Dos Veces Madre

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Summary

Lilit, una madre soltera y ninfómana, descubre que su hijo Oliver la desea como mujer. Tras una confrontación, su relación se transforma en una pasión incestuosa y posesiva. Juntos exploran su deseo sin límites, compartiendo su secreto en transmisiones en vivo y escapadas sexuales, hasta que un embarazo los une en un amor prohibido, sellando su destino como una familia única y perversa.

Status
Complete
Chapters
18
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Chapter 1

⚠️ AVISO DE CONTENIDO VISUAL: Las imágenes presentadas en esta obra son meramente ilustrativas y de referencia. Al no ser diseñadora, estas representaciones sirven para evocar la atmósfera y la esencia de los personajes, pero pueden existir variaciones en rasgos físicos, vestuario o escenarios respecto a las descripciones del texto.

La verdadera apariencia de los personajes vive en tu imaginación y en mis palabras.

⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO: Esta es una obra de ficción con fines narrativos. El relato aborda situaciones ficticias, incluyendo la representación de un embarazo fruto de una relación incestuosa (madre e hijo). Se reitera que el contenido es puramente imaginario y no pretende normalizar ni reflejar realidades biológicas o sociales fuera del contexto de la ficción literaria.


Mi cuerpo arde bajo el peso de Oliver, sus caderas se mueven con una ferocidad que solo él conoce.

La cama del hotel cruje rítmicamente mientras él me penetra sin piedad, cada embestida más profunda que la anterior.

Nuestros sudores se mezclan, formando un río pegajoso que recorre mi espalda hasta las sábanas.

—¿Te gusta, amor? ¿Te gusta como te follo? —susurra Oliver junto a mi oído, su voz rota por el esfuerzo y el deseo.

—Sí, mi amor... más duro... dame toda tu polla —gimo mientras tomo sus nalgas musculosas, empujándolo aún más dentro de mí.

La habitación huele a sexo y a pasión desatada.

A pocos metros, en su cuna, nuestro bebé duerme plácidamente, ajeno al torbellino carnal que desatamos sus padres.

—Te voy a llenar, cariño. Te voy a dejar el coño bañado en mi leche —gruñe Oliver, acelerando su ritmo hasta que sus testículos golpean mi ano con cada embestida.

—Sí, amor mío... dame todo... quiero sentirte explotar dentro de mí —respondo, arqueando la espalda para recibirlo mejor.

Cuando finalmente eyacula, es como si una marea caliente inundara mi interior.

Sus gemidos de satisfacción se mezclan con los míos mientras nuestro orgasmo nos sacude hasta los cimientos.

Permanecemos así un momento, unidos, sudorosos, mientras nuestros cuerpos temblorosos se calman gradualmente.

—Te amo, hermosa —susurra Oliver, besándome con una ternura que contrasta con la brutalidad de nuestros minutos anteriores.

—Yo también te amo, mi amor. Más de lo que nunca podrías imaginar —le respondo, acariciando su cabello húmedo.

Nos vestimos lentamente, compartiendo sonrisas cómplices y caricias ocasionales.

Mientras Oliver se ocupa del bebé, me preparo para nuestra salida.

El sol comienza a bajar en el horizonte, tiñendo el cielo de naranja y violeta.

La playa está casi desierta cuando llegamos. Oliver lleva al bebé en un portador frente a su pecho, y yo camino a su lado, nuestra manos entrelazadas.

El agua nos besa los pies con cada ola que rompe en la orilla.

—¿Te acuerdas cuando esto solo era un sueño? —pregunta Oliver, mirando el atardecer.

—Hubo momentos en que pensé que nunca lograríamos estar así, abiertamente.

—Yo también amor — admite él.

—Todos esos años masturbándome pensando en ti, imaginando cómo sería tener tu cuerpo, sentir tu piel.

—Y yo —confieso

—Fingiendo ser una mujer decente mientras mi coño goteaba pensando en tu rica polla.

Nos detenemos y nos miramos a los ojos. El amor que vemos es real, incondicional, aunque muchos lo llamarían perverso.

—Lo hemos logrado, mamá. A pesar de todo, estamos juntos —dice Oliver, besando mi frente.

—Sí, mi amor. Al final, el amor siempre encuentra su camino — respondo, sintiendo cómo mi corazón late al unísono con el de mi hijo, mi amante, mi todo.

