Eʟ Vᴇʀᴅᴀᴅᴇʀᴏ Dᴇsᴛɪɴᴏ Dᴇ Aᴏᴍᴇ by Minary92 at Inkitt
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Eʟ Vᴇʀᴅᴀᴅᴇʀᴏ Dᴇsᴛɪɴᴏ Dᴇ Aᴏᴍᴇ

Summary

Cuando InuYasha descubrió que existía una posibilidad de devolver a Kikyo a la vida, sin avisarle a nadie, emprendió en secreto un viaje para encontrar un antiguo espejo mágico con el poder de conceder deseos. Lo que Inuyasha no sabía era que el precio para cumplir su deseó, sería perder el amor de Aome.

Status
Complete
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
18+

ᴘʀᴏʟᴏɢᴏ

ᴀɴᴛᴇꜱ Qᴜᴇ ɴᴀᴅᴀ ᴅᴇᴊᴏ ᴇɴ ᴄʟᴀʀᴏ Qᴜᴇ ɴɪɴɢᴜɴᴏ ᴅᴇ ʟᴏꜱ ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ ᴅᴇ ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ ꜱᴏɴ ᴅᴇ ᴍɪ ᴘʀᴏᴘɪᴇᴅᴀᴅ, ᴛᴏᴅᴏꜱ ʏ ᴄᴀᴅᴀ ᴜɴᴏ ᴅᴇ ᴇꜱᴛᴏꜱ ʟᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇɴ ᴛᴏᴛᴀʟ ʏ ᴜɴɪᴄᴀᴍᴇɴᴛᴇ ᴀ ʟᴀ ɢʀᴀɴ ᴍᴀɴɢᴀᴋᴀ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ.

Qᴜᴇᴅᴀ ᴘʀᴏʜɪʙɪᴅᴏ ʀᴇᴘʀᴏᴅᴜᴄɪʀ, ᴄᴏᴘɪᴀʀ, ᴀᴅᴀᴘᴛᴀʀ ᴏ ᴄᴏᴍᴘᴀʀᴛɪʀ ᴇꜱᴛᴇ ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ꜱɪɴ ᴍɪ ᴄᴏɴꜱᴇɴᴛɪᴍɪᴇɴᴛᴏ

ᴇꜱᴛɪᴍᴀᴅᴏ ʟᴇᴄᴛᴏʀ:

ɴᴏ ᴘʟᴀɢɪᴇꜱ ɴɪ ᴀᴘᴏʏᴇꜱ ᴀʟ ᴘʟᴀɢɪᴏ

ʀᴇꜱᴘᴇᴛé ᴍɪ ᴛʀᴀʙᴀᴊᴏ ʏ ᴇʟ ᴇꜱꜰᴜᴇʀᴢᴏ Qᴜᴇ ᴇꜱᴛᴇ ᴄᴏɴʟʟᴇᴠᴀ.

La aldea descansaba en un silencio solemne bajo el manto de la noche, apenas perturbado por el suave murmullo del viento entre los árboles y el lejano canto de algún ave nocturna. En la modesta choza que se encontraba al borde del poblado, Aome terminaba de prepararse. Sus movimientos eran meticulosos y tranquilos, mientras enrollaba un pequeño pergamino y aseguraba sus armas al cinturón. Sabía que la misión que tenía por delante no sería sencilla, pero también estaba decidida a cumplirla.

De repente, un destello fugaz rompió la penumbra, iluminando brevemente el interior de su hogar. Un brillo blanco y plateado, casi irreal, que parecía danzar con vida propia. Aome se quedó inmóvil, con el corazón latiendo más rápido, mientras sus ojos seguían la fuente de aquella luz que parecía llamar su atención. Sin pensarlo dos veces, salió al exterior.

El aire fresco de la noche la envolvió, y a lo lejos, entre las sombras de los árboles, pudo distinguir una silueta serpenteante que se desplazaba con una elegancia letal. Era una de las serpientes cazadoras, criaturas que en tiempos pasados Kikyo había utilizado para robar almas y someter enemigos, y que ahora vagaban en la frontera entre el mundo de los vivos y los espíritus.

