Mi primer y Último amor

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Summary

Roslan es un joven que, impulsado por el deseo de ofrecer un futuro digno a Elena, el amor de su vida, decide abandonar su natal Perú y cruzar el océano hacia España. Parte con las manos vacías pero el corazón lleno de promesas, jurando volver convertido en el hombre que ella merece. La historia narra un exilio de diez años marcado por el contraste: de día, Roslan enfrenta la dureza del trabajo físico en la construcción; de noche, vuelca su soledad en poemas que, sin él buscarlo, lo catapultan a la fama literaria. Mientras el éxito y la fortuna crecen en tierras extranjeras, Roslan se mantiene fiel a un ritual sagrado: escribir 3,650 poemas y ahorrar cada moneda para el regreso. A su retorno a Lima, convertido en un autor de renombre pero herido por la violencia de un mundo que no comprende su lealtad, Roslan se enfrenta al muro del tiempo. La obra explora la fragilidad de las promesas, la crueldad de la espera y la lucha de un hombre que, tras alcanzar la cima del éxito mundial, descubre que la verdadera gloria no se encuentra en los libros ni en el oro, sino en la posibilidad de recuperar el tiempo perdido. Es un relato épico sobre la fidelidad extrema, la vejez que custodia un recuerdo y la búsqueda de un hogar que parece haber quedado atrapado en un suspiro del pasado.

Status
Complete
Chapters
32
Rating
n/a
Age Rating
13+

El Suspiro en el Papel

La habitación olía a cera derretida y a recuerdos acumulados. El anciano apenas podía sostener la pluma; sus dedos eran nudos de piel y hueso que temblaban sobre la última página de un cuaderno desgastado. Su cuerpo estaba agotado, cargando el peso de una ausencia que lo había acompañado durante décadas.

Con un hilo de voz, leyó lo que acababa de escribir:

“Hubiera deseado ser feliz con...”

La frase quedó ahí, a medias. La pluma se le resbaló de la mano y rodó por el suelo. Se levantó con dificultad, se arrastró hasta su cama y, al cerrar los ojos, el cansancio lo venció. Pero no era un sueño común; su mente empezó a viajar hacia atrás, rompiendo las cadenas del tiempo.

De pronto, el frío de la vejez desapareció.

Roslan abrió los ojos. Ya no estaba en esa cama solitaria. Estaba de pie en una calle oscura, sintiendo la fuerza de sus veinte años. No tenía nada; sus bolsillos estaban vacíos y el hambre le apretaba el estómago. En esos días, Roslan sentía que no era nadie, que el mundo lo aplastaba y que no tenía un motivo para seguir.

Pero entonces, vio una luz en la penumbra.

Ella lo estaba esperando a la salida de su casa, apoyada en una pared vieja. Al verlo llegar con la cara llena de tristeza y los hombros caídos por el fracaso de otro día sin trabajo, ella no lo juzgó. Simplemente caminó hacia él y le tomó la mano, riendo bajito, haciendo que esas calles oscuras se vieran hermosas de repente.

Roslan la miró y sintió que el corazón se le detenía. Su mirada era tan tierna... sus ojos parecían estrellas que iluminaban sus noches más negras.

— A veces me pregunto si de verdad voy a lograr tener una vida buena —susurró Roslan, bajando la cabeza por la vergüenza de su pobreza.

Ella le apretó la mano con fuerza y lo obligó a mirarla.

— Claro que lo vas a lograr, Roslan —le dijo con una seguridad que le devolvió el alma al cuerpo—. Yo confío en ti. Me tienes a mí, yo te amo... y no sabes cuánto. No importa cuántas veces caigas, nos levantaremos juntos.

En ese momento, Roslan dejó de sentirse un “nadie”. Ella le daba motivos para vivir sin tristeza. Bajo la luz de esas “estrellas” que ella tenía por ojos, él tomó la decisión que cambiaría su destino: se iría lejos para ganar el dinero que ella merecía, jurando que volvería para cumplir esa vida buena que ella tanto le prometía.