes.

Una noche, cuando Alessandro volvió a casa, reprendió a su hijo por reír cuando escuchó a su madre equivocarse al hablar, pero Lorenzo no dejó de reír. Su padre le dio una bofetada que lo arrojó al suelo quebrado la silla que estaba tras de él, por lo que también recibió varios puñetazos como castigo.

El pequeño no volvió a reír en presencia de su padre. Ahora la ausencia de Alessandro era una fiesta para Caterina y su hijo, quién comenzó a crecer cada vez más, y para los quince años ya era más alto que ambos.

La relación con su padre era distante, pero su madre era el centro de su vida... hasta que una tarde lluviosa iba saliendo de su trabajo en la herrería del pueblo. Escuchó gritos de una mujer y la de una multitud enfurecida.

Cuando se acercó a dónde todo el pueblo caminaba reconoció la voz de la dueña de esos gritos desconsolados. Su madre estaba siendo arrastrada por su padre hasta el centro de la plaza principal. Tomaba su cabello castaño dentro de su puño y jalaba de éste mientras ella se arrastraba por el suelo para impedir que lo arrancara.

Cuando la dejó en medio de todos le dio un puñetazo que hasta Lorenzo creyó sentir.

Y eso lo despertó lo suficiente para correr.

Al llegar frente a su padre lo empujó con fuerza tirándolo al suelo, pero nadie lo notó, ni hizo ningún cambio porque Caterina ya estaba siendo atacada por varios hombres. Sus esfuerzos por salvarla se vieron entorpecidos por su padre reteniéndolo. Era alto, pero no muy fuerte, tampoco tan valiente como le hubiera gustado, y lo único que podía escuchar era cómo todo Najac pedía que quemaran a la bruja.

Con tan sólo dieciséis años, Lorenzo presenció la muerte de su madre, y lo único que pudo decirle antes de verla arder, fue un “lo siento”.

Cuando vio a su hijo gesticular estas palabras, Caterina simplemente asintió y siguió llorando en voz alta, pero orando en silencio que Dios se apiadara de él y lo dejara huir así cómo ella nunca se atrevió a hacer. No culpaba a su hijo por no poder salvarla, y él sabía que no lo hacía tampoco, pero el buen humor que llevaba siempre consigo se perdió esa noche.

Camino a casa no volvió a hablarle a su padre, sin embargo, Alessandro creyó que al decirle que su madre era una bruja por su actitud rebelde y solitaria iba a consolarlo. Eso sólo acrecentó el odio que Lorenzo sentía por él, sabía que su madre lo odiaba y por eso se volvía callada cada vez que él estaba en casa, que por esa misma razón pasaba las tardes sola caminando por la granja. Y es lo mismo que él empezó a hacer cada vez que no estaba trabajando, lo que le hizo ganar problemas y palizas por no dirigirle la palabra a su propio padre.

Hasta que luego de un par de semanas, una noche dónde no aguantaba el dolor de espalda por los golpes de su padre se puso de pie dispuesto a caminar hasta aliviarlo y volver a retomar su sueño, sin embargo. Apenas salió de casa, vio el cielo despejado lleno de estrellas y pensó lo bien que se sentiría verlo sin golpes que le impidieran respirar con normalidad, o con compañía grata, un buen amigo, un buen amor...

Lejos de casa.

Miró una última vez su hogar intentando encontrar algo que le pidiera quedarse, pero parecía que las plegarias de su madre habían vuelto a funcionar, y sólo volvió a entrar a su casa para tomar el viejo joyero de Caterina, las pocas monedas que tenía ahorradas de su trabajo y el último trozo de pan que había en la mesa.

Luego de eso salió de esa casa sin mirar atrás; fue la última vez que estuvo en Najac, y el día que comenzó a presentarse como Enzo ante los demás. Era más corto, más simple, como quería que fuera su vida.

Siglos después, en un mundo muy diferente al suyo, dónde ninguno de esos acontecimientos hubiera sido bien visto, sino penalizado, en tierras cercanas, el nacimiento de la niña Inglesa había llegado.

Un joven historiador había regresado a South Fields para visitar a sus padres por la fiesta de año nuevo junto a su ahora esposa, de quién se había enamorado mientras estudiaba en la universidad de Oxford. Ambos se habían conocido en clase, y la pasión por la historia los unió tanto que comenzaron a enamorarse de inmediato.

Habían pasado dos años juntos antes de que decidieran casarse, y un año después de la boda, estaban enterándose del embarazo de Olivia.

Sin embargo, y aunque sabían que la bebé podía nacer pronto, nunca creyeron que sería antes de regresar a casa cuando las contracciones llevarían a la familia Bailey al hospital más cercano.

