El Omega oculto |Byler|

Summary

Tras la destrucción de su aldea, Will Byers y sus amigos encuentran refugio en el Reino de Hawkins, un lugar regido por jerarquías, donde la naturaleza de cada persona define su valor. Cuando Will se revela como Omega en un mundo que los considera inferiores —excluidos de la lucha y privados del acceso pleno a la magia— aceptar su identidad significaría perder su lugar junto a Mike Wheeler y su manada. Decidido a no separarse de ellos, Will oculta su condición con pociones y magia prohibida, haciéndose pasar por un Alfa recesivo mientras combate como mago guerrero. Durante una misión, en medio del caos y los instintos más intensos, la verdad de Will sale a la luz, despertando emociones que habían estado dormidas durante años. Lo que siempre había sido amistad se transforma en deseo, y sus sentimientos —largamente reprimidos— emergen con una fuerza imposible de ignorar. Mientras el Reino de Hawkins avanza hacia decisiones cada vez más extremas —basadas en la creencia de que solo los Alfas son dignos de poder y liderazgo—, Will y Mike se ven arrastrados a un conflicto que va más allá de la guerra y la magia. Un sistema de desigualdad, que decide quién puede aprender y quién solo existe para servir comienza a resquebrajarse, mientras ellos enfrentan no solo enemigos externos, sino también la intensidad de sus propios sentimientos.

Genre
Drama/Fantasy
Author
Anita
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

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El cielo de la aldea no debería ser naranja a mediodía. El aire debería estar inundado del canto de los pequeños pajarillos, no de gritos de miedo y dolor.

Will estaba escondido debajo de una mesa de la vieja biblioteca de la aldea, abrazando sus rodillas contra su pecho. A sus doce años todavía era tan solo un cachorro, sin rastro de ningún aroma que definiera su futuro, pero ya podía sentir el llamado de los libros.

Fuera, el aire estaba cargado con un olor que nunca olvidaría: carne quemada y un matiz metálico, semejante al hierro. Los gritos desesperados y desgarradores atravesaban las paredes de la cabaña, y su pequeño cuerpo temblaba sin control.

De repente, escuchó pasos acercándose. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a descender por su rostro.

-¡Will, sal de ahí! ¡Vienen hacia aquí! -gritó Mike, irrumpiendo en la cabaña.

Corrió rápidamente hacia Will, sujetándolo por los hombros para ayudarlo a levantarse. Sintió un leve alivio pese al terror: era su mejor amigo.

Mike era el más alto de los cuatro, un chico decidido de mirada intensa que siempre se ponía delante de los demás en las peleas con otros niños. Detrás de él venía Lucas, con el labio partido pero los ojos firmes, fijos en el peligro, y Dustin, que temblaba, aunque también se podía ver la determinación en su rostro.

Al salir, la escena era un infierno.

Un grupo de forasteros -alfas y betas errantes, con los ojos inyectados de odio- asesinaba a los alfas y betas de la aldea y arrastraba a los omegas dentro de las cabañas. Más allá, otro grupo reunía a los niños, empujándolos con brusquedad.

Cuando intentaron huir, tres hombres los rodearon y les cerraron el paso. Tenían sonrisas aterradoras, como si disfrutaran del miedo y el sufrimiento ajeno.

El líder de los invasores, un alfa que exudaba una presencia tan opresiva que hacía difícil respirar, se abrió paso entre sus hombres y se detuvo frente a los niños.

Mike, valiente a pesar de su edad, se interpuso de inmediato. Se abalanzó contra el alfa, pero uno de sus hombres lo sujetó con facilidad.

Todos los intentos de liberarse del agarre fueron en vano; después de todo, todavía seguía siendo solo un cachorro.

-Este tiene carácter, servirá para los pozos de entrenamiento -gruñó el hombre, apretándole el rostro mientras lo miraba fijamente.

Luego, su mirada se posó en Will, recorriéndolo de arriba abajo. Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.

-Y este... -murmuró- parece que dará omegas hermosos cuando crezca. Llevadlo a la caravana de cría.

Will sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor. La idea de presentarse como omega y volverse un objeto, un vientre para esos monstruos, le provocó un terror que lo paralizó.

Su cuerpo no respondió cuando uno de los hombres dio un paso hacia él.

Pero antes de que el soldado pudiera tocarlo, Mike se zafó con una fuerza imposible para su edad y se interpuso entre Will y el invasor.

-No lo tocarás-dijo Mike.