Mientras el sol se oculta completamente en el horizonte, permanecemos abrazados, una familia formada en las circunstancias más inesperadas, pero unidos por un amor que desafía todas las convenciones.

EN LA ACTUALIDAD ..

Me hundo en el sofá, la ropa ajustada se pega a mi piel sudorosa por el calor de la noche.

El perfume del hombre con el que estuve todavía impregna mis ropas, un aroma a madera y vanilla que ahora me resulta repulsivo.

—¿Y bien, mamá? ¿Cómo estuvo la cita? —pregunta Oliver desde la cocina, su voz resonando contra los baldosos mientras prepara nuestras bebidas.

Suspiro, dejando caer mi cabeza hacia atrás.

—Como esperar algo más, cariño.

—Fue el mismo espectáculo de siempre: hombre mediocre intentando impresionar con anécdotas aburridas sobre su trabajo y su coche nuevo.

Escucho el tintineo del hielo contra los vasos.

—¿Tan mal estuvo? —suena su voz más cerca ahora.

—Peor. Me habló de sus inversiones durante cuarenta minutos.

—Cuarenta minutos, Oliver. Creí que me iban a crecer raíces en esa silla.

—Y cuando por fin intentó ser romántico, me citó un poema que aprendió en la secundaria.

Se acerca con dos vasos de whisky con hielo.

La luz de la lámpara se refleja en los cristales, creando pequeños arcoíris en la pared.

Se sienta a mi lado, tan cerca que nuestras piernas casi se rozan.

—Aquí tienes, mamá. Necesitas algo más fuerte para olvidar esa noche.

Le agradezco con una sonrisa mientras tomo el vaso. El líquido quema.

—Todo bien. Los entrenamientos están intensos, pero me gusta.

—Y las notas... bueno, suficientes buenas para que no te preocupes.

—Nunca dejo de preocuparme por ti, mi bebé —le digo, pasando mi mano por su cabello oscuro.

Siempre he amado su cabello, tan suave entre mis dedos.

Él cierra los ojos un instante, disfrutando del contacto.

—¿Y el trabajo, mamá? ¿Sigue siendo tan demandante?

—Siempre. Pero me mantiene ocupada. Y solvente, claro.

—Aunque a veces siento que vivo dos vidas diferentes. Durante el día soy la jefa de contabilidad, seria y responsable.

—Pero por las noches... bueno, por las noches soy otra persona.

Oliver se inclina un poco más, su interés evidente.

—¿Qué quieres decir con "otra persona"?

Me río suavemente, tomando otro sorbo de whisky.

—Nada importante, cariño. Solo que a veces necesito liberar tensiones. Sabes cómo es.

En realidad, no tiene ni idea. No sabe que mientras él está en la universidad o entrenando, o durmiendo yo busco encuentros sexuales en hoteles de paso.

No sabe que mi cuerpo anhela ser usado, dominado, llenado hasta los límites.

No sabe que mi mente se imagina escenarios que harían que su "mamá perfecta" pareciera una monstruosa.

No sabe que transmito en vivo como me masturbo.

—Supongo que sí —responde él, aunque su mirada dice que quiere saber más.

—¿Y no has conocido a nadie... interesante?

Me giro para mirarlo directamente, sorprendida por la insistencia.

—¿Interesante cómo, mi pequeño?

Se ruboriza ligeramente, un detalle que casi nunca veo en él.

—No sé... alguien que te entienda, que te desafíe. Alguien que... no te aburra.

Su mirada se intensifica, y por un instante, siento algo más allá de la preocupación filial.

Hay un deseo latente allí, una chispa que reconozco porque he visto en muchos hombres, pero nunca en él.

—El problema, Oliver —digo, dejando mi vaso en la mesa.

—Es que la mayoría de los hombres son predecibles. Piensan que el dinero y el poder son suficientes.

—No entienden que una mujer como yo necesita... más.

—¿Más cómo? —susurra, su voz más grave ahora.

Nuestros ojos se encuentran. Hay una tensión en el aire, algo eléctrico y peligroso.

Por un momento, considero decírselo todo: mis noches de desenfreno, mi insaciable apetito, las fantasías que me mantienen despierta.