Aome sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero algo dentro de ella la impulsaba a seguir aquella serpiente. Con pasos cautelosos, sin apartar la mirada del animal, comenzó a internarse en el bosque que rodeaba la aldea. La luz plateada de la serpiente parecía abrirse paso entre la oscuridad, guiándola hacia un destino que la joven apenas comprendía.

La espesura del bosque se volvió más densa, y el aire se tornó pesado, casi cargado de una energía que erizaba la piel. Aome avanzaba con cuidado, consciente de que cualquier error podría ser fatal. Finalmente, entre los árboles, apareció un pequeño claro donde se alzaba una antigua tumba envuelta en musgo y enredaderas, un lugar que muchos evitaban mencionar. Era la tumba de Kikyo.

Sin embargo, antes que pudiera acercarse más, sintió una presión invisible que le drenaba el aliento y la fuerza, como si un oscuro susurro quisiera arrancarle la vida. Sus piernas flaquearon y sus ojos se cerraron contra su voluntad, mientras caía al suelo, inconsciente.

Shippo había estado observando desde la distancia, oculto tras un grupo de arbustos, con el corazón latiendo aceleradamente. No se había separado de Aome desde que ella salió de la choza esa noche, sintiendo una mezcla de preocupación y responsabilidad. Aunque era joven y todavía un kitsune aprendiz, no podía permitir que su amiga enfrentara sola los peligros de un bosque que, bajo la luna, parecía cobrar vida propia.

Cuando vio cómo Aome tropezó y cayó al suelo, con el rostro pálido y los ojos cerrados, sintió un escalofrío helado recorrer su espina dorsal. Sin dudarlo, corrió hacia ella, apoyándola con cuidado, temiendo que cualquier movimiento brusco pudiera empeorar su estado. Sus manos temblaban ligeramente al tocar la piel fría de su amiga.

— Aome, ¡despierta! — susurró con urgencia, mientras miraba a su alrededor buscando ayuda-. No puedes quedarte aquí sola.

Sin tiempo que perder, Shippo cargó a Aome en sus brazos, sintiendo el peso de la responsabilidad como nunca antes. El camino de regreso a la aldea parecía interminable, y cada sombra entre los árboles parecía esconder una amenaza. Pero no se detuvo; conocía los riesgos y sabía que su única esperanza era avisar a Inuyasha y a los demás.

Al llegar a la entrada de la aldea, la calma nocturna se quebró por el sonido de sus pasos apresurados. Algunos aldeanos que rondaban por ahí lo miraron extrañados, pero al ver su rostro serio y la figura inconsciente en sus brazos, enseguida comprendieron que algo grave sucedía.

El rostro de Shippo reflejaba una mezcla de preocupación y urgencia mientras avanzaba por el sendero principal, su pequeño cuerpo se movía con rapidez a pesar del peso que cargaba. Las sombras que proyectaban las farolas de piedra temblaban a cada paso, como si también sintieran el peso de lo que llevaba entre sus brazos.

Algunos aldeanos que descansaban o realizaban sus tareas nocturnas salieron de sus casas, alarmados por aquel extraño movimiento. Entre ellos apareció Miroku, que con su típica serenidad, pero ahora con el ceño fruncido, se adelantó para interceptar a Shippo.

— ¡Shippo! ¿Qué sucede? — preguntó con voz firme mientras alzaba una mano para detenerlo.

Sin perder tiempo, el joven kitsune dejó a Aome cuidadosamente sobre una manta que Miroku rápidamente extendió sobre el suelo. La palidez de su rostro no dejaba dudas: algo grave le había ocurrido.

— Aome está inconsciente — dijo Shippo con dificultad para respirar —. La vi caer en el bosque, cerca de la tumba de Kikyo. Creo que... algo la atacó.

En ese momento apareció Sango, preocupada y lista con su naginata, y poco después Inuyasha, que corría tras ellos, llegando jadeante.