Su voz no temblaba. En sus ojos ardía un odio puro, sin ni un solo rastro de miedo.

Justo cuando el soldado alzó su hacha para castigar el atrevimiento, una flecha le atravesó la cabeza. El cuerpo cayó con un golpe seco y, casi al mismo tiempo, otras flechas alcanzaron a los hombres que los tenían rodeados. El sonido de un cuerno de caza rompió el aire.

Desde la colina, una carga de caballería con estandartes azul y amarillo descendió como un torrente. Era el ejército del Reino de Hawkins. No eran gigantes, pero luchaban con una disciplina que los errantes no conocían.

En medio del estruendo, un caballero de armadura reluciente desmontó y derribó al captor de los niños con un solo golpe de su espada.

-Entrad dentro de la cabaña -ordenó el caballero.

Will seguía paralizado por lo sucedido. Fue Mike quien le tomó la mano y lo arrastró hacia dentro. Los cuatro niños se refugiaron bajo la mesa. Desde allí escucharon los gritos, el choque de espadas, el sonido húmedo de la carne al ser cortada

Will cerró los ojos con fuerza y se cubrió los oídos. Quería que todo fuera solo una pesadilla. Sintió cómo Mike lo rodeaba con sus brazos y lo atraía hacia él. Will se aferró de inmediato, hundiendo su rostro en el pecho de su mejor amigo, mientras las lágrimas empapaban la tela de su ropa.

No sabía cuánto tiempo había pasado antes de que la puerta se abriera y entrara un caballero.

-Todo ha terminado -dijo. Ahora están a salvo. Pueden salir.

Cuando salieron fuera, el Rey -un hombre de rostro severo pero con ojos compasivos- se acercó a ellos.

-Lamento profundamente que hayáis tenido que ser testigos de la maldad del mundo a una edad tan temprana -empezó a hablar el Rey.- Pero ahora estáis a salvo. Os llevaré a mi reino, donde podréis encontrar un nuevo hogar.

Will observó al alfa con cautela. Parecía una persona benevolente, pero el miedo aún pesaba demasiado como para confiar.

Mike, con las manos temblorosas y el rostro manchado de la sangre de su gente, dio un paso al frente de sus amigos y se arrodilló ante el Rey. Los demás niños lo imitaron, pero Mike hizo algo más.

Clavó una rama astillada en la tierra, como si fuera una espada. Alzó la vista y miró al monarca a los ojos.

-Nos habéis salvado -dijo.

En ese momento, algo cambió en el aire.

Una chispa de luz blanca, casi invisible, brotó de su pecho y envolvió la rama.

-Juro por mi vida y por los que han caído, que le serviré. Juro que dedicaré cada aliento a erradicar a los que lastiman a los inocentes.

El Rey lo miró, asombrado. No era común ver a un niño de doce años realizar un Juramento con tanto peso.

En ese instante, la rama brilló con una intensidad cegadora. La determinación de Mike era tan pura que el universo le había respondido.

Will sintió la calidez de la luz. Miró a Mike, luego a Lucas y Dustin, y finalmente a los soldados que ayudaban a los heridos. Una pequeña y creciente determinación surgió en su interior. Si Mike iba a luchar, pensó Will, tenía que fortalecerse para poder seguir a su lado. Se prometió a sí mismo que haría todo lo posible por seguirle el ritmo y ayudarlo.

Los niños regresaron a sus cabañas en busca de sus familias, pero solo encontraron ruinas y cuerpos fríos.

Ese día había dejado heridas que jamás podrían sanar del todo.

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El viaje hacia el Reino fue un desfile de silencios, rotos solo por el traqueteo de las carretas y el Ilanto lejano de otros huérfanos.

Cuando las murallas de piedra blanca del Reino aparecieron en el horizonte, los cuatro amigos se asomaron por la parte trasera del carruaje.

A diferencia de su aldea, donde las construcciones eran mayormente de madera, este lugar se alzaba con una elegancia rígida. Al cruzar las puertas de hierro, el cambio fue inmediato: el aire ya no olía a humo, sino a pan recién horneado, a incienso de los templos y al aroma penetrante de cientos de personas conviviendo.

Los llevaron a un gran almacén, con sacos de maíz y trigo esparcidos por todos lados. Les dijeron que se quedarían allí tres o cuatro noches, hasta que el orfanato estuviera listo para recibirlos a todos.