James estaba en el quirófano y sostuvo a su hija mientras ella berreaba con fuerza, con la emoción a flor de piel, se preguntó, ¿qué tan fuertes podían ser los pulmones de un ser tan pequeñito, y qué tantos dolores de cabeza le podría provocar esa niña tan hermosa? Sin embargo, su felicidad no duró demasiado, ya que Olivia comenzó a desangrarse en ese momento.

Los doctores le arrebataron a la niña, y le pidieron salir del quirófano para que no viera la situación en que se encontraba su esposa.

Ruby lloraba como si comprendiera que estaba perdiendo a su madre. Sin embargo, realmente nunca la conoció, ni pudo saber lo mucho que la amaban, incluso cuando nunca logró verla ni tenerla en brazos.

Luego de la tragedia, James regresó a Oxford con sentimientos encontrados. La pena de perder a su amada, y la alegría de llevar a su hija en brazos peleaban en su corazón. Aunque sabía que esa pequeña criatura dependía de él, por lo que no podía detenerse.

Dejó su trabajo como investigador unos años para encargarse de su hija como padre soltero; comenzó a dar clases en la universidad dónde una carriola y una bebé lo acompañaba a todas sus horas y cautivaba a cualquiera que pasara al frente.

Los alumnos de James aprendieron a amarla y cada vez era más sencillo. Ruby comenzó a crecer, y se ganó el apodo de Rue, el cual parecía más su nombre que el real.

Las coletas que su padre ponía en su cabello nunca estaban a la misma altura y había ocasiones en las que sus atuendos no combinaban. Pero sólo era un padre que daba su mayor esfuerzo mientras que algunas alumnas que le habían tomado cariño a la pequeña niña—que jugaba a las muñecas en uno de los bancos del auditorio—siempre se dedicaban a arreglar las coletas desarregladas. Al menos hasta que la práctica hizo que James pudiera lograrlo.

Para cuando Rue cumplió cinco años, su padre comenzó de nuevo a dedicarse a la investigación.

La niña había aprendido a ser tranquila, tener paciencia y ser observadora. Su padre la enseñó a pertenecer al mundo de los adultos desde que tenía un mes de nacida, y le gustaba ser parte de este, le permitía pasar más tiempo con él, y prefería eso que una niñera ya que él trabajaba demasiado y eso significaría que no lo vería hasta la noche.

Le gustaba preguntar cosas a su padre sobre lo que leía o investigaba, y aunque pocas veces entendía, muchos datos comenzaron a quedarse grabados en su mente.

Cuando cumplió trece años ya hablaba francés con fluidez después de que su padre comenzara una investigación exhaustiva del reino Francés años antes y decidiera ella misma inscribirse a una clase en su escuela para aprender.

Según todos, era una niña prodigio, según su familia era un orgullo, sin embargo, Rue había estado aprendiendo toda su vida, y todo lo que un estudiante de universidad tardaba y sufría por aprender en un curso, ella podía recitarlo de memoria debido a las miles de veces que lo había escuchado mientras jugaba a las muñecas en el escritorio de su padre, o lo ayudaba a buscar información en esos enormes libros que llevaba a casa para que terminara más pronto y pudiera ver una película con ella antes de irse a dormir.

A James le gustaba que la pasión de Olivia y de él por la historia estuvieran en su hija. Sentía que así podía tener una parte de su difunta esposa, y el rostro de su hija era la prueba de que ambos se habían amado alguna vez. Una mezcla perfecta entre ambos, al igual que en personalidades.

La adolescencia llegó y a un mes de que comenzaran las vacaciones de verano en su escuela, una Rue de dieciséis años escuchó que su padre hablaba con teléfono con alguien, sin embargo siguió concentrada estudiando para sus últimos exámenes.

Cuando la llamada terminó, James llegó a la habitación de su hija para ofrecerle ir con él a un viaje de trabajo.

Un mes después, Rue salió de casa con el entusiasmo recorriéndole de los pies a la cabeza sin saber que esa sería la última vez que estaría en ese lugar.

Y así de largas son las historias en ocasiones, hasta los mejores historiadores estarían confundidas con esas fechas y números que no parecen llevar a un lugar lógico cómo para creer que estas dos personas podrían estar relacionadas de una manera que no fuera por medio de descendientes.

Sin embargo, el destino era que uno conociera al otro, y de alguna forma desafiar todo lo que es comprensible.

Con casi seiscientos años de diferencia, hasta el mejor historiador tiene sus dudas.

Aunque si les preguntaran a estos dos, dirían que hay preguntas que no tienen respuesta clara, sin embargo tienen historia.




Empezada: 22 de junio del 2025