— ¿Qué ha pasado? — preguntó Inuyasha, aliviado de verla, pero alerta ante su estado.

Sango se arrodilló junto a Aome, examinándola con rapidez.

— Parece que fue víctima de una maldición o un veneno espiritual — explicó —. Sus defensas espirituales han sido vulneradas. No puedo decir mucho más sin una revisión detallada.

Miroku se acercó con calma, colocándose frente a Aome, y cerró los ojos concentrándose en su don de sacerdote.

— Voy a intentar purificarla y aliviar el daño espiritual — dijo mientras invocaba una pequeña luz azulada que comenzó a envolver a Aome.

Durante varios minutos, un silencio reverente se apoderó del grupo. Solo se escuchaba el susurro del viento nocturno y el tenue murmullo del hechizo de Miroku.

Finalmente, la luz comenzó a desvanecerse y Aome movió lentamente sus dedos, abriendo los ojos poco a poco. Un hilo de voz escapó de sus labios resecos.

— Shippo... — murmuró débilmente.

— ¡Estás despierta! — exclamó el kitsune con alivio, casi al borde de las lágrimas.

Inuyasha se inclinó hacia ella, observándola con atención.

— ¿Puedes levantarte? ¿Qué te pasó? —preguntó con voz firme.

Aome se incorporó con esfuerzo, apoyándose en los hombros de Sango y Shippo.

— Vi una serpiente... una de las serpientes cazadoras de Kikyo. Entonces la seguí hasta su tumba... y luego sentí como si me drenaran el aliento -explicó, la voz temblando.

Inuyasha frunció el ceño, con sus ojos brillando con determinación.

— Esas serpientes no son simples animales. Son guardianes malditos, creados por Kikyo para controlar las almas. Si todavía están activas, significa que algo está sucediendo ahí.

Miroku asintió.

— Lo que sea que esté ocurriendo, podría desatar problemas que ni siquiera podemos imaginar.

Sango bajó la mirada, preocupada.

— La tumba de Kikyo siempre ha estado sellada por antiguas barreras espirituales. Que una serpiente cazadora ande suelta allí es una señal de que alguien ha roto esos sellos.

Aome respiró hondo y apretó los puños.

— Entonces, no puedo quedarme aquí esperando a que el peligro llegue hasta la aldea. Debo regresar al bosque, encontrar la fuente de esta perturbación y detenerla antes de que sea demasiado tarde.

— No estás en condiciones —replicó Inuyasha, protegiendo-. Si sales así, solo pondrás en riesgo tu vida.

— No puedo pedir que ustedes arriesguen todo para protegerme — contestó Aome con firmeza—. Esta es mi misión, y no la abandonaré.

Shippo miró a Inuyasha y Sango, sus ojos implorantes.

— Debemos ayudarla. Juntos, somos más fuertes.

Hubo un instante de silencio. El aire estaba cargado de tensión y determinación.

Finalmente, Inuyasha suspiró y asintió.

— Está bien. Pero esta vez vamos contigo. No te dejaré sola en esto.

Sango y Miroku también aceptaron, y Shippo sonrió tímidamente, sintiéndose parte de un equipo que enfrentaría un peligro mayor.

Esa noche, bajo el mismo cielo estrellado que había sido testigo del encuentro con la serpiente cazadora, el grupo se preparó para adentrarse en el bosque. Cada uno revisó su equipo y sus armas, conscientes de que la misión que tenían por delante sería más peligrosa que cualquier otra.

Mientras ajustaba su armadura, Inuyasha lanzó una mirada protectora a Aome.

— No importa lo que encontremos allá afuera, vamos a salir juntos.

Aome respondió con una sonrisa cansada, pero llena de confianza.

— Gracias, Inuyasha. Con ustedes a mi lado, sé que podré enfrentar cualquier cosa.

El viento nocturno parecía susurrar entre las hojas, como si el bosque mismo aguardara expectante por el paso del grupo. Y así, con el corazón lleno de valor y la incertidumbre pisándoles los talones, comenzaron su avance hacia la oscuridad.

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