Unas horas más tarde, llegaron algunos soldados empujando pequeños carritos con agua, bolsas de pan y ollas de sopa.

-Formen una fila, ordenadamente -habló una mujer.

-Cada uno recibirá su ración de comida y agua.

Will la observó; su cabello tenía mechones grises y su mirada era severa.

Mike fue el primero en ponerse de pie.

-Vamos, necesitamos comer -dijo, extendiendo la mano para ayudar a Will a levantarse.

Dustin y Lucas lo siguieron, y pronto todos estaban sentados con sus comidas. Dustin dio el primer sorbo de su sopa.

-Sabe mal-murmuró, haciendo una mueca.

-Amigo, es todo lo que tenemos -respondió Lucas.

-No estamos en posición de ponernos exigentes-agregó Mike.

Will dio un mordisco al pan.

-El pan sabe bien.

-Oh, tienes razón -dijo Dustin después de probarlo.

Al caer la noche, todos los niños se acomodaron en el suelo en pequeños grupos, cubriéndose con los mantas que les habían dado.

Los cuatro amigos se recostaron junto a la pared. Lucas y Dustin ya habían quedado dormidos, con la cabeza apoyada uno en el otro. Will estaba entre Dustin y Mike.

-¿Tienes frío?

-Un poco... pero puedo soportarlo.

Mike se acercó aún más, sosteniéndolo firmemente entre su cuerpo y el de Dustin.

-¿Mejor?

-Sí -susurró Will, apoyando la cabeza en el hombro de Mike y cerrando los ojos.

Al quinto día, llegaron otros soldados anunciando que el orfanato ya estaba listo y que serían trasladados.

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Los escoltaron hasta un gran edificio de piedra gris, algo alejado de la ciudadela: el Orfanato de la Orden. Allí los esperaba un grupo de clérigos y maestros de armas.

Una mujer con túnica blanca dio un paso adelante, con voz firme pero amable dijo:

-Bienvenidos. Aquí no son víctimas; son aspirantes. El Rey les ha dado la vida, y ahora la orden les dará un propósito.

Will se escondió detrás de Mike, aferrándose a la tela de su manga. Se sentía pequeño entre tantos adultos, pero la presencia de Mike le daba un poco de consuelo.

-Antes de ser clasificados -continuó la mujer- tendrán una clase en la que se les enseñará biología básica y los roles que conlleva.

Los llevaron a un salón inmenso, el más grande que Will había visto. Estaba lleno de mesas y sillas. Al frente había una pizarra que dominaba la pared, similar a la de su antigua escuela en el pueblo, pero el doble de grande.

Cuando todos se sentaron, la mujer se colocó al frente. Will notó la marca de apareamiento en su cuello: era una Omega. Se presentó como Jessica y anunció que sería su profesora.

-Como sabrán -comenzó-, los humanos poseen un género secundario que se manifiesta entre los catorce y quince años. En casos muy raros, puede aparecer más tarde, entre los dieciséis y diecisiete.

Su voz era clara y segura, cada gesto preciso y controlado. Will sintió una inesperada oleada de admiración.

-El género secundario se divide en tres grupos que definen sus roles reproductivos y comportamientos.

Alfas: El género dominante. Experimentan ciclos de celo. Son territoriales, fuertes y líderes naturales, capaces de embarazar a Omegas y Betas hembras.

Betas: Sin ciclos de celo. Su aroma es débil, casi imperceptible; no responden a las feromonas de Alfas ni Omegas. Solo las Betas hembras pueden quedar embarazadas.

La información era la misma que Will ya había aprendido en la escuela de su pueblo.

En aquel entonces, había pensado que ser Beta parecía más fácil, sin instintos que se interpusieran.

Omegas: El género más vulnerable, generalmente amable y tranquilo, que experimenta ciclos de celo. Aunque la mayoría de los Omegas son hembras, existen Omegas machos, aunque son muy escasos y poco comunes. Ambos pueden gestar.

Al escuchar esto, Will recordó las palabras del Alfa forastero en su pueblo, la manera en que lo había evaluado.

Empezaron a escucharse susurros detrás de él.

-Qué asco, un hombre embarazado... ¿Te lo imaginas?

-Solo de pensarlo me ponen los pelos de punta.

-No dirás eso cuando te enamores de uno -replicó una chica, mirándolos con reproche.

-¡Ni siquiera digas eso, es asqueroso!