Pero entonces veo a mi bebé, el niño que crié sola, el tesoro más preciado de mi vida. Y no puedo.

—Nada, cariño. Solo estoy cansada. Esta cita me ha dejado agotada.

Miento, y él lo sabe. Pero no presiona más.

—Bueno, mamá. Mañana será otro día. Y quizás conozcas a alguien más... interesante.

Su voz se quiebra ligeramente en la última palabra, y me pregunto qué significaba exactamente.

Mientras termino mi whisky, siento su mirada sobre mí, más intensa que nunca.

Y por primera vez, me pregunto si mi hijo ve algo más allá de la madre responsable que he sido durante dieciocho años.

Me levanto del sofá, el whisky todavía zumbando en mi sangre.

—Es tarde, mi amor. Debes ir a dormir, mañana tienes entrenamiento temprano.

Oliver me mira, sus ojos oscuros parecen leer mis pensamientos secretos.

—¿Y tú, mamá? ¿Vas a dormir ya?

—En un rato, cariño. Primero necesito relajarme un poco.

Me inclino y le beso la mejilla. Mi pecho se presiona contra su hombro por un instante, y siento cómo su cuerpo se tensa mínimamente.

—Dulces sueños, mi bebé.

—Buenas noches, mamá —responde él, su voz apenas un susurro mientras me mira alejarme.

Cierro mi puerta suavemente, el sonido del cerrojo me devuelve a mi verdadera realidad.

Me siento en el borde de la cama, el top y la minifalda se ciñen a mis curvas.

El top es tan corto que mis pechos casi se desbordan por el escote, y la minifalda apenas cubre el tercio inferior de mis nalgas.

Abro mi laptop, la luz azul de la pantalla ilumina mi rostro mientras tecleo la dirección de mi sitio habitual.

“Sweetpussy” - así me conocen cientos de hombres que pagan por verme cada noche.

Me conecto, los mensajes comienzan a aparecer instantáneamente.

“SweetPussy está en línea” “Finalmente, te esperé toda la noche” “Enséñanos ese coña caliente, Sweet”

Sonrío ante la pantalla.

Aquí no soy la madre responsable ni la jefa de contabilidad. Aquí soy una diosa del sexo, una ninfómana que vive para el placer ajeno y propio.

Me pongo el antifaz de terciopelo negro que uso siempre, cubriendo la parte superior de mi rostro. Solo mis labios rojos y mi barbilla quedan visibles.

—El antifaz siempre me pone más cachonda —susurro a mis espectadores.

Los comentarios explotan: “Puta”, “Zorra”, “Necesito sentir tu boca”.

Me levanto y camino hacia el armario, moviendo mis caderas con deliberación.

La cámara me sigue de cerca, capturando cada movimiento.

Abro el cajón secreto donde guardo mis juguetes.

Primero saco “El Destructor”, un consolador negro de 25 centímetros con venas pronunciadas y una base de ventosa.

Luego “El Vibrador Realista”, de piel sintética que imita perfectamente un pene erecto, con testículos incluidos.

Por último, “La Mariposa”, un pequeño vibrador con forma de mariposa que se coloca sobre el clítoris y tiene alas que estimulan los labios mayores.

Vuelvo a la cama, mostrando mis juguetes a la cámara.

—¿Qué quieren ver primero, amores? —escribo, sintiendo cómo mi coño empieza a humedecerse bajo la minifalda.

Los votos se dividen, pero la mayoría pide que empiece con “El Destructor”.

—Como quieran, malditos pervertidos. Soy vuestra para esta noche —le digo al chat mientras me acuesto abriendo las piernas hacia la cámara.

La minifalda sube sola, revelando que no uso ropa interior.

Mi coño depilado brilla bajo la luz de la lámpara, ya húmedo y ansioso.

—Voy a abrirme con esto hasta que mi coño llore —anuncio mientras llevo el consolador negro hacia mi entrepierna.

Los mensajes continúan fluyendo, más explícitos y desesperados con cada minuto que pasa.

“Enséñanos cómo te follas, Sweet”“Quiero verte sangrar”“Te vas a llenar como nunca”

Sonrío ante la cámara, mi lengua recorre lentamente mis labios mientras preparo el espectáculo que tanto ansían, y que tanto necesito yo también.

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