Will se encogió en su asiento, apretando las manos con fuerza. Esas palabras del Alfa habían sido solo una suposición, pero ahora se sentían demasiado reales. Siempre había sido el más pequeño, callado y débil de todos sus amigos.

Si resultaba ser un Omega, no quería que Mike ni sus amigos lo vieran como un bicho raro.

-Will... Will -susurró Mike-. ¿Estás bien?

-¿Eh? -Will parpadeó y se giró hacia él; estaba sentado a su lado.

-¿Estás bien? Te ves pálido -añadió Mike en voz baja, inclinándose hacia él.

-Sí... sí, no es nada.

-¿Seguro?

Will asintió y esbozó una pequeña sonrisa. Sintió un cosquilleo en el estómago por la preocupación y atención de su mejor amigo.

-¡SILENCIO! -el grito de Jessica resonó por todo el salón. Los murmullos se apagaron al instante.

-Si te sientes mal, dímelo-susurró Mike antes de volver la atención al frente.

-Si alguien tiene algo que decir, hágalo ahora -agregó Jessica antes de continuar.

-Los Alfas se dividen en dos categorías: los Alfas comunes, que ya mencioné, y los Alfas Dominantes.

Uno de los niños levantó la mano, y todos voltearon a mirarlo. Tenía el cabello negro y era algo regordete.

La profesora asintió y le cedio la palabra.

-¿Cuál es la diferencia entre un Alfa común y un Alfa dominante?

-Los Alfas Dominantes poseen una genética superior: son más altos, más fuertes y más inteligentes. Su aroma es extremadamente potente. Son ferozmente territoriales y protectores con su pareja. Si alguien amenaza a su Omega, su agresividad supera con creces a la de un Alfa común.

-Con esto concluimos la clase de biología básica. Eso es todo lo que necesitan saber por ahora.

Jessica dejó la tiza sobre la mesa.

-Hasta que se manifiesten, permanecerán en el orfanato general. Aquí se les enseñará arte, música, biología, alquimia, los principios de la magia y herbolaria. También recibirán entrenamiento físico: combate cuerpo a cuerpo y el uso de espadas, arcos y otras armas.

-¿Hasta que nos manifestemos?

Will giró la cabeza para ver quién había hecho la pregunta. Era la misma chica que antes había reprendido a los otros niños.

-Sí -afirmó Jessica-

-Una vez manifestados, los Omegas serán trasladados a internados específicos, donde continuarán su formación en áreas designadas.

Las manos de Will comenzaron a temblar levemente, y encogió los dedos para ocultarlo.

Si se manifestaba como Omega, lo separarían de Mike. No podría seguir a su lado... ni junto a sus amigos.

Nunca se había preocupado por su futura manifestación, pero ahora no podía evitar que una profunda angustia se asentara en su pecho ante la posibilidad de ser un Omega.

-Ahora serán llevados a los baños. Una vez limpios, pasarán al comedor para cenar.

Los murmullos emocionados de los niños llenaron el salón. Debían estar muertos de hambre, no habían comido nada desde que llegaron.

Cuando entraron al comedor, Will quedó asombrado.

Era incluso más grande que la sala en la que habían estado antes. A la izquierda había dos grandes ventanales, y las paredes estaban decoradas con pinturas: algunas mostraban caballeros con armaduras, otras caballos, y otras cuencos llenos de fruta. Las mesas eran largas, acomodadas en filas, separadas con suficiente espacio para caminar entre ellas.

Se acomodaron al final de una de las mesas. Mike se sentó a su lado; Lucas y Dustin frente a ellos. Las mesas estaban llenas de panes, uvas, verduras, papas y pollo asado.

Lucas soltó un suspiro dramático mientras se llevaba un pierna de pollo a la boca.

-¡Esto está delicioso! -exclamó.

-Pensé que iba a morirme de hambre -respondió Dustin, llenándose la boca con un trozo de pan de centeno.

Mike dio un bocado antes de asentir.

-Tienes razón, el pollo está realmente bueno.

Will miró su plato. Cuando dio el primer bocado, abrió aún más los ojos. Sus amigos tenían razón: estaba riquísimo. La comida era la misma que en su pueblo, pero sabía mucho mejor.

Mike añadió unos puerros y nabos al plato de Will sin que él se lo pidiera.

-Tienes que comer verduras para estar sano y no enfermarte -dijo, llevándose una uva a la boca- Eso decía mi mamá.

Will miró el plato de Mike. Tenía pollo, papas y algunas uvas. Sabía que a ninguno de los dos le gustaban mucho las verduras, pero también sabía que su mejor amigo tenía razón: necesitaban ser fuertes.

-Entonces tú también tienes que comer verduras.

Mike hizo una mueca.

-La verdad... no me gustan mucho -admitió, mirando con cierto desagrado los cuencos de repollo, puerros y nabos.

-Entonces yo tampoco las comeré -declaró Will, en voz baja pero con firmeza.

Mike intentó protestar. Will se esforzó por mantenerse firme; siempre le resultaba difícil negarle algo a Mike, pero también quería que su mejor amigo cuidara su salud.

-Hablo en serio -añadió-. Si tú no te vuelves fuerte, yo tampoco quiero hacerlo.

Entrecerró los ojos con una mezcla de terquedad y cariño, esperando a que Mike cediera.

-Está bien, está bien. Lo haré. Tú ganas -aceptó Mike, soltando un suspiro resignado.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Will; había logrado convencerlo.

-Qué mandón -murmuró Mike, sonriéndole con suavidad.

-¡Mira quién habla! -exclamó Lucas con sarcasmo.

-¿Qué? -Mike lo miró.

-¡Tú eres el mandón de los cuatro! -Lucas lo señaló con el tenedor, con expresión acusadora.

-¡Eso no es verdad! -protestó, buscando apoyo en Dustin.

Dustin levantó las manos.

-Los amigos no mienten.

Mike miró a Will, esperando que le diera la razón. Ante esa mirada Will no era capaz de decirle que Lucas tenía algo de razón, pero tampoco podía mentir, así que solo le sonrió con un atisbo de culpa.

Los ojos de Mike se abrieron de par en par, poniendo una expresión de ofensa exagerada.

-Todos son unos traidores -murmuró, haciendo puchero mientras se metía un nabo en la boca.

Después de la cena, los dirigieron a los dormitorios. A pesar de que todavía no se habían manifestado, separaron a hombres y mujeres en diferentes áreas.

Cada habitación contaba con diez camas de madera, alineadas en dos grupos de cinco a cada extremo. Al frente del dormitorio, entre ambas hileras de camas, había una gran ventana por la que se colaba la tenue luz de la luna. El aire olía a humedad y a cera de vela.

Para dar algo de privacidad, cada cama estaba rodeada por cortinas pesadas, formando pequeñas celdas individuales. Junto a cada una había una mesita de madera con dos cajones, y a los pies de la cama reposaba un baúl donde se guardaban las pocas pertenencias personales.

Will estaba recostado, con la mirada fija en la tela que cubría la parte superior de su cama. Sentía su cuerpo pesado y el cansancio en sus párpados. Había sido un día agotador, pero aún así, no podía conciliar el sueño.

Pensó en su mamá y en su hermano. Un nudo en la garganta que le cortó la respiración se hizo presente al recordarlos. Los extrañaba, quería volver a verlos. Pero sabía que eso ya jamás sucedería.

-Will, ¿estás despierto? -susurró Mike, apartando la cortina y asomándose.

El cuerpo de Will dio un pequeño salto por la sorpresa. Al verlo, se secó las lágrimas con el antebrazo y se incorporó.

-¿Estabas llorando?

-No... sí... extraño a mi mamá y a mi hermano -admitió Will, con la voz quebrada.

Mike se subió a la cama y lo rodeó con los brazos. Will correspondio de inmediato al abrazo.

-Yo también extraño a mi familia -susurró Mike, apretando aún más el pequeño cuerpo de su mejor amigo.

Tras unos minutos, se separaron. Will se secó el rostro y soltó un suspiro tembloroso. Tenía la nariz y los ojos enrojecidos.

Oyó a Mike sorber por la nariz: él también había comenzado a llorar durante el abrazo.

-Gracias, Mike.

Mike asintió en silencio, mirándolo con suavidad.

-¿Puedes dormir conmigo? -preguntó Will con timidez.

-Claro que sí -respondió Mike con dulzura.

Se acomodaron uno frente al otro; la cama no era muy grande y sus cabezas y manos casi se tocaban. Mike los cubrió con la manta.

Al cerrar los ojos, Mike colocó su mano sobre la de Will y la apretó con suavidad.

-Buenas noches -susurró.

Sonrojado, Will respondió:

-Buenas noches.

Durmieron tomados de la mano toda la noche.

⋆.˚ ⚔︎⛨⚔︎⭒.˚

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